10ª Alcuéscar – Valdesalor

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Aunque publiqué un segundo comentario antes de ir a dormir todavía la noche nos depararía una última experiencia digna de esta delirante historia. Poco antes de las 10 todo el mundo se iba acomodando, nosotros estábamos ya en la cama metidos en nuestro saco cuando vimos que nuestro querido alemán guarro se disponía a prepararse para la cama; seguíamos agradecidos de estar lo suficientemente lejos como para no tener que olerlo porque estaba justo enfrente nuestro al otro lado de la sala. Tanto a Joseba como a mí nos comía la curiosidad por saber en qué condiciones se iba a acostar, si los calzoncillos que usaba estaban a la altura del resto de la mierda que se percibía por el resto del cuerpo… lo dejo todo a vuestra imaginación. Estábamos en ese tipo de elucubraciones cuando la realidad nos deparó algo mucho más increíble: el tipo no sólo no se quitó los pantalones para dormir sino que tranquilamente preparó la manta, se puso el impermeable que llevaba y se tumbó en la cama para taparse con la manta: nosotros no salíamos del asombro. El susodicho chubasquero era una prenda llena de churretes y manchas por todas partes que ya había lucido a lo largo de la tarde. No podemos llegar a entender el motivo de tan extraño comportamiento pero sí explica el olor corporal y lo demás. Debemos tener en cuenta que quizás no pueda quitarse el pantalón por sus propios medios y deba usar una espátula.

Sin nada más digno de contar fuimos cayendo en brazos de Morfeo. La noche ha sido tranquila y, pese a lo que esperábamos con respecto a roncadores y demás fauna con alto grado de alcohol, hemos conseguido descansar bastante bien. Yo me desperté a las dos de la mañana y he dormido de modo intermitente a partir de ese momento, pero Joseba asegura que es el día que mejor ha dormido.

Sobre las siete menos algo la gente ha comenzado a moverse y hoy todos lo hacíamos al mismo tiempo por la imposición del convento de no abrir las puertas hasta las 7:30.

Nada más abrir hemos ido a desayunar al bar de enfrente, que por fin estaba abierto, y nos hemos calzado un desayuno en condiciones.

La mañana ha comenzado fresca y nublada: hacía algo de frío y nos han caído unas gotitas que nos han hecho pensar en lo peor, pero no ha pasado de eso. Hemos ido avanzando entre dehesas y aves de todo tipo por un paisaje muy bello y pisando la auténtica calzada romana.

Aldea del Cano

Aldea del Cano

Hemos visto varios puentes romanos y varios miliarios auténticos de la calzada.

Miliario en la calzada romana

Miliario en la calzada romana

Puente romano en el camino

Puente romano en el camino

Otro puente en el camino

Otro puente en el camino

Además ha salido el sol y la jornada ya ha ido perfecta. A unos dos quilómetros de Valdesálor se ve el pueblo, nos ha dado muy mala espina por lo pequeño que es. Se pasa un puente bastante largo sobre el río Sálor y el último tramo transcurre sobre la calzada auténtica otra vez.

Puente sobre el Sálor

Puente sobre el Sálor

El pueblo es muy pequeño y sabíamos que el albergue es una sala del ayuntamiento. Hemos subido a las oficinas y nos han instalado en la Sala de Juntas (así como suena): tienen cuatro colchonetas para peregrinos, apartan las sillas y la mesa y allí está todo, banderas incluidas.

Sala de juntas del ayuntamiento

Sala de juntas del ayuntamiento

Nos han dicho que en el pueblo hay un restaurante a unos trescientos metros junto a la carretera, en la gasolinera y que dan menú con buena relación calidad precio. Nos hemos dado una buena ducha caliente y hemos lavado la ropa para que se secara rapidito. Después de la ducha he aprovechado para hacer a Joseba una foto ante la bandera de España, que hace mucho ya que juró bandera y él no tiene tan cerca este objeto en su vida cotidiana en el País Vasco.

Una vez resuelto todo nos hemos ido alegres hacia el restaurante (a unos 300 metros) convencidos de que nuestra suerte había cambiado y que lo de ayer era sólo un sueño pasado. Pero…

Al llegar al restaurante había un cartel: cerrado el día 14 de abril, disculpen las molestias. Así, en esas estamos, vuelta a empezar con la pesadilla. Hemos regresado al pueblo por si los dos bares podían atendernos y ofrecernos algo: el hogar del jubilado estaba cerrado y sin posibilidad alguna, el otro sólo tiene bebidas y no ofrece nada. Nos hemos encontrado a un chico que nos ha dicho que la única posibilidad estaba en ir a la tienda del pueblo y comprar algo, pero que nos diéramos prisa porque cerraba a las dos (faltaban unos 10 minutos). El resto es imaginable: comida en la plaza del pueblo, tres lonchas de jamón de york, un bote de verduras variadas, una loncha de queso, un tomate y una pera (nos ha engañado la de la tienda y estaba verde).

Lo bueno de todo esto es que nuestra economía se recupera rápido y la media de gastos está bajando mucho. También lo agradece nuestra dieta que hace que mantengamos muy bien la línea. Por lo demás estamos hasta los mismísimos… y queremos un plato de comida caliente. Además nos espera la cena con las mismas perspectivas.

Comida improvisada

Comida improvisada

Hemos comido, hemos recogido todo y hemos pensado: al menos nos queda el bar del pueblo para pasar la tarde ante un orujito tras otros: nuevo error ya que nos hemos pedido el primero y nos han dicho que cerraban por la tarde hasta la hora del partido.

Alguien puede pensar que podría ser peor: pues sí: además nada más llegar al Ayuntamiento ha comenzado un tormentazo y a diluviar…. se nos ha mojado la ropa y nos hemos puesto calados al intentar recogerla.

En resumen: estamos en la sala de juntas del ayuntamiento en cuatro colchonetas: Joseba y yo, el enterao y Sancho Panza (su fiel escudero al que ha adoptado para siempre) han llegado la pareja del mallorquín y la francesa, vienen destrozados de la etapa.

Yo he conseguido acceso a internet del ayuntamiento sin protección así que he aprovechado para escribir, leer el correo y hacer videoconferencia con Mar. Algo es algo.

Albergue en la sala de juntas

Albergue en la sala de juntas

Albergue en la sala de juntas

Poco después han llegado los dos gordos con la portuguesa y se han puesto a charlar con todos. Creo que les van a instalar en algún sitio por aquí. Yo termino la entrada y me dispongo a trabajar un rato y pasar la tarde haciendo tiempo hasta la hora del partido. La tarde está muy oscura pero, al menos, hemos visto pasar de largo al alemán marrano por lo que nos garantizamos que no tendremos que aguantarlo por aquí: ¿os lo imagináis en unos veinte o treinta metros cuadrados y sin ducharse?

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