8ª Torremejía – Mérida

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Pocas cosas que contar en los últimos días porque lo que más hemos hecho ha sido andar. Las etapas largas nos han supuesto necesitar tiempo de recuperación y descanso. Hemos ido haciendo quilómetros hasta llegar hoy a nuestro primer punto de referencia: llegar a Mérida en etapa cortita y agradable.

Después de nuestra charla con los ciclistas y de ir al albergue a hacer el comentario nos fuimos otra vez al bar de los dueños del albergue a tomar una cerveza, mirar la etapa en el portátil y acabar cenando mientras podíamos ver el partido del Barça. Tenemos un problema con la organización de las etapas próximas porque no hay muchas posibilidades y los pueblos por los que pasamos son muy pequeños y no permiten muchas variaciones por si hay algún contratiempo con los albergues. De todos modos pensamos que debemos evitar ese tipo de situaciones en la medida de lo posible y no tenemos interés en hacer etapas demasiado grandes, además queremos llegar a Cáceres con tiempo suficiente para verla y disfrutar del día. Las perspectivas de etapa no son muy buenas y creemos posible encontrar pueblos sin nada para poder abastecernos ya que las guías no están actualizadas y suelen informar de lugares que no existen o que cerraron hace tiempo. Tendremos que reorganizar nuestra planificación inicial incluso con la idea de pasar de Cáceres si es necesario. Nubes oscuras se ven en nuestro horizonte.

Con estas perspectivas vimos el partido (2-0) y cenamos algo ligero. Al llegar al albergue poco antes de las 10 la gente ya estaba recogida. Nosotros estamos en un dormitorio con un matrimonio y dos señoras mayores. Al llegar estas dos señoras estaban hablando de sus cosas (son un grupo de gente ya mayor que se han juntado para hacer el camino pero que no parecen tener muy buen rollo porque éstas estaban poniendo verdes al resto de compañeras del grupo) y rápidamete se dispusieron a dormir apagando la luz. Nosotros tuvimos que adaptarnos a la situación y yo me puse a escuchar un rato música (Joseba dice que unos 15 segundos).

La noche ha resultado más o menos tranquila salvo por el hecho de que nuestra vecina de Bilbao (una de las señoras) roncaba de manera bastante continua y molesta. También la mujer de la pareja roncaba aunque mucho más discretamente. Entre esta sinfonía femenina hemos pasado toda la noche sin mayores contratiempos. Sobre las 6 me he despertado y ya no me he dormido más: me he puesto otra vez música y he dejado pasar el tiempo.

A las siete diana, recoger las cosas, asearse y buscar un bar para tomar un café y una tostada. El día estaba muy frío y nos hemos tenido que poner toda la ropa que llevábamos para soportar el frío.

Etapa cómoda de piso, de quilómetros y de desnivel: hemos venido dando un paseo y el tiempo ha ido mejorando hasta tener que quitarnos parte de la ropa de abrigo para no pasar demasiado calor.

Cada uno se lo monta como puede

Cada uno se lo monta como puede

Casi sin darnos cuenta nos hemos encontrado en el puente romano de Mérida, la mañana era preciosa y hemos hecho unas fotos a la entrada.

Puente romano de Mérida

Puente romano de Mérida

El albergue lo hemos encontrado bastante fácil. Al llegar estaba ya allí el señor de los ronquidos de la noche pasada y hemos telefoneado para que viniera el del albergue (Juan). No voy a entrar en demasiadas descripciones del local y de los servicios, tampoco de Juan porque prefiero que la imaginación lleve a los lectores a una idea a la medida de su estómago: digamos que Juan sobrevive en ese antro entre peregrinos y mierda sin solución de continuidad. Ha encontrado su hábitat natural sin grandes problemas hasta dormir entre los peregrinos que pernoctan allí a diario. Este Juan hace lo que puede por acomodar a la gente y poco más ya que desde luego lo que no hace es limpiar. Mejor no mirar mucho y estar allí lo menos posible. Desde el primer momento le he dicho a Joseba que las relaciones sociales con el hospitalero las tiene que hacer él ya que comparten vocación y ya que yo no tengo estómago para aguantarlo.

Hemos acomodado las cosas, nos hemos dado una ducha (¡Cuánta mierda!) y vuelta por la ciudad. Mérida estaba preciosa con una luz estupenda en un domingo por la mañana tranquilito. Hemos ido hasta casa Benito porque queríamos reservar una mesa para comernos un arroz con perdiz tal y como le había prometido a Joseba: nada de arroz; tenemos mesa pero no les queda perdiz para hacer el arroz, tendremos que cambiar los planes. Hacemos la reserva para las dos y ahora nos disponemos a tomar algo. Hemos llegado hasta el parador, museo, foro, templo de Diana en obras, calle Lenon y hemos acabado tomando una cerveza en el Via Flavia, junto a la plaza España.

A la hora convenida nos hemos ido a tomar un vino al mesón de casa Benito y luego hemos subido a comer: Joseba pierna de cordero y yo rabo de toro, regado con un vinito del terreno, postre de chocolate (no le digáis nada a mi cirujano) y café.

Paseo hasta el albergue para coger las cosas y junto al puente romano hemos encontrado a la pareja de peregrinos de Barcelona que habíamos dejado hace unos días; nos dicen que acaban hoy y que van a dar una vuelta por la ciudad.

Al llegar al albergue hemos decidido salir de allí cuanto antes. Joseba ha ido a preguntar a nuestro hospitalero Juan por un bar en el que poder ver el partido del Athletic y nos ha indicado uno cerca de allí. Está en un barrio entre el río y la estación fuera de todos los circuitos turísticos y con un ambiente obrero. Joseba venía a ver el partido del Bilbao pero aquí sólo ponen el Madrid.

El bar que nos ha aconsejado Juan está a la altura de su consejo: un garito lleno de todos los tópicos que puede haber en un bar de barrio alejado de cualquier ruta turística fotos de peñas de amigos ebrios, jamones colgados, pizarra con tapas, tenderete con las bolsas de patatas fritas, vitrinas de tapas vacías, diversos souvenires de todo tipo y color y toda clase de símbolos madridistas hasta parecer una peña del Madrid. Al llegar no había casi nadie y nos hemos instalado en una mesa en la que he podido enchufar el portátil y Joseba ha tenido la osadía de entregarle el móvil al camarero para que se vaya cargando (yo pensaba que podía perderlo para siempre). Poco a poco se ha ido llenando de gente y todos, por supuesto, del Madrid. La situación es la siguiente: dos locos zumbados con pinta de peregrinos rodeados de lugareños habituales del bar atentos a un ordenador frente a una enorme pantalla de televisión a la que atienden como posesos una incontrolada turba de exaltados madridistas.

La primera jugada en el área del Valladolid ya han reclamado unánimemente penalti a favor del equipo blanco. Los comentarios que escuchamos van desde el elogio a cualquier jugador blanco y al árbitro (si pita las faltas a favor) y burlas al Barça. Joseba sigue el resultado del Bilbao gracias a que uno de ellos es del athletic y va siguiendo el partido por la radio. Cuando hace algún comentario todos nos miran con cara extraña y un poco a la defensiva, estamos en territorio hostil. El caso es que yo estoy asustado e intentaré no alegrarme demasiado si le meten un gol al Madrid, nos pueden correr a gorrazos y además luego el Madrid puede meter unos pocos y la burla sería insoportable. Hemos de tener en cuenta que el nivel intelectual de las conversaciones no va mucho más allá de los gruñidos y los gritos, además poco a poco los cubatas que se están tomando sin parar harán que la exaltación patriótico-futbolera crezca hasta pagarla con alguien: dos pobres peregrinos que además estarán encantados con que pierda el Madrid pueden ser candidatos perfectos. Lo de comer cacahuetes no tiene mucho que ver con nuestra cercanía al mono (o quizás sí). No hay ni una sola mujer y detrás de nosotros se encuentra sentados todo tipo de forofos madridistas de prominentes barrigas y colesterol por las nubes deseando cantar un gol aunque sea a base de salpicarnos con su saliva o tras tirarnos los restos del cubata que ya comienzan a mantener en precario equilibrio. No tengo muy claro que podamos salir de aquí porque nos han rodeado por todas partes y además estamos bastante torpes después de nuestra opulenta comida, veremos a ver lo que pasa porque acaban de reclamar un penalti que dicen claro y los ánimos se calientan; se me ocurre cantar el himno del Barça a ver lo qué sucede ¿sobreviviremos? ¿llegaremos al albergue para dormir entre mierda y junto a Juan?, ¿le habrá gustado Joseba y le hará proposiciones deshonestas?…

Mañana os cuento, si aún puedo. Tendremos que marcharnos pronto porque el humo ya no nos permite ver ni la pantalla del ordenador: yo lloro porque el Madrid acaba de marcar un gol y también porque el humo se puede cortar de modo que no sé si moriré a manos de estos lugareños fanáticos del fútbol o por un envenenamiento por humo de puro.

El Madrid que sigue ganando, aquí la gente que empieza a ponerse nerviosa (¡el hijo puta tiene los cuernos torcios pa remantar! ¡vamos a tener que llamar a tu primo pa que meta el gol!) y al Atletic le meten otro gol, y Casillas que falla un despeje, y Roben que tropieza… y yo no aguanto más y me voy, y el Madrid mete otro gol…

De cualquier modo mañana tenemos etapa de verdad: 38 km casi sin paradas, esto sólo será un recuerdo junto con la nochecita que nos espera en el albergue, así es el camino.

Resumen de la etapa: 16,2 km a 5,9 de media en 2:45 y el gps marca 232 metros de altura.

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