10ª Coimbra – Mealhada

Tras la cerveza en el bar del paseo junto al río y de escribir la entrada nos fuimos a cenar al mismo restaurante del mediodía. El camarero que nos atendió se comportaba de una forma extraña. Después de pronunciar la carta con evidentes dificultades de dicción , tomarse algunas confianzas con Mar y casi derramarme encima la sopa llegamos a la conclusión de que, simplemente, estaba borracho.

No fue un acierto la cena porque mi cordero debía ser de zona de mucha hambre, porque sólo eran huesos. Luego se completó con un helado italiano en el bar que hay delante del hotel y desde allí a la cama.

Nos hemos levantado a las seis después de dormir bastante bien, sobre todo yo porque Mar dice que la cama estaba muy dura. Hemos salido a las 6:30 y hemos encontrado una pastelería para tomar café y un croissant con solera. Al salir nos hemos confundido y hemos tomado la carretera por la parte de arriba de la estación, por lo que hemos tenido que volver para tomar el camino correcto.

La etapa ha sido fácil, casi todo el tiempo por carretera, por terreno llano y con bastante fresco. Hemos ido pasando varias aldeas simples casi sin ningún tipo de servicios. En una de ellas, a unos 10 km hemos parado a tomar algo. El dueño llevaba una camiseta del Valencia y creo que se trata del sitio en el que habíamos parado el año anterior. La anécdota se ha producido cuando le he preguntado por el aseo. Le ha dicho a su hijo pequeño, que estaba allí, que volvía enseguida y hemos tomado calle abajo unos cien metros hasta llegar a su propia casa. Ante lo surrealista de la situación, cuando me ha preguntado si mi mujer querría ir al servicio le he contestado inmediatamente que claro. La idea era ver la cara que pondría Mar cuando la llevarán al baño de la casa del dueño. Así son las cosas.

El camino de llegada se ha hecho algo pesado. Para colmo han variado el trayecto en alguna zona y al pasar por un bosque de eucaliptos está mal señalizado.
Ahora entiendo yo por qué no recordaba nada de este pueblo, porque no tiene nada. Una calle muy larga paralela a la carretera nacional, una enorme plaza y alguna casa grande,eso sí, pasando trenes a toda velocidad constantemente.

El residencial al que hemos ido es el Oasis y está a la salida del pueblo, en la carretera. Al llegar el dueño me ha reconocido, nos ha saludado con mucha atención. Hemos subido a ducharnos y lavar y a la hora en punto estábamos degustado un estupendo cochinillo, especialidad de la casa y del pueblo.

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La tarde ha estado dedicada a organización de diversas cuestiones como reservas de próximos lugares y billetes de tren para el regreso. Luego hemos dado un paseo hasta el pueblo y hemos encontrado a un peregrino con el que ya hemos coincidido un par de veces. Se trata de un señor mayor que ha acompañado a los irlandeses en estos últimos días. Nos ha invitado a una cerveza y nos ha contado que está en el albergue de aquí, a unos dos quilómetros pasado el pueblo.

Hemos regresado al hotel para hablar con las niñas. La conexión no era buena y hemos tenido dificultades.
Finalmente hemos bajado a cenar. Tocaba merluza para Mar y yo he tomado un chuletón estupendo. El resultado del día han sido 97 euros.
Ahora a dormir que es tarde y mañana hay que madrugar otra vez.

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