Muchos quilómetros, mucho asfalto,mucho calor


De la noche pasada mejor no decir demasiado. El olor a fritanga que sube desde las cocinas del restaurante hace muy desagradable el ascenso y descenso por las escaleras así como el tránsito por los pasillos por las zonas en las que no hay una caja de madera que impide el paso. Al acostarnos y mientras yo me organizaba para leer un rato el grupo de peregrinos a Fátima se puso a hablar a gritos delante de nuestra habitación, de repente Joseba lanzó un grito de silencio que me dejó a mí más mudo que a los de fuera. Bajaron el tono pero mantuvieron la conversación un buen rato. Cinco minutos después Joseba roncaba a pierna suelta mientras yo vencía un nuevo juego de apalabrados y acababa las últimas páginas del volumen I de Juego de tronos y escuchaba a Mariza.
Como a las dos de la mañana nos despertaron las voces de gente que llegaba al hotel con bastante poco cuidado. El resultado ha sido una noche de pesadilla añadido que desde las 5 tenía ganas de ir al servicio y por no salir fuera de la habitación he esperado al despertador.
Resumir la etapa de hoy es sencillo: 38 quilómetros por terreno sube y baja casi todo el rato por carretera y bajo un sol abrasador a partir de las 9 de la mañana. Y eso que al principio parecía que el camino nos iba a dar un respiro cuando salimos de la casa de los horrores y vimos la mañana cubierta por una espesa niebla y además el camino comenzó llevando nuestros pasos por terreno de tierra entre eucaliptos.
Hoy la etapa no nos lo iba a poner fácil y ha añadido constantes tramos de fuerte subida, rodeos absurdos para llegar al mismo sitio y mala señalización que nos ha hecho dudar en muchas ocasiones y depender más de la cuenta del GPS del iPhone.
Al menos el desayuno ha sido el previsto, a unos 11 km de la salida y de primera calidad. Parece que le vamos pillando el truco también a esto y hemos comprobado que en las padarias se desayuna bien con buen café tostadas de bollos recién hechos con mantequilla y pasteles o magdalenas muy ricas.
Al salir del bar yo quería ir a ver la iglesia pero hemos tomado el camino directo así que nos hemos tenido que desviar algunos metros ante mi insistencia y la amenaza de Joseba de recordar este paseo si sus pies al final de la etapa pagaban este rodeo en forma de ampollas.
Pocas más anécdotas hasta cruzar Oliveira de Azemeis y Sao Joao de Madeira. Son dos enormes poblaciones que hacen que durante gran número de quilómetros las casas no desaparezcan del todo por urbanizaciones y polígonos que hacen ascender y descender el camino para castigo de nuestros cuerpos.
En Sao Joao hemos hecho parada técnica de cerveza y recarga de agua fresca puesto que yo había agotado la mía al entrar en la ciudad y Joseba también iba muy justo. La travesía la hemos hecho por un camino diferente al track ya que mi querido compañero ha decidido poner el turbo y sin mirar flechas ni señales se ha tirado adelante llevándome con la lengua fuera todo el rato. Al final he tenido que preguntar porque no sabía ni dónde andaba y yo ya estaba bastante retrasado.
Tras la parada la última parte de la etapa ha sido lo más cercano al infierno que puede ser el camino, un calor insoportable que nos hacía sudar por lugares en los que yo pensaba que ni había glándulas sudoríparas, asfalto todo el tiempo que destrozaban nuestros ya machacados pies y junto a la carretera nacional pasando constantemente camiones, coches y demás haciendo un ruido terrible y que pasaban rozándolos. Al menos había una acera por la que transitar que nos protegía algo.
Casi al borde del colapso no hemos alcanzado a ver el hotel hasta casi el momento en el que ya estábamos allí. Se trata del hotel Pedra Bela en Malaposta, ciudad definida en la guía como «localidad de servicios en la N-1 que cruzamos por el arcén», es decir nada. El hotel es bonito y tiene delante un restaurante-marisquería. Nada más dejar las mochilas nos hemos ido a dar cuenta de un arroz con marisco estupendo regado con un vinho verde muy adecuado para la situación. De aperitivo una ensalada de pulpo estupenda de la que hemos dado cumplida cuenta delante de unas cervezas bien fresquitas. Después ducha, lavar ropa y mini siesta que yo he disfrutado mientras Joseba hacía zaping para no quedarse dormido.
Feo detalle el del hotel de cobrar 2,5 euros por un día de servicio wifi que además sólo sirve para un aparato y para colmo de males tienen en bar cerrado por lo que nos hemos tenido que venir a un bar enfrente en el que estoy pasando un calor que me hace recordar la etapa de hoy. Las perspectivas son, varias cervezas más en el hotel, si nos abre el camarero que se había ido a tomar algo, y cena en el restaurante en el que nadan los bueyes de mar entre bogavantes y otras delicias de mar a las que veremos de paso porque no creo que esta noche tengamos ganas de mucho tute para la cena después de lo cansados que vamos.
Resumen de la etapa: 37,73 km en 6:31 horas a una media de 5,8 km/h con sol de justicia, asfalto y carretera nacional.
Por cierto, he descubierto nuevas propiedades de la aplicación Maps 3D: puedes seleccionar llegada para saber los km que faltan y tiene un desplegable de datos que te da mucha información similar a un GPS de mano tipo Garmin. Cada día me gusta más y merece la pena comprarla para este tipo de actividad.

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12 Albergaria Malaposta

EveryTrail – Find trail maps for California and beyond
 

 

Una de cal,otra de arena


Un día completo a la altura de peregrinos VIP es lo que disfrutamos ayer en Águeda. Lo cierto es que el pueblo no tenía mucho más que la iglesia, los paraguas de la calle y el paseo junto al río del mismo nombre.
Después de las cervezas para animar la escritura en el mismo bar en el que habíamos comido y del que sólo recordaré esos pollos cojos que nos ofrecieron, nos fuimos a buscar una alternativa gastronómica algo más adecuada a nuestra residencia, es decir, un lugar donde comer algo decente. Ya a medio día habíamos echado el ojo a una churrasquería con buen olor a frango que nos defraudó nada más llegar porque era sólo uno de los lugares que en Portugal ofrecen pollo a la brasa similar a lo de los pollos para llevar en España pero sin salsa apestosa. De aroma muy bien pero sólo pollo y de eso ya habíamos tenido bastante al mediodía.
De pasada habíamos visto un sitio con buena pinta y tras un debate en la puerta nos lanzamos a la aventura. La verdad es que dimos plenamente en el blanco y disfrutamos de una de las mejores comidas de todo el camino. Yo me decidí por unas tetinhas de vaca tras confirmar que no eran nada similar a lo que parecía y Joseba se decidió por un secreto de porco. Un vino del terreno aconsejado por el camarero acompañó nuestros platos y una discusión política sobre la reforma de la ley electoral a muy buen nivel y animación creciente a medida que la segunda jarra de vino se evaporaba sin saber muy bien cómo. Una especie de crema catalana quemada y todo dio el broche al que nosotros añadimos un cubata en la terraza del hotel.
Resulta que había leído que el hotel tenía una terraza preciosa pero en el ascensor decía que abría a partir de las 9. Nos subimos arriba y nos pedimos dos ron con cola. Sólo el raterío del camarero enturbió algo la velada ya que nos ofreció una mísera lata de cola para los dos cubatas y eso por casi 9 euros.
Reparador sueño previa lectura de casi el final de Juego de Tronos mientras mi compañero de habitación, y casi de cama, me entonaba su cantinela roncadora y esta mañana a las 7 puesta en marcha ya que hoy la etapita era de 16 km y teníamos el desayuno,concertado a las 7:30. Al llegar hemos visto que había dos parejas con toda la apariencia de peregrinos y que luego se ha confirmado ya que nos han pasado durante la etapa en bicicleta. De allí al camino en una etapa bonita entre eucaliptos, casi todo asfalto salvo un precioso tramo poco antes de llegar al final de tierra que ha servido para que tenga que lavar el pantalón del polvo del camino. La única dificultad ha consistido en una cuestas bastante duras que hay nada más salir de Águeda y que sirven para dejar el valle del río pero que no esperábamos porque no estaban indicadas en el perfil de la etapa.
Hemos hecho una parada técnica en Serem, a unos 5km del final en una pastelería que ha servido para que yo de cuenta de un pastelillo de crema delicioso, caliente y recién hecho. Joseba, para variar, se ha tomado una cerveza para mantener su nivel etílico u contrarrestar la impotencia sexual que le produce la medicación.
Y así hemos llegado a Albergaria a Velha en el que todo se reduce a casas desperdigadas en torno a una plaza que parece ser el lugar en el que está todo. Al cruzar las vías abandonadas del tren se encuentra Casa Alameda, lugar descrito en la guía como «un sitio curioso (y un tanto caduco) que es a la vez ferretería, casa de comidas y posada». Con esas perspectivas ya hemos sospechado que hoy el día nos ofrecía el contrapunto perfecto al lujo peregrino de ayer. Desde la puerta del lugar hemos comprobado que el lugar no iba a defraudar nuestras expectativas. Una puerta de cristal esconde la entrada a un lugar de aspecto descuidado atendido por un señor descuidado entre unas escaleras descuidadas que son la alternativa a entrar a unas cocinas industriales a las que impide el paso una caja de madera, también descuidada. He de reconocer que todo parece bastante limpio y que los 25 euros de la habitación doble sin baño son un precio justo una cama cómoda y limpia, una tele pequeña y…, nada más. Parece ser que un grupo de peregrinos hacia Fátima tiene reservadas todas las habitaciones y sólo nos queda esta sin baño. Quizás la parte más cutre sea el baño común con una ducha a la que es peligroso cerrar su triple puerta ya que está desencajada y en cualquier momento te puede aplastar bajo su peso y el de la roña acumulada durante décadas (e incluso siglos si por entonces la gente se hubiera duchado).
Salvado el momento ducha hemos usado el lavabo común para lavar la ropa. El grifo estaba a punto de cobrar vida propia y el tapón automático de cierre dejó de tener esa virtud hace demasiado tiempo y ahora sólo puede ser abierto por manos con uñas fuertes y ágiles como las de mi compañero de fatigas (yo intenté durante un buen rato abrirlo sin éxito y ante el peligro de inundarlo todo.
Hemos intentado llegar hasta el lugar indicado para tender la ropa pero ha sido imposible ya que los accesos a todos los,lugares se encuentra cerrados al paso por cajas desvencijadas, al final una señora nos ha pedido la ropa y se la ha llevado ella para tenderla.
El resto del tiempo lo hemos consumido en el bar-comedor-ferretería-bodega-medioCorteInglés en el que hemos apurado dos cervezas y después un arroz a polvo en el que no ha habido nada de sexo. Alucinados por el local y por los lugareños que daban cuenta de todo tipo de maravillas gastronómicas tamaño maxi hemos dado cuenta de una buena jarra de vino sacada directamente de los toneles que nos rodeaban mientras yo no dejaba de mirar la calidad de las conexiones eléctricas del lugar.

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Una mouse de chocolate, un café con hielo y dos bagazos han puesto el fin a semejante festín por 22 euros.
Siesta en la habitación escuchando el partido de baloncesto en el que hemos ganado a los franceses (aunque hemos perdido en balonmano con ellos) y salida a recorrer la plaza y escribir.
Nada más llegar nos hemos puesto a analizar la etapa de mañana para alargar los 27km que están programados y así recortar un poco a la llegada a Oporto. Hemos conseguido una habitación en un lugar en medio de la nada 7 km más allá lo que nos deja 34 mañana y 26 pasado. Estando en esas me he quedado sin conexión así que he tenido que buscar un vodafone que había visto en la plaza y en el que me han orientado sobre cómo recargar la tarjeta del iPad en la papelerías ya que la simpática chica que me ha atendido sólo me ofrecía una tarjeta de 20 euros por 40 horas pero no por descargas. El problema ha sido que en la papelería no han sido capaces de hacerme la recarga y he tenido que volver a la tienda vodafone previo altercado con perro tipo Pepito que casi me deja sin piernas dada su fiereza. Al final por 15 euros y una sonrisa he conseguido una nueva tarjeta para el iPad con la que vuelco a tener un giga de descargas.
Cena en el restaurante-ferretería… aceptable, sin más y paseo nocturno hasta la plaza del pueblo.
Resumen de la etapa: 16,65 km en 3:00 horas a una media de 5,5 km/h casi sin darnos cuenta.

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Cuestiones de infraestructura doméstica


Como habréis podido comprobar llevo dos días sin escribir en el blog, las causas han sido varias pero la más importante ha sido un repentino ataque de gandulitis que me ha asaltado en las últimas horas. De cualquier modo también es cierto que no es que estemos viviendo un carrusel de aventuras y además hemos ocupado buena parte del tiempo en resolver algunos asuntillos domésticos que teníamos que arreglar y que os contaré ahora.
Para empezar os diré que la noche acabó tranquila cenando en el mismo restaurante en el que habíamos dado cuenta del arroz al mediodía. Por la noche un plato de sopa fue generosamente acompañado de cabrito mientras Joseba se lanzaba por bacalao. Lo único destacado fue que ligué: una pareja de atractivos caballeros cenaban en una mesa frente a la nuestra a la suficiente distancia para que el que tenía enfrente no parara de hacerme ojitos, imagino que su frustración debió ser grande al ver a mi apuesta pareja charlar amigablemente conmigo todo el tiempo sin darle el menor signo de tener alguna oportunidad conmigo (la realidad es que Joseba no dejó de hablar en todo el rato y el otro debió pensar que después de tal rollo no estaría yo para aventuras extra conyugales).
De ahí a la cama a rezar nuestras oraciones y mi ratito de lectura mientras mi compañero de cama plancha la oreja a ritmo de bolero cantado por voz cazallera de estibador portuario.
La mañana se levantó fresquita y la niebla cubría casi todo el valle. El camino sale paralelo a las vías del tren entre canales y agua por todas partes, la etapa transcurre por paisajes bonitos con mucho asfalto y población muy dispersa.
Según el plan previsto encontramos un café de la moral a la distancia adecuada en una de las aldeas perdidas por las que el amigo nos hacía ir y venir sin mucho sentido, allí yo me quité la camiseta de manga larga que llevaba desde el inicio porque comenzaba a subir la temperatura. El local no habría pasado ningún control de sanidad y la mezcla de agua turbia con leche que nos tomamos en café de «a cuarto» para lo que sí vendría bien es para facilitar la evacuación intestinal, algo que Joseba sufre de manera muy especial casi cada día y ese mucho más. La clientela también era de lo más pintoresca con una señora de mediana edad, o de total edad, que no paraba de fumar mientras nos enseñaba el culo tras unas mallas color negro que el tiempo habían llevado a no dejar casi nada a la imaginación. Para colmo llegó una anciana a comprar pan con atuendo tipo postguerra mundial (la española se queda corta) y que como característica tenía un calcetín en la pierna izquierda a medio caer y pierna descubierta a la derecha. Dos parroquianos animaban la fiesta en portugués profundo que no entendíamos ni para el «obrigado».
Lo que más nos está sorprendiendo del camino en estos últimos días son las casas que vemos por todas partes, se trata de verdaderas mansiones preciosas, nuevas y de diseño creadas por arquitectos muy modernos. Son construcciones impresionantes, grandes, bonitas, con mucho terreno y materiales de primera calidad. Están por todas partes, sobre todo en el campo, en los caminos… Están por todos lados y llaman verdaderamente la atención sobre todo a alguien como yo tan a la última en el tema de la carpintería de aluminio y el monocapa desde hace unos meses. El tema es que si sorprendentes son las construcciones más lo es que casi todas parecen vacías y cuando vemos a gente en ellas suele tratarse de parroquianos nada acordes con la modernez del lugar (se diría que ellos estaban ya allí antes y que las casas las hicieron a su alrededor). Para colmo aparecen urbanizaciones rodeadas de nada, en medio de nada, y los pueblos suelen mantener un estado de pobreza que llama mucho la atención con las casas estas que describo.
Sin mucho más llegamos a Mealhada con tiempo de tomar una cerveza y unas patatas fritas mientras buscábamos lugar para dormir. Tras varias vueltas encontramos en la carretera un residencial de muy buena pinta por 30 euros y con wifi que estaba cerrada pero a la que vino el dueño en 5 minutos largos tras llamarle al teléfono que estaba en la puerta. Habitación estupenda con wifi y a la que hasta media tarde y dos duchas por medio se podía entrar sin necesidad de barca. Y digo esto porque mi querido Joseba tuvo la ocurrencia de ducharse por segunda vez mientras yo bajaba a buscar wifi y al llegar noté que los pantalones los llevaba empapados por los bajos. La ducha tenía una cortina hasta abajo y mi compañero no sé qué había hecho pero el agua había inundado el baño y salía por el pasillo hacia las camas. Después de utilizar todas las toallas disponibles para secar de desastre nos dispusimos a organizar las etapas que nos quedan. Pero antes he de contar la comida porque resulta que al llegar al restaurante descubrimos que en ese pueblo es típico el leitao o, lo que es lo mismo, el cochinillo. Una oportunidad así no puede ser desperdiciada por dos veteranos peregrinos como nosotros con el siguiente resultado.

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No creo que sea necesario contar más.
Después de la inundación nos pusimos a comprobar las etapas porque tenemos un problema: para llegar a Oporto la guía marca una etapa de 35 km pero las dos anteriores son de 24 y 16 respectivamente. Hemos intentado cambiar el quilometraje con la intención de hacer la pequeña para Oporto pero no es posible, no encontramos nada para dormir que nos permita alterarlas y ayer, tras varias horas de dar vueltas tuvimos que desistir de modificarlas porque no hay nada. La cosa fue que se nos pasó la tarde entre el paseo en barca y la etapa y sólo tuvimos tiempo de dar una vuelta para ver el pueblo (10 min. y cerveza en la plaza), luego cena en el mismo sitio de la comida para un bacalao tamaño familiar para mí (antes la sopa de verduras con fideos familiares para mí) y Joseba cordero.
Y hoy más de lo mismo hasta Águeda. Casi todo asfalto, no demasiado calor y casas dispersas por todas partes muchas del estilo súper lujo con bicho dentro. Quizás sólo ha sido algo diferente que la zona está llena de polígonos industriales en los que se hacen muebles. El café de hoy en una gasolinera y ha incluido tostada con mantequilla como lujo añadido a una apuesta camarera a la par que simpática y que ha ofrecido esta alternativa al bollo que Joseba le había pedido y que tenía apariencia de prehistórico.
Al llegar a Águeda nuestros pasos nos han llevado hacia el Hotel Conde de Águeda puesto que la alternativa no nos ha parecido muy allá, juzgad vosotros mismos:

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Al llegar me han pedido 75 euros por habitación pero al decirles que se lo iba a comentar a mi compa que estaba fuera mientras ponía carita de pena me ha dicho «espera un momento» y se ha metido a hablar con alguien dentro a comentarle que éramos peregrinos. Al salir el precio era 65 euros y el desayuno incluido. Así hemos aparecido al momento con nuestras mochilas para meternos en una estupenda habitación con wifi estupenda que me ha permitido incluso videoconferencia con la familia por skype y que Joseba no ha inundado.
Comida tipo portugués en un sitio sencillito del pueblo con sopa y pollo (por cierto que aquí se ve que los pollos sólo tienen pechuga porque no vemos un muslo ni a las camareras).
Después hemos vuelto al hotel a ver el tema del coche de alquiler para la vuelta. De todas las opciones parece que lo más barato es Goldcarque se recoge el en aeropuerto de Santiago y yo lo puedo dejar en Águilas. Por 83 euros puedo alquilar un clase D (no Mercedes, que conste) que es mucho mejor precio que Avis y Atesa.
En eso hemos pasado la tarde salvo pequeña excursión por el pueblo con visita a la iglesia y resto en unos 15 minutos. Lo más llamativo que el pueblo está lleno de colores por todos lados desde los paraguas tipo toldos hasta el vía crucis psicodélico.
Resumen de las etapas: 09 Coimbra-Malhadada, 23,7 en 4:08 a una media de 5,7km/h y casi lana. Hoy hasta Águeda aún más llana 24,7 km en 4:17 minutos a 5,7 km/h.

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Coimbra, a la universidad a pie


Pasó la tarde ayer sin pena ni gloria entre la música insoportable del pseudo circo de la plaza y las lascivas miradas de mi compañero a una parroquiana de muy buen ver ataviada de una envoltura color blanco que dejaba poco a la imaginación y que debió consumir poca tela cuando se diseñó.
Poco más de interés salvo los esfuerzos de la camarera por no dejar al descubierto sus senos con constantes manos sobre el escote generoso, esfuerzo vano dada la carencia sustancial de dichos atributos. Lo dicho, que como no había nada nos dedicamos a contemplar el panorama.
La cena consistió en una sopa para mí, menuda novedad, y cordero muy bueno; Joseba tomó un bacalao de la casa que tenía mejor pinta que la vecina de la mesa de enfrente, la compañera del vestido blanco.
Y sin más a la habitación, mi compañero a planchar la oreja mientras yo perdía al apalabrados con un nuevo rival que me ha salido en el camino, a pesar de tener los dos comodines desde el principio, y al que había ya dado buenas palizas en esta primera semana. Luego un buen ratito de juego de tronos mientras van cargándose hasta al apuntador. He de reconocer que el libro está muy bien escrito y es muy fiel a la película.
A las 6 en pie aunque desde las cuatro y pico ya dábamos vueltas en la cama. Una etapa fácil con un tiempo agradable y por un entorno precioso siempre entre bosques de encinas, algún pino y demasiados eucaliptos.
Aunque hoy era domingo y las expectativas de un café de la moral se nos antojaban lejanas nuestra suerte nos ha llevado a un local mejor de apariencia que de resultados. Una señora de edad indescriptible y con unas mallas blancas que dejaban demasiado poco a la imaginación nos ha servido unos cafés con apariencia de cariño del que se compra. Joseba se ha pedido un donut para acompañar a su medicación, esa que le deja como efectos secundarios una incapacidad a reaccionar a los estímulos del placer carnal, y sin mucho más hemos acompañado nuestros pasos hasta la muy noble y universitaria ciudad de Coimbra, de grato recuerdo para mí ya que su visita hace unos 20 años trajo como resultado un regalo en forma de hija.
Entre «putas ratas voladoras» hemos recorrido la ciudad casi desierta a esas horas de la mañana cuando los comercios se comenzaban a preparar para el turismo que iba a llegar.
San Google ha guiado nuestros pasos hacia un hostal de aspecto siniestro al que no hemos podido acceder porque la puerta a la que hemos llamado no se ha abierto aunque tras ella era perfectamente audible el parloteo de un loro. Ante la siniestra perspectiva del lugar hemos decidido buscar algún otro espacio en el que dejar descansar nuestros hoy no demasiado cansados cuerpos y mientras deambulábamos por un callejón una voz nos ha increpado desde la altura ofreciéndonos camas a muy buen precio.
El hostal tiene una entrada algo extraña ya que está llena de estanterías con toda clase de objetos marinos: conchas, corales y demás. Algo tan poco adecuado para una ciudad de interior como ésta da paso a un ascensor que nos conduce a un lugar limpio, agradable y sencillo en el que por 30 euros nos ofrece cama limpia, baño y wifi gratis. El amable señor nos ha facilitado incluso tendederos portátiles para colocar la ropa en la ducha ya una palangana para nuestra colada. Está claro que en este camino el hospedaje no está siendo un problema.
Luego hemos subido por las callejas de la ciudad hasta la zona de la universidad, inmersos entre turistas de todo tipo entre los que hemos vuelto a escuchar las voces de españoles por el mundo (más o menos). Tras el paseo nuestros hambrientos cuerpos han llegado hasta la plaza de comercio, antiguo circo romano, en el que hemos degustado un suculento arroz con marisco regado con abundante vino rosado del país, un par de cafés, dos bagazos, unas putas ratas voladoras y la insoportable presencia de dos mocosos de origen francés que nos han amargado la sobremesa apenas compensado por las vistas humanas que por los contornos transitaban.
Después siesta, apalabrados, ver algún vídeo de niña repelente y cerveza para escribir. La tarde tiene como objetivo completarse con un chuletón que hemos visto en el restaurante de esta mañana y que tiene una pinta estupenda, ya os contaré.
Resumen de la etapa: 20,42 en 3:47 a 5,4 km/h con mañana fresquita y nublada muy agradable para andar.

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A Conimbriga en taxi


Después de haber analizado ayer todas las posibilidades de marcha para la etapa de hoy yo decidí que iba a tirar el anzuelo en el restaurante por si sonaba la flauta de alguien que nos trajea a Condeixa por la cara. Tras una más que aceptable cena en la que nuestro casero se empeñó en que tomáramos menú aunque Joseba insistió varias veces en que le apetecía tomar secreto de cerdo y yo degusté unos estupendos jureles a la brasa me puse a negociar. Hablar con este señor es tarea difícil porque no entiende nada de lo que le dices y encima hace lo que le da la gana. Le preguntamos sobre la posibilidad de transporte en bus y se marchó rápidamente a llamar por teléfono y confirmarnos un viaje en taxi por unos 40 euros a las 8:20 del día siguiente previo desayuno en su restaurante a las 8. Cualquier intento de explicación era tan absurdo como lo de Joseba por tomar secreto y acabar con filete de porco y sopa.
Cualquier persona normal puede pensar que el hecho de no tener que madrugar supondría más horas de sueño pero en nuestro caso es todo lo contrario: a las 5 ya estábamos los dos dando vueltas en la cama, yo jugando al apalabrados y Joseba haciendo tiempo (cada uno en su cama, que conste). A las siete ya no podíamos más y nos hemos puesto en marcha después de que Joseba pasó un buen rato buscando alguna cadena en la que no pusieran dibujos animados, sin lograrlo.
A las 8 en punto nos aguardaba un suculento desayuno y a las 8:20 previstas ha aparecido el taxi que nos ha transportado a la velocidad de coche hasta Condeixa sin sudar.
Mientras Joseba tomaba un café en un bar del centro yo he salido a buscar habitación. La elección ha sido el «Borges» aunque con la duda de si el nombre hacía referencia al escritor o a la marca de frutos secos. Se trata de un lugar sencillo y limpio que atiende una agradable muchacha y su padre. Hasta ahora no he comentado mis dificultades a lo largo de este camino por entender lo que me dicen en portugués pero lo de esta mañana ya era de escándalo. La chica se empeñaba en explicarme que su padre estaba todo el día en la recepción a partir de las tres y que podíamos entrar sin problemas pero yo no entendía nada porque lo que quería era que me dejara una llave del portal. Al final he optado por ir a por Joseba para dejar mochilas y buscar el modo de ir a Conímbriga. Una vez más la amabilidad de esta gente nos ha echado una mano y el padre de la chica del hostal se ha ofrecido a llevarnos en su coche en dos viajes porque sólo tiene un asiento delante. También nos ha explicado que si llegamos antes de las 3 usemos la llave que nos ha dado y que debemos dejar en un gancho detrás de la puerta cuando la usemos.
Con mucho calor y pocos visitantes hemos comenzado la visita a los restos arqueológicos de Conímbriga con la amable explicación en español del señor de la taquilla que se nos ha mostrado ansioso por practicar sus conocimientos en la lengua de Cervantes. La visita ha pasado entre goterones de sudor, recuerdos a las fachadas de monocapa que hace al albañil de mi obra y referencias a mi visita anterior aquí hace 20 años cuando Mar hija comenzó a ser un proyecto en nuestras vidas. Tras contemplar los sistemas de calefacción de termas, restos de murallas y maravillosos mosaicos en triclinios y peristilos hemos pasado al museo en donde hemos disfrutado de estupendos ornamentos fálicos (visualmente, claro).
Sobre las 12 hemos salido en dirección a Condeixa a Velha para ver su iglesia y luego hacia el centro de Condeixa a Nova a unos 2 km en dirección a un restaurante al que le había echado el ojo y que no nos ha defraudado. El camino pasa justo por delante de Conímbriga por lo que mañana tendremos que llegar hasta aquí para retomar la ruta hasta Coimbra.
La comida ha transcurrido entre la amabilidad de la escotada y amable camarera y la degustación de un arroz «valenciano» de mejor sabor que aspecto y de una selección de carnes regadas con abundante licor de Baco del terreno. Dos bagazos han completado la sobremesa etílica a la que hemos rendido cuentas con una suculenta siesta mientras en la tele un montón de zumbados marchaban 20 km sobre London.
El resto es una cerveza en una terraza de la plaza contemplando un grupo de colgados que han montado una especie de circo al que animan con una música infernal a toda pastilla.

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Siento mucho si algún error se desliza pero el cacharrero musical al que estamos siendo sometidos tipo cutreibiza empieza a hacer mella en mi sistema nervioso mientras contemplamos a un malabarista que juega con 6 aros que intenta mantener simultáneamente en el aire con escaso éxito después de 3 segundos.
Resumen de la etapa: 44 km en 40 minutos a una media de unos 90 km/h sin sudar ni una gota ni sentir calor.

Subiendo por montes pero con café


Aunque las previsiones de cena ayer eran inmejorables los resultados no estuvieron a la altura de las expectativas, o el sitio no era el que nos aconsejó el señor del hostal o su nivel de calidad no es el mismo que el nuestro. Una sopa para mí, para variar y un filete de ternera en salsa junto a las patatas, arroz y ensalada de siempre fueron la opción. No estamos teniendo mucha suerte con el tema de las comidas porque las cartas en los restaurantes a los que vamos suelen ser muy cortitas y casi lo único que ofrecen es plato único de carne o pescado acompañado de lo mismo y la sopa de verduras tipo crema clara con caldo de pollo. No está mal del todo y lo mejor es que el precio suele estar siempre por debajo de los 10 euros por cabeza pero yo echo de menos algún guiso o similar.
Tras pagar 16 euros, vino incluido, nos fuimos a recoger la ropa del tendedero y dormir.
La mañana ha amanecido hoy a las 5:45 porque Joseba tuvo la brillante idea anoche de que comprobáramos cómo estaba de clara la mañana para salir a las seis, a pesar de mis quejas y de mi convicción de que a esas horas todavía no están puestas ni las calles. En el mostrador de recepción nos habían dejado como desayuno una bolsa con un bocadillo de queso, un plátano, una magdalena y una botella de agua que hemos ido comiendo desde la habitación y por las calles de salida de Tomar. La ciudad estaba vacía y aunque el día comenzaba a aclarar aún era algo difícil ver las flechas amarillas al menos hasta que hemos pasado junto a la plaza de toros, a la salida de Tomar.
El camino de hoy ha cambiado completamente en su recorrido, hemos abandonado las llanuras junto al tajo y las carreteras rectilíneas para tomar vías entre bosques de eucaliptos y algunas encinas y en constante sube y baja. La etapa ha sido bastante dura y al final hemos acumulado una subida total de casi 900 metros.
Aunque a la salida de Tomar hemos visto nubes pasar veloces sobre nuestras cabezas lo que refrescaba sensiblemente el ambiente ha sido sölo un espejismo: la etapa ha sido una vez más de intenso calor.
Pero hoy sí se han cubierto las previsiones y hemos tomado café sobre las 8 enuna aldea que ha sido casi la única opción en toda la mañana. La cerveza del mediodía nunca se ha llegado a producir porque los últimos 20 kilos hemos hecho del tirón.
Lo que también hemos encontrado hoy ha sido un grupo de peregrinas, tres chicas irlandesas que se han asombrado de vernos tanto como nosotros a ellas. Durante un buen tramo nos han seguido de cerca lo que nos imposibilitaba la parada técnica sobre la marcha para desalojar líquidos. Al final las hemos perdido de vista y han llegado al residencial en el que estamos cuando nosotros comenzábamos a comer.
Joseba ha ido bastante mejor de su molestia en el tobillo aunque ahora tiene una ampolla en la parte externa del talón del otro pie, serán algunos días de molestias sólo en parte mitigadas por los compeed.
Y así hemos llegado a Alvaiazere, lugar sin nada especial y que lo único que tiene es el museo que no hemos podido visitar porque hemos llegado cuando cerraban.
Para comer la opción era el restaurante del hotel. Medio entendiéndonos hemos comido un menú peregrino consistente en una sopa de verduras (para variar), una ensalada de judías de estas que hacen por aquí con atún y una ensalada de verduras a la que yo le he despojado del melocotón que ha disfrutado mi sufrido compañero, para que luego no diga que no le cuido.
Lo siguiente ha sido una suculenta siesta que a Joseba se la ha prolongado más de lo previsto y que ha aguantado nuestro paseo por la ciudad hasta cerca de las 6. De cualquier modo para lo que el pueblo tiene que ver sólo nos ha impedido llegar a la hora de ver el museo, como ya he dicho antes, lo demás ha sido pedir unas cervezas y organizar las etapas próximas.
El problema que tenemos es que la etapa de mañana marca hasta Rabaçal con unos 30 km y después Coimbra otros treinta, pero en Rabaçal no hay posibilidad de alojamiento. La primera opción sería la de quedarnos unos 8 km antes que hay un residencial pero eso haría una etapa de llegada a Coimbra de 39 km. Esto nos machacaría además de complicarnos la visita a la ciudad ya que llegaríamos muy tarde y cansados.
La segunda opción sería llegar mañana hasta Condeixa a Nova pero eso supone hacer 44 km algo que no creemos que con este calor y terreno sea viable teniendo en cuenta lo que supondría en los pies de los dos y sobre todo en los machaques de Joseba.
Después de mucho darle vueltas hemos decidido que vamos a ir caminando hasta Ansiao, a unos 14 km y desde allí buscar bus o taxi hasta Condeixa, ya que esta ciudad parece algo más grande. Con esta opción no nos pegamos la pasada de etapa y además nos ofrece la posibilidad de visitar Conímbriga puesto que está a las afueras de Condeixa a Nova.
Ahora, mientras yo escribo Joseba se prepara sus pies con lo que hemos ido a comprar a la farmacia para reponer. No hemos encontrado compeed y hemos tenido que coger de otra marca lo que parece que no funcionara demasiado bien. También hemos comprado esparadrapo (para que veas que lo digo bien, Isa) del blanco que se pega muy bien. Por último anti fila atoros y el correspondiente paracetamol (tranquila, Mar, el estómago de Joseba no sufrirá).
Por último felicitara mi querido compañero por su aniversario de boda al mismo tiempo que desearle mucha suerte y salud a Tere par que pueda seguir aguantando esta cruz que le ha tocado soportar durante todos estos años descontando el tiempo que se lo robo yo para hacer caminos. De todos modos mi enhorabuena porque aunque algo folló euro en el fondo es buena gente y algo le habrás visto bueno para aguantarlo todos estos años que son más de lo que un preso soporta como condena por los peores crímenes.
También felicidades a Olatz a quien se le escapa ya la treintena y entra en la edad de la verdad, esa de la que algunos ya estamos a punto de salir y otros ya han salido hace algún tiempo.
Resumen de la etapa 31,3 km en5:45 min a 5,4 km/h con sol de justicia y 840 metros de subida total.

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A Tomar sin tomar ni café


El final de la tarde ayer pasó según lo previsto: paseo, vueltas, cerveza y cena en el mismo restaurante que habíamos comido al mediodía porque no encontramos nada diferente abierto y además habíamos estado bien.
Tengo que mencionar algo que ayer olvidé por completo y es que pasamos por Azinhaga, pueblo natal de José Saramago. Me hice la respectiva foto en la placa que recuerda su lugar de nacimiento y otra en la plaza en la que hay una estatua de él sentada en un banco y que es bastante fiel salvo por su tamaño estilo cabezón que hace que el que se sienta a su lado parezca Tyrion Lannister. Fue un momento emotivo e inesperado que me hizo recordar los grandes momentos que he pasado leyendo sus libros y escuchándolo.
La cena fue normalista tirando a floja a base de chocos que aquí son sepias pequeñitas a la plancha. El paso siguiente fue retirarnos a nuestra habitación a escuchar algo de música yo mientras Joseba pone la tele portuguesa para verla aproximadamente 15 segundos antes,de dormirse.
Cuando nos hemos levantado esta mañana algo en el ambiente presagiaba problemas, los dos andábamos más espesos de costumbre y así Joseba ha tenido que hacer casi un master para aprender a abrir la puerta del camping con la tarjeta que nos habían dado. Yo, por mi parte apenas atinaba a recoger las cosas y meterlas en la mochila siempre con la sensación de que me dejaba algo.
Al salir de Golegā hemos pasado por la misma calle que ayer pateamos varias veces. Mi empanamiento me ha hecho retrasarme bastante mientras Joseba cogía carrerilla como quien espera tomar un café bien pronto (que lejos quedaba eso para nosotros aunque entonces no lo sospecháramos).
La previsión era hacer los 8 primeros quilómetros hasta Vila Bona de Barquínha y tomar café porque la guía marcaba que tenía todos los servicios, de todos modos 3 quilómetros más allá estaba Atalaia también con todos los servicios según la guía. Hemos hecho el primer tramo sin problemas, bastante fresquito y animados porque hoy la etapa era algo más pequeña de lo que hemos hecho hasta ahora y nos la queríamos tomar con un poco más de relax. Al llegar al primer pueblo no hemos visto nada, se trata de urbanizaciones modernas de duplex y viviendas única militares situadas en amplias avenidas pero de bares o supermercados nada de nada. Hemos pensado que quizás el camino en lugar de pasar por el centro iba por una esquina y por eso no había,os encontrado nada y como a 3 km teníamos el otro pueblo allí tomaríamos el ansiado café de la moral y llenaríamos la bolsa del agua con fresca embotellada porque llevábamos poca cantidad dado lo mal que sabía y lo calentona que estaba.
Al entrar en Atalaia hemos visto un pueblo hermoso, grande, bastante rico y que parece lugar de recepción de turismo y de familias con segunda residencia para vacaciones. Nada más al entrar había unas mujeres sentadas en una mesa tomando un café pero no había ningún cartel anunciando el lugar salvo un cartón de helados, en el interior parecía entreverse un mostrador y cuando hemos pasado le he dicho a Joseba que mejor buscábamos otro bar mejor más adelante no nos fuera a pasar lo del otro día que pararnos en el primer cutrebar del pueblo y luego nos encontramos uno mucho mejor algo más adelante.
Incluso nos hemos llegada encontrar una casa de turismo rural pero los pocos bares que hemos pasado estaban todos cerrados.
Así hemos salido del pueblo sin café, sin agua, con calor, tras 11 km ya pateados y con otros siete por delante antes de encontrar algo.
Para colmo de males nada más salir del pueblo el camino cambia bruscamente para meterse en un bosque bastante cerrado con una fuerte subida y por una senda estrecha, poco transitada y con poca señalización. Cuando llevábamos un buen rato andando me he comenzado a mosquear porque llevábamos el sol a la izquierda y he mirado rápidamente el GPS del iPhone: ¡Nos habíamos perdido! Habíamos salido del track sin darnos cuenta y íbamos en dirección contraria al objetivo. Por si todo esto no fiera suficiente no llevábamos mapas de este trozo porque misteriosamente se han borrado del teléfono y, además, el iPhone ha dejado de marcar la ruta porque se ha bloqueado.
Después de reiniciar el teléfono para recuperar la señal del GPS y de encontrar un camino que nos llevaba hacia la izquierda hemos comenzado a caminar con la intención de volver a recuperar el track. Durante una media hora hemos ido acercándonos cada vez más al camino correcto atravesando sendas abandonadas y poco transitables entre bosques de eucaliptos en los que los árboles no nos dejaban ver el bosque hasta que después de dos o tres quilómetros hemos alcanzado finalmente el track para alivio nuestro. El camino se ha mantenido en un constante sube y baja por pistas llenas de piedras sueltas y poco señalizado. Menos mal que Joseba parecía andar hoy mucho mejor de su tobillo y así algo nos hacía ver las cosas de una forma más positiva.
Después de un buen rato de caminos duros y con bastante calor hemos llegado al siguiente pueblo pero de bares nada de nada así que tres más hasta el siguiente.
Después de 22 km por fin a la entrada del pueblo hemos visto un cutrebar atendido por una ancianita antipática, espesita y poco dada a la conversación. En el bar hemos encontrado nuestra primera peregrina de este camino, una irlandesa con aspecto de monja que escribía con emoción en una libreta las palabras que iba encontrando en un diccionario de portugués mientras leía el periódico.
Joseba se ha pasado directamente a la garrafa (ya sabéis que es misión imposible) mientras yo intentaba convencer a la señora de que el café fuera algo más grande que una simple tacita. Luego la pelea ha estado por encontrar algo para comer entre los croisanes de chocolate prefabricados, las galletas de coco y varias bolsas llenas de cosas de difícil descripción. Tras luchar contra los elementos he acabado aceptando una bolsa que ponía algo así como boas de aceite que en lugar de alargadas eran redondos bollos de forma irregular tan difíciles de tragar sin agua como mal aspecto tenían. Esto no ha impedido que media bolsa cayera de un golpe acompañado por mi sufrido compañero y así nos hemos puesto en marcha hasta el gorro de la etapa, con la garganta al borde de la asfixia por los trozos de bollo que aún me quedaban pero agradecidos al menos de haber tomado algo y de que sólo nos quedaban 7 km para el final.
Pero al subir la calle hemos visto un bar estupendo, una cafetería moderna a la que sólo le hubiera faltado conexión wifi para ser perfecta, y luego otro, y otro… Así hasta 7 hemos encontrado en la calle de paso. Justo en el momento en el que yo me acordaba de todo el santoral bramando en arameo, mientras sapos y culebras salían por mi boca ha llamado Tere para preguntar a Joseba por su tobillo o quizás porque desde Mundaka había oído mis gritos de mala leche, y otro bar más, como para recochinearse. Era como si todos los bares que debíamos haber encontrado a lo largo de todo el día se hubieran concentrado en esa miniatura de pueblo, porque encima el pueblo era una simple aldea.
Al salir del pueblo hemos visto el cartel de 7 km a Tomar y eso nos ha animado ilusos nosotros y no escarmentados aún con que el día de hoy había salido torcido. El camino ha comenzado a desviarse una y otra vez haciendo piruetas absurdas que nos hacían subir colinas para luego bajarlas por el otro lado para seguidamente retomar el sitio casi por donde lo habíamos dejado. Otras veces nos mandaba al otro lado de la vía del tren para recorrer una senda que nadie debe haber pisado en años porque la vegetación casi lo cubre todo. En definitiva los 7 km previstos han debido llegar a más de 10.
Cabreados hasta el nivel máximo hemos llegado finalmente a Tomar después de unos últimos quilómetros a pleno sol sobre asfalto semiderretido y en constante sube y baja. Nos hemos puesto a buscar habitación con la ayuda del iPad.
Pero como una etapa como esa siempre tiene su compensación el resto del día nos ha ofrecido la otra cara del camino. Para empezar un hotel estupendo, cómodo y bonito atendido por gente muy amable y servicial, el Uniao. Después una comida estupenda atendidos amablemente por el dueño que ha acabado de conversación con nosotros y que nos ha permitido degustar a Joseba un bacalao y a mí una sopa de verduras y una ensopada de merluza (especie de merluza en salsa) regada con vino de la casa y acompañada, en el caso de Joseba para variar, de un buen bagazo del que yo he retirado un traguito para mi café en plan generoso y para que quitarle algo de vicio.
Seguidamente ducha en el hotel, lavado de ropa y salida turística porque nos esperaba una cuesta descomunal hasta el castillo de los templarios. Hemos quedado alucinados de la visita que por seis euros nos ha enseñado un edificio increíble en el que se conservan perfectamente las dependencias del convento. Reencuentro con turistas españoles a los que el arte barroco portugués les parece una simple imitación del español al mejor estilo comolodemicasanohaynadaentodoelmundo.
Resto de la tarde paseando, hidratando el cuerpo con líquidos y ahora que nos espera un restaurante que se llama la Grelha y que nos han recomendado porque se come muy bien, ya os contaré mañana.son las cosas del camino.
Resumen del puñetero día (encima se me ha borrado el track) más o menos 32,2 km en 6:05 a una media de sobre 5,4.

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Regalo de quilómetros y arroz con marisco


Una de las cosas que más valoro de la compañía de mi amigo Joseba es lo que aprendo caminando junto a él. Es cierto que sus clases de euskera no dieron el fruto esperado porque yo no entiendo bien eso de una lengua que se habla de atrás hacia adelante, y para eso me pongo con el inglés. Pero lo que me enseña sobre vicios y demás faltas no tiene precio para alguien como yo tan dado al mundo contemplativo y la virtud, como bien sabéis aquellos que me conocéis. En este camino de penitencia él aporta esa parte de pecado que falta en mi vida cotidiana y yo le doy algo de la vida contemplativa y de acercamiento a la divinidad de la que tanto carece su mundanal existencia.
Después de la clase magistral de ayer sobre los tipos de cerveza en Portugal he llegado a la conclusión de que este no será nuestro camino de abstinencia previsto y he decidido acompañarlo en tan sórdido vicio por aquello de que no se pierda sólo. Así apuramos nuestras garrafas mientras yo escribía la entrada y él contemplaba el paisaje en forma de un fornido tipo que había junto a nuestra mesa y al que él atribuyó el oficio de guardaespaldas de un tipo que pelaba la pava en otra mesa cual teoría al estilo Mar (ella sabe a qué me refiero).
Lo del tema de la cena fue algo más complicado. Seguimos teniendo problemas con el tema de restaurantes en Portugal, no le pillamos el truco. O todo está siempre cerrado o nosotros no encontramos los lugares por pura mala suerte. El caso es que después de muchas vueltas por todo Santarem acabamos en un restaurante de la zona centro sin mucha variedad,no mucha calidad y clientela más bien básica. Tras una sopa de varias cosas poco definidas y garbanzos para mí y medio escalope que no,lo era, para los dos, nos fuimos con fresquito más que razonable en dirección al hotel. Al llegar recogimos las ropas del tendedero y Joseba se lanzó directamente contra la almohada mientras una jauría de perros ladraban bajo la ventana como presagio de una noche movida. Yo me puse a leer los comentarios del blog de nuestros seguidores más entusiastas y poco a poco la noche se nos fue hacia el espacio de los sueños, que las pesadillas ya las tenemos por la mañana bajo el sol.
El día nos ha amanecido a las seis aunque desde el principio hemos visto que todo se iría complicando. Yo me he retrasado más de la cuenta y hemos salido media hora después. En la recepción nos esperaba para la despedida un siniestro personaje al estilo de toda la familia del hotel , lento y denso.
Para comenzar nos hemos equivocado de camino porque en lugar de seguir las indicaciones de la guía y las flechas amarillas que nos llevaban hacia las puertas del sol, hemos seguido las del camino de Fátima, como había ocurrido en los días anteriores. Parece ser que en Santarem ambos caminos, Fátima y Santiago se separan pero lo hacen sin decirle nada a peregrinos que como nosotros nos hemos chupado dos km extra de regalo por esta tontería.
Además de esto el camino también nos ha regalado un par de kw más extras que no vienen en la guía hasta completar los 34 de hoy.
De Santarem se sale por un sendero que baja en picado desde el parque frente a las puertas del Sol y que está muy mal indicado hasta habernos hecho equivocar dos veces. Un caminito poco practicado y peligroso nos baja directamente hasta la zona de la Vega, de la que ya no saldremos en todo el día. Hoy hemos sustituido los tomates por el maíz lo que hace que el viento sea aún más raro de percibir. Al menos casi toda la etapa transcurre por caminos de tierra sólo transitados por tractores que van a la labor y por algún que otro coche que pasan a toda leche dejando un reguero de polvo que tragamos mientras lanzamos sobre el conductor todo tipo de improperios. Al ser caminos rurales algunos tramos van cambiando y eso dificulta seguirlos, junto con la mala señalización y lo difícil de localizar de algunas señales. El resultado ha sido un calor sofocante, varias equivocaciones y algún que otro tramo casi impracticable por el barro que se forma por el riego por aspersión que abunda por esta Vega junto al Tajo: está claro que aquí el agua no falta.
En algunas de las pocas explotaciones de tomate que hemos visto le he preguntado a Joseba cómo es que en Portugal los tomates se producen en matas bajas pero que no llevan incorporadas las latas para conserva, tal misterio ha sido soslayado ante el recuerdo de aquella máxima que recorrió nuestro anterior camino común de la plata y que rezaba eso de que no es más limpio quien más limpia sino quien menos ensucia.
Recordando nuestras anteriores aventuras y caminos hemos llegado al km 13 en el que hemos parado en un bar a desayunar. El primer problema ha sido el de entrar por una puerta demasiado pequeña para nosotros con nuestras mochilas y ha hecho que tengan que abrir la otra hoja de la puerta entre todos los parroquianos que allí se encontraban, con el consiguiente espectáculo provocado.
La siguiente parada ha sido ya en el km 26 con el revalido de los dos km y en un bar al que atendía un señor que en todo el rato que hemos estado no ha dejado de mirar la tele con una,prueba de natación de los juegos olímpicos, ni siquiera cuando nos servía las cavacas que Joseba ha pedido en nuestra nueva situación de borrachos conocidos, eso sí yo he pedido limón para rebajar los 500 cc de cerveza ya que llevaba demasiado tiempo sin beber y además tenía que volver conducir, la mochila.
Y así nos hemos enfrentado a los últimos 7 km entre asfalto, calor y coches con ganas de afeitarnos las piernas a las que yo había dejado al descubierto por primera vez en muchos,años tras quitar a los pantalones las extensiones largas. Un hermoso estanque sale al encuentro del caminante a la entrada de Golega pero nosotros a esas alturas apenas si llegábamos para buscar el lugar en que alojarnos. Tras dudar alguna vez hemos llegado a la entrada del camping a preguntar por los apartamentos con habitaciones. Una gran señora nos ha atendido y nos ha dicho que el precio era,de 76 euros a lo que yo he replicado que en la guía ponía un precio más barato. Ella ha llamado entonces por tf a alguien para confirmar precio y al final Joseba ha hablado con ella para confirmar que el precio era de 25 euros más o menos. Como la recepcionista había ido a comer no podíamos entrar a la habitación hasta después de las dos así que nos han ofrecido dejar las mochilas e ir nosotros a comer.
En la plaza del pueblo hemos encontrado un restaurante bastante majo en el que hemos dado cuenta de alguna cerveza más (no es por vicio sino por recuperar líquidos), una botella de vino blanco del terreno mientras nos hacían un arroz con marisco tamaño familiar. Así nos hemos recuperado de los desastres de la mañana recordando que sólo una cosa nos,faltaba para acabar de pensar que estábamos en el paraíso (se trata de una buena ducho y no lo que estáis pensando malditos, que este es un camino de recogimiento y abstinencia).
Al llegar ya sí estaba la recepcionista que nos ha dado las llaves, las tarjetas de acceso al camping, los mandos del aire acondicionado y la tele, nos ha dicho el sitio para lavar y nos ha conformado que la wifi es abierta y gratuita, y todo eso por algo más de 24 euros.

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Lavar ropa, pequeña siesta que ha interrumpido este escrito por un breve lapsus de sueño y el resto entre atender apalabrados, twitter, Facebook y demás comentarios de blog. El resto de la tarde se prevee tranquila, paseo por el pueblo de turismo (10 min.), preparar etapa de mañana y resto del tiempo hacer tiempo para cenar delante de una, o varias cervezas con las que amortiguar nuestros dolores de cuerpo u espíritu.
Joseba tiene el tobillo izquierdo algo fastidiado y sigue teniendo molestias, esta mañana ha pasado la primera parte algo fastidiada aunque luego parece que se ha ido recuperando y creemos que ahora mejorará mucho con la desinfección interior que supone su dosis diaria de alcohol.
Tranquilo amigo de la Dehesa, no me he comido a tu hermano, preferiría ir comiendo barro desde aquí hasta Santiago y además si quisiera hacerlo desaparecer sería suficiente con pedirle un par de cavacas en cualquier bar del camino para después empujarle sobre cualquier cuneta en el que nadie se molestaría en recogerlo al no saber si colocarlo para reciclar en el lugar de orgánicos o plástico, además de que creo que Tere debe seguir con su penitencia durante muchos años más para así pagar sus pecados y ganarse el cielo que tantos años se lleva ya trabajando al aguantar a semejante culoinquieto.
Y ya ves, Julio e Inma que vuestras oraciones no han sido suficientes y al final hemos caído de nuevo en el vicio, lo peor es que tendremos que hacer nuevos caminos en el futuro para intentar quitarnos aunque empezamos a pensar que quizás no sea el método más adecuado. Da igual porque la verdad es que acabamos disfrutando tanto como para empezar a hacer planes de los nuevos caminos que nos esperan.
Hoy hemos hecho 34,1 km en 6:05 a una media de 5,6 km/h. Bajo un sol de justicia y entre maizales.

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Como ves sigue igual que siempre, no está más guapo porque el camino no hace milagros, aunque te aseguro que limpio sí que va.