Mezclando ideas y caminos

Durante estos últimos días he andado muy liado con esto de adaptarme a este nuevo país por el que transitamos. Son muchos cambios desde que mi compañera de fatigas cada vez se parece más a Joseba. Ahora que así nos habíamos hecho a las sopas con verduras, al bacalao tamaño familiar y a los peregrinos en dosis moderadas llega Tui y nos devuelve a la pura y dura realidad del camino.
Antes de nada quiero hacer un alegato general sobre el mundo peregrino. Quiero dejar claro mi máximo respeto a cualquier forma de hacer el camino a pesar de mis comentarios. Quiero dejar claro que respeto profundamente a cada uno en su forma y en sus modos. Me parece igual de bien el que viene con lo puesto a vivir de la hospitalidad peregrina como el que viaja con maletas sansonite de hotel en hotel sin mochila a la espalda. Creo que todos tenemos derecho a caminar como nos da la gana y yo mismo hace tiempo que me declaré caminante más que peregrino. Lo que censuro en el camino es la falta de coherencia, no entiendo a los que van de puros y esconden los coches de apoyo, no entiendo a esos españoles que pasan a Portugal y desprecian el país como tercermundista (tendrían que darse una vuelta por su barrio). Yo creo que si vienes al camino a sufrir te vale cualquier cosa y las ampollas son como medallas que enseñar a las generaciones futuras junto a la Compostela que te diga “yo hice el Camino de Santiago”, aunque sea los 100 quilómetros mínimos con coche de apoyo, llevando las mochilas en transporte. No entiendo el que esconde el coche para pillar sitio en el albergue público sin importarle que después llegará gente mayor, cansada y sin posibilidades. No entiendo el que busca albergue para ahorrarse unos euros en el hospedaje pero luego se gasta un pastón en vino y cervezas. No entiendo al que sale a las cuatro de la mañana corriendo para buscar sitio en el albergue siguiente aunque luego ni vea los paisajes ni los lugares por los que pasa. No entiendo al peregrino que no se para a charlar, a disfrutar, a pensar…
Dicho esto comienzo por manifestar que estoy hasta el gorro de frikigrinos, de turigrinos, de bicigrinos y de peregrinos puros en el camino. Desde qué llegamos a Tui esto es como un parque temático en el que las atracciones son la montaña rusa de la cuesta y la bajada puñetera entre piedras, la cola de espera el al albergue, la fila India en el camino con mil paradas con los pies cada vez más masacrados por las ampollas. Alucinas viendo a esos caminantes con botas de cuero enormes y mochilas de más de 15 quilos arrastrando sus pies por esos caminos de Galicia. Alguien debería explicarles que al camino se viene a disfrutar, a andar, a pensar y a hablar. Alguien debería contarles que los albergues son lugares de acogida en los que se ofrece un servicio y el peregrino agradece, no exige.
Estos días he visto gente hacer el camino con perros y dan ganas de decir que un perro sufre mucho en el camino. He visto una pareja con un niño de unos dos años haciendo el camino y alguien debería decirles que es una inconsciencia. En fin, ves gente de todo y te callas y saludas con cortesía, son las cosas del camino.
Nuestro camino ha transcurrido entre todas estas cosas y gentes sin grandes novedades, vamos físicamente muy bien y el tiempo nos acompaña. Galicia es un regalo para nuestros estómagos aunque un castigo para los bolsillos.
La etapas son duras por el constante sube y baja del terreno aunque no muy largas, salvo la de Tui a Redondela. El paisaje es una maravilla salvo excepciones.
Al salir de Sao Roque el camino va paralelo a la carretera casi todo el tiempo por el trazado de la antigua calzada romana XIX. Evita casi siempre la carretera aunque la llegada a Valença do Minho se hace un poco pesada. La inmersión en Valença es un anticipo a lo que nos viene encima: miles de turistas regateando toallas de origen más chino que portugués casi todos españoles. Es una preciosa ciudad a la que si le quitaras los turistas quedaría de lujo.
Nuestra pesadilla comenzó en Tui al buscar alojamiento. Tras varios sustos de más de 65 euros por habitación nuestros pasos nos llevaron al hostal Scala en el centro. 30 euros la habitación sirven para pagar un antro difícil de describir más allá de el tópico de casa de los horrores. Pese a todo hay que reconocer que el sitio está bastante limpio a pesar de las apariencias y da para ducharse sin crocs y cagar sentado (salvo mi esposa, que para eso es muy suya).
La comida en el mesón junto al albergue privado que están al inicio de la calle que baja a la playa no fue todo lo bueno que esperábamos. Mi recuerdo era de una velada estupenda con Joseba pero acabó siendo una comida entre sudores, pimientos de chinchón (porque de padrón no eran) y poca amabilidad de la camarera, que debe ser que le gustó más Joseba que Mar.
La cena sí fue un acierto en O Vello Cabalo Furado, lugar trasnochado pero con una cocina tradicional al mejor estilo gallego, con el permiso de las peleas entre las cocineras. Allí de gustamos nuestro primer pulpo a feira y demás lindezas gallegas.
La noche en Tui fue una odisea porque era domingo y la fiesta se prolongó toda la noche. A la mañana siguiente aún quedaban grupos de jóvenes riendo sin sentido, meando por las esquinas con la complacencia de todos y enseñando la “churra” sin pudor.
Una familia vecina llegó a las 3 y media de la madrugada con niños y todo y nos despertó de nuestros plácidos sueños peregrinos aunque la venganza se sirvió a las 6:30 con nuestro despertar peregrino.
El contrapunto justo lo ha puesto el día siguiente la ciudad de Redondela. 33 quilómetros por duro terreno entre peregrinos y fresquito auguraban problemas de alojamiento ya que ni en la guía ni en Google dice nada sobre hoteles aquí. La salida de Tui es una maravilla y la etapa transcurre entre preciosas aldeas gallegas llenas de encanto con subidas y bajadas entre bosques en los que sigue habiendo demasiado eucalipto. Si te paras un momento puedes oír a los ruiseñores, ver los petirrojos y los picapinos. Si no pasan peregrinos por las inmediaciones puedes incluso disfrutar de los sonidos del bosque e incluso los lugareños te saludan.
Pero Santiago es caprichoso y ha decidido compensar las fatigas del Scala con un verdadero lujo peregrino. Cuando más agobiados estábamos comprobando las carencias de alojamiento nos ha surgido en el camino el verdadero paraíso: Apartamentos Alvear. Un verdadero lujo para los peregrinos con cocina, lavadora, frigorífico y demás lujos a un precio de 55 euros para dos. Verdaderamente aconsejable por la calidad, por lo bonito del lugar, por los detalles y por el amable trato.
Para completar el día hemos,derivado nuestros pasos hacia el mesón de Mucha para degustar todo tipo de especialidades gallegas incluido el gin tonic con cerezas y con la tónica servida con embudo para evitar que rompa la burbuja (merece la pena probarlo).
Por la tarde hemos coincidido una vez más con Antonio y Luisa. Son los peregrinos italianos con los que llevamos coincidiendo todo el camino desde que los vimos en la primera etapa en el Residencial de Alverca do Ribatejo. Se trata de una pareja de napolitanos que viven en Torino y que desbordan buen humor, alegría y verdadero espíritu peregrino. Antonio habla todo el rato y Luisa canta canciones napolitanas llena de buen humor y alegría. Dice Antonio que ella hace una pasta estupenda al mejor estilo de Torre del Greco y muchos han sido ya los peregrinos que han podido disfrutar de su cocina. Es cierto que los primeros días no habíamos coincidido pero ahora todos los días nos vemos y compartimos un ratito de alegrías y experiencias peregrinas.
La etapa de hoy nos ha traído hasta Pontevedra. Cuestas duras y bajadas pronunciadas que hacen que la etapa sea dura a pesar de lo corta. La subida primera junto a la ría de Vigo es espectacular. Los paisajes que van dejando a un lado la Cesantes son de lo más bello del camino. Lástima que la llegada a Pontevedra peque de demasiado asfalto.
Estamos en el hotel Boavila, céntrico a buen precio y atendido por gente amable.
Hemos ido a comer al restaurante del año pasado, las 5 calles pero ha sido un fracaso. Los productos bien pero elaboración floja. Para colmo hemos asistido al espectáculo que han montado una pareja en la mesa de al lado, unos señores de unos 60 años que han montado un verdadero número porque no les ha gustado nada. Es cierto que la calidad es regular pero ellos se han cebado y al final la dueña les ha rebajado el precio de los chipriotes porque iban bañados en aceite en lugar de fritos.
Para variar Mar se ha perjudicado seriamente hasta el punto de pasarse media tarde buscando un pastel de chocolate para hacer no sé qué historia que he preferido ignorar. Al menos no se ha manchado y hemos conseguido llegar al hotel sin pastel para que ella lograra que la habitación dejara de moverse en círculos.
Tras la resaca nos hemos ido a pasear y nos ha contactado Inma, mi compi del Insti. Hemos quedado para cenar porque están alojados en Combarros, seguro que la velada será aprovechada.

Repitiendo el pasado, pero sin zumbados

Hoy el día ha sido una repetición de lo que hicimos el año pasado Joseba y yo, salvo porque estoy escribiendo en la misma terraza pero sin zumbados alrededor peleándose. Puedes leerlo eneste enlace (pincha aquí)
Pero lo que sí fue diferente fue la tarde de ayer. Es cierto que no teníamos fiesta en la calle pero no nos faltó en el albergue en forma de turigrinos VIP versión “hemos anulado la reserva de los Alpes y por eso estamos aquí”.
Al poco rato de regresar de la comida, mientras yo escribía la entrada y Mar se había retirado a planchar el pabellón auditivo, llegaron una familia y se instalaron. Se trata de un matrimonio de unos treinta y algo con dos niños de unos 12-14, más o menos. Si nos hubiéramos centrado en la parte femenina todo sería más o menos normal. Llevan un coche para transportar las bicis, equipaje de los que no puedes pasar en los aeropuertos sin dejarte un sueldo y bicis última generación. Son madrileños (esto sólo es un dato anecdótico porque ya sabéis que yo no tengo nada contra la capital del reino y sus inquilinos, por lo menos no con todos). Pero el problema eran ellos. El Niño, un mocoso hiperactivo que no paraba de jugar a todo lo que tuviera bolas, fútbol, baloncesto, tenis, etc. Cada diez minutos sacaba un nuevo juego de algo del coche a modo del baúl de la Piqué. Y luego estaba el padre, secundando a su hijo en todos estos juegos en los huecos en los que dejaba de depilares las piernas con unas pinzas y quitarse los pelos enquistados, para asco generalizado del personal presente, o sea, yo.
Cada juego representaba un modo de demostrar el nivel “los Alpes” con comentarios como “dale de revés a la pelota, a modo defensivo, como cuando estás jugando al papel”, o “papá, mi golpe fuerte es el revés, como cuando estoy ganando al Badmington”, esto último lo decía mientras mandaba el volante pelota de un tirón a la finca de la casa cercana al torreón del otro lado del pueblo.
Ante tal nivel de glamour y golpes a modo de bailarina con zuecos, borracha y en un alambre, así como alternancias con un balón de fútbol al mejor estilo chimpancé, llegó la frase del padre. Fue algo como dejado caer, casi como quien no quiere la cosa: “es que nosotros deberíamos estar hoy en los Alpes, pero he anulado la reserva”. La primera vez que lo dijo no le di mayor importancia, al fin y al cabo parecía raro cambiar unas vacaciones en Alpes por un mísero albergue del camino compartiendo habitación con una teutona y sus dos hijos adolescentes que sólo dormían. Pero es que cada diez o quince minutos lo volvía a decir. A veces era el propio hijo el que preguntaba ¿estamos aquí porque has anulado lo de Alpes, verdad? Y el padre le confirmaba tal situación.
Diez o quince veces después, con Mar ya levantada volvieron a repetirlo a coro mientras degustábamos unas magdalenas de coco y una copa de oporto que amablemente la señora del albergue nos había ofrecido. Los niños, mientras tanto parecían más bien salidos de un comedor social que del Ritz, porque se bebieron dos litros de zumo de naranja (con un par de quilos de azúcar para complemento vitamínico) y no nos dejaron casi ni catar las magdalenas. Menos mal que los padres no les permitieron beberse el oporto, que si no nos dejan sin nada.
Ante la situación nos marchamos a cenar al bar típico que nos habían aconsejado en el restaurante del mediodía. Un pulpo espectacular nos esperaba acompañado de mollejas, bacalao y una buena botella de vino verde. 16 euros incluyeron también postre a elegir así como un par de cositas de oporto a modo de digestivo.
Regresamos al albergue y todo estaba ya tranquilo. Sin saber nada de nuestros compañeros nos fuimos a la cama. El reloj nos ha despertado a las 5:45 tras un pequeño susto de ciempiés sobre mi hombro. La etapa ha transcurrido según lo previsto primero hasta el hermoso puente en el que termina el infierno de carretera y luego hasta San Pedro de Rates. Hemos coincidido con los peregrinos italianos y hemos hecho un tramo con ellos. Se trata de un matrimonio del sur de Italia pero que viven en Torino. Ella es de Torre del Greco, junto a Pompeya y cocina muy bien (eso dice, al menos su marido).
La etapa transcurre por lugares muy bonitos entre carreteras secundarias y algún peligroso tramo de carretera. Las casas son de un nivel muy alto a medida que nos vamos acercando a Barcelos, la comstrucción es de piedra y cada vez más parecido en todo a Galicia.
También hemos coincidido un ratito con una pareja de peregrinos en bici de Valencia. Nada más pasarnos y ver que éramos españoles se han bajado de las bicis y hemos caminado un buen tramo con ellos. Comenzaron el camino en Huelva y ya han hecho varios, siempre en bici, dicen que han comido muy mal, en general, y que no se hacen bien al tema de restaurantes y alguna cosilla más. Si me estáis leyendo podéis escribir un comentario y saludarnos, así como poner vuestro twiter y Facebook.
La llegada a Barcelos ha sido muy bonita, venimos muy bien de fuerzas y apenas nos hemos dado cuenta de la dureza de la etapa hasta que al llegar al hotel hemos visto que íbamos empapados en sudor.
La tarde ha pasado entre la comida (arroz con rape en el restaurante Solar Real, siesta viendo la cromo escalada del Tour y hablar con las niñas. Luego hemos ido a dar un paseo por el pueblo y hemos disfrutado de una agradable tarde sin zumbados peleando, aunque alguno había bailando. En la plaza hay montado un escenario en el que parece que cualquiera puede subir a hacer el chorra, porque lo que es tocar no toca nadie.
Hoy en Barcelos se ha cumplido otra de las teorías de las de Mar. Resulta que lleva todo el camino convencida de que e Portugal no hay niños. Bien es cierto que a lo largo de todo el camino no hemos visto casi niños y los pocos que hemos visto eran turistas. Eso le ha llevado a una gran preocupación a la altura de que las casas tengan todas las ventanas de la parte de delalante cerradas (también está en esta línea que los portugueses no montan piscinas porque aquí hace mucho frío y el agua no se calienta). Hoy ha acabado lo de que no hay niños porque los hemos visto todos aquí, lo que le lleva a pensar que debe ser que los han concentrado los de todo Portugal en Barcelos (yo creía que se los comían de pequeños para evitar problemas cuando crecieran)
Y la cena en Dom Antonio nos ha llevado hasta un paseo posterior a la luz de la luna hasta el escenario de la plaza en el que tocaban, o algo así, un grupo folclórico del lugar. Y cuando digo cantar me refiero a que emitían sonidos acompañados por instrumentos musicales porque lo que se dice cantar no cantaban un pimiento.
Así termina el día y preparamos la etapa de mañana, larga y compleja.

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Resumen de la etapa

Fin del camino

Por fin tengo un rato tranquilo para poder escribir sobre el final de nuestra aventura. Tenéis que entender que desde la llegada a casa han sido muchas las obligaciones a las que hemos tenido que atender tras haber dejado “abandonadas” a nuestras familias por tan largo período de tiempo. Eran muchas las ganas por el reencuentro y hasta que las aguas no han vuelto a su cauce no hemos tenido oportunidad de reflexionar sobre el final de la aventura.

La última etapa nos llevaba desde Padrón a Santiago y nos dispusimos a hacerla a buen ritmo porque sabíamos que íbamos a estar poco tiempo en Santiago y teníamos mucho por hacer. A las 6:45 nos levantamos con la mañana aún oscura y además nublada. Las calles de Padrón estaban sin luces, imagino que debe ser o bien cuestión de la crisis o de estampar peregrinos contra las paredes. El único bar abierto era el que está junto al puerto que un señor “peculiar” nos había ofrecido la tarde anterior para el desayuno. Así fue, café, tostadas, anécdotas, escribir en el libro del bar, foto de recuerdo que nos hizo y salida a toda máquina.

La etapa está muy mal señalizada en algunos tramos y eso nos hizo incluso perdernos para cabreo de ambos. Para colmo la pérdida fue en un tramo que va paralelo a una carretera nacional llena de tráfico, ruido y escaso arcén.

La entrada a Santiago acaba dando un tremendo rodeo de esos que ves que te añaden un par de quilómetros “gratis” al final de la etapa. Es la entrada más fea de las que hemos hecho a Santiago y encima no paras de bajar y subir en todo el camino. Para colmo de males a mi querido compañero le entraron las prisas y después de una pequeña parada técnica para descargar líquido me encontré cada vez más lejos puesto que decidió llegar el primero. Decidí dejarle engañarse y no le llamé por el móvil para decirle que por mucho que corriera seguro que ya habrían llegado algunos peregrinos a Santiago antes que él. El resultado fue que yo iba a 6 km/h de media y cada vez lo tenía más lejos. Le vi intentar entrar a un Mercadona a comprar las cremas (cuestión privada) pero como había corrido tanto aún estaba sin inaugurar. Al cruzar una vía de ferrocarril y verlo ya al otro lado comencé a tirarle piedras y a proferir todo tipo de maldiciones para regocijo del repartidor de pan que estaba a mi lado en el camino con su furgoneta.

Y llegamos finalmente a Santiago pero todo fue muy deprisa a partir de ese momento. Llegamos a la Plaza del Obradoiro, nos abrazamos y yo le pedí un beso en los labios tal y como hacían las parejas alrededor nuestro a lo que él se negó bruscamente (cuando se me pasó la euforia inicial se lo agradecí). De la plaza nos fuimos directamente a la oficina de atención al peregrino para gestionar lo de la Compostela y tuvimos la suerte de arreglarlo todo en unos 20 minutos. Luego nos fuimos al mercado a Saludar a mi amigo José y su mujer. Se trata de unos amigos a los que conocimos hace ya algunos años y que son nuestros proveedores de ternera gallega así como informadores de todo lo que se mueve en Santiago ya que José conoce a todo el mundo y se maneja por todas partes. Tras besos y abrazos y saludos reiterados quedamos para el día siguiente para coger las cosas y nos invitó a un vino, o dos, en una tasca cercana.

A la 1 nos fuimos al Hostal La Salle donde teníamos reservada habitación. Ducha y corriendo a comernos un arroz con bogavante a O Fornos, para mantener la tradición. Allí coincidimos con un grupo de peregrinos con los que intercambiamos algunas charlas mientras degustábamos algún que otro orujito de hierbas.

Sobre las 4 nos fuimos directamente de compras: joyas Joseba (que os cuente él) y yo orujo en As Monxas, tarta de Santiago en la calle Rua da Algalia de arriba (una panadería escondida que tiene las mejores tartas Ancano caja azul) y visita a tienda de Sargadelos para deleitarnos la vista con las maravilla de allí y comprar un juego de ribeiro para la casa de Oria porque enfría el vino de una forma increíble, comprobado. No nos faltó una paradita en el Casino para reponer líquidos.

Sobre las 6 nos fuimos a la estación de autobuses para subir a Lavacolla a recoger los coches alquilados y allí comenzó una aventura de terror prevista: el precio fijado por goldcar en la reserva me lo incrementaban en 100 euros porque iba a dejar el coche en otro lugar distinto, encima me cobraban el depósito de gasóil a 100 euros más y así de los 82 euros iniciales pasó acostar la broma más de 300 euros. Joseba les dijo directamente que se metieran el coche por la zona trasera en la que tienen algo de espacio y yo acepté ya que no tenía otra alternativa a esas alturas y sabía que ni había coches en otras compañías ni eran más baratos.

Pasado el cabreo nos bajamos en mi coche de alquiler y Joseba se fue a la estación a sacar el billete de autobús para el día siguiente, salía a las 8:30 y se pasaba todo el día recorriendo el norte de España.

Después de todo este lío por fin nos dispusimos a sentarnos tranquilamente a cenar y despedirnos del camino como es debido. La elección fue, por supuesto el Entrerruas. Vinito, pimientos, pulpo, caldo…, lo de siempre.

Tras una cena tranquila y agradable encaminamos nuestros cansados cuerpos hacia el último lugar típico de nuestro camino: Momo. Una copa y a dormir que estábamos cansados.

El resto es fácil imaginarlo. La mañana amaneció de camino (a las 5 y pico). Joseba estaba preparado para marchar desde ese instante con su mochila a la espalda (yo creo que por eso dijo que había dormido tan mal). Desayuno rápido y despedida de estos dos viejos amigos caminantes que esperan hacer pronto otra de estas.

Yo me fui hacia el mercado a comprar el resto de productos con la ayuda de José y su mujer: ternera gallega maravillosa de su carnicería, algo de marisco, pimientos de padrón de los que las señoras seleccionan magistralmente entre los que pican y los que no, y un buen trozo de empañada gallega que luego me sirvió de comida (pasas y bacalao).

Tras 10 horas de coche casi sin parar y meter la pata en Madrid (acabé pasando por la M-40 por un error tonto al coger la radial), llegué a casa sobre las 7:30. Joseba llegó algo más tarde a su casa ambos sin novedad, para tranquilidad de familias (la tranquilidad les duró sólo unas horas) y para tristeza de todos aquellos que habéis seguido nuestras aventuras a lo largo de estos días.

Muchas gracias a mi querido compañero por aguantarme (el placer ha sido mutuo), cada vez que hago un camino con Joseba pienso que el próximo será aún mejor. Ahora nos esperan unos meses duros hasta el próximo camino aunque allá por enero empezaremos con la preparación de nuestras próximas aventuras. Queda pendiente esa ruta por Italia que caerá tarde o temprano y yo me quedo con la idea de repetir el portugués el próximo año.

Muchas gracias también a los que nos habéis seguido en todo este tiempo que habéis sido muchos, hemos recibido más de 100 visitas muchos días. Espero no haberos cansado mucho con nuestras historias y recordad: todo esto es fruto de mi delirante imaginación, por supuesto que no es nada real y en este blog no se describen personas sino personajes.

Un abrazo y, hasta pronto

Resumen de la etapa: 25,23 km en 4:13 a una media de 6 km/h

 

A las puertas de Santiago

Los últimos días del camino están siendo la confirmación de lo que el camino representa para nosotros. Cuando piensas que las cosas se van a complicar todo acaba saliendo rodado y, por contra, cuando crees que todo te vendrá derecho se tuerce.
El día pasado en Pontevedra fue estupendo y el final lo puso un concierto en la plaza del ayuntamiento por las fiestas de la peregrina. El concierto de Budiño y Kepa Junkera fue un verdadero goce que tuvimos la suerte de ver completo. Y lo curioso es que esa misma tarde al salir de la habitación del hotel Joseba había reconocido a Kepa que bajaba en el ascensor.
Antes del concierto habíamos ido a cenar al mismo restaurante del mediodía y picoteamos algunas cosillas tipo pulpo y demás. También dimos un paseo por las casetas de feria ya las tómbolas para deleite de Joseba que me pidió varias veces dinero para jugar unos boletos que yo le negué evidentemente, que se está volviendo muy gastoso últimamente.
Las etapas de estos últimos días Siguen siendo similares, entre lugares muy bonitos, bosques, pequeñas aldeas y carreteras secundarias. Normalmente suele ir paralelo a alguna vía del tren o carretera más,importante. El terreno es abierto aunque algo quebrado y el tiempo es caluroso, aunque se puede llevar bien porque llegamos pronto a los finales.
Ayer tocaba Caldas de Reis. Al llegar miramos en la guía y nos dejamos aconsejar hasta el Hotel O Cruceiro, a las afueras algo a desmano. El aspecto era bueno y al entrador un señor muy amable nos dijo agasajó con una cerveza reparadora invitación de la casa? Al poco rato me saca unos pinchos de tortilla y me dice que vayamos haciendo tiempo porque la señora está friendo unos pimientos, nosotros alucinábamos en color ante la perspectiva que nos venía: una habitación estupenda y limpia, buena cocina, gente amable y 45 euros con desayuno incluido.
Al ir a hacer el registro me di cuenta de que no me habían devuelto el DNI en el hotel de Pontevedra. Tras llamar varias veces acabaron confirmando que me lo enviarían a un hotel de Padrón hoy.
A partir de aquí todo fue de bien a mejor. Tras una cerveza en la plaza del pueblo nos fuimos a comer un menú sencillito al restaurante del hotel. Pero al entrar encontramos una mesa montada para unas 10 personas llena de fuentes con nécoras y cigalas. La tentación pudo con nosotros (más conmigo, todo hay que decirlo) y cambiamos la idea del menú por unos bichitos de esos con muchas patitas, pimientos, mejillones vapor, almejas y… 2 botellas de alvariño porque una se quedó corta. Mientras dábamos cuenta de tales manjares nos atendía el hijo del dueño, simpático y muy atento que al final nos ofreció unos orujos tostados para completar la sesión. Y para colmo estuvo muy bien de precio. La conclusión de todo esto fue una siesta monumental para dormir las dos botellas de vino y los orujos.
Después dimos una vuelta por Caldas para acabar cenando en el restaurante del mediodía junto a la pareja de peregrinos franceses con los que habíamos estado en Sao Roque, el día del diluvio. Sólo una botella de vino pero al final la “liamos parda” con los orujos tostados.
Y esta mañana tocaba Padrón, 19 km con más de lo mismo aunque esta mañana íbamos algo más espesos mentalmente. Hemos ido adelantando peregrinos hasta un pueblecito a un par de quilómetros de Padrón. Allí hemos parado a hacer un descanso, tomar una cerveza y reponer agua yo porque no me quedaba nada. El enorme camarero nos ha ofrecido unos callos con garbanzos y nos ha informado de que hoy había un gran mercado en Padrón, nada más entrar por el camino.
Así ha ocurrido y nada más ver las pulperías del mercado hemos decidido ir a comer allí porque el día de hoy prometía.
Para completar las buenas perspectivas hemos ido hacia la pensión el Jardín ya que es allí donde me habían dicho que enviarían el DNI. Se trata de un lugar precioso, muy limpio y mejor atendido por una señora muy amable. Nos hemos quedado una habitación por 45 euros que nos parece un precio muy bueno.
Pero el camino es así y no siempre te da lo que crees. Hemos ido al mercado dispuestos a deleitarnos con los productos típicos de nuestro camino pero todo ha salido mal. El pulpo y el churrasco caro y escaso, los pimientos cocidos en aceite y el vino tan insoportable que ni nos lo hemos podido tomar. En definitiva, un desastre de comida.
Sin más hemos regresado al hotel tras saludar a los peregrinos franceses que acababan de llegar allí.
La tarde se presenta deportiva, entre las motos, el partido del Atlhetic y a las 9 el Barça. Todo eso antes de que mañana culminemos nuestra aventura en la plaza del Obradoiro.
Resumen etapa 21: 22,66 km en 3:53 a una media de 5,8 km/h.
Etapa 22: 20,43 km en 3:33 a 5,7 km/h.

Fiesta en Pontevedra entre peregrinos

Se nota que estamos en los últimos días de camino, las ganas de llegar a Santiago se mezclan con la pena de acabar una aventura como la que hemos llevado durante estas tres últimas semanas. Pero somos caminantes estacionales y el otoño se acerca con la cosecha de problemas que ofrece el inicio de un nuevo ciclo que nos llevará hasta el próximo camino.
Las etapas del final están siendo muy agradables por la belleza del paisaje y por lo cortitas que son, pero eso no quiere decir que no tengan su dificultad puesto que se trata de un sube y baja constante muy al estilo de lo que ocurre en toda Galicia.
En la etapa de hoy pasamos de la Ría de Vigo a la de Pontevedra. Las vistas de las rías desde lo alto de los montes que hemos subido es espectacular. Vamos encontrando cada vez más peregrinos lo que nos recuerda que hace ya demasiado que acabó la soledad del campo junto al Tajo para llegar a las calles llenas de mochilas pegadas a todo tipo de personajes en Santiago.
Sin detenernos hemos hecho la etapa a buen ritmo hasta llegar a Pontevedra. he de decir que me ha sorprendido muy gratamente la ciudad, había venido una vez hace muchos años y tenía la imagen de una ciudad pequeña. La realidad es que es una hermosa ciudad llena de plazas ya rincones por los que deambular o pararse a tomar algo en cualquiera de sus terrazas.
Al llegar hemos buscado hotel y estamos alejados en el Rías Baixas, un sitio agradable y confortable muy céntrico.
Nada más terminar nuestras labores domésticas cotidianas hemos salido a dar un paseo y a buscar sitio para comer. Toda la ciudad está en fiestas y en las plazas hay escenarios en los que a lo largo de la tarde y la noche se ofrecen espectáculos musicales y de otros géneros. La comida ha sido un éxito siguiendo hoy el acertado instinto de Joseba, que ha sido el que ha elegido el local por lo bien que olía. Frutos de la tierra y el mar han completado una deliciosa comida que, sin embargo ha acabado de destrozar nuestro presupuesto del día. A aquellos que se pregunten por si hemos tomado pimientos tendré que decirles que sí, que por supuesto que hemos pedido una ración, y hoy, además eran de a buenos.
La tarde la hemos pasado con la wifi del hotel, Joseba abajo y yo en la habitación hablando con el skype.
Luego pasito por la ciudad con polar, que ha refrescado mucho. El ambiente en las calles es muy festivo con escenarios por todos lados que ofrecen conciertos y espectáculos diversos. Hemos pagado casi 8 euros por dos cervezas y ahora hacemos tiempo para cenar algo.
Seguimos al margen de los peregrinos, los,encontramos por la mañana y los adelantamos pero luego no nos aparecen en todo el día. Un camino extraño en el que las mochilas aparecen y desaparecen con o sin garrapata pegada delante nada más encontrar la primera cuesta. Mucho turigrino llevamos comido.
Resumen de la etapa 20: 19,74 km en 3:27 a una media de 5,7 km/h

Fiesta en Pontevedra entre peregrinos

Se nota que estamos en los últimos días de camino, las ganas de llegar a Santiago se mezclan con la pena de acabar una aventura como la que hemos llevado durante estas tres últimas semanas. Pero somos caminantes estacionales y el otoño se acerca con la cosecha de problemas que ofrece el inicio de un nuevo ciclo que nos llevará hasta el próximo camino.
Las etapas del final están siendo muy agradables por la belleza del paisaje y por lo cortitas que son, pero eso no quiere decir que no tengan su dificultad puesto que se trata de un sube y baja constante muy al estilo de lo que ocurre en toda Galicia.
En la etapa de hoy pasamos de la Ría de Vigo a la de Pontevedra. Las vistas de las rías desde lo alto de los montes que hemos subido es espectacular. Vamos encontrando cada vez más peregrinos lo que nos recuerda que hace ya demasiado que acabó la soledad del campo junto al Tajo para llegar a las calles llenas de mochilas pegadas a todo tipo de personajes en Santiago.
Sin detenernos hemos hecho la etapa a buen ritmo hasta llegar a Pontevedra. he de decir que me ha sorprendido muy gratamente la ciudad, había venido una vez hace muchos años y tenía la imagen de una ciudad pequeña. La realidad es que es una hermosa ciudad llena de plazas ya rincones por los que deambular o pararse a tomar algo en cualquiera de sus terrazas.
Al llegar hemos buscado hotel y estamos alejados en el Rías Baixas, un sitio agradable y confortable muy céntrico.
Nada más terminar nuestras labores domésticas cotidianas hemos salido a dar un paseo y a buscar sitio para comer. Toda la ciudad está en fiestas y en las plazas hay escenarios en los que a lo largo de la tarde y la noche se ofrecen espectáculos musicales y de otros géneros. La comida ha sido un éxito siguiendo hoy el acertado instinto de Joseba, que ha sido el que ha elegido el local por lo bien que olía. Frutos de la tierra y el mar han completado una deliciosa comida que, sin embargo ha acabado de destrozar nuestro presupuesto del día. A aquellos que se pregunten por si hemos tomado pimientos tendré que decirles que sí, que por supuesto que hemos pedido una ración, y hoy, además eran de a buenos.
La tarde la hemos pasado con la wifi del hotel, Joseba abajo y yo en la habitación hablando con el skype.
Luego pasito por la ciudad con polar, que ha refrescado mucho. El ambiente en las calles es muy festivo con escenarios por todos lados que ofrecen conciertos y espectáculos diversos. Hemos pagado casi 8 euros por dos cervezas y ahora hacemos tiempo para cenar algo.
Seguimos al margen de los peregrinos, los,encontramos por la mañana y los adelantamos pero luego no nos aparecen en todo el día. Un camino extraño en el que las mochilas aparecen y desaparecen con o sin garrapata pegada delante nada más encontrar la primera cuesta. Mucho turigrino llevamos comido.
Resumen de la etapa 20: 19,74 km en 3:27 a una media de 5,7 km/h

Pimientos de padrón, pulpo a feira y alvariño

Con esta dieta creo que he sobrevivido varios caminos ya en Galicia y este no parece que vaya a ser una excepción. Joseba me mira con cierta resignación cada vez que llegamos a cualquier lugar y, tras pedir la carta añado, ¿Tienen pimientos para freír una racióncita mientras llega la comida? Lo siguiente es esperar a quién de los dos será el primero al que le toque el que pica mientras el otro tiembla pensando que será el siguiente.
Todo este preámbulo lo que viene a decir es que hemos llegado a Galicia, atrás ha quedado el vinho verde, el bagazo y las sopas de verduras para acabar la comida. Han sido unos días estupendos que hemos aprovechado al máximo y de los que nos quedan recuerdos y momentos precisos que nos hacen plantearnos una vuelta a no muy largo plazo por estas tierras quizás ya cada uno por nuestra cuenta. Nuestra próxima aventura creo que se desarrollará por tierras Italianas, pero para eso faltan algunos años aún, ya hablaremos.
Estar en Galicia tiene también su parte negativa: los peregrinos van saliendo de todas partes como el musgo a las piedras, por poner una imagen algo más suave a la realidad. Los peregrinos que encuentras son de todos los tipos aunque abunda, sobre todo el “yovoydeperegrinoporqueenelalberguemecomounosespaguetisconlacuchipandi” es decir, se van agrupando por afinidades, por grado de lavarse, por número de vinos que te bebes antes de los orujos, y por el tema de quién acabará en la cama con quién. Nosotros hace mucho tiempo que dejamos ese tipo de drogas y eso nos hace mantenernos muy desconectados del ambiente “peregrino” en general. Es cierto que de vez en cuando encuentras gente normal, majos, divertidos y con ganas de pasar un buen rato sin complicaciones.
Vayamos por partes, es día de ayer nos sorprendió con un maravilloso sol cuando pensábamos que íbamos a tener que usar barca para salir. Desayunamos con dos parejas de peregrinos que estaban también alojados allí, una francesa y otra española. Ya habíamos cenado con los franceses porque los españoles son algo más reservados aunque por la mañana hemos estado en buen ambiente y yo,para variar, he gastado alguna broma y contado alguna historia.
Un camino maravilloso que hace honor a la despedida de Portugal nos llevó hasta Valença do Minho, preciosa ciudad amurallada que es el contrapunto perfecto a la española Tui. Una pequeña ascensión y un brusco descenso nos ha llevado entre alegría y la conexión a telefonía española hasta nuestro destino final portugués.
Un paseo breve dentro de las murallas entre turistas españoles mayoritarios nos ha dejado la sensación de que Valença merece ser final de etapa en otra ocasión. La anécdota la han ofrecido dos señoronas españolas sentadas en la mesa junto a nosotros porque han pedido una tapa de pulpo ya otra de bacalao y al traerlas le han dicho al camarero que no las querían poque eran muy grandes (y caras). El camarero se ha marchado bramando en portugués y al verme detrás para pagarle se me ha escapado en mi mejor castellano un “es que son españolas, qué esperabas. El comentario ha supuesto el despiporre general de todo el personal y ha roto la situación.
Lo demás ha sido llegar a Tui, ciudad desierta a esas horas hasta el hostal que hemos reservado y que se encuentra en la salida de la ciudad. Lugar sencillo pero limpio. Nada más llegar el tiempo ha cambiado y ha comenzado a diluviar. Nosotros ducho, ropa y comida, por fin Gallega. Lástima que no había pimientos pero sí hemos dado cuenta del primer pulpo a feira, una merluza de pincho a la gallega y un orujito de hierbas con hielo para el desengrase. Hemos comido muy bien y la gente es muy amable.
Tras un breve paso por la habi junto a varias jugadas de apalabrados y disfrutando por fin de mi whatsapp recuperado, hemos salido a ver la catedral y todo lo demás. Allí había un cartel prohibiendo hacer fotos que yo, por supuesto, me he pasado por el forro porque pago la restauración de este tipo de edificios con mis impuestos.
Después las calles se han ido llenando porque había procesión, cientos de personas alumbraban una pequeña imagen de un Santiago que ha recorrido la ciudad al compás de una bande de gaitas y otra de música.
La noche ha sido una agradable cena en un mesón junto al albergue privado subiendo la cuesta que viene de la playa fluvial, un verdadero espectáculo al atardecer frente al Miño y con Portugal enfrente.
Hemos amenizado los pimientos correspondientes (dos platos para recuperarle mediodía) con dos botellines de un vinito gallego del terreno muy suavecito. Una tapita de oreja y una brocheta maxi de ternera, pimientos rojos y más. Contentos y tras charlar amigablemente con la mesonera del local hemos encaminado nuestros pasos hacia la cama con mayor alegría de lo habitual, imagino que por lo agradable de la noche y por el sentimiento de patria que a ambos nos embarga, a Joseba sobre todo después de haber recuperado como español a su teléfono que había decidido independizarse y seguir siendo portugués.
Noche plácida y fresquita que nos ha levantado para un camino completamente gallego por un terreno bastante bonito en la primera parte pero que luego atraviesa varios polígonos industriales de la cercana Vigo.
Al llegar hemos entrado en el albergue de peregrinos pero una marea de turigrinos abarrotaba sus instalaciones. Ante tal situación hemos buscado alternativa en forma de albergue privado al que habíamos visto anunciado en la carretera. Al llegar no había nadie y hemos llamado al tf que aparecía y un señor me ha dicho que nos instaláramos que ya aparecería. Sitio sencillo, básico, elemental y poco cuidado aunque con lo mínimo confortable. Ducha, lavar ropa y buscar restaurante para comer.
Un mesón muy aceptable nos ha ofrecido un menú por 10 euros al que no le ha faltado el añadido de unos pimientos y dos orujos al final. Esta noche promete ser lugar de tapeo para nuestros agradecidos estómagos. Luego siesta y espera para ver si venía el del albergue, nada de nada.
Al final hemos ido a dar un paseo hasta la ría observando los espectaculares puentes metálicos para el tren y una parte de la Ría de Vigo. Redondela es una ciudad agradable llena de rincones bonitos, plazas llenas de terrazas y callejas. En una de esas terrazas es donde ahora escribo mientras Joseba ha ido a pagar el albergue y pedir licencia para ir a dormir algo después,de las 10, según reza en un cartel a la entrada.
Resumen etapa 18: 22,9 km en 5:33 a una media de 4,1 km/h, porque dejé conectado el GPS durante el paseo por Valença.
Etapa 19: 32,29 en 5:19 a una media de 6,0 km/h gracias a que mi querido compañero ha decidido que nos dejemos los pies tirados por la cuneta,antes de llegar a Santiago.

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El final del camino

Escribo esta última entrada desde casa una vez hemos completado nuestro camino. No he tenido mucho tiempo en estos días con el regreso y la preparación de la vuelta a la vida normal. Ahora hago un hueco para contar las últimas horas de nuestra aventura.
Dejamos la metan en Arzúa una. Vez instalados en la habitación del Don Quijote y después de que Mar madre tuviera que llamar la atención a los vecinos de la habitación contigua. Eran los mismos que cenaban al lado nuestro en Portomarín y que echaban todo el humo sobre Isa y sobre mí sin una pizca de educación. Hubiéramos entendido su actitud en jóvenes des ere raros de esos que tanto abundan, también en el camino, pero lo grave es que se trataba de tipos de más de 40 años.
Nosotros habíamos comido en la pulpería que nos aconsejó Albert desde Lorca y disfrutamos de una estupenda mesa y sobremesa. Por la noche visita al restaurante de siempre para degustar un maldito gallego y una merluza a la gallega con algo de pulpo, para variar. La cena estuvo amenizada por un grupo de inglesas desenfrenadas y borrachas que ya estaban así cuando llegamos y a las que los camareros no tenían forma de echar. Después de montar un buen espectáculo tipo despedida de soltera sin instrumentos en la cabeza a modo de diadema, se marcharon para que pudiéramos terminar tranquilos.
Así nos fuimos a dormir a la espera de una etapa larga y dura hasta Monte do Gozo. Pero nada más comenzar Isa y yo hablamos de la posibilidad de seguir hasta Santiago en lugar de parar allí. En realidad se trataba de hacer 4km más pero el problema es que nos montábamos en los 40. Aún así pensamos que era la última y que eso nos permitía ganar unas horas. Lo planteamos al resto del comando y, salvadas las reticencias iniciales quedamos que sólo nos lo plantearíamos una vez llegados a Monte do Gozo y siempre que tuviéramos garantizado sitio en La Salle.
La etapa fue muy bien aunque dura. Constantes subidas y bajadas siempre rodeados de todo tipo de peregrinos y demás fauna. Hicimos paradas técnicas casa 10 ó 12 km llegando a Monte do Gozo a las tres y… Lloviendo. Efectivamente se confirmaba que no nos íbamos a librar de la lluvia y todo pronosticaba una llegada a Santiago bajo el líquido elemento.
Tras comer y descansar un rato todos estábamos ya convencidos de hacer los últimos km y sin grandes dificultades llegamos a la plaza del Obradoiro bajo una lluvia no muy fuerte pero constante.
El resto fue lo de siempre: Compostela, visita a la catedral con mochila, llegada al hotel para ducha rápida, vuelta por Santiago, cena en el callejón de entre ruas, copa en el casino y a la cama.
La mañana siguiente la dedicamos a hacer las compras y encargar las cosas que nos íbamos a llevar a nuestra carnicero del mercado, José. Cada vez que vamos allí nos traemos un cargamento de carne de ternera y algunas esquisiteces del terreno y esta vez incluyen los pimientos.
La tarde anterior encontramos casualmente a Feli y Paco, dos peregrinos con los que había yo hecho parte del camino del norte hace tres años. Estuvimos con ellos y coincidimos también en O Fornos cuando fuimos a comernos nuestro tradicional arroz con marisco de cada final de camino. Un par de orujos más tarde y quedamos para cenar juntos.
A la mañana siguiente fuimos a recoger las cosas que habíamos encargado y el resto fue camino hasta casa: más de 10 horas de coche sin novedad.
Ahora toca seguir con el otro blog, dejo reposando este hasta otra nueva aventura, seguramente el camino portugués el verano próximo con Joseba.
Gracias a todos por seguir nuestras andanzas y espero no haber aburrido mucho al personal.
HASTA PRONTO!

Pulpo entre mochilas

Galicia representa un contraste enorme entre lo mejor y lo peor del camino. Cientos de personas deambulando sin mucha idea sobre lo que hacen dificultan la pausa y el sosiego del caminante pero los paisajes, los lugares, los colores y los matices envuelven el recorrido hasta la magia. Es verdad que resulta difícil abstraerse entre tanto idiota pero también es cierto que cuando lo consigues el camino vuelve a cobrar todo su sentido.
Estos días van pasando rodeados de gente por todas partes. Los restaurantes están llenos, los caminos están llenos, los servicios están llenos… La tarde en Portomarín transcurrió rodeada de las charlas de unos y otros mientras nosotros dábamos una vuelta recordando anécdotas de otros caminos. Le contaba a las niñas mi pelea con el camarero de la pousada, cuando quiso burlarse de mí sólo porque tenía aspecto de peregrino en “lugar tan selecto”. Les recordaba mi primer camino andando, cuando abandoné aquí, cuando llegué con Joseba, cuando pasamos el día junto a Maxi, Estíbaliz y los aragoneses (con bronca incluida), les recordaba el paso de Mar y mío hace seis años (con bronca incluida).
El camarero del mesón dijo que se acordaba de mí y me invitó a un orujo después de comer y otro después de cenar. Aproveché para escribir hasta que llegaron las chicas. A nuestro lado se sentaron cuatro idiotas que no paraban de gritar sus aventuras echando el humo de sus cigarros sobre nuestra mesa. Montaron el típico numerito de “yo entiendo de vino” pidiendo un Godello al que dieron respuesta con el típico, “aquí lo que tenemos es vino del terreno para menú peregrino”.
La noche estaba fresquita y Portomarín brillaba.

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Salimos tempranito para desayunar antes de afrontar la enorme subida que hay desde Portomarín. En ese tramo se acumulaban una cantidad enorme de peregrinos intentando alcanzar el final de la interminable subida. Sigue el catálogo de peregrinos de lo más diverso en estos días. Os vuelvo a poner algunas fotos tomadas entre los que más me han llamado la atención.

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Este iba con una bicicleta de los años setenta, mochila a la espalda y sólo se montaba en las cuestas abajo. El resto del tiempo arrastraba la bici en una especie de viaje absurdo a ninguna parte.

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Perro peregrino con equipaje incluido.

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Para llevar el agua lo mejor es una zapatilla.

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Verdaderamente cómodo para hacer el camino ¿No?

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Reutilizando chubasquero del viaje a Disney Paris.

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Mochila de regalo de Ron Cacique e indumentaria de calle con impermeable de muchos quilos de peso (suciedad incluida).
Los ejemplos son muchos aunque lo que abunda son grupos de turistas que dejan sus mochilas para transporte de taxi mientras ellos hacen de peregrinos por un rato entre bar y bar.
La subida desde Portomarín ya dejó muchos tirados al borde del camino a los que poco a poco íbamos adelantando. Entre niebla y amenazas de lluvia fuimos haciendo camino hasta nuestro objetivo de Palas de Reí.

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Palas es un pueblo grande pero no tiene mucho. En estos años han montado varios restaurantes y muchos albergues que acogen los cientos de peregrinos que pernoctan cada noche allí. Fuimos a comer a un restaurante que hay por encima del albergue municipal del centro del pueblo. El camarero nos dijo que no había sitio pero que una mesa ya había pedido el postre y acabaría pronto. Después de tras vasos de vino y tres cuartos de hora de espera dos mesas diferentes terminaron de comer antes de que los capullos que esperábamos terminaran de arreglar el mundo. A pesar de que para entonces unas quince personas esperaban para comer ellos seguían tranquilamente charlando sin levantarse hasta que el camarero tuvo que llamarles la atención (viva el espíritu peregrino). Mientras tanto el señor de detrás de la barra nos contó diversas aventuras con peregrinos y amenizó nuestra espera.
Siesta, paseo de tarde, compras en farmacia y cena en el mesón, dos raciones de pimientos, pulpo y buen vino, que para eso estamos en Galicia.

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En el paseo encontramos a un sevillano muy majo con el que habíamos coincidido un par de dìas antes. Sigue el camino a pesar de las ampollas y nos felicitó por poder hacer el camino en familia. La verdad es que es un privilegio el tener la oportunidad de hacer el camino así, los cuatro juntos y encima sin pelearnos demasiado (contribuye el que Mar hija se duerme siempre antes de caer sobre la almohada y no escucha las bromas de su hermana)
Hoy el camino ha sido más de lo mismo. Entre bosques de robles, algunos eucaliptos (cada vez más, por desgracia) y demás variedades que dan color al paisaje. El objetivo era llegar prontito a Mellide para almorzar pulpo en Ezequiel. Es verdad que ya no es la mejor pulpería de Galicia ni mucho menos, de hecho hoy el pulpo estaba duro y mal cortado. Pero es una tradición hacer el camino y parar allí a almorzar. Ya no están los antiguos bancos de madera ni el suelo es de tierra pero cientos de peregrinos se detienen a diario allí aunque ya no se corta el pulpo como antes.
Poco antes de Mellide está leboreiro y su preciosa iglesia.

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Esta parte de la etapa es uno de los trozos más hermosos del camino y merece la pena recorerlos tranquilo, si la fauna peregrina nos lo permite.

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En el albergue de Mellide montones de mochilas se acumulaban a la puerta del albergue, se trata de mochilas con vida propia que llegan a los lugares antes que sus dueños y hacen cola por ellos mientras los peregrinos hacen el camino sin dolor de espalda. Son los milagros del camino.

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El resto de la etapa hasta Arzúa se ha hecho muy pesado por el calor, el paso de los quilómetros y las constantes subidas y bajadas. Desde Ribadiso hasta arriba parece que no acaba nunca.

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Hemos comido en la pulpería que nos recomendó Albert (más pulpo claro, que para eso estamos en Galicia) muy bien. Luego hemos vuelto a dormir la siesta que nos ha interrumpido el follón que han montado los vecinos, se trata de los idiotas que el otro día nos tiraban el humo mientras cenábamos en Portomarín. Mar madre ha tenido que salir a poner los puntos sobre las íes y por poco si no se da cuenta y sale sin ponerse el pantalón: ella es así de impulsiva…
Yo me he bajado a escribir y he vuelto a coincidir con el grupo de los amigos del de gran hermano este que hemos visto durante todos estos días a partir de Molinaseca. También estaba el sevillano y nos hemos saludado. Esta noche toca cena en le mesón de siempre (caldo, pulpo, pimientos y albariño, que para eso estamos en Galicia).
Y ya estamos en La Coruña. Con todas sus letras y le pese al gili que le pese.
Resumen de etapas: 28 desde Portomarín: 25,1 en 5 horas 16 minutos a 4,8km/h.
Etapa 29, 28,5km en 6 horas a 4,7km/h. En Arzúa.