De Coimbra a Mealhada, la ciudad inexistente


Tras la cerveza en el bar del paseo junto al río y de escribir la entrada nos fuimos a cenar al mismo restaurante del mediodía. El camarero que nos atendió se comportaba de una forma extraña. Después de pronunciar la carta con evidentes dificultades de dicción , tomarse algunas confianzas con Mar y casi derramarme encima la sopa llegamos a la conclusión de que, simplemente, estaba borracho.
No fue un acierto la cena porque mi cordero debía ser de zona de mucha hambre, porque sólo eran huesos. Luego se completó con un helado italiano en el bar que hay delante del hotel y desde allí a la cama.
Nos hemos levantado a las seis después de dormir bastante bien, sobre todo yo porque Mar dice que la cama estaba muy dura. Hemos salido a las 6:30 y hemos encontrado una pastelería para tomar café y un croissant con solera.
Al salir nos hemos confundido y hemos tomado la carretera por la parte de arriba de la estación, por lo que hemos tenido que volver para tomar el camino correcto.
La etapa ha sido fácil, casi todo el tiempo por carretera, por terreno llano y con bastante fresco. Hemos ido pasando varias aldeas simples casi sin ningún tipo de servicios. En una de ellas, a unos 10 km hemos parado a tomar algo. El dueño llevaba una camiseta del Valencia y creo que se trata del sitio en el que habíamos parado el año anterior. La anécdota se ha producido cuando le he preguntado por el aseo. Le ha dicho a su hijo pequeño, que estaba allí, que volvía enseguida y hemos tomado calle abajo unos cien metros hasta llegar a su propia casa. Ante lo surrealista de la situación, cuando me ha preguntado si mi mujer querría ir al servicio le he contestado inmediatamente que claro. La idea era ver la cara que pondría Mar cuando la llevarán al baño de la casa del dueño.
Así son las cosas. El
camino de llegada se ha hecho algo pesado. Para colmo han variado el trayecto en alguna zona y al pasar por un bosque de eucaliptos está mal señalizado.
Ahora entiendo yo por qué no recordaba nada de este pueblo, porque no tiene nada. Una calle muy larga paralela a la carretera nacional, una enorme plaza y alguna casa grande,eso sí, pasando trenes a toda velocidad constantemente.
El residencial al que hemos ido es el Oasis y está a la salida del pueblo, en la carretera. Al llegar el dueño me ha reconocido, nos ha saludado con mucha atención. Hemos subido a ducharnos y lavar y a la hora en punto estábamos degustado un estupendo cochinillo, especialidad de la casa y del pueblo.

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La tarde ha estado dedicada a organización de diversas cuestiones como reservas de próximos lugares y billetes de tren para el regreso. Luego hemos dado un paseo hasta el pueblo y hemos encontrado a un peregrino con el que ya hemos coincidido un par de veces. Se trata de un señor mayor que ha acompañado a los irlandeses en estos últimos días. Nos ha invitado a una cerveza y nos ha contado que está en el albergue de aquí, a unos dos quilómetros pasado el pueblo.
Hemos regresado al hotel para hablar con las niñas. La conexión no era buena y hemos tenido dificultades.
Finalmente hemos bajado a cenar. Tocaba merluza para Mar y yo he tomado un chuletón estupendo. E resultado del día han sido 97 euros.
Ahora a dormir que es tarde y mañana hay que madrugar otra vez.

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Coimbra, y Mar quiere que le plante un huerto


Leer la etapa del año pasado

Como no nos están pasando demasiadas cosas estos días, salvando los ligues septuagenarios (o más) de mi compañera y las múltiples canacas con las que regodeáramos nuestros sedientos cuerpos, voy a comenzar contando la última idea que se le ha ocurrido a mi pareja de camino. Desde hace tiempo le viene rondando la idea por la mente pero ha sido este año en Portugal donde se le ha convertido en obsesión. Cada vez que vamos por el camino y pasamos junto a un huerto, y puedo asegurar que son unas docenas de veces cada día, ella suelta siempre ineludiblemente el siguiente comentario: ohhhhhh, un huerto… ¿Por qué no me plantas uno en Oria?
Claro, yo las primeras veces lo tomaba a broma, solía hacer comentarios jocosos e intentaba razonarle que un huerto requiere mucha dedicación, mucho trabajo. Le comentaba que hay que regarlo, mover la tierra, cuidar las plagas. Pero ella insistía: ¡mira que calabacines! ¡Qué delicia de pepinos! Definitivamente yo quiero un huerto en Oria.
Por supuesto después de hacer el comentario varias veces al día el tono y el modo de mi respuesta ha ido cambiando hacia hortalizas más sórdidas y más de una vez he acabado mandándola a que se busque a alguien que le vaya a regar el huerto. El caso es que no hay manera y no descarto la posibilidad de acabar plantando unas tomateras en maceteros para colocarlos en las terrazas de la casa de Oria.
Eso y que después de cada comida su camiseta necesita un repaso por el lavabo para recuperarla de las manchas que ha ido recogiendo hacen mi camino mucho más entretenido y me hace recordar esos otros momentos entrañables con mi otro compañero de caminos en los que le pongo a parir su nacionalismo mientras él me echa en cara mi centralismo pepero, o peor.
He sustituido el llevar a Joseba siempre por delante diciendo ¡venga, Juanillo, que esto es una tachuela para alguien de Bilbao! Por llevar siempre detrás a Mar con la cantinela de los huertos.
Bueno, la cena de anoche fue estupenda, en el mismo restaurante del medio día, yo pedí una picanha (carne asada al estilo brasileño) y Mar se decantó por la ensalada de atún que tanta envidia le había dado. Descartamos la idea del pollo asado a pesar del buen olor que desprendía el puesto que hay cerca del Residencial en el que dormimos.
La noche ha sido cálida pero aceptable y sin mosquitos. A las 6 nos hemos levantado y hemos salido desayunando lo que compramos ayer en la pastelería a media tarde (una magdalena y un croissant)
La etapa eran 20 quilómetros sencillos, sin casi desnivel y por pequeños núcleos urbanos. Casi todo asfalto sorteando carreteras y autopistas que van hacia Coimbra. Hemos tomado un café al salir de Conímbriga y ya no hemos parado hasta el final.
En la terraza que hay justo pasado el puente en Coimbra hemos parado y Mar ha realizado las gestiones para buscar habitación en el residencial que hay allí mismo Residencial Larbelo
He dejado que ella hiciera todo el trámite al ver la edad del recepcionista y el éxito de mi compañera ante tales retos. Después de media hora de negociación mientras yo degustaba dos cervezas ha conseguido una estupenda habitación interior, fresquita, con aire acondicionado y wifi por 35 euros.
Ducha, lavado de ropa y a comernos el arroz con marisco reglamentario junto a varias mesas de turistas españoles que se dedicaban a devolver platos de comida por múltiples situaciones, para vergüenza patria. Ha resultado especialmente conmovedor ver a un señor solo comiendo en una mesa delante de nosotros e intentando pegar la hebra con los vecinos de mesa, una pareja de alemán y ucraniana (al menos eso han dicho). El señor resulta que es vasco que emigró de pequeño con su madre a Uruguay y ahora viene a visitar España pero ha pasado por Portugal (como podéis comprobar es que la comida no daba para mucho más y los dos andábamos pendientes de las conversaciones vecinas entre plato y plato de arroz.
Después siesta más larga de lo deseado, hablar con mi hija por FaceTime (creo que sólo tenemos una, de la otra no se sabe, no contesta) un paseo turístico que nos ha llevado al restaurante en el que pasamos una velada romántica hace 20 años a la orilla del río y que tuvo consecuencias para toda la vida (en forma de receptora de videoconfencia).
Sigue haciendo calor, pero menos y las ampollas de Mar evolucionan favorablemente, como algunos de sus alumnos.

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Noche de insomnio entre mosquitos


Lectura etapa del año pasado

Como la tarde había sido inmejorable nos dispusimos a poner el broche final al día con una suculenta cena y, después bañó nocturno bajo la luz de la luna, seguro que favorecedor de algún momento romántico.
Pero las cosas comenzaron a torcerse desde el momento que salimos a la calle a eso de las 7:30. La primera fue que Mar había lavado el pantalón con el dinero dentro y ahora llevamos los billetes de 50 euros más limpios de Portugal, era espectacular verlos tendidos junto a calcetines y bragas.
Al llegar al bar el calor apretaba de lo lindo. El sol daba en casi toda la terraza menos en un par de mesas de la parte derecha, una ocupada por los parroquianos y otra bajó la que dormitaba un chucho a pierna suelta. Mar, con su habitual delicadeza propinó una involuntaria patada al chucho que lo despertó inmediatamente de su placentera siesta. Pedimos dos cervezas y yo me dispuse a escribir la segunda entrada del día.
Pero el sol cada vez se nos acercaba más y los hisopillos de sudor comenzaron a recorrer mi frente. Para colmo el nutrido grupo de ingleses habían comenzado su particular fiesta de ingesta de alcohol y poco a poco iban levantando el tono de voz hasta hacer difícil la concentración para un escritor tan sensible como soy yo y tan necesitado de La Paz y la concentración.
Como era imposible mantenernos a pleno sol (el sol ya daba en toda la terraza) nos metimos dentro para cenar. Tres mesas se dispusieron, una para las cuatro parejas de ingleses, otra para nosotros y una tercera para un señor muy mayor con su hijo que nos recordó demasiado la escena del mediodía con la anciana.
La cena discurrión entre los vítores constantes de los ingleses a la victoria de Murray en Wimbledon, la voracidad del anciano ante una estupenda ensalada de bacalao (o algo parecido) y nuestros maravilloso bacalao cocido sobre un lecho de garbanzos.
Es verdad que la compañía no era la mejor pero todo estaba buenísimo, todo hasta que a mí se me ocurrió comerme un trozo de cebolla de la ensalada que me hizo reacción con el sofocante calor del lugar y que dio al traste con la cena. Ni el vino blanco medio caliente ni la posterior ensalada de frutas consiguieron recuperarme hasta que decidimos marchar a la casa a refrescar nos junto a la piscina.
Estaba anocheciendo, las luciérnagas revoloteaban por todo el lugar y junto a la piscina se estaba de miedo. Me dispuse a quitarme el pantalón cuando…. comenzaron a masacrarme miles de voraces mosquitos.
El presagio de una noche de infierno acabó de enterrar mis esperanzas románticas y nos tuvimos que subir corriendo a la habitación para intentar cerrar las ventanas antes de que se llenara también todo de mosquitos. Todo inútil porque ya estaban allí por cientos. La alternativa era o cerrar ventanas y derretiréis directamente o dejar abierto y asumir que cientos de voraces insectos asaetarían mi cuerpo sin piedad mientras mi compañera de cama no recibiría ni una sola de sus atenciones. Y casí ocurrió todo según el plan previsto. Nada más apagar la luz comencé a oír los zumbidos por todas direcciones y los picotazos sin fin. A eso de las doce ya no podía más y me levanté desesperado a por el Fenistil gel. Mi cuerpo era un rosario de picaduras desde las plantas de los pies hasta las zonas más recónditas. Ningún rincón de mi cuerpo se privó de sus atenciones.
Como a las 2 decidí declararles la guerra abierta y encendí la luz. Por las paredes se acumulaban tales y los iba matando con una toalla, algunos dejando un reguero de sangre al paso de la toalla fruto de su reciente alimentación en mi cuerpo. Sobre las cuatro a Mar se le ocurrió pensar que quizás había en la casa un insecticida y bajé a la cocina. Allí estaba mi salvación y con el dedo preparado rocié toda la habitación previo desalojo de mi compañera, que ya no sabía dónde meterse porque cada vez que se adormilaba yo veía un mosquito sobre su culo y lo mataba de un manotazo, con el consiguiente susto por su parte.
La desinfección fue milagros y conseguí conciliar el sueño medio mareado por el tufo del insecticida. A las seis, cuando ha sonado el despertador, aún quedaba cierta olor a matamoscas por todas partes aunque una nueva oleada de mosquitos comenzaban a tomar posiciones sobre las paredes y algunos ya habían comenzado a picarme otra vez. El resultado de la noche ha sido cuatro horas de sueño, mi compañera con el culo apaleado a mosquitazos (picaduras en su cuerpo cero), yo cientos de ronchas por todas partes y el bote del Fenistil casi vacío.
Nos hemos levantado a desayunar el pic-nic que nos preparó en el bar y hemos salido por la carretera a retomar el camino dejado ayer en Ribeira de Alcalamouche.
A partir de aquí el camino se pierde en varios lugares porque la señalización está fatal y yo, para colmo, no llevo mi propio track sino uno sacado de internet. Tras diversas dudas hemos llegado a Rabaçal y hemos desayunado.
A la salida nos hemos perdido porque había una flecha que indicaba hacia una carretera secundaria en dirección este muy rara. La guía y el track me indicaban seguir al norte por la general y tras recorrer casi un quilómetro por la indicación hemos decidido volver a Rabaçal y seguir la carretera general, a pesar de que había una señal de que ese no era el camino.
Allí nos hemos encontrado a la irlandesa como alma en pena buscando un bus porque se marchaba a Coimbra con los pies destrozados y el cuerpo abrasado por el calor. De su redondo compañero no hemos sabido nada aunque nos ha sorprendido verla aquí tras dejarla en Santarem hace varios día cuando nos dijeron que se tomarían dos días de descanso. Son los milagros del camino.
El resto de la etapa ha estado ya mucho mejor señalizada, sobre todo a partir de Zambujal. Mucho calor sobre todo el rato que hemos ido por un valle encajonados hasta Poço, pero el terreno fácil.Mar ha ido bastante molesta con sus pies porque las ampollas van en todo lo suyo. Hemos llegado a Conimbriga y hemos tomado una coca-cola en el quiosco de enfrente de las ruinas. Luego directos a Condeixa a nova a pasar por la farmacia a comprar compeeds y un repelente de insectos para mí (clave de 17 euros).
Para alojarnos hemos tomado el mismo del año pasado (mismas condiciones sobre la llave del señor mayor aunque no ha aparecido la muchacha, leer entrada del año pasado) todo limpio y sencillo.
Para comer hemos ido al mismo restaurante del año pasado pero no estaba abierto y nos hemos ido a otro que hay al principio de la calle en la que está nuestro residencial. Hemos comido muy bien y a un precio estupendo y después nos hemos retirado a recuperar algo del sueño perdido la noche anterior en la sauna de una habitación a la que durante toda la tarde ha estado dando el sol.
Ahora vamos a salir a dar un paseo si el tiempo nos lo permite y a cenar algo al mismo del año pasado, si está abierto, o al de esta mañana. Ya os contaré si no me derrito mientras.
Resumen de la etapa. Pinchar aquí

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A 25 km del infierno, el paraíso


Hoy no puedo referenciar la etapa del año pasado porque esta fue la que hicimos en coche hasta Condeixa. Era por tanto una incógnita para mí y no nos ha defraudado. Con diferencia ha sido la etapa más bonita hasta ahora. Discurre por senderos y pistas de tierra evitando la carretera casi siempre. Además teníamos 25 km sólo y encima un pueblo a los 12 km, Anziao, y otro a los 22, Alvorge.
Nos lo hemos tomado con calma porque la etapa lo merecía y porque nosotros también necesitábamos una jornada así. Aunque sigue haciendo calor la situación es completamente distinta cuando caminas entre bosques. Hemos visto ya pinos, encinas, nogales e incluso castaños, además de los omnipresentes eucaliptos. Es frecuente encontrar conejos a primera hora de la mañana y la variedad de aves es enorme. Esta mañana hemos visto perfectamente un faisán por mitad del campo. Los pica pinos, jilgueros y muchas otras aves de los bosques han ido substituyendo a cigüeñas y garcetas.
Todo perfecto hasta Anziao y allí la primera etapa hacia el paraíso: una pastelería estupenda donde hemos podido tomar un buen café acompañado de un croissant delicioso. Hemos llenado las bolsas de agua con litro y medio cada uno y hemos seguido la etapa.
A las 11 hemos llegado a Alvorge y hemos tomado una cerveza en compañía de unos peregrinos portugueses que venían en bici y era su primer día. Uno de ellos hablaba español tan bien que nos hemos confundido hasta que nos ha contado que era por cuestiones de faldas eso de aprender la lengua.
Y desde allí a 2 quilómetros por un precioso camino hemos llegado a Vale Florido, donde teníamos reservada habitación.

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Al llegar el dueño estaba comiendo y le hemos esperado con una cerveza. Estamos en una casita rural bastante bonita , muy bien arreglada y….CON PISCINA.
Nos ha dicho que si íbamos en coche porque la casa está un poco retirada pero al preguntarle que cuánto nos ha respondido que 200m. No es demasiado para nosotros después de 25 km bajo el sol.
Nada más llegar Mar se ha ido a la ducha pero yo me he lanzado a darme un baño. Este año no llevamos bañadores y yo he usado el culote. Ya le dije a Mar la posibilidad de que se comprara un bañador en Tomar porque había visto en internet lo de la piscina pero no me hizo caso.
Tras un baño rápido hemos regresado al restaurante-bar-tienda para comernos una estupenda parrillada de variado de carne con arroz, ensalada y patatas fritas de verdad por 15 euros los dos.
Pero el verdadero espectáculo en la comida estaba en la mesa de al lado. Una señora de unos 100 años, acomodada entre almohadones y que parecía al borde del último momento compartía mesa con dos señoras que parecían sus hijas. El caso es que aunque parecía moribunda la señora se ha metido en el cuerpo la ensalada, el arroz y la carne troceada por las hijas. La señora no hablaba sino que parecía ladrar porque cada vez que las hijas no le hacían caso en algo les montaba un cirio de gritos que nos asustaba a todos. Como postre ha pedido un flan pero debió parecerle poco porque no ha parado de gritar hasta que una de las hijas le ha dado su mousse de chocolate.

Luego pequeña siesta viendo el tour y leyendo la carrera de Fernando Alonso (una pena que no lo retrasmiten en Portugal).
Y tarde de piscina. Mar ha decidido lanzarse a la aventura y se ha bañado en tetas, para regocijo del vecindario (si es que a esas horas había alguien mirando) Unas “braguitas” han hecho el papel principal y el resto al fresquito. Comenzó con sujetador pero luego pensó que no se le iba a secar y dicho y hecho. Está claro que después de la semana de calor que llevamos el baño era fundamental al precio que fuera.
Toda la tarde al fresquito, con bañitos varios me han dado para escribir una entrada completa y preparar la segunda. Por fin estoy al día.

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Ahora hemos vuelto al restaurante, tomamos una canaca haciendo tiempo mientras acaba de llegar un grupo de ingleses tipo a los de Oria, bebiendo como cosacos y colorados como gambas. Esperamos una cena suculenta y un descanso reparador aunque no descarto aventura nocturna en la piscina…

Resumen de la etapa

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Pocas cosas que contar en Alvaiazere


Leer etapa año pasado
La noche en el hotel de Tomar ha sido moviliza por el tema del calor. Al final hemos optado por despojan nuestros peregrinos cuerpos de toda vestimenta aunque la ventana estaba abierta y daba a una galería por la que de cuando en cuando pasaban personas. De cualquier modo no tenemos nada diferente a los demás y lo primero es quitarse el calor de encima.
A la hora prevista teníamos el desayuno en la bolsa correspondiente y listos para salir. Este año no ha cambiado nada con respecto al año pasado: botellín de agua, bocata de queso y york, plátano y magdalena, aunque yo he dejado esta después de la experiencia del año pasado que casi me ahoga.
De Tomar salimos a una serie de caminos de tierra entre bosques de encina, pino y eucalipto en un constante sube y baja. Cada vez ganamos más altura total y eso se nota en las piernas, acostumbradas hasta ahora al llano. Definitivamente el terreno ha cambiado desde la orilla del Tajo hasta un terreno de media montaña y bosque no demasiado denso. También las grandes poblaciones han dado lugar a pequeñas aldeas sin ningún servicio, lo que dificulta la organización de infraestructura de la etapa.
Sigue sorprendiéndote mucho la cantidad de casas estupendas que hay por todas partes. Casas nuevas de diseños innovadores con materiales de primera tanto en fachadas como en carpintería de aluminio y demás. También poseen enormes jardines perfectamente arreglados y todo eso contrasta con la miseria de alrededor en las otras casas.
Hoy se trataba de la última de las 6 súper etapas y también prometía mucho calor. Es verdad que no ha defraudado nada pero lo cierto es que lo hemos notado menos porque el bosque hace que muchos trozos del camino transcurran entre sombra.
El problema principal era organizar las paradas ya que sólo había una posibilidad de tomar algo en Calvinos, a unos 10 km de la salida. Así ha sido y hemos tenido que hacer una parada técnica a unos 10 km de la llegada al borde de la carretera, en una sombra en la que hemos dado cuenta de un plátano y unos lazos que nos quedaban del desayuno del otro día. Cuando pasaban los coches nos miraban con asombro mientras nosotros descansábamos para afrontar el final de la etapa.
Ya digo que esta ha sido diferente y no hemos terminado a pleno sol por carretera sino entre árboles y por pistas de tierra.
Como resumen de estos seis días podemos decir que hemos superado la prueba del infierno. Días de más de 40 grados con finales sobre asfalto de más de 10km sin sombra y en etapas de más de 30km día. Yo llevo dos pequeñas ampollas en los talones y Mar en talones y juanetes además de una molestia en el empeine y otra molestia a la altura de la tibia. Nada grave y mucho menos de lo esperado dadas las circunstancias.
El hotel de Alvaiazere como siempre, lleno de plantas a la entrada, sencillo pero limpio y 35 euros. Comida de peregrino con un menú de 10 euros que incluye sopa (caldo verde), carne o pescado para reventar acompañado de ensalada, patatas fritas o cocidas, aceitunas, bebida, postre y café. El dueño muy atento aunque su portugués sigue siendo incomprensible para mí.
Uno de los problemas es que no hemos podido ver la carta porque el señor nos pregunta sólo carne o pescado, y si nos descuidamos nos pone lo que le parece. Además no para de revisar lo que hacemos para servirnos más y regañarnos si comemos poco. La verdad es que es muy atento y agradable en el trato. Uno de los dilemas de la comida es saber cuándo se le caerán definitivamente los pantalones ya que los lleva por debajo de su oronda barriga a una altura que rompe con cualquier regla sobre la ley de gravedad.
Hemos comido poco porque estábamos muy cansados y, aguantando la mala cara del dueño, nos hemos retirado a descansar un rato.
A media tarde hemos salido hasta la farmacia para comprar compeed para las ampollas pero no tenían de esa marca. Luego hemos tomado algo en un pequeño bar pero nos hemos subido porque el calor era insoportable y Alvaiazere sigue siendo un pueblo fantasma en el que no hay nadie, mucho menos a esas horas y a pleno sol.
A la hora de la cena hemos encontrado a los peregrinos franceses con el belga. Vienen destrozados porque la etapa les ha pillado con todo el calor porque salieron más tarde y su ritmo es más lento. Hemos hablado de nuestros proyectos y sobre gastronomía, pero luego ellos se han enzarzado en una discusión política y nosotros hemos desconectado.
Tras un flan estupendo que se ha tomado Mar nos hemos subido a la habitación a preparar las casa y descansar. Hemos preparado agua para el día ya que el consumo diario de líquidos lo llevamos en torno a los 5 litros por cabeza y día.
He tenido un problema y el resumen de la etapa está partido en dos e incompleto:
Ver resumen primera parte
Ver resumen de la segunda parte

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Golega a Tomar tomando el sol a tope


Para leer la etapa del año pasado

La mañana se levantó igual que todas, previsiones de más calor en la parte final con una distancia similar a los días anteriores. Por lo menos a partir de hoy el terreno ha comenzado a cambiar y encontramos algunos trozos de bosque, casi siempre eucaliptos, y algunas subidas que cargan nuestras piernas pero se agradecen entre sombras.
Pero los primeros 15 quilómetros son sólo un espejismo de lo que nos aguarda ha el final de etapa, un calor sofocante que a Mar ya le ha hecho sospechar en alguna ocasión que nos iba a dar algo (ella, como siempre viendo la parte positiva de las cosas).
Hablando de Mar, os prometí un ejemplo de sus teorías y esta mañana se ha producido uno perfecto. Acabábamos de salir de Golega tras tomar nuestro desayuno a base de lazos y banana cuando hemos encontrado sobre el asfalto unas pieles de melocotones. Muy sería me dice: esto van a ser los restos del desayuno de la pareja de peregrinos japoneses que nos dijeron los franceses que iban por delante. Seguro que son una pareja mayor y deben estar pasándolo fatal con este calor. Todo esto lo ha dicho del tirón y sin la menor duda, cualquiera que no lo supiera diría que conoce perfectamente a la pareja japonesa, sus gustos y sus problemas,de salud. Yo me he quedado mirándola muy fijamente a los ojos y le he dicho ¿te hablan las pieles de la fruta o es que esta mañana has tomado una medicación diferente? El caso es que nunca hemos visto a los peregrinos japoneses y las pieles podrían ser de cualquiera, peregrino o no que pasara por allí.
Como este tipo de historias suelen ser todas las de Mar.
Después de analizar la etapa del año pasado hemos decidido no cometer los mismos errores y así hemos parado a tomar café en el bar cutre de la entrada a Atalaia, que por cierto no era tan cutre y que nos ha hecho el papel hasta con camarero simpático.

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Después hemos tenido mucho cuidado en no perdernos justo donde el año pasado y hemos visto que el fallo estuvo en que hay una flecha que parece indicar que se sale por el camino primero a la derecha de la carretera pero es el siguiente camino pasada la indicación de final de pueblo.
La etapa hasta Guerreira discurre con varias subidas, algunas fuertecillas entre eucaliptos,y cada vez más calor.
En Guerreira tampoco hemos cometidos el error de para el el primer bar y Mar se ha quedado alucinada al comprobar que, efectivamente hay como 8 ó 10 en un radio de 200m. En el que mejor pinta tenía hemos tomado una canaca y una cola (que cada uno lo reparta como quiera) y hemos hecho un descanso mayor de lo aconsejado, lo que hemos pagado en los 8 quilómetros finales.
La entrada en Tomar se hace eterna porque el camino da muchas vueltas evitando la general (especialmente puñetera es la última que te lleva a pleno sol hasta tomar otra carretera y luego volver al origen y quedándose uno con cara de tonto (deshidratada, eso sí). Una vez en la ciudad, que no se ve casi hasta el final la entrada por la parte nueva se hace eterna.
Hemos llegado a la Pensión Uniao para ducha rápida y salida a comer un plato del día al mismo restaurante del año pasado, con el mismo camarero amable que este año nos ha echado un sermón sobre las virtudes de la vida contemplativa y su relación con Fátima.
Y tras una pequeña siesta nos hemos subido al castillo a eso de las 4. A pesar del calor la visita ha impresionado a Mar hasta hacerle pensar que ha merecido la pena. El castillo es verdaderamente impresionante y la visita sólo se ha visto alterada por un grupo de chicas de oro portuguesas en visita tipo inserso con más ganas de otras cosas que de visitar Tomar (no haré el juego de palabras fácil que ahora pega). Mar se ha sentido especialmente alucinada al comprobar que las,celdas de los monjes tenían puertas interiores que hacían que se pudieran comunicar entre ellos sin necesidad detener que salir al pasillo; yo la he tranquilizado diciéndole que era para rezar juntos sin tener que dar explicaciones saliendo por la puerta del pasillo.

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Después hemos entrado a una cafetería para escribir la entrada, nos ha dejado encantados el escuchar un buen rato a Lisa Ekdahl (Youtube) a la que he descubierto gracias al shazam.
Luego hemos hablado con las niñas por FaceTime y nos hemos ido a cenar. Por cierto, tengo que hacer una precisión en este punto: después de haber estado dos veces ya en Santarem tengo que decir que lo que pasa en esa ciudad no es normal, en el resto de Portugal la gente sale a la calle, a las terrazas y a los restaurantes. Eso de que Santarem se convierte en una ciudad fantasma a partir de media tarde y sólo encuentras un restaurante con cena recalentada no es normal en el resto del país, debe ser que allí son así.
En Tomar la ciudad se iba llenando de gente porque además coincidía que estaban en fiestas y en el parque había casetas y música. Nosotros, para evitar el desastre del año pasado hemos ido a un restaurante pequeñito que estaba abarrotado de lugareños y allí hemos degustado unos estupendos caracoles, unas mollejas de pollo en cazuela buenísimas y alguna delicia más, todo esto por la módica cantidad de 18 euros.
Para completar de día hemos tomado un helado (el mío, como siempre de limón y chocolate a pesar de mi médico) Y a dormir que al día siguiente nos quedaba aún la última etapa larga de las 6 previstas.
Por cierto los pies de Mar comienzan a parecer los de siempre, la diferencia está vez es que las ampollas le han salido mucho más tarde y las tenemos bastante controladas, siguen su proceso pero las hemos pillado al principio. Es normal por el calor que hace, hasta a mí me han salido dos en los talones, aunque serían de las que Joseba llamaría sólo “am”, porque les falta la “polla”.
Resumen de la etapa. Pinchar aquí

De Santarem a Golega y más calor


etapa del año pasado

A estas alturas podemos confirmar que está haciendo aún más calor que el año pasado. Es insufrible terminar las etapas y los últimos 10km se convierten en un verdadero infierno. Aunque hemos mejorado mucho en la primera parte y también encontramos algunos,lugares para recuperar fuerzas, el resultado final es llegar al borde de la deshidratación. Lo mejor de Todo quizás sea que seguimos caminando, a pesar del calor y que los problemas que van surgiendo son superables. Así mis picaduras siguen su evolución normal gracias a la pomada con cortisona que compré hace dos años en Mansilla y que afortunadamente aún no ha caducado. A Mar le ha,salido un sarpullido en los tobillos por el calor y el roce de los calcetines que ha tenido que medicar con un producto comprado en la farmacia.
El descenso de Santarem fue muy fácil gracias a que yo llevaba el track grabado del año pasado y gracias a eso está vez no nos hemos perdido. Hemos salido dichos por la puerta del sol.

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La primera parte de la etapa ha sido una delicia entre campos de maíz junto a carreteras secundarias sin mucho tráfico y abiertas para permitir que llegue la brisa de la mañana. El único inconveniente han sido los charcos del camino, algunos nos,impedían pasa y en uno de ellos Mar ha metido el pie con avaricia hasta mojar toda la bota y el calcetín. De todos modos no hay problema, con el calor que va haciendo se ha ido secando todo rápido.

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Las paradas han sido las previstas aunque antes de Azinhaga han modificado el trazado del camino y eso nos ha despistado un poco. Nosotros hemos seguido nuestro propio itinerario porque queríamos descansar algo en Azinhaga y hacer alguna foto junto a la estatua de Saramago, porque esté es su pueblo de nacimiento.

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Desde aquí hasta el final un desierto sobre asfalto. Así hemos llegado a la charca que hay antes de Golega. Le he dicho a Mar qué le parecía la laguna y ella, ciega de calor ha respondido ¡pero si está todo seco! Lo que ha ocurrido es que la charca está cubierta de vegetación y ella ha pensado que era campo y estaba medio seco, así íbamos de ciegos a esas alturas de etapa.
La llegada al camping bien y habitación por 29,12 euros la doble. Está algo más descuidado que el año pasado pero bien.
Lo mejor de la etapa volver a comer el arroz con langosta del restaurante central. Sobremesa con bagazo incluido y con ingesta de cervezas varias que nos han hecho un consumo total de líquidos en todo el día de más de 6 litros.

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Después lavar, pequeña siesta y escribir entrada hasta las 6:30 porque no se podía salir a la calle.
Hemos ido al súper a comprar algo para el desayuno y un par de botellas de agua y hemos encontrado a los peregrinos franceses tomando algo en el café central junto a otro peregrino belga y un paisano. Tertulia interesante sobre diversos temas y nos han contado que,están haciendo algunas etapas en bus por el calor. Están alojados en los bombeiros.
Luego han llegados dos chicos de Alicante en bici, uno de ellos, Javier resulta que estuvo trabajando en el instó de mar hace muchos años, en mecánica, es de Crevillente. El otro vive en Barcelona por cuestiones de trabajo y los dos van hasta O Porto.
El señor mayor de Golega ha estado hablando un buen rato con Mar, es un tipo interesante que conoce mundo y que nos aconsejado encargar pollo asado para cenar porque lo hacen muy bueno.
Nosotros hemos ido a dar un paseo de 10 mn y luego otra vez en el café hasta la cena. Ha sido una cena peregrina regada con anécdotas y risas, y algo de vino y cerveza.

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Desde allí a dormir porque mañana espera un día duro y de mucho calor otra vez, penúltima etapa de 30.
Resumen de la etapa. Pinchar aquí

Santarem, igual pero con más calor


La etapa del año pasado

Las previsiones para el día eran de mucho calor y se han cumplido de sobra.
Desde primera hora se ha visto claro que la etapa iba a ser muy dura por el tema del calor y a esto se añadía mi temor, cada vez más evidente de que los bichitos de cama se habrían empleado a fondo sobre mi sabroso cuerpo.
Aunque al levantarme no notaba casi nada yo recordaba de la vez anterior en el camino francés que esas picaduras se empiezan a notar a partir de las doce horas de haberte acostado.
El desayuno fue un café en el bar de la esquina, sencillo aunque no tan marrano como parecía desde fuera. Mar intentó comprar un bollycao pero el amable-simpáticoconella-senil camarero le aconsejó, con la mayor de sus desdentadas sonrisas que no se lo pidiera porque estaba caducado (como él pensé yo en un arrebato de celos no por ella sino porque todas las alabanzas de este camino son para mi compañera cuando siempre estoy acostumbrado a ser yo el objeto de tales situaciones cuando viajo con Joseba).
Cogimos un par de botellas de agua y con todo listo nos lanzamos al polvo del camino tras cruzar la carretera y las vías del tren por un paso elevado, demasiado para tan poco pueblo.
Nada más salir vimos a lo lejos la silueta de dos peregrinos a los que poco después alcanzamos y con los que pude poner en práctica mi oxidado francés. Se trataba de dos señores entrados en años (el tipo de mi compañera) que ya habían hecho varios caminos juntos (la plata, el francés y desde París, que son de esa región). Tras un ratito de charla nos adelantamos con la idea de que Mar pudiera retirarse a un recodo del camino a satisfacer las necesidades básicas de su condición humana lejos de las miradas indiscretas de paseantes y demás. A tales urgencias coincidió una recuperación milagrosa de los franceses en su ritmo de marcha que casi pilla a mi compañera en situación de desventaja de pantalón. El caso es que poco después los volvimos a adelantar porque se pararon a almorzar en el sitio en el que empieza el muro de contención del Tajo. Se trata de un muro de dos o tres metros de altura que separa el río de las poblaciones y campos y que vamos a llevar hoy al lado durante casi todo el resto de etapa, algunas veces incluso transitando sobre él.

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Al llegar a Valada paramos a tomar un café qué incluyó tostadas. Había en la puerta una pareja de peregrinos de los que nos habían hablado los franceses, se trata de irlandeses, una pareja peculiar en la que ella toma te y él todo lo demás del bar, podríamos,decir que la barriga de él eclipsa toda la figura de ella.
El caso es que nosotros vamos a lo nuestro: tras desayunar convenientemente nos dispusimos a afrontar los 20 km que nos quedaban en medio de una llanura sin fin entre el muro y cañaverales que impedían el paso de cualquier brisa y caminos interminables de polvo.
Para colmo de males el final de etapa lleva regalo puesto que los últimos dos quilómetros tienes una subida bastante fuerte hasta el pueblo. Poco antes de llegar a la cuesta no le rompí un bastón en la espalda a Mar porque no los llevo. Resulta que en medio de ningún sitio y abrasados de calor me dice que si podemos parar un momento. Yo le respondo que claro, que qué le pasa, si tiene una piedra en el zapato o le molesta algo. Entonces ella me responde: no, sólo es por descansar un poco… 40 grados a la sombra, ni una pequeña brisa, casi 30 km hechos y ella quiere parar en mitad de ningún sitio. Son las cosas de llevar tantos km bajo el sol.
Subiendo hemos encontrado una fuente en la que refrescar nuestros cuerpos y finalmente, sobre la s 13:30 hemos llegado.
He llamado al residencial del año pasado pero han subido hasta 45 euros desde los 30 del año pasado, así que hemos,buscado otra cosa y en el lugar de una antigua pensión hemos encontrado un apartamento para alquilar con cocina y todo por 50 euros.
La comida ha sido tarde y recalentada, una chuleta de cerdo y arroz que estaba buena a pesar de llevar hecha todo el día.
Una cosa que me ha sorprendido ha sido que hoy sí había gente por la calle en Santarem, he llegado a la conclusión de que la otra vez no había porque era agosto pero, craso error: a las 7 en punto todo se ha despejado y Santarem se ha convertido otra vez en una ciudad fantasma.
Nosotros hemos dado un paseo hasta el castillo y desde allí a cenar.

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Y lo de cenar es un decir porque era pollo recalentado enfrente justo de nuestra habitación. Allí estaban también los irlandeses y la pareja de italianos que habíamos visto el primer día y que creemos que van en coche. Es normal porque ese cutre-restaurante es lo único abierto en todo el pueblo, incluido casa de putas y frontón, como diría Joseba.
Todos los peregrinos están en un hostal de peregrinos que estaba anunciado por el camino, todos menos nosotros que no lo hemos encontrado y por eso fuimos a este otro lugar.
Después de cenar hemos hablado con las niñas y yo me he dedicado a recontar todas las picaduras que llevo por el cuerpo y que han ido saliendo a lo largo del día, son más de 30 y molestan mucho aunque mi pomada especial está arreglando algo el tema de los picores.
Terminar la entrada y a dormir, que mañana nos ponemos en pie a las 5:30 para evitar el calor.
Para resumen de etapa pinchar aquí

Un pequeño respiro entre asfalto


Las previsiones eran de mucha dureza por el calor y por el asfalto. Una gran parte de la etapa transcurre en la carretera nacional I por el arcén, muchas veces casi inexistente. Sólo hay un pequeño respiro antes de llegar a Vila Franca de Xira que lleva al camino junto al río por,un carril bici que es una delicia, siempre y cuando no transites por la parte de las bicis que ya sabemos que aquí tiene licencia para atropellar si te metes en su terreno.

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La suerte ha sido que el calor no ha apretado, tal y como había visto en la previsión del tiempo de mi teléfono.
Aprovecho para decir que toda la tecnología,está funcionando muy bien. El galaxy note me lleva todas las aplicaciones estupendas y puedo usarlo todo el tiempo porque llevo una batería de repuesto, además de la externa auxiliar. Otra cosa es el tema mochilas que van muy bien por el peso pero un poco justas de espacio, sobre todo Mar que encima todavía no ha terminado de organizar su mente.
Mar sigue desgranando teorías sobre situaciones sentimentales de la gente que nos cruzamos, o de la actualidad política en Portugal (hemos visto algo de dimisiones, prima de riesgo, bolsa, bancos y demás cosas iguales a lo que oímos en España.
El final de la etapa fue lo peor entre coches y con calor pero llegamos a Azambuja sin novedad.
Para dormir nos fuimos al mismo lugar del año pasado pero no conseguimos contactar con el teléfono que estaba en la puerta. Decidimos ir a comer primero y volver luego a resolver el problema. Acabamos en una pequeña tasca regentada por una señora mayor que capta los clientes casi a tirones en la calle para meterlos en un antro con no más de cuatro mesas. Para colmo Mar se sentó en una que estaba preparada para un señor,que acababa de llegar, el tipo la miró con una cara de asesinar terrible pero no dijo nada y se sentó en otra mesa después de un buen rato de charla tensa con la dueña.
El menú fueron primero sardinas asadas, luego no y luego sí: vamos, que la señora no se aclaraba ni nos aclaraba a nosotros. El resultado fueron unas sardinas estupendas, cerveza y piña natural por la módica cantidad de 15 euros.
Al regresar al hotel conseguí hablar finalmente con la señora y me dijo que la llave la tenían en el bar de abajo, que nos instaláramos nosotros y ella se pasaría a cobrar los 30 euros a media tarde. Justo en ese momento apareció en una moto de hace casi un siglo un señor mayor (al olor del deseo, imagino) y nos abrió la puerta tras exigirnos los 30 euros para que él se lo diera después a la dueña. No nos sonó aquello muy convincente dado que no sabía nada del precio (de hecho nos comenzó pidiendo 30 por cabeza. Yo no estaba muy seguro pero me daba algo de confianza pensar que llevaba la llave del edificio, pero Mar directamente me dijo que no se me ocurriera pagarle por si salía corriendo, lo que yo dudaba dada su evidente ancianidad. El caso es que yo le pagué y luego descubrimos que era el peluquero del local al otro lado de la puerta del residencial.
Mar se quedó descansando mientras yo me duché y lavé la ropa, luego estuve escribiendo y jugando a mi juego de este camino, el candy crush.
Justo en ese momento Mar descubrió entre sus sábanas un sospechoso bichito similar a aquellos,que me machacaron hace un par de años en el camino Francés. Revisamos,todo sin encontrar nada y yo con la certeza de que amanecería picado por todo dada mi natural tendencia a que mi sangre atraiga a todo tipo de bichos, sobre todo si pican mucho. Es lo mismo que Mar con los viejos lo mío con los insectos chupadores de sangre.
El paseo al pueblo a ver la iglesia duró 10 minutos, igual que el año anterior. Como el hambre nos atacaba ya de buena tarde decidimos darnos una alegría en forma de plato enorme de caracoles “chupaeros” que estaban de muerte.
Luego la cena en el único restaurante abierto, sencilla y lenta, yo lenguado y Mar una cola de bacalao que supuso una decepción tras haber visto a nuestro vecino de mesa meterse un pedazo de bacalao tamaño familiar. Mi media de vino y Mar su botella de agua. Tras 15 euros pagados nos fuimos a dormir y yo a disfrutar de mis vecinos nocturnos.
PD. Mar me obliga a escribir que ella también lavó la ropa y se duchó después de la siesta.