31ª Xunqueira de Ambía – Orense

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Tras terminar de publicar la entrada y charla amigablemente con nuestra anfitriona, y dejarle nuestra dirección de blog para que pueda seguir nuestras aventuras nos encaminamos hacia lo que debía ser la cena. Joseba había ido un rato antes al bar ″el retiro″ como único lugar en que daban algo de comer a los peregrinos y había reservado el menú: para mí callos con garbanzos y para él filete, todo esto acompañado de ensalada. Ante tal variedad de locales y de menús nos preparamos para lo que podría ser otra situación de terror y hambre.

El bar era aceptablemente normal y un enorme gato pululaba por el recinto a sus anchas y con gran parsimonia, en una sala anexa a la barra había un pequeño comedor en el que una señora bastante mayor aguardaba sentada viendo el concurso ese de las letras y unas escaleras daban a otra sala con los servicios y un billar. Una puerta daba a un patio interior en el que un perro de mierda ladraba sin parar esperando su cena (como descubrimos poco después cuando el dueño del local entró con una sartén llena de fideos de otro tiempo como plato para el can.

En una mesa contigua se nos sentó nuestro asesino de peregrinos ante una ensalada y otro plato de callos (imagino que recordando algunas partes de sus peregrinos descuartizados ya que se relamía con gran placer) y en otra mesa se sentaron los tres alemanes de avanzadísima edad que nos han ido acompañando en las últimas jornadas. También se nos añadió a la fiesta un nuevo peregrino del que desconocemos toda referencia en este momento y que ha dormido en la litera entre Joseba y el descuartizador de peregrinos (eso ha salvado la vida a Joseba esta noche).

La cena ha sido escasa aunque suficiente: estaba mucho mejor de lo que esperábamos y los del bar han sido hasta amables con nosotros, haciéndonos olvidar la experiencia traumática de la comida del mediodía.

Al terminar hemos ido hacia el albergue y Joseba se ha metido en la cama inmediatamente mientras yo me he quedado un rato a trabajar en el salón. Poco a poco, iban llegando todos los peregrinos. El albergue tiene un sistema de luces un tanto especial: están encendidas con focos muy potentes todas las dependencias comunes (pasillos, comedor, cocina, baños) y no hay luz ninguna en los dormitorios: esto es un problema porque la luz de los pasillos ilumina todo el dormitorio ya que tiene cristaleras en la zona alta. Todos intentaban apagar las luces hasta que a uno de los alemanes compañeros de la alemana no te(u)tona ha tenido la brillante idea de cortar la luz en el panel general.

Yo he terminado todo mi trabajo y me he ido a la cama justo en el momento en el que también se acostaba al otro lado del dormitorio nuestro siniestro personaje, dormíamos el destripador, a su derecha el peregrino nuevo, luego Joseba y en la otra punta yo (está claro que hay que protegerse de cualquier forma).

Al sonar el reloj de Joseba esta mañana nos hemos levantado con la sensación de haber dormido profundamente y con la alegría de sobrevivir un nuevo día a los frascos de esencias de nuestro vecino asesino. Tenemos que lamentar la terrible pérdida de nuestro vecino de dormitorio: su cuerpo yacía sin movimiento alguno en la cama e inalterado ante los constantes ruidos que hacíamos al arreglar la mochila: sin duda ha sido la víctima de esta noche y nuestro siniestro destripador se ha ido haciendo el remolón para quedarse el último y así poder descuartizarlo tranquilamente y limpiar todo una vez hecha la esencia de un nuevo peregrino. Lo sentimos por el desconocido pero que se joda: nos ha salvado la vida y no podemos sentir nada por él porque ni siguiera se nos presentó.

Hemos salido del albergue en busca de un bar abierto y hemos encontrado que en ese mismo momento abría el bar en el que habíamos comido al medio día: al preguntarle al señor en la puerta si iba a abrir nos ha escupido con cara de asco: sólo abro hasta las ocho, luego me largo. Ante tal comentario hemos suplicado un café con leche no demasiado caliente y hemos salido lo más rápidamente posible del lugar.

La etapa de hoy se suponía que era fácil y cuesta abajo, de 22 km. Digo se suponía porque nada más salir nos hemos encontrado con un pedazo de cuesta de los que tocan la zona genital a primera hora de la mañana.

Etapa de perros porque hoy nos han salido todos los perros del mundo a darnos sustos de miedo: hemos tenido que sufrir el ataque de varios canes energúmenos que casi nos comen (salvo por el pequeño detalle de que estaban dentro de sus verjas). Al pasar por uno de los pueblos hemos asistido a una pelea de 5 perros enormes justo delante de nosotros; un señor llevaba suelto un perro tremendo y otros cuatro han salido al paso para morderle por todas partes como bestias. Nosotros estábamos acojonados en un rincón esperando que terminara dicha matanza y deseando no ser las siguientes víctimas de dicha jauría. Hemos podido salvar la situación y el resto de etapa ha pasado entre ladridos, sobresaltos y amenazas veladas de perros de todos los tipos, colores y tamaños.

El camino de hoy ha sido horrible, de lo peor del camino. Es una pena que la gente de por aquí no tenga un poco de conciencia sobre lo que supone cruzar por carreteras con gran tráfico sin señalización ninguna, pasar entre polígonos industriales horribles, seguir carreteras de gran tráfico sin alternativas y sin arcén alguno por el que transitar y además sin señalización adecuada en muchos lugares. Una vergüenza que la Xunta se vanaglorie del camino sin cuidarlo un poco.

Hemos encontrado a Santi en el coche y nos ha comentado algún sitio para comer en Ourense y nos hemos despedido, por si no nos volvíamos a ver ya que Joan y Josep terminan hoy su camino. Un abrazo peregrinos y esperamos que pronto podáis completar la ruta: habéis sido gente muy amable y simpática y además habéis roto el tópico catalán (nos invitaron un par de veces a los orujos). Un abrazo y que sigáis siendo así de estupendos; y tú Santi cuídate lo tuyo y sigue dedicándote a lo de guía turístico que eres una biblia andante de restaurantes y hoteles.

Al llegar a la ciudad, después de asfalto y asfalto, Joseba ha encontrado un Santander en el que un tipo de aspecto siniestro y nada simpático ha repuesto su monedero para poder afrontar estas últimas etapas. Luego hemos llegado a la oficina de información y turismo en el que una simpática, a la vez que guapa, señorita nos ha explicado los lugares turísticos, los hostales, los restaurantes y todo lo que le hemos preguntado (merecía la pena estar un buen rato recibiendo tan interesante información de labios y senos tan bien operados). Nos ha enviado a las Burgas para comprobar que el agua sale a 67 grados de temperatura y que no es posible aguantar medio padrenuestro con la mano sin sacarla (imagino que la zona testicular será incluso pero): yo he procurado estar unos 2 segundos y me he chamuscado toda la mano. La chica nos había dicho que este agua es buena para todo el cuerpo y también para la calvicie pero hemos desistido de la idea de solucionar lo de Joseba (lo de la cabeza y también lo de la entrepierna, dado la temperatura a la que eso trabaja).

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Hemos tomado una habitación en un hostal que nos ha aconsejado nuestra querida señorita amable y servicial. Al entrar nos ha recibido un siniestro camarero que no encontraba el modo de enseñar la habitación llamando por el teléfono interno hasta que nos ha dado la llave y nos ha dicho que nos instaláramos a nuestra bola.

La visita a la zona monumental ha durado menos de dos horas y hemos regresado para ducharnos y comer justo enfrente: arroz negro con chipirones y un poquito de pulpo. Después de la comida hemos encaminado nuestros pasos hacia la avenida del progreso para intentar encontrar a Santi, Josep y Juan en el bar que habíamos visto pero ya no estaban. Hemos decidido ir a pasar la tarde a la zona de los baños y las termas. Ya nos había avisado la chica de información que eran 4 km de recorrido entre las primeras y las segundas termas, que hay una zona pública de baños y otra privada con un pago de entrada. Joseba ha considerado que quizás los 4 km no eran tanto y que para un vasco no significaba un problema: cuatro quilómetros más adelante le he recordado que yo no soy de Bilbao centro y que quizás 4 km en gallego de nuestra amiga orensana quizás eran 4 km de andar. Es lo que tiene ir con un capullo así: hemos hecho 4 km extra y al llegar hemos descubierto que las termas a las que íbamos cierran los martes.

Para colmo salía ya el trenecito que regresa a Orense y hemos tenido que pararlo para que nos llevara de regreso con el consiguiente cabreo del conductor que nos ha contestado: HAY QUE PARAR EL TREN EN LA PARADA… Tras pagar el ticket nos hemos trenetransportado hasta las primeras termas y hemos entrado tras contemplar cómo la gente de Orense viene aquí a bañarse: hemos disfrutado de la fauna y la flora del Miño: cuerpos turgentes y cálidos disfrutando del calor de la primavera desnudos y dispuestos a mostrarse tal y como el cirujano plástico los ha dejado. Hemos contemplado con admiración y devoción los montecitos coronados de escasa tela o incluso desprovistos de la indumentaria mínima, los triangulitos de tangas minúsculos con cordoncitos que no cubren nada y invitan a todo. Hemos visto también cantidades ingentes de carne repartidos generosamente por el cesped sin ningún tipo de pudor y sin considerarse especies en extinción. Hemos entrado en las termas privadas y hemos disfrutado de la ducha compartida de culos peludos carnosos desprovistos de bañador que intentaban integrarse después de trozos de tela que reconvierten las vergüenzas en pasajes bíblicos. El caso es que nos hemos relajado en baños de calor y frío simultáneos junto a todo tipo de carne humana por sólo 3,50 euros.

Después de tan intensa experiencia pasada por agua hemos duchado nuestros desnudos cuerpos antes de ingerir enormes cantidades de cerveza como sistema natural de hidratación. El resto de la tarde ha sido regresar al hotel y comenzar a escribir la entrada mientras Joseba bajaba a tomar una cerveza y sellar la credencial. Hemos salido a cenar y Joseba decía que no tenía muchas ganas, que se conformaba con una tapita. Hemos llegado a un bar estupendo y he pedido pulpo, patatas bravas, y pimientos fritos mientras él ha pedido champiñones con jamón de tapa. El muy capullo se ha tomado su tapa y no ha parado de comer de lo demás, como siempre me dice que no tiene hambre y luego se pone morado. Cuando estábamos terminando dos chicos de la mesa de enfrente nos han preguntado si éramos peregrinos: resulta que es nuestro peregrino asesinado por el destripador. No sé muy bien cómo se ha librado de nuestro asesino en serie y ha sobrevivido hasta llegar a Ourense para acabar invitándonos a un copa de orujo (o incluso dos). Está aquí con su amigo y dispuesto a terminar el camino a pesar del mal rollo que le da nuestro destripador personal. Le hemos contado la historia de su frustrado asesinato y le he prometido reconvertirlo en personaje de esta historia. Parece ser que el asesino en serie de peregrinos se ha tomado un descanso y esta noche no ha asesinado pero no debemos confiarnos, seguro que mañana vuelve a intentarlo.

Resumen: 25,6 a 5,7 en 4:28 y estamos a 152 metros.

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