22ª Caldas de Reis – Padrón

Estamos en Padrón la víspera de Santiago y a una etapa de llegar a nuestra meta, hemos podido comer unos estupendos pimientos de Herbón-Padrón (que así es la denominación nueva según creo) y al final ha decidido acompañarnos la lluvia para recordarnos dónde estamos.

La tarde ayer terminó de una forma tranquila y relajada. Un paseo por el pueblo nos permitió cambiar nuestros compañeros habituales peregrinos por el otro tipo de visitantes que campan por las calles de Caldas: los jubiletas de balneario. Tropeles de orondos maduritos y maduritas poblaban las terrazas contando sus experiencias en el agua, sus compras de mercadillo y demás experiencias culturales. Varias conversaciones sobre el colesterol, la tensión, el sintrón y la dieta para adelgazar de la alcachofa (creo que nadie nombró la del cucurucho, pero no estoy seguro) poblaron nuestra tarde mientras yo escribía y Mar terminaba de leer su cuarto o quinto libro del camino (ha rentabilizado bien el traerse el iPad para sus ratos de ocio mientras yo dedico mi tiempo a jugar al jueguecito de las golosinas y demás).
La cena repitió lugar y menú en nuevo alarde de buen precio y excelente calidad y luego un paseo nocturno junto al río nos llevó hasta la cama.

La etapa de hoy ha sido más de lo mismo: bonito paisaje entre aldeas poco pobladas, multitud de peregrinos por todas partes, tiempo fresquito y camino fácil. Hemos coincidido con un grupo de chicos jóvenes que empezaron en Tui y que van un poco verdes en esto del camino y luego hemos encontrado a Felipe, un peregrino francés que es profesor de español y que vimos por primera vez en el desayuno de Sao Roque y desde entonces hemos visto varias veces.

Nos alojamos también este año en la Pensión Jardín. Muy bien en relación calidad-precio y atendida por gente muy amable. Hoy he decidido resarcirme del desastre del año pasado y hemos buscado un mesón en el que tomar una ración de pimientos en condiciones (al final nos hemos quedado a comer y ha caído otra).

Corta visita a una decepcionante casa de Rosalía de Castro y poco más porque casi todo está cerrado, hasta el jardín botánico, y además se ha puesto a llover. No parece que la cosa vaya a complicarse pero parece que peligra la carrera de burros que está programada en el pueblo para las fiestas de Santiaguiño. La tarde discurre tranquila y sólo nos queda confirmar si la lluvia irá a más, si veré el partido del Barça, si la cena en una pulpería que hemos visto será todo lo estupenda que esperamos y si coincidiremos con los italianos Antonio y Luisa para despedirnos. Ya os contaré mañana o después, que el día en Santiago puede ser intenso y demorar mi relato unas horas.

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