Fin del camino


Por fin tengo un rato tranquilo para poder escribir sobre el final de nuestra aventura. Tenéis que entender que desde la llegada a casa han sido muchas las obligaciones a las que hemos tenido que atender tras haber dejado “abandonadas” a nuestras familias por tan largo período de tiempo. Eran muchas las ganas por el reencuentro y hasta que las aguas no han vuelto a su cauce no hemos tenido oportunidad de reflexionar sobre el final de la aventura.

La última etapa nos llevaba desde Padrón a Santiago y nos dispusimos a hacerla a buen ritmo porque sabíamos que íbamos a estar poco tiempo en Santiago y teníamos mucho por hacer. A las 6:45 nos levantamos con la mañana aún oscura y además nublada. Las calles de Padrón estaban sin luces, imagino que debe ser o bien cuestión de la crisis o de estampar peregrinos contra las paredes. El único bar abierto era el que está junto al puerto que un señor “peculiar” nos había ofrecido la tarde anterior para el desayuno. Así fue, café, tostadas, anécdotas, escribir en el libro del bar, foto de recuerdo que nos hizo y salida a toda máquina.

La etapa está muy mal señalizada en algunos tramos y eso nos hizo incluso perdernos para cabreo de ambos. Para colmo la pérdida fue en un tramo que va paralelo a una carretera nacional llena de tráfico, ruido y escaso arcén.

La entrada a Santiago acaba dando un tremendo rodeo de esos que ves que te añaden un par de quilómetros “gratis” al final de la etapa. Es la entrada más fea de las que hemos hecho a Santiago y encima no paras de bajar y subir en todo el camino. Para colmo de males a mi querido compañero le entraron las prisas y después de una pequeña parada técnica para descargar líquido me encontré cada vez más lejos puesto que decidió llegar el primero. Decidí dejarle engañarse y no le llamé por el móvil para decirle que por mucho que corriera seguro que ya habrían llegado algunos peregrinos a Santiago antes que él. El resultado fue que yo iba a 6 km/h de media y cada vez lo tenía más lejos. Le vi intentar entrar a un Mercadona a comprar las cremas (cuestión privada) pero como había corrido tanto aún estaba sin inaugurar. Al cruzar una vía de ferrocarril y verlo ya al otro lado comencé a tirarle piedras y a proferir todo tipo de maldiciones para regocijo del repartidor de pan que estaba a mi lado en el camino con su furgoneta.

Y llegamos finalmente a Santiago pero todo fue muy deprisa a partir de ese momento. Llegamos a la Plaza del Obradoiro, nos abrazamos y yo le pedí un beso en los labios tal y como hacían las parejas alrededor nuestro a lo que él se negó bruscamente (cuando se me pasó la euforia inicial se lo agradecí). De la plaza nos fuimos directamente a la oficina de atención al peregrino para gestionar lo de la Compostela y tuvimos la suerte de arreglarlo todo en unos 20 minutos. Luego nos fuimos al mercado a Saludar a mi amigo José y su mujer. Se trata de unos amigos a los que conocimos hace ya algunos años y que son nuestros proveedores de ternera gallega así como informadores de todo lo que se mueve en Santiago ya que José conoce a todo el mundo y se maneja por todas partes. Tras besos y abrazos y saludos reiterados quedamos para el día siguiente para coger las cosas y nos invitó a un vino, o dos, en una tasca cercana.

A la 1 nos fuimos al Hostal La Salle donde teníamos reservada habitación. Ducha y corriendo a comernos un arroz con bogavante a O Fornos, para mantener la tradición. Allí coincidimos con un grupo de peregrinos con los que intercambiamos algunas charlas mientras degustábamos algún que otro orujito de hierbas.

Sobre las 4 nos fuimos directamente de compras: joyas Joseba (que os cuente él) y yo orujo en As Monxas, tarta de Santiago en la calle Rua da Algalia de arriba (una panadería escondida que tiene las mejores tartas Ancano caja azul) y visita a tienda de Sargadelos para deleitarnos la vista con las maravilla de allí y comprar un juego de ribeiro para la casa de Oria porque enfría el vino de una forma increíble, comprobado. No nos faltó una paradita en el Casino para reponer líquidos.

Sobre las 6 nos fuimos a la estación de autobuses para subir a Lavacolla a recoger los coches alquilados y allí comenzó una aventura de terror prevista: el precio fijado por goldcar en la reserva me lo incrementaban en 100 euros porque iba a dejar el coche en otro lugar distinto, encima me cobraban el depósito de gasóil a 100 euros más y así de los 82 euros iniciales pasó acostar la broma más de 300 euros. Joseba les dijo directamente que se metieran el coche por la zona trasera en la que tienen algo de espacio y yo acepté ya que no tenía otra alternativa a esas alturas y sabía que ni había coches en otras compañías ni eran más baratos.

Pasado el cabreo nos bajamos en mi coche de alquiler y Joseba se fue a la estación a sacar el billete de autobús para el día siguiente, salía a las 8:30 y se pasaba todo el día recorriendo el norte de España.

Después de todo este lío por fin nos dispusimos a sentarnos tranquilamente a cenar y despedirnos del camino como es debido. La elección fue, por supuesto el Entrerruas. Vinito, pimientos, pulpo, caldo…, lo de siempre.

Tras una cena tranquila y agradable encaminamos nuestros cansados cuerpos hacia el último lugar típico de nuestro camino: Momo. Una copa y a dormir que estábamos cansados.

El resto es fácil imaginarlo. La mañana amaneció de camino (a las 5 y pico). Joseba estaba preparado para marchar desde ese instante con su mochila a la espalda (yo creo que por eso dijo que había dormido tan mal). Desayuno rápido y despedida de estos dos viejos amigos caminantes que esperan hacer pronto otra de estas.

Yo me fui hacia el mercado a comprar el resto de productos con la ayuda de José y su mujer: ternera gallega maravillosa de su carnicería, algo de marisco, pimientos de padrón de los que las señoras seleccionan magistralmente entre los que pican y los que no, y un buen trozo de empañada gallega que luego me sirvió de comida (pasas y bacalao).

Tras 10 horas de coche casi sin parar y meter la pata en Madrid (acabé pasando por la M-40 por un error tonto al coger la radial), llegué a casa sobre las 7:30. Joseba llegó algo más tarde a su casa ambos sin novedad, para tranquilidad de familias (la tranquilidad les duró sólo unas horas) y para tristeza de todos aquellos que habéis seguido nuestras aventuras a lo largo de estos días.

Muchas gracias a mi querido compañero por aguantarme (el placer ha sido mutuo), cada vez que hago un camino con Joseba pienso que el próximo será aún mejor. Ahora nos esperan unos meses duros hasta el próximo camino aunque allá por enero empezaremos con la preparación de nuestras próximas aventuras. Queda pendiente esa ruta por Italia que caerá tarde o temprano y yo me quedo con la idea de repetir el portugués el próximo año.

Muchas gracias también a los que nos habéis seguido en todo este tiempo que habéis sido muchos, hemos recibido más de 100 visitas muchos días. Espero no haberos cansado mucho con nuestras historias y recordad: todo esto es fruto de mi delirante imaginación, por supuesto que no es nada real y en este blog no se describen personas sino personajes.

Un abrazo y, hasta pronto

Resumen de la etapa: 25,23 km en 4:13 a una media de 6 km/h

 

A las puertas de Santiago


Los últimos días del camino están siendo la confirmación de lo que el camino representa para nosotros. Cuando piensas que las cosas se van a complicar todo acaba saliendo rodado y, por contra, cuando crees que todo te vendrá derecho se tuerce.
El día pasado en Pontevedra fue estupendo y el final lo puso un concierto en la plaza del ayuntamiento por las fiestas de la peregrina. El concierto de Budiño y Kepa Junkera fue un verdadero goce que tuvimos la suerte de ver completo. Y lo curioso es que esa misma tarde al salir de la habitación del hotel Joseba había reconocido a Kepa que bajaba en el ascensor.
Antes del concierto habíamos ido a cenar al mismo restaurante del mediodía y picoteamos algunas cosillas tipo pulpo y demás. También dimos un paseo por las casetas de feria ya las tómbolas para deleite de Joseba que me pidió varias veces dinero para jugar unos boletos que yo le negué evidentemente, que se está volviendo muy gastoso últimamente.
Las etapas de estos últimos días Siguen siendo similares, entre lugares muy bonitos, bosques, pequeñas aldeas y carreteras secundarias. Normalmente suele ir paralelo a alguna vía del tren o carretera más,importante. El terreno es abierto aunque algo quebrado y el tiempo es caluroso, aunque se puede llevar bien porque llegamos pronto a los finales.
Ayer tocaba Caldas de Reis. Al llegar miramos en la guía y nos dejamos aconsejar hasta el Hotel O Cruceiro, a las afueras algo a desmano. El aspecto era bueno y al entrador un señor muy amable nos dijo agasajó con una cerveza reparadora invitación de la casa? Al poco rato me saca unos pinchos de tortilla y me dice que vayamos haciendo tiempo porque la señora está friendo unos pimientos, nosotros alucinábamos en color ante la perspectiva que nos venía: una habitación estupenda y limpia, buena cocina, gente amable y 45 euros con desayuno incluido.
Al ir a hacer el registro me di cuenta de que no me habían devuelto el DNI en el hotel de Pontevedra. Tras llamar varias veces acabaron confirmando que me lo enviarían a un hotel de Padrón hoy.
A partir de aquí todo fue de bien a mejor. Tras una cerveza en la plaza del pueblo nos fuimos a comer un menú sencillito al restaurante del hotel. Pero al entrar encontramos una mesa montada para unas 10 personas llena de fuentes con nécoras y cigalas. La tentación pudo con nosotros (más conmigo, todo hay que decirlo) y cambiamos la idea del menú por unos bichitos de esos con muchas patitas, pimientos, mejillones vapor, almejas y… 2 botellas de alvariño porque una se quedó corta. Mientras dábamos cuenta de tales manjares nos atendía el hijo del dueño, simpático y muy atento que al final nos ofreció unos orujos tostados para completar la sesión. Y para colmo estuvo muy bien de precio. La conclusión de todo esto fue una siesta monumental para dormir las dos botellas de vino y los orujos.
Después dimos una vuelta por Caldas para acabar cenando en el restaurante del mediodía junto a la pareja de peregrinos franceses con los que habíamos estado en Sao Roque, el día del diluvio. Sólo una botella de vino pero al final la “liamos parda” con los orujos tostados.
Y esta mañana tocaba Padrón, 19 km con más de lo mismo aunque esta mañana íbamos algo más espesos mentalmente. Hemos ido adelantando peregrinos hasta un pueblecito a un par de quilómetros de Padrón. Allí hemos parado a hacer un descanso, tomar una cerveza y reponer agua yo porque no me quedaba nada. El enorme camarero nos ha ofrecido unos callos con garbanzos y nos ha informado de que hoy había un gran mercado en Padrón, nada más entrar por el camino.
Así ha ocurrido y nada más ver las pulperías del mercado hemos decidido ir a comer allí porque el día de hoy prometía.
Para completar las buenas perspectivas hemos ido hacia la pensión el Jardín ya que es allí donde me habían dicho que enviarían el DNI. Se trata de un lugar precioso, muy limpio y mejor atendido por una señora muy amable. Nos hemos quedado una habitación por 45 euros que nos parece un precio muy bueno.
Pero el camino es así y no siempre te da lo que crees. Hemos ido al mercado dispuestos a deleitarnos con los productos típicos de nuestro camino pero todo ha salido mal. El pulpo y el churrasco caro y escaso, los pimientos cocidos en aceite y el vino tan insoportable que ni nos lo hemos podido tomar. En definitiva, un desastre de comida.
Sin más hemos regresado al hotel tras saludar a los peregrinos franceses que acababan de llegar allí.
La tarde se presenta deportiva, entre las motos, el partido del Atlhetic y a las 9 el Barça. Todo eso antes de que mañana culminemos nuestra aventura en la plaza del Obradoiro.
Resumen etapa 21: 22,66 km en 3:53 a una media de 5,8 km/h.
Etapa 22: 20,43 km en 3:33 a 5,7 km/h.

Fiesta en Pontevedra entre peregrinos


Se nota que estamos en los últimos días de camino, las ganas de llegar a Santiago se mezclan con la pena de acabar una aventura como la que hemos llevado durante estas tres últimas semanas. Pero somos caminantes estacionales y el otoño se acerca con la cosecha de problemas que ofrece el inicio de un nuevo ciclo que nos llevará hasta el próximo camino.
Las etapas del final están siendo muy agradables por la belleza del paisaje y por lo cortitas que son, pero eso no quiere decir que no tengan su dificultad puesto que se trata de un sube y baja constante muy al estilo de lo que ocurre en toda Galicia.
En la etapa de hoy pasamos de la Ría de Vigo a la de Pontevedra. Las vistas de las rías desde lo alto de los montes que hemos subido es espectacular. Vamos encontrando cada vez más peregrinos lo que nos recuerda que hace ya demasiado que acabó la soledad del campo junto al Tajo para llegar a las calles llenas de mochilas pegadas a todo tipo de personajes en Santiago.
Sin detenernos hemos hecho la etapa a buen ritmo hasta llegar a Pontevedra. he de decir que me ha sorprendido muy gratamente la ciudad, había venido una vez hace muchos años y tenía la imagen de una ciudad pequeña. La realidad es que es una hermosa ciudad llena de plazas ya rincones por los que deambular o pararse a tomar algo en cualquiera de sus terrazas.
Al llegar hemos buscado hotel y estamos alejados en el Rías Baixas, un sitio agradable y confortable muy céntrico.
Nada más terminar nuestras labores domésticas cotidianas hemos salido a dar un paseo y a buscar sitio para comer. Toda la ciudad está en fiestas y en las plazas hay escenarios en los que a lo largo de la tarde y la noche se ofrecen espectáculos musicales y de otros géneros. La comida ha sido un éxito siguiendo hoy el acertado instinto de Joseba, que ha sido el que ha elegido el local por lo bien que olía. Frutos de la tierra y el mar han completado una deliciosa comida que, sin embargo ha acabado de destrozar nuestro presupuesto del día. A aquellos que se pregunten por si hemos tomado pimientos tendré que decirles que sí, que por supuesto que hemos pedido una ración, y hoy, además eran de a buenos.
La tarde la hemos pasado con la wifi del hotel, Joseba abajo y yo en la habitación hablando con el skype.
Luego pasito por la ciudad con polar, que ha refrescado mucho. El ambiente en las calles es muy festivo con escenarios por todos lados que ofrecen conciertos y espectáculos diversos. Hemos pagado casi 8 euros por dos cervezas y ahora hacemos tiempo para cenar algo.
Seguimos al margen de los peregrinos, los,encontramos por la mañana y los adelantamos pero luego no nos aparecen en todo el día. Un camino extraño en el que las mochilas aparecen y desaparecen con o sin garrapata pegada delante nada más encontrar la primera cuesta. Mucho turigrino llevamos comido.
Resumen de la etapa 20: 19,74 km en 3:27 a una media de 5,7 km/h

Fiesta en Pontevedra entre peregrinos


Se nota que estamos en los últimos días de camino, las ganas de llegar a Santiago se mezclan con la pena de acabar una aventura como la que hemos llevado durante estas tres últimas semanas. Pero somos caminantes estacionales y el otoño se acerca con la cosecha de problemas que ofrece el inicio de un nuevo ciclo que nos llevará hasta el próximo camino.
Las etapas del final están siendo muy agradables por la belleza del paisaje y por lo cortitas que son, pero eso no quiere decir que no tengan su dificultad puesto que se trata de un sube y baja constante muy al estilo de lo que ocurre en toda Galicia.
En la etapa de hoy pasamos de la Ría de Vigo a la de Pontevedra. Las vistas de las rías desde lo alto de los montes que hemos subido es espectacular. Vamos encontrando cada vez más peregrinos lo que nos recuerda que hace ya demasiado que acabó la soledad del campo junto al Tajo para llegar a las calles llenas de mochilas pegadas a todo tipo de personajes en Santiago.
Sin detenernos hemos hecho la etapa a buen ritmo hasta llegar a Pontevedra. he de decir que me ha sorprendido muy gratamente la ciudad, había venido una vez hace muchos años y tenía la imagen de una ciudad pequeña. La realidad es que es una hermosa ciudad llena de plazas ya rincones por los que deambular o pararse a tomar algo en cualquiera de sus terrazas.
Al llegar hemos buscado hotel y estamos alejados en el Rías Baixas, un sitio agradable y confortable muy céntrico.
Nada más terminar nuestras labores domésticas cotidianas hemos salido a dar un paseo y a buscar sitio para comer. Toda la ciudad está en fiestas y en las plazas hay escenarios en los que a lo largo de la tarde y la noche se ofrecen espectáculos musicales y de otros géneros. La comida ha sido un éxito siguiendo hoy el acertado instinto de Joseba, que ha sido el que ha elegido el local por lo bien que olía. Frutos de la tierra y el mar han completado una deliciosa comida que, sin embargo ha acabado de destrozar nuestro presupuesto del día. A aquellos que se pregunten por si hemos tomado pimientos tendré que decirles que sí, que por supuesto que hemos pedido una ración, y hoy, además eran de a buenos.
La tarde la hemos pasado con la wifi del hotel, Joseba abajo y yo en la habitación hablando con el skype.
Luego pasito por la ciudad con polar, que ha refrescado mucho. El ambiente en las calles es muy festivo con escenarios por todos lados que ofrecen conciertos y espectáculos diversos. Hemos pagado casi 8 euros por dos cervezas y ahora hacemos tiempo para cenar algo.
Seguimos al margen de los peregrinos, los,encontramos por la mañana y los adelantamos pero luego no nos aparecen en todo el día. Un camino extraño en el que las mochilas aparecen y desaparecen con o sin garrapata pegada delante nada más encontrar la primera cuesta. Mucho turigrino llevamos comido.
Resumen de la etapa 20: 19,74 km en 3:27 a una media de 5,7 km/h

Pimientos de padrón, pulpo a feira y alvariño


Con esta dieta creo que he sobrevivido varios caminos ya en Galicia y este no parece que vaya a ser una excepción. Joseba me mira con cierta resignación cada vez que llegamos a cualquier lugar y, tras pedir la carta añado, ¿Tienen pimientos para freír una racióncita mientras llega la comida? Lo siguiente es esperar a quién de los dos será el primero al que le toque el que pica mientras el otro tiembla pensando que será el siguiente.
Todo este preámbulo lo que viene a decir es que hemos llegado a Galicia, atrás ha quedado el vinho verde, el bagazo y las sopas de verduras para acabar la comida. Han sido unos días estupendos que hemos aprovechado al máximo y de los que nos quedan recuerdos y momentos precisos que nos hacen plantearnos una vuelta a no muy largo plazo por estas tierras quizás ya cada uno por nuestra cuenta. Nuestra próxima aventura creo que se desarrollará por tierras Italianas, pero para eso faltan algunos años aún, ya hablaremos.
Estar en Galicia tiene también su parte negativa: los peregrinos van saliendo de todas partes como el musgo a las piedras, por poner una imagen algo más suave a la realidad. Los peregrinos que encuentras son de todos los tipos aunque abunda, sobre todo el “yovoydeperegrinoporqueenelalberguemecomounosespaguetisconlacuchipandi” es decir, se van agrupando por afinidades, por grado de lavarse, por número de vinos que te bebes antes de los orujos, y por el tema de quién acabará en la cama con quién. Nosotros hace mucho tiempo que dejamos ese tipo de drogas y eso nos hace mantenernos muy desconectados del ambiente “peregrino” en general. Es cierto que de vez en cuando encuentras gente normal, majos, divertidos y con ganas de pasar un buen rato sin complicaciones.
Vayamos por partes, es día de ayer nos sorprendió con un maravilloso sol cuando pensábamos que íbamos a tener que usar barca para salir. Desayunamos con dos parejas de peregrinos que estaban también alojados allí, una francesa y otra española. Ya habíamos cenado con los franceses porque los españoles son algo más reservados aunque por la mañana hemos estado en buen ambiente y yo,para variar, he gastado alguna broma y contado alguna historia.
Un camino maravilloso que hace honor a la despedida de Portugal nos llevó hasta Valença do Minho, preciosa ciudad amurallada que es el contrapunto perfecto a la española Tui. Una pequeña ascensión y un brusco descenso nos ha llevado entre alegría y la conexión a telefonía española hasta nuestro destino final portugués.
Un paseo breve dentro de las murallas entre turistas españoles mayoritarios nos ha dejado la sensación de que Valença merece ser final de etapa en otra ocasión. La anécdota la han ofrecido dos señoronas españolas sentadas en la mesa junto a nosotros porque han pedido una tapa de pulpo ya otra de bacalao y al traerlas le han dicho al camarero que no las querían poque eran muy grandes (y caras). El camarero se ha marchado bramando en portugués y al verme detrás para pagarle se me ha escapado en mi mejor castellano un “es que son españolas, qué esperabas. El comentario ha supuesto el despiporre general de todo el personal y ha roto la situación.
Lo demás ha sido llegar a Tui, ciudad desierta a esas horas hasta el hostal que hemos reservado y que se encuentra en la salida de la ciudad. Lugar sencillo pero limpio. Nada más llegar el tiempo ha cambiado y ha comenzado a diluviar. Nosotros ducho, ropa y comida, por fin Gallega. Lástima que no había pimientos pero sí hemos dado cuenta del primer pulpo a feira, una merluza de pincho a la gallega y un orujito de hierbas con hielo para el desengrase. Hemos comido muy bien y la gente es muy amable.
Tras un breve paso por la habi junto a varias jugadas de apalabrados y disfrutando por fin de mi whatsapp recuperado, hemos salido a ver la catedral y todo lo demás. Allí había un cartel prohibiendo hacer fotos que yo, por supuesto, me he pasado por el forro porque pago la restauración de este tipo de edificios con mis impuestos.
Después las calles se han ido llenando porque había procesión, cientos de personas alumbraban una pequeña imagen de un Santiago que ha recorrido la ciudad al compás de una bande de gaitas y otra de música.
La noche ha sido una agradable cena en un mesón junto al albergue privado subiendo la cuesta que viene de la playa fluvial, un verdadero espectáculo al atardecer frente al Miño y con Portugal enfrente.
Hemos amenizado los pimientos correspondientes (dos platos para recuperarle mediodía) con dos botellines de un vinito gallego del terreno muy suavecito. Una tapita de oreja y una brocheta maxi de ternera, pimientos rojos y más. Contentos y tras charlar amigablemente con la mesonera del local hemos encaminado nuestros pasos hacia la cama con mayor alegría de lo habitual, imagino que por lo agradable de la noche y por el sentimiento de patria que a ambos nos embarga, a Joseba sobre todo después de haber recuperado como español a su teléfono que había decidido independizarse y seguir siendo portugués.
Noche plácida y fresquita que nos ha levantado para un camino completamente gallego por un terreno bastante bonito en la primera parte pero que luego atraviesa varios polígonos industriales de la cercana Vigo.
Al llegar hemos entrado en el albergue de peregrinos pero una marea de turigrinos abarrotaba sus instalaciones. Ante tal situación hemos buscado alternativa en forma de albergue privado al que habíamos visto anunciado en la carretera. Al llegar no había nadie y hemos llamado al tf que aparecía y un señor me ha dicho que nos instaláramos que ya aparecería. Sitio sencillo, básico, elemental y poco cuidado aunque con lo mínimo confortable. Ducha, lavar ropa y buscar restaurante para comer.
Un mesón muy aceptable nos ha ofrecido un menú por 10 euros al que no le ha faltado el añadido de unos pimientos y dos orujos al final. Esta noche promete ser lugar de tapeo para nuestros agradecidos estómagos. Luego siesta y espera para ver si venía el del albergue, nada de nada.
Al final hemos ido a dar un paseo hasta la ría observando los espectaculares puentes metálicos para el tren y una parte de la Ría de Vigo. Redondela es una ciudad agradable llena de rincones bonitos, plazas llenas de terrazas y callejas. En una de esas terrazas es donde ahora escribo mientras Joseba ha ido a pagar el albergue y pedir licencia para ir a dormir algo después,de las 10, según reza en un cartel a la entrada.
Resumen etapa 18: 22,9 km en 5:33 a una media de 4,1 km/h, porque dejé conectado el GPS durante el paseo por Valença.
Etapa 19: 32,29 en 5:19 a una media de 6,0 km/h gracias a que mi querido compañero ha decidido que nos dejemos los pies tirados por la cuneta,antes de llegar a Santiago.

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A la puertas de Galicia, diluviando


La noche de Barcelos terminó tranquila después de las escaramuzas de los zumbados en la plaza. Tras varias persecuciones, gritos, peleas y carreras todos abandonaron el lugar ya nosotros nos dispusimos a buscar restaurante para cenar. En el que habíamos comido al mediodía estaba cerrado y la alternativa no defraudó, el Don Antonio nos ofreció un bacalao y un cabrito asado respectivamente a mi compañero y a mí, para terminar me tomé una sopa como buen portugués.
Sin mayores novedades nos fuimos a la cama y el despertador nos levantó a la hora de siempre para ponernos en marcha. Lo primero fue encontrar una padaria abierta en la que tomar café, llenar agua (la del hotel era asquerosa y estaba caliente), y comer una magdalena de arroz.
Un paisaje cada vez más “gallego” se va abriendo a nuestro paso y merece la pena destacar las bonitas iglesias que nos vamos encontrando y los parrales que suelen rodear los cultivos.
Toda la mañana estuvo amenazante aunque llegamos sin novedad a nuestro final de etapa previa parada técnica con café y pequeño bocata de jamón cocido.
Al entrar a Ponte de Lima está el albergue juvenil que habíamos escogido como lugar para alojarnos, al llegar aún estaban limpiando y todo parecía algo revuelto. Cuando nos fuimos a duchar vimos que todavía estaban sin hacer los baños y el aspecto de abandono y suciedad era grande. Las habitaciones están bien pero la limpieza bastante floja.
Tras la ducha nos fuimos hacia el pueblo y encontramos que había mercado, pero no un mercado cualquiera sino la madre de todos los mercados. Cientos de puestos eran visitados por miles de personas para comprar desde muebles y colchones hasta pepinos y tomates. Nos sorprendió la variedad de productos y la cantidad de gente que llenaba todas las calles.
Nos dejamos aconsejar por la guía y fuimos a comer al restaurante que nos marcaba justo en medio de todo el follón. Estaba lleno de gente y tuvimos algunos problemas para coger mesa ante la inoperancia de la señora que llevaba lo de colocar a la gente y con la desesperación de mi compañero que se cabreaba cada vez que la señora colocaba a los que entraban por la otra puerta mientras se olvidaba de nosotros (este Joseba es que no me tiene paciencia para nada, qué os voy a contar). Todo este lío nos llevó a comer más allá de las tres aunque mereció la pena por el chuletón del que di cuenta y el cabrito de mi compañero (el que se comió, claro).
Luego fuimos a lavar la ropa al albergue y descubrimos que no por haber limpiado los baños la situación de limpieza de los mismos había mejorado significativamente, los pelos brillaban por el suelo como si en lugar de quitarlos hubieran intentado sólo redistribuirlos.
Regresamos al pueblo para hacer una visita turística, el albergue está como medio km alejado, y el mercado seguía en plena ebullición. Recorrimos sus calles, el puente sobre el río y sus calles y rincones. Ponte de Lima es una ciudad bonita, agradable y acogedora que nos gustó mucho. Nos sentamos a tomar una cerveza y entonces se sentaron dos peregrinos en la mesa de al lado. Uno de ellos lo reconocí como Satur, se trata de alguien a quien había conocido en mi camino del norte del 2008,un tipo simpático, agradable y lleno de humor con el que pasamos una estupenda velada en Mellide junto a los compañeros de aquel camino. Tras saludarnos dedicamos una buena parte de la tarde recordando anécdotas de aquel camino entre bromas y buen rollo.
Yo me dediqué a buscar alojamiento para el día siguiente porque hay problemas en Rubiaes ya que hay un festival de rock que tiene todos los lugares completos, que tampoco son tantos. Al final hemos conseguido reserva en un residencial a1,5 km antes Rubiaes.
La cena fue en el mismo restaurante del mediodía, esta ver mucho más tranquilos. Unas delicias de bacalao y brochetas de lulas y camaroes fueron nuestra elección junto a una botella de vino del terreno mucho mejor que la que nos habíamos tomado en la comida.
Regresamos dando un paseo al albergue y nos fuimos a la cama porque estábamos cansados. En la habitación de al lado un niño pequeño no paraba de llorar lo que nos hizo temer una noche de pesadilla pero la pesadilla llegó por donde menos lo esperábamos. A la una de la mañana un ruido tremendo nos despertó: estaba diluviando en la calle. Así ha pasado toda la noche. Al amanecer las peores expectativas se han cumplido y hemos tenido que sacar el pantalón y el chubasquero impermeables. Hemos bajado a desayunar y sobre las siete menos cuarto nos hemos puesto debajo de la lluvia.
La salida de Ponte de Lima ha sido una delicia a pesar de la intensa lluvia y nada más comenzar a andar hemos encontrado peregrinos por todas partes, muchos de ellos saliendo del albergue que está al otro lado del puente. Hoy el camino ha sido una verdadera belleza a pesar de la lluvia, la niebla y el frío. Hemos ido adelantando gente todo el rato mientras la lluvia poco a poco nos iba calando por todas partes. Hasta llegar a Arco el agua nos ha dado una pequeña tregua e incluso ha dejado de llover. En Arco hemos parado en un café-tienda que es de lo más cutre que te puedas imaginar, el baño de película de terror y la camarera cutre chica Almodóvar. Ha comenzado a diluviar otra vez y hemos esperado un rato porque lo que nos esperaba era la subida a la Portela grande, el puerto más grande en todo este camino. La terraza del cutre bar se ha unido llenando y ante la perspectiva de que cada vez iba a peor nos hemos puesto en marcha. La subida al puerto se hace por una senda dura y empinada, de piso bastante malo y que la lluvia hacía aún peor. Es una ascensión dura de unos 4 quilómetros que se puede atragantar si no te la tomas con calma. La lluvia la hacía todavía más dura y peligrosa la ascensión aunque el paisaje es espectacular y me he ido parando para hacer algunas fotos y vídeos. Hoy hemos usado varias de las cosas que hasta ahora no nos habían hecho falta: los bastones, los chubasqueros y la toalla.
La bajada ha sido mucho más fácil aunque la lluvia era cada vez más intensa. Así hemos llegado a lo que creíamos que era Sao Roque, nada en mitad de la nada. Tras muchas dudas hemos llegado hasta el reposo del peregrino calados hasta los huesos. Al llamar a la puerta la señora no has dicho que no le quedaban habitaciones aunque le hemos recordado que habíamos llamado ayer para reservar. Tras algunas dudas y temores de quedarnos tirados la señora nos ha dichos que tenía una habitación pero que no estaría disponible hasta después de comer, la gente había llegado muy tarde del festival rock y algunos estaban bajando a desayunar en ese momento. Nos ha permitido secarnos y cambiarnos de ropa y nos ha dado un paraguas para irnos a hacer tiempo al bar del pueblo para que a las 12 vinieran a recogernos para comer. Resulta que esto está retirado de todo lugar y para comer vienen desde un restaurante a unos 3 km y luego nos traen. En el bar hemos tomado una cerveza y una bolsa de patatas, no voy a hablar mucho del lugar porque creo que alguien que haya visto la versión antigua de “La casa de los horrores” se puede dar una vuelta por aquí para comprobar que esta tienda la descartaron por parecer demasiado terrorífica para hace la película.
A las doce nos esperaban para llevarnos a comer. Hemos degustado un guiso con pasta y ternera muy rico y para cerrar, la sopa. Luego hemos regresado para ducharnos. La ropa nos la lavan en máquina para nuestro regocijo y descanso oyendo caer la lluvia que sigue cayendo a todo lo que puede amenazando mañana con más de lo mismo. A las 8 nos vienen a buscar otra vez para la cena y creemos que no tendremos mucho más que contar en este día
Resumen de etapas: 16,de Barcelos a Ponte de Lima, 33,18 km en 5:46 horas a 5,7 km/h.
Etapa 17, 16,82 km en 3:36 a 4,7 km/h (porque se me ha olvidado apagarlo mientras tomábamos café).
Por cierto, vuelve a llover a mantas.

Una verdadera noche peregrina


No hace falta decir mucho para que todo el mundo entienda que el día de ayer fue uno de esos en los que recuerdas por qué vienes al camino. Es verdad que te duelen los,pies, que pesa la mochila y que tienes calor pero todo eso lo olvidas en cuanto llegas a un lugar agradable, te das una ducha y la gente con la que coincides son estupendas.
Después de comer regresamos al albergue y yo me puse a escribir la entrada del día y a hablar por Skype con la familia puesto que tenía wifi en el patio. Poco a poco el albergue se había ido llenando de gente, primero dos parejas de jóvenes italianos que ocuparon la litera de matrimonio de abajo y una habitación aparte con dos camas. No puedo decir nada más de ellos porque no se molestaron ni en dirigirnos la palabra y ya contaré más sobre como ha sido la madrugada peregrina.
Luego llegó un señor francés con el que intercambié breves palabras de cortesía general y que marchó rápido al pueblo a tomar algo. Ya nos pareció que sería el típico francés de albergue que se mete en la cama a las ocho y no deja moverse a nadie pero que luego a las 5 está de punta molestando a todo el mundo. Este se colocó en la litera de arriba de la mía que yo había elegido por su cercanía a un enchufe con el que recargar todos mis aparatos.
Después llegó una chica joven a colocarse sobre la litera de matrimonio, esa estaba justo al lado de la que tenía Joseba de modo que sólo quedaba libre la de encima suyo para completar la habitación. De la chica no sabemos nada porque ni abrió la boca en todo el rato.
Y ya avanzada la tarde se presentó una pareja de alemanes bastante mayores y gruesos. En ese momento la chica que estaba a cargo del albergue me pidió el favor de que dejara mi litera a la señora ya que su volumen le dificultaba subir a la litera sobre Joseba. Como os podéis imaginar me sentó regular (tampoco hay que ser grosero). Joseba les entendió decir que finalmente la pareja dormiría fuera pero al ir a preguntar a la chica si la cama había que dejarla confirmó que sí.
De este modo tuve que reorganizar las cosas para acabar durmiendo sobre,mi compañero por segundo día consecutivo.
La cena fue otra historia. Nos fuimos a la plaza a la feria gastronómica y en la caseta de los coros y danzas tenían como plato especial sardinas asadas. No que decir tiene que nos dispusimos a disfrutar de una buena ración junto a una botella ta de vino.
En este punto del relato debo hacer una aclaración, podéis comprobar que en los últimos días no he hecho alusión alguna al “problema” de Joseba. En realidad lo de beber alcohol es una terapia para curar las ampollas, me ha dicho que tiene que beber mucho porque sólo de esa forma el alcohol para desinfectar sus heridas en los pies le llega desde dentro. Como lleva todo vendado la única forma de ponerle alcohol es desde dentro. Yo no lo tengo muy claro pero eso es mucho mejor porque con la medicación con la que se está tomando tengo la impresión de que le están creciendo tetas. Claro, mientras tanto yo tengo que hacer un esfuerzo por acompañarle y acabo atún todas las noches: “lo que hay que hacer por la amistad…”
Pues eso, que una botella ta de vinho verde estupenda acompañó a una docena de sardinas, una ensalada grande y un caldo verde para mí. Para conseguir que la chica me vendiera doce sardinas tuve que hacer malabares porque ella no entendía la cantidad, en realidad es que las raciones eran de cuatro sardinas por plato y no comprendía que yo quisiera 3 raciones para dos. Después de convencerla también descubrimos otra cosa curiosa de Portugal. En esta zona el caldo verde se lo toman después de comer. Ya me había extrañado que la noche que pedí el buey de mar y el caldo el señor no lo trajo antes, al pedirlo me miró con extrañeza y me preguntó si es que lo quería antes del buey a lo que le contesté que por supuesto y él me lo llevó con cara de extrañeza. Ahora entiendo el tema, se toma al final.
Al llegar al albergue ya estaban todos en sus camas y la luz encendida. Al mirar hacia el techo descubrí con horror unos veinte mosquitos que estaban esperando ansioso a picarme por todo el cuerpo sin piedad. Horrorizado ante la noche que me esperaba supliqué a Joseba que apagara la luz para que no vinieran más y me tapé con la sábana hasta mitad de la cabeza para intentar cubrir la mayor parte de mi cuerpo de los miserables enemigos.
La noche ha sido tan infernal como imaginaba. Para colmo la sábana era pequeña y apenas cubría mi cuerpo. A cada momento escuchaba volar los miserables insectos picando en la frente, las orejas y hasta en los párpados. Si casualmente me daba la vuelta y dejaba al descubierto una pequeña parte de una pierna o un brazo al instante los cabrones me lo recordaban con un picotazo sin piedad. Para colmo hacía un calor insoportable que se acrecentaba con tener que estar tapado hasta los ojos. Así he pasado toda la noche con la única esperanza de que quizás en algún momento todos se hubieran llenado con mi sangre y ya dejaran de picarme para permitirme dormir aunque fuera un ratito.
Y cuando parecía que los mosquitos se habían saciado completamente para semanas con mi sangre con sabor a vinho verde porque dejaron de picarme entonces los italianos han decidido que era la hora de actuar como auténticos peregrinos de los que salen de noche para luego alcanzarlos al poco rato, mueven todas las bolsas varias vece, encienden las linternas, se les cae todo, hacen risitas y tú acordándote de toda su parentela.
Por fin se han marchado, han cerrado la puerto entonces Joseba me ha dicho que eran las seis y que teníamos que salir.
Hoy el camino ha sido muy agradable, la primera parte por sendas entre bosques y pequeñas calzadas con adoquinado. Una tremenda niebla nos ha acompañado durante una buena parte de la etapa refrescando bastante el ambiente. Al poco de salir hemos cruzado el Río Ave por un lugar precioso.
Al llegar a Sao Pedro de Rates la gente salía de misa. Eran las 8 de la mañana y aquello parecía una fiesta. Es una ciudad preciosa con una iglesia románica excelente típica del camino con su ajedrezado y todo. El ábside me ha recordado al de Frómista.
Hemos desayunado en el bar, lugar de gran acogida a peregrinos en el que hay dos paneles llenos de fotos de gente que ha pasado por allí.
Una pequeña visita a la ciudad y ruta hasta el final de etapa. El camino transcurre por un paisaje que ha ido cambiando mucho en los últimos días. Cada vez se parece más a Galicia, a la Galicia abierta de Coruña más que a la lucense. Las casas son de piedra y todo está muy bien cuidado. Se nota un poder adquisitivo alto con casas estupendas, muy arregladas en general. Todo está muy limpio y cuidado por esta zona y las referencias al camino son cada vez más evidentes. El único problema es que sigue habiendo mucha carretera secundaria por la que transitar los peregrinos es una verdadera aventura dada la velocidad a la que van los coches.
Tras mil vueltas y desvíos hemos llegado a Barcelos, ciudad de gran tradición y mucha historia en Portugal y que es origen de una leyenda de gallo que canta similar a Sto. Domingo de la Calzada.
La guía nos aconsejaba el Hotel do Terço por hacer precios especiales a los peregrinos. Para entrar debes cruzar un centro comercial que te descolora completamente pero que lo que hace es evitar que des un gran rodeo a toda la manzana. Efectivamente por 35 euros habitación estupenda y cómoda en la que resarcirnos de la pesadilla de la noche anterior y en la que poder ver la final de baloncesto de los JJOO.
Para comer nos hemos decantado por el restaurante Solar Real que nos aconsejaba la guía y hemos acertado de pleno: botellita de vinho verde (la uña del dedo gordo del pie de Joseba mejora día a día con la desinfección) y arroz con polvo de lo mejor que hemos comido en todo el camino y que iba aliñado con hierba buena.
Luego partido de baloncesto en el hotel disfrutando del equipo nacional y su juego (unos más que otros) y paseo turístico por la ciudad, hoy algo más que de costumbre aunque tampoco para matarse.
Ahora en una plaza en la que no paran de pasar zumbados gritando porque están borrachos y hay una fiesta de baile tipo tercera edad en la plaza de al lado. Mucho ambiente festivo que se acompaña de unos 14 grados de temperatura que invitan a ponernos el polar para envidia de nuestros lectores españoles que creo que ya estaràn cocidos a fuego lento.
Resumen del día: 28,82 km en 5:09 aúna media de 5,6 km/h mientras otros dos zumbados se pelean delante de nosotros.

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