19ª Silleda – Santiago de Compostela


El señor del hotel nos había preguntado por la hora de levantarnos y se comprometió a darnos desayuno a las 6:30. La idea era salir temprano para intentar evitar el calor y llegar a destino a una hora prudente. Allí estaba a la hora esperada con un café, un zumo natural y un croissant para Joseba.

El objetivo de la etapa era ir a buen ritmo toda la primera parte hasta Ponte Ulla y allí hacer parada y descansar. Esta primera mitad es sencillita y cómoda. Hemos llegado sin problemas pero Joseba ha decidido seguir el camino que nos llevaba fuera enseguida y al final no hemos parado a descansar. Hemos decidido no volvernos y seguir hasta encontrar algo más.

El camino
El camino
Iglesia de San Martiño de Dornelas
Iglesia de San Martiño de Dornelas
Hortensias en el camino
Hortensias en el camino
Ponte Ulla
Ponte Ulla
Puente moderno
Puente moderno

Nada más salir de Ponte Ulla el camino se complica con una fuerte subida de unos 200 metros. Al principio se hace cómoda al ir por carretera pero poco a poco va subiendo la dificultad. Cuando hemos terminado ese primer tramo de carretera, Joseba me ha dicho que estaba contento por la subida pero yo le he enseñado el perfil para decirle que casi no habíamos empezado de verdad, se había despistado.

A buen ritmo hemos seguido cada vez más cansados y deseando encontrar lugar para parar y almorzar. La oportunidad no se ha presentado hasta el km 32. Una pulpería en la carretera ha sido nuestra primera parada del día. En el bar un señor no muy animado obedecía sin dudar a una desenvuelta mujer que debía ser su pareja. En seguida nos ha ofrecido pimientos, pulpo, croca y vino que nosotros hemos aceptado no tanto como amedrentados por su nivel de mando como porque realmente era eso lo que pensábamos pedir. Nivel de comida aceptable aunque algo aceitosa que ha acabado haciendo que manchara mi camisa con el aceite goteante de los pimientos y precio adecuado.

En el camino
En el camino
Plaza de Obradoiro
Plaza de Obradoiro

Una vez recuperados los ánimos y las fuerzas ya hemos seguido sin parada hasta el final de etapa, entre urbanizaciones y subidas hasta Angrois recordando la tragedia de hace unos años. Luego las torres de la catedral y otras subida dura hasta llegar a la altura del mercado y, de allí al Obradoiro.

Nos han hecho una foto dos jóvenes que querían que les hiciéramos nosotros una foto y hemos hecho intercambio. Luego rápido al hotel a ducharnos y yo lavar la ropa en la lavadora de La Salle.

Cena de celebración
Cena de celebración
Taberna del Obispo
Taberna del Obispo

Hemos descansado un rato y hemos comenzado la ruta peregrina en Santiago. Vinitos en Rua Dos Francos y cena temprano en la taberna del Obispo, lugar de tapeo a muy buen precio en la misma Rua dos Francos. Al ser temprano había sitio para sentarnos aunque pronto se ha llenado. De todos modos notamos que en Santiago hay menos gente que otros años.

Después de cenar nos hemos ido al casino a tomar un gintonic y mi rincón favorito estaba libre. El camarero que nos ha atendido nos ha seguido el juego y al final nos ha preparado un gin de nivel, con toda la verdura que últimamente se pone. Luego nos ha comentado que a las 11 había queimada con conjuro y todo. En realidad es él mismo el que se disfraza y hace un espectáculo que está bastante bien. Todo perfecto hasta que nos han ofrecido una taza de queimada que hemos aceptado por cortesía pensando que era una invitación pero por la que hemos tenido que pagar 4 euros cada una. Tras el atraco y la indignación hemos pensado reconsiderar nuestras visitas. Por lo pronto no volveremos en este viaje. Parece que han cambiado la gestión porque los camareros son nuevos y las ideas también, engañar a los turistas debe entrar entre sus nuevas pretensiones y deben tener en cuenta que a la larga quizás no les resulte, de hecho estaba casi vacío.

La mañana del último día ha sido más tranquila que otras veces: hemos ido a ver a José al mercado después de sellar en la oficina del peregrino y conseguir nuestras compostelas, que este año son modelo nuevo. Hemos desayunado en El Hispano y luego Jose, sus hijas, el mercado y los pimientos de Padrón-Herbón para traerme. No he podido quedar con José para después porque tiene que irse a hacer chicharrones, así que nos hemos ido a la otra punta de Santiago a resolver una cuestión que yo tenía pendiente sobre mi regalo de regreso para la peregrina ausente. Tras más de hora y media resolviendo ese problema de modo altamente satisfactorio nos hemos ido Joseba a una terraza mientras yo subía las cosas al hotel. Luego vinos en Rúa dos Francos y arroz con bogavante en O Fornos. Han caído una botellita de Alvariño, pimientos, una nécora y un estupendo arroz, luego los cafés y un par de orujos.

Para el Gin-tonic final hemos descartado el casino y nos hemos ido al gastrobarunpocodetodo que hay antes de llegar al hotel. Allí hemos estado poco rato porque hacía mucho calor y hemos regresado al hotel a descansar.

La tarde ha pasado allí entre el calor y el cansancio. A las 8 me he puesto en marcha y nos hemos bajado hasta la estación. Hemos tomado un par de cervezas haciendo tiempo mientras nos despedíamos y preparábamos nuestra nueva aventura del próximo año: EL CAMINO OLVIDADO.

Mientras eso llega vamos a ver este agosto en qué aventura me meto, que aún no lo tengo claro.

Un nuevo camino conseguido!!!

Vistas desde el parque de la catedral
Vistas desde el parque de la catedral

18ª Rodeiro – Silleda


Cuando hablamos con la señora del restaurante al mediodía nos había comentado que en el albergue de Laxe había problemas con chinches y habían tenido que cerrarlo varios días para fumigar. Eso nos puso rápidamente en alerta y sobre la marcha comenzamos a ver otras posibilidades par no dormir en Laxe. En ese punto se une el camino de invierno y el Sanabrés, que viene del de la Plata. Además eso comenzaba a condicionar un poco todo porque las alternativas eran pocas y, además, el tema de los bichitos me pone los pelos de punta. Está claro que si hay chinches en un albergue pueden haberlas llevado después a cualquier otro sitio sea hotel, albergue o cualquier cosa.

Teníamos varias alternativas: la primera recortar la etapa y quedarnos en Lalín: se trataba de hacer 20 quilómetros pero eran muy llanitos y fáciles, lo que nos iba a hacer llegar pronto para estar todo el día tirados.

La siguiente opción lógica era irnos a Silleda pero estaba a 38 quilómetros. No es que nos diera miedo una etapa así porque sabíamos que el perfil no es muy complicado. El problema fundamental era que entonces nos quedarían dos etapas muy pequeñas hasta llegar a Santiago y eso tampoco nos gustaba mucho.

Las demás opciones pasaban por improvisar un poco sobre la marcha intentando alargar la etapa penúltima hasta los 30 y así que nos quedara a Santiago una pequeña de 10-15. A esas alturas yo ya comenzaba a rumiar la idea de hacer dos etapas en lugar de tres, lo que suponía hacer 80 quilómetros en dos días.

Estábamos viendo opciones y completando la información con la previsión meteorológica: dos etapas tan largas sólo eran posible si teníamos días no demasiado calurosos. Además, el perfil de los últimos 40 quilómetros  sí es un poco más complicado.

Decidimos dejar todo para la tarde siguiente.

A la hora de la cena la señora nos esperaba ya. Nos ofreció una cena sencilla con unos pimientos de su huerta y una ensalada para acompañar una tortilla. Pasamos una agradable velada hablando del camino y de otras muchas cuestiones. Tanto ella como su marido son gente amables y serviciales, concienciados con el tema del camino y que cuidan mucho todo lo relativo al restaurante y al alojamiento.

Mientras Joseba iba a dormir yo bajé a hablar por teléfono sin darme cuenta de que justo detrás de mí un señor estaba todo el rato pendiente de la conversación, nivel 6 que estaba teniendo.

A la mañana siguiente nos levantamos a las 6 para salir pronto y aprovechar la mañana. Habíamos comprado algo para desayunar antes de salir y con la idea de hacer parada más larga en Lalín. Todo el camino es muy sencillo, sin grandes desniveles y casi siempre picando hacia abajo. Va sorteando la carretera general dando un gran rodeo que hace que la ruta por la carretera sea casi 7 km más corta que por el camino. De cualquier modo merece la pena evitar esas carreteras con bastante tráfico y pasear por sendas y caminos mucho más tranquilos y menos transitados.

Salida de Rodeiro
Salida de Rodeiro
Iglesia en el Camino
Iglesia en el Camino

Esta última parte del camino pasa por lugares mucho más ricos que los primeros días. Hay muchas explotaciones ganaderas y agricultura. Las casas se ven mucho más arregladas y de un nivel económico más alto. En esta parte el campo no está abandonado. De cuando en cuando tomamos carreteras secundarias que aceleran nuestro paso y nos hacen mejorar la media en quilómetros.

En Lalín hemos encontrado una pastelería estupenda en la que hemos hecho un verdadero desayuno peregrino: yo me he metido un pedazo de croissant relleno de crema pastelera que daba miedo nada más verlo.

Allí mismo hemos mirado en internet y hemos reservado en Booking un hotel en Silleda: el Ramos, que era el que nos ofrecía un buen precio y buena pinta en las fotos (35 euros a peregrinos).

Entrada a Lalín
Entrada a Lalín
Iglesia en Lalín
Iglesia en Lalín

El camino ha seguido hasta Silleda sin novedad en la misma tónica: bosques y prados sin grandes desniveles alternando asfalto y camino.

Merece destacarse el paso por Taboada con su puente romano, la calzada y la iglesia románica de Santiago.

El hotel está al final del pueblo y hemos llegado a eso de las 2 de la tarde. El pueblo es grande y con todos los servicios aunque no parece que tenga mucha vida, por la hora y por la época del año.

Andadero a la salida de Lalín
Andadero a la salida de Lalín
Bosque de robles y castaños
Bosque de robles y castaños
Bajo el puente del Deza
Bajo el puente del Deza
Puente Romano Taboada
Puente Romano Taboada
Río Deza
Río Deza
Calzada romana
Calzada romana
Calzada
Calzada
Iglesia de Santiago de Taboada
Iglesia de Santiago de Taboada
Camino a Silleda
Camino a Silleda
Silleda
Silleda

Hemos cogido la habitación, muy digna, y después de ducha hemos bajado a comer al restaurante de enfrente, que nos ha aconsejado el del hotel. Al llegar nos hemos quedado algo parados porque no había nadie comiendo y sólo varias mujeres por allí más en labores cotidianas que en plan negocio de restauración. A pesar de todo la comida ha estado bastante bien con una buena ensalada y bacalao a la gallega (dos trozos considerables y muy ricos).

Después de la comida hemos lavado ropa y descansado un rato. Yo ha hablado también por face mientras Joseba reflexionaba sobre el sentido de la vida.

A media tarde hemos buscado un bar con wifi, hemos pedido un par de nestea y nos hemos puesto a hablar de la etapa siguiente. Yo le he propuesto a Joseba ya abiertamente hacerla de un tirón hasta Santiago: las guías marcan unos 42 km con cierto desnivel, sobre todo la subida de Ponte Ulla y la llegada a Santiago. La ventaja es que no tenemos que quedarnos tirados un día entero y aunque lleguemos más tarde podemos aprovechar la tarde en Santiago. Además he visto la posibilidad de cambiar mis billetes de tren y adelantar un día mi regreso. Lo que gano es un día pero en lugar de estar sólo todo el día 22 estamos la tarde del 20 y todo el 21 juntos hasta que yo me marche en el tren a las 22:30

Arreglado lo de los billetes tras pagar un recargo de 7 euros y un puñetero 902 que me ha añadido al gasto otros 5 y confirmada la reserva de un día más en La Salle hemos dado un paseo por el pueblo y buscado algo para cenar.

Al llegar yo había visto de paso una Pulpería que me ha parecido buena. Hemos ido hacia allí y nos hemos sentado a cenar: ha sido un acierto por los pimientos, cosecha propia, el pulpo, las zamburiñas y el vino. Todo ha ido bien hasta que a Joseba le ha tocado el pimiento de padrón que sí pica y ya no le ha dejado disfrutar del resto de la comida.

Pulpo a feira
Pulpo a feira

17ª Chantada – Rodeiro


17 Chantada – Rodeiro

A las 7 ha sonado el despertador y los dos hemos salido a la vez de un plácido sueño. Parece que la comodidad de la cama y los vapores etílicos del vino han hecho de amortiguador y han dado descanso a nuestros cuerpos machacados por los quilómetros y el calor.
Por fin teníamos una etapa tranquilita sin grandes cosas, de buen quilometraje y un puerto largo pero tendido.
Hemos desayunado en un bar de al lado del hotel y hemos descubierto que, a pesar del miedo inicial, todos los bares de Chantada parecían estar abiertos hoy. Hemos cargado agua y nos hemos puesto en marcha.

Saliendo de Chantada
Saliendo de Chantada
Ermita
Ermita

Desde el principio se sube casi todo el tiempo. Al principio las rampas son suaves hasta que a unos 10 quilómetros se empieza a subir. No es un puerto terrible pero sí se hace largo y duro. El tiempo era bastante fresco con niebla y luego un viento que hacía incómodo el paso por la parte de arriba.
La etapa de hoy sale evitando la carretera por una pista paralela hasta que comienza la subida al puerto del Faro. Da un tremendo rodeo que se puede apreciar en el Track para llegar de nuevo a la carretera y desde allí salir por el otro lado del valle. Siempre se evita la carretera. Después de ese tramo de subida ya siempre se baja pasando entre los enormes molinos de viento que dan auténtico pavor con sus aspas moviéndose a todo trapo y haciendo un ruido terrible.

Subiendo el Monte Faro
Subiendo el Monte Faro
Molinos
Molinos
Monte Faro. Molinos de viento
Monte Faro. Molinos de viento
Señalización del camino
Señalización del camino

La etapa es un verdadero paseo para caminantes como nosotros que llevamos ya más de dos semanas de camino y el tiempo encima nos ha acompañado con un día verdaderamente gallego por fin, y sin llover.
Sin grandes novedades y tras parada en la iglesia del pueblo anterior para ver la llegada del obispo a una confirmación (eso nos han dicho) hemos llegado a Rodeiro a las 12:30
Directos hemos ido al restaurante O Guerra para ver el tema de comida. Hemos preguntado allí y resulta que tienen alojamiento. Nos ha parecido todo estupendo ya que hemos visto que todo está muy limpio en el restaurante.

Capitel iglesia Pazo de Camba
Capitel iglesia Pazo de Camba
Pazo de Camba
Pazo de Camba
Llegando a Rodeiro
Llegando a Rodeiro
Vista de Rodeiro desde O Guerra
Vista de Rodeiro desde O Guerra

Efectivamente tenemos una habitación sencilla pero muy limpia y cómoda. En el restaurante comida estupenda con un churrrasco a las brasas y un vinito del terreno (ya no riberira sacra). Luego siesta en la habi y salida a dar paseo por el pueblo (5 minutos) buscando wifi (no encontrada) y haciendo tiempo para ir a cenar porque la señora nos ha dicho que nos abre para darnos algo que tomar, nos ha prometido pimientos de su huerta. Ya veremos como va todo.

Resumen de la etapa: 26,05 km en 4h 54 min. Etapa en wikiloc.

16ª Monforte de Lemos – Chantada


La etapa de hoy tenía trampa: en el perfil vimos desde el principio que hay una primera subida fuerte pero tendida. El problema viene al final cuando se baja de forma brusca hasta el valle por el que pasa el Miño para después subir casi en vertical por la ladera de enfrente donde abundan las viñas en terrazas infinitas.

Salimos del hotel sobre las 6:30 tras sufrir el pic-nic ofrecido como desayuno y consistente en un zumo artificial de naranja, una mandarina seca e incomestible y dos trozos secos de pan de molde que recubrían una minúscula loncha de queso y otra de embutido de york.

Tras ese fugaz desayuno hemos salido descubriendo que todos los bares están abiertos y así hemos parado en uno a tomar cafe y recargar agua.

Salida de Monforte
Salida de Monforte
Camino
Camino

Maravillosa etapa que transcurre por pleno territorio de Ribeira Sacra, primero por zonas de monte y luego con la espectacular llegada al valle del Miño. Por primera vez tenemos la sensación de estar en Galicia por el paisaje, por las vacas, por los bosques. Poco a poco ha ido cambiando el paisaje aunque es verdad que este año está todo muy seco. El camino transita por pistas de tierra mucha parte y alguna que otra carretera secundaria.

La señalización no es muy buena en algunos tramos: parece como que se trazó en su momento pero luego no se ha revisado. Para colmo te lanza a algunos sitios muy cerrados de vegetación por el poco paso de personas y teniendo una alternativa de carretera muy cerca. Esta mañana hemos tenido un problema serio en Piñeiro porque hemos seguido el camino pero este se perdía y se hacía intransitable. La carretera estaba cerca y hemos tomado campo arriba con idea de cogerla aunque nos hemos metido en un buen lío. El campo abajo es de helechos y fácil de atravesar pero poco a poco se hace más cerrado hasta llegar a un muro de unos dos metros de piedra. Hemos conseguido subirlo con gran dificultad por un lugar que tenía algo de paso pero eso sólo ha servido para poner las cosas peor. La siguiente terraza de terreno estaba mucho peor de vegetación y para colmo terminaba en una viñedo que estaba completamente cercado con alambre, lo que impedía completamente el paso. Un perro ladraba en la casa de al lado haciéndonos temer que si cruzábamos nos encontraríamos en propiedad privada protegida por un perro enorme. Nos hemos lanzado a saltar las dos alambradas y finalmente hemos llegado a la carretera dejando a un lado al perro que, afortunadamente, estaba encerrado en la terraza de arriba de la casa.

Desde allí seguir subiendo hasta que comienza a descender poco antes de llegar a Diomondi y su preciosa iglesia románica. Ha sido una parcial compensación de no poder visitar la de Cova y digo parcial porque estaba en obras y casi no hemos podido disfrutarla.

Iglesia de Diomondi
Iglesia de Diomondi
Portada iglesia de San Pelagio
Portada iglesia de San Pelagio

Luego bajada terrible con un desnivel en tramos superior al 30% pero permitiendo disfrutar de un paisaje maravilloso con el río Miño al fondo y los viñedos en la ladera de enfrente. Estaba claro que la etapa era bajar hasta el río y luego subir más de 300 metros de desnivel en unos dos quilómetros: una pared vertical rodeados de viñas y asados de calor. Al menos hemos tenido la suerte de que abajo había un embarcadero con un mesón en el que hemos podido beber y comer algo para descansar y reponer fuerzas para lo que nos quedaba.

Sudando por todas las partes de nuestro cuerpo hemos logrado terminar la subida a buen ritmo y nos hemos lanzado hacia abajo hasta Chantada. Es un bonito pueblo de piedra bien cuidado y con mucho ambiente.

Bosques
Bosques
Vista del valle del Miño en Belesar
Vista del valle del Miño en Belesar
Belesar
Belesar
2015-07-17 11.53.25
Descenso al valle
2015-07-17 12.11.52
Aperitivo en el embarcadero
Vista del Miño
Vista del Miño
El valle desde los viñedos
El valle desde los viñedos
Viñedos
Viñedos
Chantada
Chantada

Nuestra opción de alojamiento ha sido el hotel Mogay. En Google lo ponían muy mal y la primera impresión ha sido pésima con un señor que nos ha recibido sin tener ni idea de nada. Pero la realidad ha sido estupenda: una muy buena habitación, lavadora para lavar la ropa e incluso un restaurante estupendo en el que degustar carne de primera a la brasa y a precio razonable. El maitre ha resultado ser amigo de Humberto y nos ha aconsejado el vino. Luego los vapores del alcohol y demás han llevado nuestro tiempo hacia pedir matrimonio yo a Pablo por su habilidad haciendo el gin tonic, algo que ha rechazado amablemente diciendo que tiene pareja y a pesar de haberle reiterado que mi ofrecimiento era de “relación abierta”.

Tras el buen rollo hemos ido a la habitación a descansar un rato, luego paseo, algo de refresco y hacer tiempo para la cena. Yo he regresado al hotel porque estaba bastante cansado y a las 9:30 nos hemos vuelto a reunir para cenar en una vinoteca a base de tapas: vino estupendo (a pesar de la resaca de Joseba de esta mañana) y tapas a buen nivel, hasta los chipirones. Precio bastante razonable.

Si más que hacer hemos dado con nuestros fatigados cuerpos en el hotel después de convencer a Joseba de que nos íbamos a levantar a las 7 dado que la etapa siguiente era bastante más corta y fácil.

Resumen de la etapa:30,5 km en 6h 56 minutos a 4,39 km/h. Ver etapa en wikiloc.

15ª Quiroga – Monforte de Lemos


Una plácida cena en el mismo restaurante del medio día permitió que disfrutáramos de una botella de vino fresquito del terreno (riberia sacra, recordemos) con una sopa que me hizo la camarera sólo para mí, a petición propia. Entre las idas y venidas de nuestra exuberante anfitriona y sus atenciones sucumbimos a los vapores alcohólicos ante la visión que nos esperaba al llegar al albergue lleno de juventud internacional rebosante de energía y ganas de fiesta. Una cena a la altura entre el calor de la tarde que caía y el poco ambiente general del lugar.

Así nos fuimos al albergue a descansar y pasar calor. En toda la noche no ha bajado nada la temperatura: es cierto que en la calle sí hacía algo más de fresco pero dentro del albergue era como una sauna. No hemos pegado ojo en toda la noche. Al menos la juventud no ha dado muestras de entusiasmo nocturno.

Sabíamos que la etapa a Monforte iba a ser larga y pesada: 35 km sin casi nada en medio para descansar. Además queríamos llegar pronto para poder ver la ciudad.

Hemos despertado a las 6 al ritmo de siempre, marcado por Joseba, y tras nuestra organización cotidiana hemos desayunado el batido y la palmera que compramos ayer. Si más historia nos hemos puesto en marcha.

Al salir hemos visto que había varias posibilidades de desayuno como suele ocurrir cuando piensas que no habrá nada y ya no te hace falta porque has tomado algo.

Nada más comenzar el camino se desvía de nuestro track para cruzar el río y adentrarse en San Clodio. Poco después vuelve a cruzar el Sil para acompañarnos durante un ratito por carreteras secundarias paralelas al río, la general y la vía del tren. Poco más adelante se separa definitivamente del Sil para adentrarse en la sierra. El paisaje va cambiando poco a poco y hoy hemos comenzado a ver algún que otro bosque. Además el tiempo nos sigue acompañando ya que la primera parte de la mañana la podemos pasar con cielo nublado y tiempo fresco, además de algo de brisa.

A partir de aquí innumerables aldeas casi abandonadas o totalmente abandonadas en las que apenas algún cabroncete perro nos distrae de la rutina de los pasos.

La etapa presenta varias subidas y bajadas típicas de la región y además hemos visto las primeras vacas de la zona. En Pobla de Brollón hemos parado a tomar algo y descansar entre los parroquianos y la poca cordialidad de la camarera.

Poca historia más hasta llegar a Monforte, ciudad que se ve desde lejos gracias a su castillo-convento. La entrada se hace muy pesada porque el camino se desvía al llegar hasta cruzar las vías del tren varios cientos de metros más adelante en un rodeo innecesario salvo por el tema de las vías.

Nos hemos puesto con el asunto del alojamiento lo primero. Teníamos dos posibilidades principales: Hotel Riberia Sacra y Parador de Turismo. Ambos presentaban tarifas similares en Booking. Estábamos en esa duda cuando hemos encontrado la oficina de información y turismo que nos ha dicho que la mejor relación calidad-precio estaba en el Riberia Sacra ya que estaba recién reformado. Dado que el Parador nos pillaba muy lejos hemos decidido ir al primero. Al mismo tiempo nos han dicho que la visita turística a la ciudad es de unas dos horas y que a las 19 horas hay una visita al museo del vino y cata. No hemos dudado y hemos planificado para ducharnos, comer, descansar un poco, visita turística y cata.

Al llegar al hotel hemos cogido una habitación con cama única porque parece que a todos los matrimonios les ha dado por dormir separados sólo para que Joseba y yo mismo compartamos cama (y van tres).

La chica del hotel nos ha aconsejado un restaurante cercano que ha resultado perfecto para saciar nuestros apetitos gastronómicos tipo casero. Ni que decir tiene que ha caído una racioncita de pimientos de Padrón y la primera de pulpo. Todo muy bien y precio muy bueno.

Después de un rato de siesta que yo he aprovechado para darme un baño relajante hemos salido a la visita turística a eso de las 5 y algo. Han sido casi dos horas de vueltas siguiendo la incoherente dirección de mi compañero, que se ha empeñado en seguir un folio que le dieron en la oficina de turismo (para que luego digan que eso de ver en un plano sólo es algo que no entienden las mujeres). Arriba hemos entrado al parador a tomar algo y refrescarnos; hemos bajado a la oficina nuevamente para la visita a la casa del consejo regulador y la cata posterior. Ha sido una visita muy interesante gracias a las explicaciones de Humberto, especialista en la uva mencía, el método de cultivos de la zona, el arte y el paisaje y muchas cosas más. Nos ha ido desvelando la historia de esos cultivos de uva desde los romanos, la construcción de las terrazas para aprovechar un terreno muy pobre de nutrientes. El aprovechamiento de las laderas en las que da el sol frente a la zona de umbría que se aprovecha para castaños y similar. Nos ha contado como los ríos de la zona actúan como verdaderos termorreguladores de los valles al ser tan estrechos y tan amplio el cauce del río. Nos ha explicado como la producción sigue siendo artesana y se recoge casi uva a uva dada la dificultad de cultivar ese terreno tan inclinado. Incluso como en algunos viñedos se prepara el vino en la misma finca para luego llevarlo líquido en odres.

Cata de vino mencía tinto analizando olores, sabores, colores, textura y demás entre mis preguntas sobre vinos del terreno y la mirada alucinada de una pareja de italianos que ha hecho con nosotros la visita aunque sospechamos que no han entendido nada.

La cata ha seguido con otra nueva cata, esta vez por nuestra cuenta en la vinoteca que hay junto a la oficina. Hemos estado buscando varios lugares para cenar en plan tapeo. En el primero en que nos hemos sentado nos hemos tomado un par de vinos y hemos desistido del intento ante la negativa a traernos lo que pedíamos por parte del camarero: no tenían de nada y además era su primer día de trabajo y no se enteraba de nada. Al final hemos vuelto a la plaza y allí sí hemos podido tomar algo antes de volver al hotel.

Resumen de la etapa: 36,7 km en 7h y 6 minutos. Track en wikiloc.

Soldón
Soldón
El Sil desde San Clodio
El Sil desde San Clodio
Vista del Sil
Vista del Sil
El camino
El camino
Comienzan los primeros bosques
Comienzan los primeros bosques
Puente
Puente
Monforte de Lemos
Monforte de Lemos
Barrio medieval
Barrio medieval
Castillo-Convento de Monforte
Castillo-Convento de Monforte
Barrio Medieval
Barrio Medieval
Tras cata particular
Tras cata particular

14ª Villlamartín de Valdeorras . Quiroga


Una de las cosas que más me gusta de hacer el camino es que nunca puedes prever lo que va a ocurrir. Por mucho que planifiques las cosas al final todo se desarrolla siguiendo los propios criterios del Apóstol Santiago. Para Joseba el problema es que “El Santi” tiene muchos peregrinos a los que joderles en el camino francés y eso nos permite pasar desapercibidos hasta que gira un poco la cabeza, nos ve y nos la lía.
Otra característica del camino es que cuando peor parecen ponerse las cosas al final mejor salen, nunca llega la sangre al río y al final los árboles sí nos permiten ver el bosque.
Las perspectivas de esta mañana eran nefastas anoche al irnos a la cama. El albergue cutre de Villamartín (cutre es poco) despedía fuego y calor sin límites. La ventaja de esa temperatura es que seguro que cualquier bicho que campara por los lugares habría muerto frito sin compasión. Al calor tenemos que unir que la gente que lleva la piscina campa a sus anchas por todo el lugar y de vez en cuando un niño entra con su bici y recorre el albergue “como Pedro por su casa”. Ni fuera se podía estar del calor que hacía y Joseba seguía preocupado por si nos dejaban la puerta de salida cerrada y teníamos que acabar saltando más de dos metros con la mochila para abandonar tal cutrerío.
Pero la realidad ha sido bien distinta: a media noche comenzó a refrescar hasta el punto que tuve que taparme con la sábana (tampoco hay que exagerar) y esta mañana estaba cubierto y con casi fresquito de camiseta de manga larga.
La programación de etapa era hacer camino rápido para evitar el calor y hemos salido poco más allá de las 6:30 con la intención de parar a desayunar en A Rua de Valdeorras, a 6 quilómetros. A esas horas el camino se ha convertido en un precioso paseo entre el fresco con alegrias y chascarrillos mientras esperábamos con ansia el café de la moral y rellenar las botellas de agua, sobre todo yo que la llevaba casi vacía. La parada en A Rua era obligatoria porque algo nos decía que después no íbamos a encontrar nada hasta el final, como así ha sido.
Pero todo se ha comenzado a torcer al entrar en A Rúa. El camino de forma incomprensible se divide en dos ramales: el de la izquierda marca al albergue y apunta directamente al centro de la ciudad mientras que el otro indica claramente el camino, un punto de información al peregrino y albergue privado. Por supuesto que hemos tomado esta segunda opción. El camino comienza entonces a subir alejándose del centro de la ciudad hasta sacarnos completamente por un lateral y mantenernos fuera todo el tiempo hasta dejar atrás A Rúa. Nada de bares, nada de casas, nada de nada salvo una cuesta enorme de subida y otra de bajada para evitar cualquier contacto humano y, eso sí, el albergue privado señalado todo el tiempo.
Una vez en esto las cosas han comenzado a complicarse. Subidas y bajadas que lo único que hacen es evitar carreteras secundarias y que llevan hasta aldeas deshabitadas para nuevamente volver a bajar. Es cierto que a esas horas aún el fresco de la mañana los llevaba bien pero poco a poco tanta cuesta añadida a las etapas últimas que hemos hecho han empezado a pasar factura.
Como casi no llevaba agua he ido economizando todo lo que he podido pero a falta de unos 12 quilómetros se me ha acabado. Desde allí a pelo hasta el final de etapa cuando además el calor empezaba a apretar de verdad y las cuestas seguían apareciendo por todas partes.
Al menos el paisaje ha ido cambiando y hemos entrado en Lugo por una carretera con vistas estupendas sobre todo el valle y el río con sus meandros y demás. Una zona de poco bosque pero más bonita que lo que vimos ayer.
Como no había más hemos apretado el culo y nos hemos puesto sin parar en Quiroga a las 12:30 para dejarnos caer sobre el primer bar que hemos encontrado. Yo he pedido una botella de litro y medio de agua que me he empinado sin parar hasta la mitad, luego un nestea y una clara. Para entonces había caído también una buena porción de tortilla recién hecha de huevos amarillos y una tapa de oreja al estilo de por aquí.
Luego hemos ido directos al albergue en el que nos espera otra sauna acompañados de 100 adolescentes que están de campamentos aquí. Al menos tenemos la suerte de que todos están en la planta primera y baja y nosotros solos en la segunda, esperamos que la noche no sea muy movida. El albergue es bastante viejo pero lo cierto es que está muy cuidado y limpio
Hemos comido en el Chapakuña 3 un menú muy bien en la relación precio-calidad y después hemos ido a descansar al albergue.
Mientras Joseba hacía sangre al colchón (pero tenemos hasta sábanas limpias) yo he estado un rato charlando con whatsapp.
Sobre las 7 hemos salido para comprar algo para el desayuno, agua y tomar algo fresco. En la puerta hemos encontrado un grupo de unos cincuenta adolescentes queriendo entrar al albergue pero no les hemos dejado porque los responsables no estaban. Alguno se ha mosqueado bastante pero Joseba ha puesto la pierna delante y ha cerrado la puerta en las narices del cabecilla de la revuelta. Tres veces hemos entrado y salido y las tres han intentado amotinarse ante la amenazante mirada de mi compañero de fatigas y de placeres (de los normalitos, mal pensados).
Ahora hemos regresado al restaurante porque tienen wifi y puedo publicar, luego imagino que cenaremos tras varias claras y oscuras para hacer tiempo.
Resumen de la etapa: 31,96 km en 5h y 57 minutos a una media de 4,88 km/h y un desnivel de subida acumulado de 534 metros y de bajada de 567 (“pa’ habernos matao”).

Valle del Sil
Valle del Sil
Vista general del valle
Vista general del valle

 

Meandro del río
Meandro del río
Límite de provincia de Lugo
Límite de provincia de Lugo
Vistas de un meandro
Vistas de un meandro
En el camino
En el camino
Iglesia en Montefurado
Iglesia en Montefurado
Soldón
Soldón

13ª Las Médulas – Villamartín de Valdeorras


Alegres y muy calurosas tardes acompañan nuestros descansos peregrinos. Hoy con el aliciente de una piscina pública que permite alegrar nuestras mentes y nuestros ojos a la par que nos gustaría rememorar a Edipo en algún otro momento de desenfreno explícito de la carne.
Así me siento hoy después de 37 km recorridos desde las seis y media de la mañana hasta casi las dos de la tarde más un añadido de vuelta completa a Villamartín buscando algún restaurante para comer y que hemos encontrado en la carretera a casi un quilómetro del centro del pueblo: frente a un Puti-club que, para desgracias mayores de transeuntes y viajeros, duerme el sueño de los justos desde antes de que la nacional hubiera ensanchado los arcenes. Eso sí: desde las 8 bajo un sol abrasador que consumía nuestros cuerpos evaporando en forma de sudor todos los litros de líquido que íbamos metiendo cada vez que podíamos. Esta última frase la he construido para poder utilizar el verbo meter por primera vez en todo el camino.
En resumen podemos describir la ruta como un infierno de calor dado que atravesamos una ola sahariana (manda huevos, y no de los antimosquitos, que llegue hasta estas tierras). La etapa ha sido muy larga para poder cuadrar las siguientes y como sabíamos que sería así nos hemos tomado todo muy en serio desde el principio.
La salida de las Médulas es una preciosidad a esas horas ya que va ascendiendo suavemente hasta darnos unas imágenes impresionantes de despedida de la zona. Después un fuerte descenso nos lleva hasta Puente de Domingo Florez que representa el límite entre León y Galicia y nos adentra en la tierra del buen vino, del pulpo y los pimientos de Padrón, entre otras muchas cosas.
De puente de Domingo Flórez nos queda la duda de saber cuál es su puente de todos los que hemos pasado entre tantas vueltas como el camino da para coger la orilla del río. Vueltas y revueltas van sorteando centrales hidroeléctricas y otras variadas estructuras a las que no hemos sabido dar acomodo.
La etapa transita hasta El Barco sin grandes novedades por la orilla derecha del Sil. Siempre va por pistas de tierra muy cómodas de andar aunque con alguna que otra subida durilla sin mayores consecuencias. Hemos visto las primeras viñas cultivadas en terrazas, como se hace por aquí y varias explotaciones de pizarra que hacían mucho ruido y generan bastante polvo oscuro. La etapa no es demasiado bonita en el paisaje salvo por las vistas del río ya que el monte está bastante pelado y siempre vemos enfrente la carretera nacional.
En Sobradelo hemos parado a tomar algo fresco y rellenar botellas de agua. A esas alturas de unos 20 km yo había agotado ya un litro de agua que había rellenado al salir. Hemos recargado con una botella cada uno y yo he añadido un montón de cubitos de hielo.
Nueva parada en El Barco para tomar fuerzas y parada para comprar una pulsera antimosquitos que solucione mis problemas con esos bichos infames. He resulto el problema en parte ya que no sé si los mosquitos se irán pero Joseba no se acerca ni casi yo por el insoportable olor que desprende (y dura 15 días).
Del resto de la etapa casi nada más que quilómetros por una pista paralela a la carretera y a la vía del tren a pleno sol y casi al límite de nuestro ánimo. Hemos llegado muy bien a Villamartín a pesar de la hora y de nuestra evidente deshidratación. Para colmo el albergue está al final del pueblo al lado del río y nos ha costado bastante encontrarlo porque no aparecía ninguna referencia. Está en las piscinas.
El albergue es del tipo “los horrores”. Una señora que debió perder la simpatía en estos lugares derretida bajo el sol nos ha recibido para colocarnos en una nave con 10 literas y unos baños. Las camas están fatal porque los colchones son muy viejos aunque por 3 euros adicionales hemos podido colocar sábanas de las de casa de la abuela. Al menos el sitio está aceptablemente limpio en el suelo (baños desde luego no y debajo de las camas y en los rincones tampoco porque están llenos de telarañas.
Ante las pocas alternativas que nos daba el lugar hemos salido a las 2 y media a buscar un sitio para comer. Nos hemos ido al centro del pueblo hasta un hostal que ponía que era restaurante pero al entrar la señora nos ha escupido a la cara que “lo había cerrado y que lo único que había estaba fuera del pueblo a 500 metros”. Nosotros tenemos claro lo que significa 500 metros para un lugareño así que nos hemos dispuesto a terminar de derretirnos para llegar por la carretera hasta el puti-club que hay en la carretera y que tiene enfrente un estupendo restaurante donde hemos comido bastante bien una sopa y una chuleta de ternera aceptable.
El regreso ha sido más cómodo porque hemos podido venir directamente por el río y algo mejor si era que a pleno sol.
La siesta ha sido algo horrible hasta que me he salido fuera mientras un enano entraba dentro del albergue cada dos por tres a pasearse con su bici de niño de mierda. Fuera se estaba algo mejor y he acabado metiendo los pies en el río para refrescarme algo. Hemos ido mejorando algo con la temperatura y ahora parece que algo de viento se ha levantado: es caliente pero, algo es algo. Tras varios refrescos “sin alcohol” parecemos algo más hidratados y ahora nos iremos a cenar al mismo restaurante del mediodía, única opción viable por lo que hemos visto. Tampoco es que vayamos a investigar mucho dado el día que ha hecho.
Resumen de la etapa: 37 km en 7 horas y 31 minutos a una media de 4,91km/h.

Vistas del Sil
Vistas del Sil
Valle del Sil
Valle del Sil
Orquesta para fiestas
Orquesta para fiestas
Señall del Camino de Invierno en Galicia
Señall del Camino de Invierno en Galicia
Vissta del Valle
Vissta del Valle
Llegando a destino
El Barco de Valdeorras

Pulsera Anti-mosquitos