Nada es lo que parece


La tarde pasó más o menos como pensábamos: sin cobertura para internet, visita al pueblo de 10 minutos (cinco para saludar a las tres vecinas que se pasean por la carretera) y resto algún que otro orujo sin alcohol (aunque no recuerdo bien el número en este momento).
Sobremesa con el equipo A
Sobremesa con el equipo A

Mientras yo pasaba la tarde intentando conectarme y mirando algunas cosillas del gps se han marchado el matrimonio francés con el niño hasta Plasencia y Joseba ha estado charlando con la Isabel y Mariano porque regresaban en el bus a Cáceres a las 7:30. Han hablado de los viajes por el mundo y del cabreo que tiene Mariano por tenerse que ir a trabajar ya el lunes en lugar de continuar con nosotros. Yo, para que no se sintiera muy mal le he recordado eso del ajo y el agua.

Tarde de lluvia
Tarde de lluvia

Nos hemos cruzado varias veces con el enterao y su fiel escudero pero ellos van por su cuenta y además se han guardado una de las habitaciones con cuatro camas para estar solos: mejor! con lo que roncan.

A media tarde ha llegado el canadiense del otro día y se ha instalado en la habitación con nosotros. A pesar de lo que parecía hemos de decir que nos hemos equivocado del todo: no es canadiense sino francés, de París, es bastante educado y además sí se lava y lava la ropa. Es un tipo extraño que llega el último y se levanta el último, es vegetariano; hemos cenado con él y la verdad es que ha sido agradable, nos ha contado que termina en Salamanca porque su hija va a tener un niño y quiere estar con ella en ese momento.

No mucho más, la cena bien con ensalada, combinado con lomo, patatas y huevos fritos, postre y café regado con vinito del terreno con casera.

Y a la cama, el canadiense (francés) nos ha dicho que se levanta después pero que no nos preocupemos porque lleva tapones para los oídos. Hemos preparado todo para mañana y la ropa sigue completamente mojada.

La noche regular, Joseba y el francés han roncado como cosacos (yo, por supuesto, nada de nada), nos hemos levantado varias veces al baño por eso del exceso de líquido, Joseba dice que es por la ensalada pero yo creo que es por las cervezas que ha tomado.

Despertar a la hora convenida, preparar todo rápido e ir a tomar un café: ya hemos tenido un problema con el equipo A porque nos han robado las tostadas para salir antes, pero les ha salido rana, Joseba se ha adelantado y ha reclamado nuestro botín, eso sí, de buen rollo.

Al salir la señora del bar no ha podido resistir la tentación de algo que le llevaba rondando en la cabeza todo el día y nos ha preguntado si éramos hermanos: yo le he respondido que no, él es de Bilbao y yo de Granada, pero que somos novios. La cara de la señora era para verla y el enterao se ha quedado con un mosqueo tibio dudando entre la broma o creer que era cierto. Hemos llegado a la conclusión tras varias horas de intensa deliberación en el camino de que se lo ha creído.

Después de todo esto hemos salido por la carretera delante del equipo A en busca del camino y sus múltiples portones. Ayer tuvimos una agria polémica con el enterao porque decía que hoy había cinco portones y yo saqué mi portátil y le enseñé más de 15, se quedó de piedra. Está deseando saber lo del portátil y qué hago con él y he decidido que le voy a contar que soy periodista y que estoy haciendo una guía del viaje y escribiendo un libro. Como no quieres caldo pues dos tazas.

El fiel escudero ha venido detrás de nosotros bastantes quilómetros hasta que se ha parado para esperar a sus amigos, nosotros hemos seguido por un camino maravilloso, un tiempo estupendo que parecía abrir cada vez más. Hemos decidido colgar la ropa en la mochila para ver si se iba secando y charlamos un poco de todo y un mucho de nada. Así hemos hecho los 20 km hasta llegar al cruce que nos marcaba Galisteo: nuestro objetivo para almorzar. El camino se desvía para llegar al pueblo y hemos decidido ir a descansar un poco, tomar algo y seguir los 10 km restantes.

Llegada a Galisteo
Llegada a Galisteo

Nada más empezar el camino se empina y se embarra mucho casi hasta hacerlo impracticable pero la llegada a Galisteo es precioso: desde lejos se ve un pueblo completamente amurallado y una torre en medio. Hemos subido al pueblo que parece no tener nada y hemos encontrado un bar junto a la plaza de España.

Joseba se ha descalzado y se ha arreglado el dedo del pie que tiene fastidiado, yo le he recomendado en múltiples ocasiones que se lo corte, que tiene otros 19 pero él dice que les tiene cariño, es que es un sentimental. Mientras él se arreglaba yo he pedido un par de cañas con unos pinchos de tortilla (Dios qué tortilla, con su patatita, su cebollita…) Había un grupo de turistas divinos de la muerte, seguro que catalanes, vestidos de uniforme North face, vamos que sólo les faltaba ir vestidos de coronel tapioca. También había otro grupo de turistas-senderistas-pseudo-peregrinos que estaban alucinados de la muerte porque el pincho de tortilla iba incluido en el precio de la cerveza ″sic″. Ante tales grupos de especímenes turísticos se colaba un señor mayor que nos ha contado, mientras le ponían el café, que su querida era de ese pueblo, que habían estado 14 años y que se había muerto hacía un año. Resumimos: la señora del bar que en realidad es la cocinera y que han dejado sola en la barra porque se han largado los camareros, no sabe ni tirar una cerveza, por otro lado el viejo exigiendo su café, el grupo north face 1 diciendo que había servido el café del señor antes de ponerles los tenedores pero que ellas habían llegado antes (Joseba ha comentado algún aspecto sobre su satisfacción personal que no voy a repetir). Yo me he plantado delante de ella y le he dicho que tranquila, que si necesitaba ayuda me metía yo a poner las cervezas y a cumplir con las north face (sólo en cuestiones cerveciles por supuesto). Mientras tanto me ha puesto un segundo pincho de tortilla que yo he alabado convenientemente tras comentar lo mal educada que es la gente que no tiene conciencia del estres que representa aguantarles y lo buena cocinera que es ella que hace la mejor tortilla de patatas de toda la vía de la plata. Todo este peloteo nos ha servido para que no nos cobre el segundo pincho de tortilla mientras despellejábamos a los turistas desconsiderados y el señor del café se empeñaba en demostrar sus conocimientos de la zona indicándonos qué camino debíamos seguir, e incluso amenazando con acompañarnos y contarnos toda su historia sentimental.

Torre en Galisteo
Torre en Galisteo

Tras este reparador almuerzo nos hemos puesto a buscar la salida del pueblo. El pueblo es raro de verdad y Joseba ha recordado que existe la leyenda del peregrino que entró por una puerta y ya nunca logró salir de allí, parece que murió sin lograr encontrar la salida y sin encontrar tampoco el bar del pincho de tortilla. Después de esta divertida anécdota hemos coincidido los dos en manifestar nuestro entusiasmo ante la idea de que la leyenda se repita con el equipo A. Hemos visto la torre que no tiene acceso por ningún lado y una iglesia románica desproporcionada al tamaño y extrañamente grande en la que la gente esperaba para escuchar la misa de 12. Tras otro par de vueltas al pueblo hemos conseguido encontrar la salida gracias al gps y nos hemos dispuesto a seguir la carretera hasta Carcaboso ya que el camino va por otro sitio y se desvía desde el punto en que lo habíamos dejado antes.

Curiosa iglesia
Curiosa iglesia

El camino sale por un puente bastante bonito y va por una carretera muy mal asfaltada que discurre paralela al río Jerte.

Vista sobre el Jerte
Vista sobre el Jerte

La carretera está muy mal y la gente debe estar super mosca por el cartel que hemos visto a la entrada de Aldehuela del Jerte: ¡hijo de puta arreglal el puto camino!

Pintada
Pintada

Los últimos 5 quilómetros pasan por una carretera mejor, hemos adelantado al grupo de turigrinos del otro día en el pantano y ha comenzado a chispear con cierta intensidad.

Joseba bajo su paraguas
Joseba bajo su paraguas

Así hasta llegar al pueblo: no hemos visto las casas hasta el final; el pueblo no se ve nada de nada y nuestros comentarios han ido sobre pensar si habrán algo al menos para poder dormir. En eso estábamos cuando hemos visto un hostal con una pinta estupenda, restaurante, bar… No lo hemos dudado y nos ha recibido el dueño para decirnos que estaba encantado de acogernos que nos ofrecía su hospitalidad y el mundo ha vuelto a cambiar en nuestro camino.

Habitación doble estupenda con baño por 35 euros por ser peregrinos. Acceso a internet gratis, menú por 9 euros y nos lavan la ropa.

Habitación de hostal en Carcaboso
Habitación de hostal en Carcaboso

Hemos tomado una ducha rápida y nos hemos preparado para comer en el restaurante: potaje de legumbres riquísimo y redondo de ternera, la cantidad y la calidad era tal que no he podido ni terminar el redondo. Una botella de vino con casera y de postre una cuajada con miel. Si el paraíso peregrino existe debe ser parecido a esto. Terminando de comer ha llegado el equipo A: se han quedado en una pensión de mierda que hay un poco más abajo, han tenido que esperar bastante tiempo para comer porque ya estaba lleno y además les deben cobrar más que a nosotros: que se jodan por no pedir opinión y por ir a su bola. Sancho Panza fiel escudero sigue en su punto de atender a sus amigos mientras nos ignora olímpicamente y nos han saludado más amables Pepe y Michele el francés. También ha llegado poco después el irlandés.

Yo aprovecho ahora para ponerme al día, charlar con la family con videoconferencia, contestar los correos, poner las entradas al día y disfrutar de todo mientras Joseba ve en la tele el partido de tenis de Rafa Nadal. La tarde se arregla y parece que sale el sol, nuestra ropa ya está en la lavadora. Nada es lo que parece en el camino, cuando todo creemos que irá bien se fastidia hasta el infinito y cuando todo parece que va a ir mal se pone de cara y se arregla. Mañana llegamos a Cáparra en una etapa de 40 km.

Ahora cervecita y partido del Barça, Joseba ya ha salido y yo me voy ya.

Otra cosa: pido disculpas por algún error de expresión que he detectado pero la precariedad de tiempo y posibilidades hace que muchas veces no pueda revisar los escritos y además el grado de intoxicación etílica que me acompaña habitualmente me nubla los sentidos a la hora de escribir.

Resumen de la etapa: 31,7 a 5,8 de media en 5:26 horas y estamos a 292 metros.

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Campos de lavanda


Nuestro gozo en un pozo. Ante las expectativas creadas para la cena todo mal. He dado un paseo para poder contemplar las vistas al pantano en un momento en que la lluvia nos ha dado un respiro.

El pantano al atardecer
El pantano al atardecer

Y ha llegado el momento culminante, un vinito para hacer boca y toque de rancho: en la mesa estábamos más de 20: un matrimonio francés con su hijo que vienen en bici (han estado toda la tarde por ahí jugando), la pareja balear-francesa de Mariano e Isabel que están en el otro albergue pero que han venido a cenar aquí porque abajo no hay nada, varios alemanes a los que no prestamos mayor atención y los habituales: equipo A y nosotros mismos.

Justo al empezar hemos visto salir el arcoiris.

Arcoiris
Arcoiris

La cena ha sido tipo mediodía: sopa de hierbas varias (agua del pantano con tomillo, romero, cominos y mucha pimienta) y de segundo pasta con tomate y verduras (pocas). Yo he tomado dos platos de sopa por aquello de que se pegara algo al riñón pero lo más consistente en la sopa eran las hebras de tomillo. Las espirales de pasta con tomate y verduras varias han sido el complemento final, de postre yogurt de fresa, el mismo que al mediodía. En definitiva, más hambre acumulada.

Con este desconsuelo en el estómago nos hemos ido directamente a la cama, yo he estado un rato haciendo alguna cosilla en el ordenador pero Joseba se ha dormido inmediatamente.

Hemos amanecido a las 6 porque ha sonado mi móvil con un mensaje, a pesar de todo hemos esperado hasta que ha sonado el reloj de Joseba a la hora convenida: 6:45. asearse, recoger todo, preparar mochila, y salir a desayunar.

El desayuno, al menos, ha estado aceptable: café, tostadas, zumo y magdalenas o sobaos. Para finalizar hemos pagado el día: 70 euros por la comida y las copas más 40 por la habitación. Hemos salido del albergue comentando lo caro que nos ha salido bebernos el agua del pantano junto con las hierbas del monte y los pocos gastos que tiene el holandés: el negocio es redondo.

La mañana se presentaba complicada por lo que a la previsión de lluvia se refiere, pero nada de nada. Comienza con una subida tendida y no demasiado dura en la que hemos ido adelantando al equipo A, que había salido un poco antes. El camino es precioso y va sobre la antigua calzada romana todo el rato, cerca de la general y de la autovía. Casi como un estupendo paseo por el campo entre lavanda y jara y por terrenos para el pastoreo de ganado vacuno y lanar. Así hemos llegado a Cañaveral tras desviarnos un quilómetro del camino y pasar por un bonito puente del S.XVI (de San Benito).

Puente de San Benito
Puente de San Benito

Tiempo perfecto y camino bastante agradable. El pueblo tiene una iglesia muy bonita y un montón de chimeneas muy especiales.

Iglesia de Cañaveral
Iglesia de Cañaveral

Detrás justo de nosotros han llegado el enterao y su fiel escudero buscando un super para comprar algo. Nosotros hemos encontrado unas señoras a las que hemos preguntado por un bar para desayunar y por varia información turística (muy amables nos han contado lo típicas que son la chimeneas y que hay una churrería en la parte de abajo del pueblo). Dicho y hecho: segundo desayuno del día consistente en churros con café, calentitos, bien frititos… hemos decidido desayunar por lo que nos pudiera deparar la comida después de todos estos días, aunque pensamos que tal y como van las cosas seguro que hoy encontramos algo estupendo para comer pero como hemos desayunado fuerte no tendremos hambre.

Así hemos salido de Cañaveral hasta encontrar el track y justo a la salida hemos encontrado a una manifestación de ciclistas que parecen hacer el camino con infraestructura de apoyo. Ayer los vimos pasar desde el albergue del pantano y llevaban hasta la guardia civil como aistencia.

Manifestación ciclista
Manifestación ciclista

El camino aquí ya es maravilloso entre dehesas para ganado vacuno, con alcornoques preciosos y entre gran variedad de aves (hemos llegado a ver un pica pinos y muchas más). Hemos subido un pequeño puerto, no gran cosa, y nos hemos adentrado por sendas entre campos de lavanda y jara que impregnaban todo de un olor maravilloso.

Un portón entre flores
Un portón entre flores
En plena dehesa de alcornoques
En plena dehesa de alcornoques

Así hemos llegado a Grimaldo tranquilamente, los primeros. El albergue es muy sencillito con 12 plazas, cocina, baño y saloncito: no es gran cosa pero tampoco está demasiado mal. Junto al albergue hay un bar que está cerrado pero que nos han dicho que abrirán pronto y que darán comida. Efectivamente al poco rato ha entrado una señora para informar de que ya está abierto el bar y que podemos comer. El fiel escudero ha pedido menú para el equipo A pero ha pasado de nosotros, de hecho ha elegido el menú sin contar con nadie. Hemos llegado nosotros y nos ha dicho que para comer hay arroz con carne y de segundo albóndigas con patatas.

El enterao y su fiel escudero se están clavando bastante en esta historia, van a su bola y no cuentan con nosotros ni con nadie, debe ser que ellos llevan su propio rollo y no quieren a nadie que le haga sombra. Van todo el tiempo de flower power con todo el mundo pero la verdad es que pasan de la gente si no les bailan como ellos quieren. Hasta ahora no había querido decir mucho más salvo el tema de la broma pero creo que ya está bien: son unos imbéciles y estamos hasta el culo de ellos, los otros dos van un poco a remolque y no se ven mala gente, pero el enterao y su fiel escudero son gili…. (lo pongo así para que mi hija no me diga que pongo muchos tacos y no pongo gilipollas).

Ahora estamos en el bar, yo escribo y tomamos una cerveza (apunta); bueno apunta otra que vamos a pedir ahora mismo. Huele que alimenta porque han llegado el matrimonio francés con su hijo y han pedido un plato combinado: esto pinta bien esta tarde. Como tendremos tiempo, y además no podemos publicar porque no hay acceso a internet esperaremos simplemente con la cervecita delante, a que se seque la ropa para luego ir a dar una vuelta por el pueblo (no más de 10 minutos).

Resumen: 20,5 a 5,7 en 3:33 y estamos a una altura de 424.

Cruzando el Tajo bajo la lluvia


Hoy nos ha pillado la lluvia, no han sido más que unos diez minutos y nos hemos escapado por los pelos, pero la verdad es que nos hemos calado, sobre todo a Joseba que se ha empeñado en no ponerse la capa, es lo que tiene la gente de Bilbao centro. Cuando han empezado a caer las primeras gotas y he visto lo que venía por detrás sobre el pantano le he dicho que paráramos para cubrirnos pero él ha considerado que no era necesario porque no iba a llover mucho y además estábamos cerca: la conclusión es evidente: el llevaba la ropa colgada en la mochila y se ha mojado toda. Yo, por supuesto, cuando he visto lo que venía he parado y me he puesto el chubasquero. Cada uno con lo que se merece.

El tenderete de ropa de Joseba
El tenderete de ropa de Joseba

Pero he comenzado por el final, retomemos nuestro relato justo en el punto en que lo dejamos ayer: os recuerdo que estábamos a punto de resarcirnos de nuestras penurias pasadas con una comida de las de verdad, un menú en un restaurante y además con la entrada de los callos de la tapa de la cerveza.

Nos hemos sentado en la mesa Joseba, Sancho Panza (ya explicaré por qué vuelve a ser el fiel escudero del enterao) y yo. Al poco de estar sentados nos ha llegado el camarero, el padre del señor de la barra, y nos ha ofrecido la carta del menú; paella, sopa extremeña y algo más de primero y ternera primavera o calamares de segundo, había alguna cosa más pero los tres hemos pedido paella y ternera, craso error. Al poco ha llegado un peregrino y le hemos ofrecido sentarse con nosotros: es catalán, de unos 52 años, bastante perdidete por lo que hemos visto, pelo canoso, regordete y bastante majo, quizás un poco pa’allá; también ha pedido lo mismo que nosotros y al poco rato nos ha llegado la ″paella″. Nos ha mosqueado un poco la rapidez con la que ha cuajado el arroz (no más de tres minutos) y el color amarillo intenso. Las apariencias no han engañado, sólo había tardado el tiempo de descongelarlo en microondas y estaba incluso más malo de lo que parecía. Todos comían con ganas después de dos días de dieta estricta, yo he perdido el apetito y apenas he comido medio plato, lo cual ya era un verdadero logro dada la textura del arroz. De segundo ternera, mejor que lo primero pero yo ya había perdido el apetito, Joseba no, se lo ha comido todo sin protestar. Así hemos ido terminando la comida entre charlas y anécdotas, nos ha sorprendido que Sancho Panza estaba nervioso porque no venían sus amigos, ha ido perdiendo la relación con nosotros e incluso se ha levantado de la mesa antes para ir a buscar a su jefe: el enterao. Él se había quedado un rato más en Cáceres con sus amigos y venían todos juntos: Pepe el de pelo blanco, el francés del puy y el enterao. A partir de ese momento Sancho Panza se ha desentendido de nosotros y el cuarteto se ha establecido, sobre todo los tres españoles porque el señor del Puy va un poco a su bola. Por esto he decidido que vuelve a ser fiel escudero y además ahora siempre van en grupo.

Nosotros nos hemos quedado con Federico, que así se llama nuestro peregrino de Barcelona y nos ha invitado a una copa después en el bar, no había orujo de hierbas y yo he preferido un pacharán, pero Federico y Joseba se han colocado un orujo de la casa (lo especifico para que Julio vaya anotando y de ese modo acepto su sugerencia).

Después hemos vuelto al albergue y yo me he puesto a trabajar un rato mientras Joseba iba a descansar: a planchar la oreja.

No ha parado de llover en todo el rato y sobre las siete hemos salido para ver el pueblo y por intentar encontrar algo para cenar dado que la perspectiva de volver al mismo sitio no nos agradaba demasiado.

Albergue de Casar bajo la lluvia
Albergue de Casar bajo la lluvia

Imposible porque no había nada abierto, casi todos los bares que hemos visto están cerrados y los que están abiertos no ofrecen nada de comer. Hemos visto la ermita de Santiago, la iglesia por fuera, y poco más porque el pueblo no tiene nada. Es curioso que siendo un pueblo relativamente grande es una porquería, no tiene casi servicios. Hemos regresado al albergue convencidos de que la cena sería otra vez en el mismo sitio y nos hemos resignado a nuestra suerte.

Al llegar al albergue hemos encontrado Mariano e Isabel (la pareja balear-francesa) que habían comprado una torta de Casar, producto típico del terreno. Nos han ofrecido generosamente probarlo y han abierto la torta siguiendo el manual de instrucciones. Puede parecer absurdo que un queso lleve un manual de instrucciones, y quizás así sea, pero el caso es que lo lleva y da varios consejos: que no se use el microondas para calentarlo ya que se puede derretir la corteza, que se abra por arriba y sólo la parte del queso que se va a consumir para que no se reseque el resto, y que se consuma a temperatura ambiente de unos 21 grados. Cuando estás en el camino tienes tiempo de todas estas tonterías, como leerte las instrucciones de una torta del casar. Ellos han ofrecido probarla a todos los peregrinos que han ido llegando.

Para completar la fauna del albergue nos ha llegado otro guarro: este es francés y tenemos la suerte de que va haciendo el camino al revés; nada más llegar le hemos visto el tema y ya le he dicho a Joseba que no se iba a duchar, el tipo no paraba de hablar con todo el mundo pero de ducha nada, ha explicado que va haciendo el camino hasta Sevilla y que encuentra dificultades para las señales ya que tiene que ir mirando al revés, yo le propondría que vaya de espaldas a ver si tiene suerte y se cae en un charco para lavarse. El olor corporal no es tan intenso como el del guarro alemán pero su aspecto espeso no le va a la zaga, pantalón corto y color moreno mezcla de melanina y mierda. Además se ha juntado con un canadiense que lleva un chubasquero de camuflaje y que tampoco se ha duchado, luego me contó Joseba que a la hora de dormir había pensado ir a ducharse pero que al final nada de nada.

Yo he charlado un poquito con el señor del Puy que es bastante simpático y que se ve un tipo sensato, va caminando con Pepe el de las canas y da la sensación de que le ayuda mucho por el hecho de que no sabe casi castellano.

Una prueba más de que el equipo del enterao van a su bola es que han preparado una tortilla de patatas para ellos solos, no han dicho nada a nadie y se han montado la fiesta ellos por su cuenta. Creo que es algo de muy mala educación el, al menos, no ofrecer participar a los demás.

No mucho más, nos hemos ido a cenar y allí hemos encontrado a Federico, ya había empezado el partido del Villareal y le habían metido el primer gol. Hemos tomado una cerveza (lleva la cuenta Julio) con una tapita de chorizo picante y hemos entrado a cenar. No teníamos mucha hambre y hemos pedido una sopita extremeña nosotros y Joseba un bocata de jamón del terreno. Yo había pedido también calamares pero cuando hemos visto la sopa hemos decidido prescindir. La sopa sí estaba recién hecha y además buenísima, huevo cuajado y pan con un caldito de sopa de ajo. Para mí estaba de vicio y hemos dicho a la señora que no nos preparara el segundo (botellita de vino también Julio).

Yo he gastado varias bromas a Joseba sobre el tema independentista que creemos que Federico no ha entendido (sobre todo cuando he comenzado a contar los logros del generalísimo) y poco más, fin de fiesta en el albergue a las 10 menos cinco. Tiempo de preparar un poco todo para ir a dormir. Yo me he quedado despierto un rato porque tenía acceso a internet en la cama y he visto los resultados de fútbol y he leído la prensa. Sobre las 11 he cerrado todo y a dormir.

Hemos dormido estupendamente, a pesar de las perspectivas que había y sobre las seis me he despertado porque estaba lloviendo bastante. El equipo A (Pepe el de las canas, el enterao, Sancho Panza y el francés del Puy han decidido prepararlo todo e ir a desayunar a algún lugar secreto que ellos conocían que abría pronto pero que no nos han comunicado, han dejado las mochilas para recogerlas luego y el enterao ha decidido encender la luz, a pesar de que la Isabel y Mariano seguían durmiendo. ¡Eso es educación!, pero ya sabemos que el enterao es así, sus conocimientos en todos los campos le permiten incluso decidir cuándo tenemos que levantarnos los demás. (luego hemos descubierto que han ido a una churrería).

Nosotros nos hemos arreglado más o menos rápido y hemos salido a tomar un café a un bar que había enfrente, parecía que dejaba de llover y que quizás nos íbamos a salvar. Hemos tomado un café con leche (Joseba con dos magdalenas del pleistoceno) y nos hemos puesto en marcha bien abrigados con todo lo que podíamos y preparados para la lluvia.

Vista del camino
Vista del camino

Sorprendentemente poco a poco ha ido abriendo, incluso ha habido un rato en que ha salido el sol. Hemos ido paralelos a la antigua calzada romana en muchos tramos por un paisaje que iba cambiando por zonas de roca caliza cada vez más despobladas de vegetación y típicas de ganado vacuno y de ovejas (algunas del tamaño de un burro). Hemos cruzado varias fincas y en una de ellas nos ha dado un susto de muerte un pedazo de perro del tamaño de un elefante que nos ha salido al paso. En realidad se trataba de un cachorro y sólo quería jugar con nosotros pero su apariencia bien podría haber sido la de un come-peregrinos. Se ha limitado a ofrecer sus juegos a Joseba y a lamerle el pantalón que llevaba colgado de la mochila, que le ha llenado de babas caninas para deleite de mi querido compañero.

Ejemplar de perro come-peregrinos
Ejemplar de perro come-peregrinos

Tras pasar la verja lo hemos dejado atrás y ya nada nuevo hasta la llegada al pantano. Poco a poco se ha ido poniendo oscuro hasta llegar a llover.

Vista al pantano de Alcántara
Vista al pantano de Alcántara
Cruzando el Tajo bajo la lluvia
Cruzando el Tajo bajo la lluvia

Ahora nos encontramos en el albergue, hemos dado la ropa a lavar por cinco euros nada más, nos hemos dado una ducha calentita y ya llevamos dos cervezas por cabeza (apunta que son latas). Escribo esta entrada mientras acaban de llegar el equipo A al completo, primero el fiel escudero. También está por aquí un tipo nuevo alemán y alguno más que llega.

La mesa la está preparando el tío que lleva el albergue, parece que es holandés, simpático y buena gente, lo hace él solo todo. Yo tengo hambre pero no sabemos que nos puede deparar el menú del día. Tampoco tenemos otra alternativa, o eso o el pantano, aquí no hay nadie más. El equipo A se ha instalado en las colchonetas porque son gratis, el enterao parece que también es algo miserable porque han buscado colocarse en un rinconcito para compartir suelo y no ha querido poner una lavadora para los cuatro ya que suponía más de un euro por cabeza (1,25). Ahora lo veo nuevamente hablando idiomas (fuerte, tres veces y despacito, como os conté). La fauna continúa y nosotros esperando para saber si diluviará esta tarde o podremos secar la ropa, os recuerdo que lo tenemos todo en la lavadora, incluso yo he metido la bolsa de tela de la ropa, como he recordado varias veces a Joseba. Está muy quejoso Joseba porque dice que le pongo en el blog como un borracho y comilón ya que sólo cuento lo que él se bebe. Por supuesto que es así, el que escribe soy yo y no voy a ponerme de borracho teniéndolo a él. Como bien me conocéis todos yo no bebo casi nada y cuando lo hago es presionado por las circunstancias y por no dejarle solo, que beber solo es de borrachos y yo no quiero que nadie piense mal de mi querido compañero.

Creo Paco y Anabel que habéis hecho un cálculo equivocado, pensad que la falta de comida hace que tengamos que completar nuestra dieta con las calorías que aportan los varios alcoholes. De todos modos pensad que todo lo que escribo es pura ficción, al menos por mi parte. Joséba sí que se los bebe pero yo estoy todo el rato escribiendo.

Resumen de la etapa: 21,9 a 5,9 de media en 3:44 y con una altura de 256 metros.

No consigo tener acceso a internet y no puedo, por tanto publicar hoy la entrada; la tengo preparada y la publicaré mañana por lo que ahora, ya que no hay nada que hacer por aquí voy a continuar escribiendo ya que siguen pasando cosas.

El albergue en el que estamos es un poco especial, a estas alturas del camino decir eso tampoco es decir gran cosa ya que todo esto es especial. El local lo lleva un tipo que parece ser holandés, tiene varias habitaciones dobles y triples con baño que son sencillitas pero no están mal y luego ofrece unas colchonetas para todo el que quiera que son gratis, aunque no tienen derecho a ducha. Lo curioso es que haya gente que prefiere las colchonetas para ahorrarse unos euros aún a costa de perder la ducha ¡que hay que ser miserable!

Vista del albergue antes de cenar
Vista del albergue antes de cenar

El equipo A ha reservado las colchonetas por teléfono para que nadie se las quitara y así les saldría más barato. Nosotros estamos en una estupenda habitación en colores malva que se llama Marraquech.

A la hora de la comida nos hemos juntado el equipo A, nosotros, cuatro alemanes que estaban ya por aquí, una chica alemana que hemos estado viendo en los últimos días pero que no sabemos nada de ella y poco más.

También la comida ha sido algo digno de mención. El menú único consistía en una sopa de pollo, en realidad un poco de agua caliente con un trocito de pollo y dos o tres verduras flotando sobre el caldo que iba aderezado con orégano, además de algún que otro fideo. De segundo una especie de puré mezclado con apio y alguna otra verdura indefinible e inidentificable. De postre un yogurt de fresas y buenas tardes.

Hemos tomado un café y un par de orujos (más que nada por hacer tiempo, (Julio cuenta) el resto del tiempo viendo que cada media hora más o menos cae un diluvio y vuelve a los dos minutos a salir el sol. El equipo A se ha puesto a dormir la siesta y los ronquidos llegaban a todas partes. Justo antes de la primera lluvia hemos recogido toda la ropa que ya tenemos lavada de lavadora y seca, al menos eso sí ha salido bien.

Las perspectivas para la cena no son mucho mejores pero hemos de tener en cuenta que estamos en un lugar completamente aislado del resto del mundo y a gran distancia de cualquier intento de chuletón. Lo que hay es esto y sólo es cuestión de esperar un par de horas para la cena y encomendarnos a Santiago para que tenga una mínima consistencia. Por lo demás todo perfecto, seguimos animados, a pesar del agua que esperamos que nos caiga mañana, a pesar del equipo A, a pesar de la dieta estricta… Las cosas del camino.