11ª Águeda – Albergaria a velha

Un día completo a la altura de peregrinos VIP es lo que disfrutamos ayer en Águeda. Lo cierto es que el pueblo no tenía mucho más que la iglesia, los paraguas de la calle y el paseo junto al río del mismo nombre.

Después de las cervezas para animar la escritura en el mismo bar en el que habíamos comido y del que sólo recordaré esos pollos cojos que nos ofrecieron, nos fuimos a buscar una alternativa gastronómica algo más adecuada a nuestra residencia, es decir, un lugar donde comer algo decente. Ya a medio día habíamos echado el ojo a una churrasquería con buen olor a frango que nos defraudó nada más llegar porque era sólo uno de los lugares que en Portugal ofrecen pollo a la brasa similar a lo de los pollos para llevar en España pero sin salsa apestosa. De aroma muy bien pero sólo pollo y de eso ya habíamos tenido bastante al mediodía.

De pasada habíamos visto un sitio con buena pinta y tras un debate en la puerta nos lanzamos a la aventura. La verdad es que dimos plenamente en el blanco y disfrutamos de una de las mejores comidas de todo el camino. Yo me decidí por unas tetinhas de vaca tras confirmar que no eran nada similar a lo que parecía y Joseba se decidió por un secreto de porco. Un vino del terreno aconsejado por el camarero acompañó nuestros platos y una discusión política sobre la reforma de la ley electoral a muy buen nivel y animación creciente a medida que la segunda jarra de vino se evaporaba sin saber muy bien cómo. Una especie de crema catalana quemada dio el broche al que nosotros añadimos un cubata en la terraza del hotel.

Resulta que había leído que el hotel tenía una terraza preciosa pero en el ascensor decía que abría a partir de las 9. Nos subimos arriba y nos pedimos dos ron con cola. Sólo el raterío del camarero enturbió algo la velada ya que nos ofreció una mísera lata de cola para los dos cubatas y eso por casi 9 euros.

Reparador sueño previa lectura de casi el final de Juego de Tronos mientras mi compañero de habitación, y casi de cama, me entonaba su cantinela roncadora y esta mañana a las 7 puesta en marcha ya que hoy la etapita era de 16 km y teníamos el desayuno concertado a las 7:30. Al llegar hemos visto que había dos parejas con toda la apariencia de peregrinos y que luego se ha confirmado ya que nos han pasado durante la etapa en bicicleta. De allí al camino en una etapa bonita entre eucaliptos, casi todo asfalto salvo un precioso tramo poco antes de llegar al final de tierra que ha servido para que tenga que lavar el pantalón del polvo del camino. La única dificultad ha consistido en una cuestas bastante duras que hay nada más salir de Águeda y que sirven para dejar el valle del río pero que no esperábamos porque no estaban indicadas en el perfil de la etapa.

Hemos hecho una parada técnica en Serem, a unos 5 km del final en una pastelería que ha servido para que yo de cuenta de un pastelillo de crema delicioso, caliente y recién hecho. Joseba, para variar, se ha tomado una cerveza para mantener su nivel etílico y contrarrestar la impotencia sexual que le produce la medicación.

Y así hemos llegado a Albergaria a Velha que se reduce a casas desperdigadas en torno a una plaza que parece ser el lugar en el que está todo. Al cruzar las vías abandonadas del tren se encuentra Casa Alameda, lugar descrito en la guía como “un sitio curioso (y un tanto caduco) que es a la vez ferretería, casa de comidas y posada”. Con esas perspectivas ya hemos sospechado que hoy el día nos ofrecía el contrapunto perfecto al lujo peregrino de ayer. Desde la puerta del lugar hemos comprobado que el lugar no iba a defraudar nuestras expectativas. Una puerta de cristal esconde la entrada a un lugar de aspecto descuidado atendido por un señor descuidado entre unas escaleras descuidadas que son la alternativa a entrar a unas cocinas industriales a las que impide el paso una caja de madera, también descuidada. He de reconocer que todo parece bastante limpio y que los 25 euros de la habitación doble sin baño son un precio justo una cama cómoda y limpia, una tele pequeña y…, nada más. Parece ser que un grupo de peregrinos hacia Fátima tiene reservadas todas las habitaciones y sólo nos queda esta sin baño. Quizás la parte más cutre sea el baño común con una ducha a la que es peligroso cerrar su triple puerta ya que está desencajada y en cualquier momento te puede aplastar bajo su peso y el de la roña acumulada durante décadas (e incluso siglos si por entonces la gente se hubiera duchado).

Salvado el momento ducha hemos usado el lavabo común para lavar la ropa. El grifo estaba a punto de cobrar vida propia y el tapón automático de cierre dejó de tener esa virtud hace demasiado tiempo y ahora sólo puede ser abierto por manos con uñas fuertes y ágiles como las de mi compañero de fatigas (yo intenté durante un buen rato abrirlo sin éxito y ante el peligro de inundarlo todo.

Hemos intentado llegar hasta el lugar indicado para tender la ropa pero ha sido imposible ya que los accesos a todos los lugares se encuentra cerrados al paso por cajas desvencijadas, al final una señora nos ha pedido la ropa y se la ha llevado ella para tenderla.
El resto del tiempo lo hemos consumido en el bar-comedor-ferretería-bodega-medioCorteInglés en el que hemos apurado dos cervezas y después un arroz a polvo en el que no ha habido nada de sexo. Alucinados por el local y por los lugareños que daban cuenta de todo tipo de maravillas gastronómicas tamaño maxi hemos disfrutado de una buena jarra de vino sacada directamente de los toneles que nos rodeaban mientras yo no dejaba de mirar la calidad de las conexiones eléctricas del lugar.

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Una mouse de chocolate, un café con hielo y dos bagazos han puesto el fin a semejante festín por 22 euros.

Siesta en la habitación escuchando el partido de baloncesto en el que hemos ganado a los franceses (aunque hemos perdido en balonmano con ellos) y salida a recorrer la plaza y escribir.

Nada más llegar nos hemos puesto a analizar la etapa de mañana para alargar los 27 km que están programados y así recortar un poco a la llegada a Oporto. Hemos conseguido una habitación en un lugar en medio de la nada 7 km más allá lo que nos deja 34 mañana y 26 pasado. Estando en esas me he quedado sin conexión así que he tenido que buscar un vodafone que había visto en la plaza y en el que me han orientado sobre cómo recargar la tarjeta del iPad en la papelerías ya que la simpática chica que me ha atendido sólo me ofrecía una tarjeta de 20 euros por 40 horas pero no por descargas. El problema ha sido que en la papelería no han sido capaces de hacerme la recarga y he tenido que volver a la tienda vodafone previo altercado con perro tipo Pepito que casi me deja sin piernas dada su fiereza. Al final por 15 euros y una sonrisa he conseguido una nueva tarjeta para el iPad con la que vuelco a tener un giga de descargas.

Cena en el restaurante-ferretería… aceptable, sin más y paseo nocturno hasta la plaza del pueblo.
Resumen de la etapa: 16,65 km en 3:00 horas a una media de 5,5 km/h casi sin darnos cuenta.

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