13ª Malaposta – Oporto

Lo primero que tengo que decir es que hoy estoy escribiendo desde aquí:

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Lo que quiere decir que estamos en Oporto, como podéis comprobar. Pero primero os cuento lo de anoche.
Nos fuimos a cenar a eso de las 8:30 a la marisquería, lugar única opción y he de decir que el buey de mar está delicioso junto al caldo verde que me ventilé. Joseba no tenía mucha hambre por lo que se pidió una ensalada rica que consistía en una fuente de fruta variada tipo fuente descomunal.

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Por supuesto que el acompañamiento fue una buena botella de vinho verde que al marisco le sienta de maravilla. Un buen ratito después y tras una interesante conversación en la que mi querido amigo me habló de sus fobias y manías entre pinza y patita de crustáceo. La caída en la cama fue fulminante y no me dio tiempo ni para empezar a leer el segundo tomo de Juego de tronos ni ganar alguna partida de apalabrados.

La mañana ha amanecido a las seis, como siempre, con la musiquita del teléfono de Joseba aunque ya estábamos despiertos los dos. La etapa de hoy ha sido asfalto, casas, urbanizaciones sin fin y bastante calor aunque el encontrar el bar de enfrente del hotel abierto para desayunar nos ha animado bastante. Tras dos cafés con un bollo para absorberlo nos hemos,dispuesto a recorrer carretas secundarias, caminos e incluso algún que otro tramo de calzada romana.

Algo que uno nunca debe hacer en el camino es afirmar nada y así lo hemos comprobado los dos: Joseba ha pedido que no hubiera más tramos de adoquín porque le machacaban los pies y gracias a esa petición hemos disfrutado de todo tipo de piedras incrustadas en nuestras doloridas plantas. Yo, por mi parte lo que he pedido es que el camino fuera en descenso hacia Oporto y el resultado han sido más de 700 metros de desnivel subidos a lo largo de la etapa. Ante tales regalos no nos hemos atrevido a pedir nada más no fuera a ser que Santiago tuviera a bien concedernos ración doble de todo.

De lo más bonito la calzada romana y algún pequeño tramito de tierra entre eucaliptos, de lo más sorprendente las dimensiones del monasterio de Grijó, lugar de parada técnica para un café con ligoteo incluido de mi compañero con la esbelta camarera del mesón (años los debía tener todos).

Sin demasiado calor aunque sudando a chorros ante el sube y baja constante hemos llegado hasta Vilanova, antesala de Oporto y lugar previsto para cerveza reparadora. En estos días el paisaje ha ido cambiando progresivamente y cada vez se parece más a Galicia: los llanos y el calor han ido dejando lugar a los bosques y las constantes subiditas entre valles. Los olores y los colores cada vez recuerdan más el norte junto a las berzas cultivadas en infinita ascensión o las huertas pequeñas llenas de todo tipo de productos.

La llegada a Oporto es verdaderamente espectacular. Es cierto que me ha sorprendido mucho porque el concepto que tenía de la ciudad era más bien malo. La llegada con la vista desde el puente me ha dejado impresionado.

Nada más llegar nos hemos puesto a buscar alojamiento pero la cosa se ha complicado porque todos los lugares estaban llenos. Después de un buen rato hemos preguntado en un lugar y nos han dicho que sí tenían pero en habitación múltiple a un precio de 16 euros. Sin dudarlo hemos,aceptado ante la perspectiva de no encontrar nada aunque hemos tenido que dejar las mochilas e irnos a comer porque la habitación no estaba disponible hasta las 3.

Hemos comido en un restaurante de la orilla previa degustación de una cerveza tamaño familiar (ver flick). Paa mí caldo verde, para variar, y tres sardinas grilhadas. Joseba, que pide las cosas sin saber qué son ha dado cuenta de una bifana.
Tras comer hemos dado un paseo por la otra orilla del río y hemos hecho una fotos inmersos en la marea de turistas de todo calado y entre los que destacan nuestros paisanos.

Al llegar al hotel-albergue-loquesea, nos ha recibido amablemente Renato, alucinado ante avezados wifigrinos famoso nosotros. Amablemente nos ha ofrecido una copa de oporto mientras nosotros le pedíamos que la compañía de la noche fuera agradable de ver (si femenína ya sería de nota). Y es que estamos alojados en una habitación con seis camas que se pueden ir llenando a lo largo de la tarde. Lo demás son todo tipo de amabilidades por parte de nuestro agradable anfitrión. Nos hemos duchado mientras terminaban de pasar la aspiradora y encima nos lavan la ropa en lavadora y gratis. Encima está bien situado y el único problema quizás sea tener que subir varias plantas hasta alcanzar la habitación.

Al bajar Renato nos ha aconsejado visitar algunas cosas de Oporto y hemos hecho una rutita según nuestros fatigados pies lo permitían, ahora estamos en una terraza frente al Douro viendo pasar turistas en barco mientras españoles nos rodean a la conquista del país vecino y mientras España se cuela en la final de baloncesto según nos cuenta internet y Joseba reclama rebajar los 39 km de la etapa de mañana. Putas ratas voladoras nos rodean con gesto amenazante y yo amenazo con acabar poniéndome el polar antes de que la noche acabe para envidia de nuestros queridos amigos murcianos y demás. Ahora nos espera la cena, a ver qué nos depara la noche y si dormiremos solos o en compañía.

Resumen de la etapa: 29,19 km a 4,9 km/h de media en 6:00 horas porque el último tramo lo hemos hecho parando y haciendo fotos.

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