17ª Calzada de Béjar – Fuenterroble de Salvatierra

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Mientras acababa de escribir la entrada de ayer llegaron al albergue unos peregrinos; se trata de una pareja de unos 60 años, ella se nota bastante cansada y él también. Se me han quedado mirando un poco alucinados por eso de ver a alguien haciendo el camino y escribiendo en un portátil en un albergue: la verdad es que si lo miras bien muy normal no es.

Poco después ha salido Joseba y yo he cerrado todo. Nos hemos ido a dar una vuelta por el pueblo para tomar algún refresco pero el bar estaba cerrado, hemos dado otra vuelta al pueblo y nos hemos dejado guiar por una ruta que nos manda a un fortín. Mientras nos perdíamos he hablado por tf con Mar para resolver algunos problemas domésticos y poco después hemos tomado la decisión de regresar al albergue y esperar la cena. Joseba ha estado tonteando un ratito con el perro de la casa (un chucho negro con vocación de futbolista que se llama Zeus; cuando me ha dicho su nombre la señora le he contestado: Anda! Como el hijo de Sara Montiel.

Interior del albergue

Interior del albergue

Y así a la cena: sopa con pasta y lomo con ensalada, Joseba un bocata de jamón.

En la sobremesa hemos seguido charlando un poco de todo hasta que uno de los italianos (Giuseppe) ha salido para llamarnos la atención porque estábamos molestando (eran menos de las 10). Así hemos preparado todo para ir a la habitación, he vuelto a hablar por tf y nos hemos dormido.

Yo he dormido como un tronco hasta las 6 pero Joseba dice que ha pasado mala noche, debe ser la imagen de nuestra vecina noruega en la habitación de enfrente cuando ha salido de la ducha envuelta sugerentemente sólo en su toalla.

A las 7 menos cuarto diana y puesta en marcha, como siempre Joseba ya estaba preparado y con la mochila puesta antes de que yo fuera capaz de reaccionar, y eso que ya estaba despierto cuando ha sonado el despertador.

A las 7 y poco han llegado los del albergue para el desayuno, mientras recibíamos noticias de los hospitaleros-dueños hemos podido disfrutar de una canción interpretada por Giuseppe (más adelante os hablaré con detalle de él). Tras pelearnos con la mantequilla para intentar distribuirla mínimamente por el pan tostado prefabricado (algo imposible) hemos completado nuestra ingesta alimentaria de la mañana, no demasiado abundante en verdad.

La etapa era cortita pero hemos ido rápidos por dos razones: porque no había nada de nada en medio (el doble de nada) y porque teníamos cierta prisa ya que yo tenía que buscarme la vida para ir a Guijuelo a intentar solucionar lo del dinero y lo de las pastillas del colesterol.

Al pasar por Valdecasa tenía la idea de probar a buscar un bus o algo para ir directo a Guijuelo lo más temprano posible y se nos han iluminado los ojos al ver que junto a la parada del autobús había un grupo de gente mayor esperando: hemos pensado que tal vez la suerte se ponía de nuestra parte y esperaban el bus que llegaría en cualquier momento para llevarnos a Guijuelo: por supuesto que no ya que hemos preguntado y nos han dicho que por allí no pasan autobuses en esa dirección (yo creo que en ninguna) y que ellos iban a hacer una excursión. He intentado darles un poco de lástima por si se apiadaban de dos pobre peregrinos y nos invitaban a acompañarles hasta nuestra meta pero no ha colado. También hemos preguntado por un bar y nos han contestado que suele abrir sobre las once.

Vista del pueblo

Vista del pueblo

Nada más que decir, hemos retomado nuestro camino para ir acercándonos al objetivo final: Fuenterroble de Salvatierra. El paisaje ha vuelto a cambiar; ahora tenemos una especie de dehesa mucho más abierta, han desaparecido los bosques y lo que abunda son zonas de pastos para vacas y algo de cerdos.

Vista del camino con sus flechas

Vista del camino con sus flechas

Al pasar junto a un grupo de vacas bastante gordas hemos visto que los muros de piedra que nos separaba de ellos no era muy grande, Joseba ha comentado que podíamos estar tranquilos porque eso era suficiente ya que los toros no saltan setos ni nada por el estilo; justo en ese momento hemos contemplado atónitos como una de esas vacas saltaba al campo de al lado por un muro tan alto como el del camino sin hacer prácticamente esfuerzo alguno. La cara que se nos ha quedado era para verla: con esa seguridad seguro que podemos ir tranquilos para los próximos días.

Foto de Joseba sobre la dehesa salmantina

Foto de Joseba sobre la dehesa salmantina

Yo mismo cruzando un arroyo

Yo mismo cruzando un arroyo

Y así hemos llegado al albergue de Blas. Justo delante de nosotros ha entrado la pareja de anoche que habían salido sobre las seis y algo. No voy a describir demasiado el albergue porque no tengo demasiadas gigas compradas en este blog y podría cubrirlas sólo con contar lo del albergue y lo de sus hospitaleros. Nos ha recibido un obeso hospitalero con pinta de flipao, coleta trasera, pantalón mostrando hucha, barba peregrina e indumentaria tipo peregrino-secta. Junto a él una chica maja pero de similares características que intentaremos descubrir en su papel a lo largo de la tarde. Nos hemos colocado en las camas y hemos preguntado sobre la posibilidad de ir a Guijuelo, nos han dicho que saliendo a la carretera alguien nos cogerá. El albergue está compuesto de varias estancias llenas de símbolos religiosos de todo tipo, referencias al camino y obras de arte de dudosa calidad y gusto legado de los peregrinos que han ido pasando a lo largo de los años por allí. Está limpio y tiene lo esencial siempre y cuando después de la cena hagamos una reunión con bendición de peregrino y rezo común. Será divertido ver a nuestro querido y pío peregrino Joseba tras dar recuerdos de Julio y aguantando el tercer misterio del rosario. Por lo demás parece que podemos estar a gusto.

Dicho y hecho: hemos comenzado a caminar y a los pocos minutos un señor en un todoterreno nos ha recogido. Yo he tenido que apartar miles de cosas increíbles que había sobre el asiento trasero para poder colocarme. El coche estaba lleno de sabores, olores y colores habituado a transportar ganado, o peregrinos, algo en consonancia con nuestra aventura. El señor nos ha transportado amablemente y nos ha contado que es amigo de Blas y que su generosidad con los peregrinos es maravillosa. Le hemos contado que vamos a solucionar problemas y nos ha llevado a la puerta de la farmacia. He comprado las pastillas para el colesterol tras el comentario jocoso de la manceba sobre la poca necesidad de tales en alguien que va haciendo el camino; yo le he respondido que a este paso tendría que inyectarnos colesterol en lugar de quitarlo y así nos ha atendido amablemente.

Al llegar al banco he podido confirmar la tragedia: las tarjetas no funcionan. He llamado a Sole (la de Cajamadrid de Lorca) y, tras explicarle la situación, me ha dicho que me acercara a una caja para que me dieran dinero. Así he hecho y he entrado en Caja de Badajoz. Una simpática a la par que guapa bancaria me ha atendido amablemente: se ha preocupado por mi situación y ha satisfecho su curiosidad sobre diversos aspectos del camino. Yo intentaba ser lo más simpático posible ante la idea de que nos ofreciera su hospitalidad y nos transportara de regreso a nuestro albergue (no penséis mal que no había ninguna intención de otro tipo, que sois unos cochinos), y eso que estaba bastante bien con la faldita cortita que llevaba, la blusita de seda… En fin, una gran profesional. Tras atenderme y darme todo lo que le he pedido (600 euros de mi cuenta de cajamadrid) me ha informado sobre un restaurante bueno para comer. Me ha acompañado hasta la puerta y le he presentado a Joseba (más que nada por si le daba lástima de mí al ir acompañado por semejante elemento tanto tiempo y por si pensaba que necesitaba cambiar de compañía por un rato. No ha colado).

Así nos hemos ido al restaurante que nos ha aconsejado y nos hemos pedido un par de cervecitas (por cabeza) sin alcohol y un platito de esos trozos de carne que tienen en los bares por aquí y que están colocados sobre una tabla pillados, con su tocinito y esas cosas. He aprovechado para publicar la entrada en el blog de ayer y hemos hecho tiempo hasta la hora de comer.

Con todo resuelto, por el momento, y con ánimos recobrados nos hemos dispuesto a enfrentarnos a un plato de judías blancas con chorizo y carrillera en salsa (hay que castigarse un poco para que no todo sean placeres en el camino) por supuesto con un poquito de mosto sin alcohol y un café.

Después de cumplir con los preceptos de la ingesta hemos dado un paseo hacia el centro para buscar un taxi que nos devolviera al mundo peregrino: tras dos llamadas de teléfono nos ha venido a recoger un taxista en un pedazo de audi negro. Podréis imaginar que la llegada al albergue ha sido apoteósica: en la puerta estaba el enterao con los hospitaleros y el alemán (en un aceptable estado de embriaguez) Se han quedado de piedra al vernos salir del audi y han realizado algunos comentarios sobre la vida del peregrino. He pagado el taxi (6 euros por quedar como unos señores) y ducha peregrina junto a colada peregrina que lo bueno dura poco.

Después de completar nuestras obligaciones diarias nos hemos venido al bar del pueblo en el que nos han dicho que la señora tiene bastante mala leche. Al salir hemos encontrado a los italianos y la noruega que venían pedos perdidos tras beber varios vasos de ″grappa″…

He visto que en la plaza hay conexión wifi y hemos pedido un par de zumos de tomate de hierbas con hielo mientras yo escribo y Joseba lee el mundo (no os asustéis porque ayer se leyó el ABC. Debe ser que esto de andar por España y que tanta bandera, plazas de España y esas cosas le están haciendo recuperar el espíritu nacional).

El plan de esta tarde es saludar a Blas, integrarnos en la vida de la comuna intentando sobrevivir entre los borrachos del albergue sin tener que pasar por una experiencia mística y finalmente publicar el comentario en la plaza del pueblo. Ya os contaré.

Por cierto, del alemán marrano no hemos encontrado ni el olor, eso sí hemos descubierto que se bebe a su padre todos los días y le entran unas 6 jarras al día de cerveza mientras habla sobre la independencia de Baviera (comentario de Michele que sabe alemán y debe tener atrofiado el sentido del olfato para hablar con él).

Resumen de la etapa: 20,7 km recorridos a 5,9 de media en 3:31 y estamos a 950 metros. Un nuevo día en el que Joseba no prueba el alcohol.

Seguimos la tarde desde el albergue ya que he tenido que venir a recargar el pc. Han llegado los italianos ya serenos y nos han ofrecido una cena que van a preparar para todos los peregrinos. Van a hacer spaghetti all′italiana y están en cocina peleando entre ellos. Joseba se acaba de pelear con el alemán porque le ha intentado colgar un pantalón de una cuerda que es suya (también está borracho). Todo como siempre y sigue el buen rollo entre la vida peregrina. He dado una lección sobre ampollas al enterao y a su fiel escudero y parece que acaban por aceptar nuestros conocimientos. Todo va bien y seguimos caminando.

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