Nada destacable ayer desde que terminé de escribir. La tarde fue bajando su intensidad en el calor pero demasiado despacio. La fui ayudando con un par de cervezas y algún vinito blanco.
Revisando la etapa de León busqué alojamiento en la guía y encontré el albergue y residencia Unamuno con habitación individual con baño por 20 euros y al lado de la catedral. Millán no quiso reservar porque dice que se va a quedar en las Carvajalas a vivir una nueva noche peregrina.
El menú de la cena algo simple y después un orujo para terminar de dejar caer la tarde. Por supuesto que mis excesos en el alcohol no se ven acompañados como cuando voy caminando con Joseba ya que Millán no pasa de la coca-cola, la clara de limón o, como mucho, el tinto con casera de la comida.
En la habitación acabé de ver el capítulo de Mastechef gracias a la wifi y sobre las doce y algo a dormir.
El despertador ha sonado a las seis y por un momento pensé que no era mío extrañado por no haber sido violentamente despertado por peregrinos de a partir de las 4 de la mañana.
Hemos salido en dirección a Mansilla por el último tramo de senda con árboles para abandonar definitivamente este monótono tramo leonés. La mañana estaba algo fresca comparado con estos días atrás y nos ha hecho estos 6 quilómetros como un agradable paseo.
Al entrar a Mansilla han abierto un nuevo albergue y bar. Es un local muy aséptico, industrial y modelo turigrino de nivel. Las tostadas las tienen en la barra y te las ofrecen frías.
Millán ha encontrado por fin un cajero con el que poder recuperar su liquidez peregrina (yo le ofrecí una ayuda de urgencia que rechazó amablemente), y salimos de Mansilla por el puente del Esla por un tramo muy desagradable pegado a la carretera general con un tráfico horrible. Lo peor es que es sólo el principio de lo insoportable que es la entrada a León.
Al menos la entrada a Puente Villarente la han cambiado ya que han hecho una pasarela sobre el río y ya no hay que pasar por la carretera.
En seguida se abandona un rato la carretera y nos dirigimos en suave ascenso hasta Arcahueja donde hemos parado a tomar algo y descansar un momento. Yo he aprovechado para llenar agua,porque me había quedado sin ninguna. Un borracho de pueblo nos ha amenizado la estancia entre tirarle los tejos a la camarera y llevarse el vaso con el cubata ya vacío.
Desde aquí hay una fuerte subida que corona en un polígono industrial y ya, paralelo a la carretera llegamos hasta Puente de Castro y León.
El largo paseo por las avenidas nos ha dejado a Millán en las Carvajalas y a mi en el Unamuno.
Tras la ducha y el lavado de ropa me he dado una vuelta buscando cajero BBVA con el que preparar mi tránsito por el camino del Salvador a partir de mañana, ya que creo que no voy a encontrar muchas cosas.
Luego cerveza en el barrio húmedo haciendo tiempo y mandando mensajes a los amigos. Sobre la 13:30 ha aparecido Millán y nos hemos tomado un vino (él cerveza) y unos pimientos de padrón. Luego hemos ido a comer al restaurante La pintona, en la Plaza San Martín. Buen menú por 12 euros con sopa de lentejas y codillo asado (mejorable).
Después he regresado al Unamuno con charlas por Skipe con Mar y con Isabel, ver el capítulo de ayer de Cocinados y… Me voy al húmedo a tomar unas Cañas y cenar
Hasta mañana, gente.
Resumen de la etapa: 25,2 en 4h 56 min a 5,75 de media. Enlace en Wikiloc
León
15ª Sahagún-Reliegos: derretidos
Hemos decidido terminar la etapa en Reliegos y no seguir hasta Mansilla de las Mulas dado que hoy ha hecho mucho calor, mucho más que ayer incluso. Pero vayamos por partes.
Cuando la tarde ayer parecía que se refrescaba un poco, a eso de las 8, decidimos salir Millán y yo a dar una vuelta y tomar algo antes de cenar. El albergue lo cerraban a las 11 y eso nos daba algo de margen por lo que nos fuimos a la plaza y nos pedimos nuestras respectivas bebidas: yo mi vino y Millán su coca-cola. Al poco de estar allí me di cuenta de que en la mesa de la lado habían pedido unos pimientos y no pude resistir la tentación de degustar los primeros de la temporada. Estaban mal fritos pero, qué le vamos a hacer…
Mientras pasaba el rato mirando en Facebook un ratito vi alguna que otra falta de ortografía: a ver, tú que te das de escritor y gran hombre de letras, en general, el uso del infinitivo en lugar de la forma correcta del imperativo es un vulgarismo que no pega nada en alguien que pretende aspirar al trono de los elegidos. Oídlo y pasadla bien (la tarde, claro). Es preferible escuchar y aprender en vez de rebuznar con disfraz (ejemplo de uso correcto del infinitivo en una frase).
Bueno, a lo mío. La noche ha sido tranquila hasta las 4:30 porque a partir de ese momento ha comenzado el concierto. La gente se levantaba y al ir al servicio se ponía en marcha un ventilador que hacía un ruido infernal. También usaban la máquina de los cafés y retumbaba toda la iglesia. El resultado, no dormir hasta que a las seis nos hemos levantado. Está claro que esto de los horarios nocturnos fue uno de los motivos por los que dejé de usar los albergues.
Al salir todo estaba cerrado y no hemos podido tomar nada hasta llegar a Bercianos, 10 quilómetros más allá del inicio.
Hoy la etapa se planteaba con varias incógnitas: ir por el trazado normal o por la calzada romana y llegar hasta Mansilla o quedarnos en Reliegos. En vistas del día que se presentaba, porque ya hacía calor cuando hemos salido, hemos optado por la ruta normal ya que la calzada te obliga a llegar a Mansilla con más de 35 quilómetros. De lo de quedarse en Reliegos dependería de la hora de llegada y del calor entonces.
Etapa monótona por el andador paralelo a la carretera junto a la autovía y la vía del tren. El ruido de coches no se pierde hasta el Burgo Ranero y hace aún más pesado el camino. Los árboles siguen sin crecer y dan la sombra hacia la parte del campo en lugar del camino.
Hasta Bercianos sin novedad, nuevos albergues y bares como en todos los pueblos de esta zona, más de los que se necesitan y presagio de fracasos ante lo que parece una evidente bajada de peregrinos haciendo el camino.
En Burgo Ranero hemos parado en el bar junto a la iglesia, en el camino. Muy básico y regular atención. El servicio estaba atascado y la camarera no parecía mucho por la labor así que he tenido que usar el de mujeres, que tampoco estaba mucho más allá.
El último tramo hasta Reliegos se nos ha hecho muy pesado con un calor terrible y por la monotonía del paisaje con la constante hilera de árboles como única compañía.
Hemos llegado directos al albergue Gil y nos hemos instalado en una doble limpia y sencilla con baño por 30 euros. Menú peregrino aceptable y cervezas disponibles junto a wifi y tapa.
He pasado la tarde viendo MasterChef, hablando pro Skipe con Mar y quitándome el sudor de la frente.
Ahora estoy en la parte del bar descargando los mapas de las etapas del camino del Salvador en el maps3D y escribiendo mientras hago tiempo para la cena.
Menos mal que he aprovechado para dar la clase que espero sea recibida con el buen espíritu que se merece ya que la he dado desde el cariño sincero y casi sin sentir la espalda.
Resumen de la etapa: 31 km en 6h 8min a 5,8 de media. Por cierto en wikiloc hay un pequeño lapsus a la salida de Bercianos que no afecta casi al trazado porque es todo recto pero sí a los tiempos totales. Enlace a la ruta en Wikiloc
14ª Carrión de los Condes-Sahagún: 39 km bajo el sol
Completada la segunda de las etapas monstruo previstas en mi tránsito entre el camino vasco interior y el camino de El Salvador, o lo que es lo mismo, entre Burgos y León. Todo funciona bien y vamos a muy buen ritmo y sin consecuencias posteriores porque voy recuperando estupendamente.
Ayer mi compañero de estos días, Millán, me abandonó a la hora de la cena porque no le había sentado bien la comida y prefería tomar sólo algo de fruta, además se fue a la misa de peregrinos. Yo me fui al mismo restaurante del mediodía y di cuenta de una sopa castellana y un trozo de pollo muy aceptables. Me retiré pronto hacia el albergue para meterme en la cama y ver algunas cosillas en el iPad, como arreglar mi ciudad de los Simpson.
Hemos tenido otra noche peregrina con inicio de movimiento a las 4, hora en que se ha levantado mi paciente de ampollas francés. Desde entonces el ruido ha sido constante hasta que nos hemos levantado a eso de las 6 yo ya cansado de dar vueltas sin poder dormir más que a pedazos.
Hemos desayunado en el bar España y nos hemos puesto en marcha rápido ya que el día era complicado.
Ante los quilómetros que nos quedaban por delante, el tipo de terreno y el calor hemos optado por dar buena marcha desde el principio y así llegar pronto. Es increíble ver cómo la gente madruga un montón pero luego se va deteniendo constantemente en el camino y los vamos pasando a todos en los primeros quilómetros. Al llegar a Calzadilla ya habíamos pasado a casi todos los peregrinos que habían salido mucho antes que nosotros, como los frikigrinos maños, a los que hemos pillado a unos 10 km después de haber paseado sus cantos y bailes desde las 5 de la mañana.
Los primeros 17 km hasta Calzadilla de la Cueza transcurren con un primer tramo por carretera secundaria hasta llegar a la recta de la calzada que acaba a la entrada del pueblo. No hemos parado en recuerdo de la estafa que nos dieron la última vez que estuvimos allí y porque el desayuno había consistido en un café y una napolitana.
Hemos continuado hasta Lédigos unos 6 km más para acabar tomando algo en el albergue en el que hace unos años paramos a dormir Mar y yo. En la barra dos camareras extranjeras que tenían allí “entretenidos” a algunos de los del pueblo (parece que a precio de saldo) nos han mal servido dos claras, la mía tamaño familiar, sin nada más porque no había nada para picar. He comprado dos botellas de agua fresca y le he pedido unos cúbitos a la rubia que me han permitido llevar agua fresca todo el resto del día.
Desde allí 3 km a Terradillos de los Templarios pasando por el albergue de Jacques de Molay, donde me picaron las chinches la última vez que pasé y dormimos allí con las niñas.
3 más a Moratinos y otros 3 a San Nicolás. Han ido abriendo albergues y restaurantes en todos estos pueblos y en el último hemos aprovechado para beber algo (frente a la iglesia) aunque tampoco hemos podido comer porque la camarera no ofrecía más que bocadillos y nada más.
Los siete restantes quilómetros hasta Sahagún han pasado bien a buen ritmo y a las 13:30 estábamos en la puerta del albergue.
Aquí, como siempre, mucha gente y algo descontrolado pero un lugar estupendo y con los servicios básicos cubiertos.
He puesto lavadora por 3 euros y nos hemos ido a comer un menú a la plaza, en realidad a un restaurante que hay en la calle antes de llegar. Menú algo básico aunque bien de precio.
En la siesta me he visto “La gran familia española” en Yomvi y luego un paseo turístico para acabar en la plaza tomando algo porque el calor es asfixiante de verdad.
Hemos regresado al albergue para ver si hacía algo más de fresco pero nada de nada. Aquí sudando a chorros mientras escribo esto.
Resumen de la etapa: 39,5 en 7h 4 min a 5,94 de media. Enlace de la etapa en Wikiloc.
12ª Castrojeriz-Frómista
Cuando íbamos a pagar en el Hostal El Mesón, en el que habíamos estado tomando algo mientras yo escribía, el señor de la barra nos dijo que tenían un menú estupendo por la noche con muchos platos y por 10 euros así que comentamos que podía ser una opción de cena.
Nos fuimos al albergue a recoger la ropa y tomar algo haciendo tiempo para ir a cenar. Visitamos también la impresionante iglesia de San Juan y su interesante exposición y finalmente nos fuimos a cenar al Hostal El Mesón a pesar de que despreciábamos un menú estupendo justo enfrente en el restaurante Casa Cordón.
Hace tiempo que no me sentía tan estafado en el camino: resulta que el menú no era de 10 sino de 14 euros y además una verdadera miseria con un cuentecito de sopa de cocido con fideos pasados y cuatro trozos contados de ternera estofada. Mal el precio y mal la cantidad, mal el servicio y además un local poco acogedor.
Con el cabreo nos fuimos a dormir mientras Holanda marcaba sus goles a Brasil.
La mañana ha amanecido a las 5 porque ya estamos en el camino francés y en un albergue municipal. Como siempre la gente se levanta haciendo ruido, molestando, etc. pero luego los pillamos en el primer pueblo. Así ha ocurrido hoy con un matrimonio de maños (ella era a la que daba el masaje ayer la hospitalera casi en bolas) con dos hijas ya crecíditas que van por el camino cantando cual flores de pitiminí venidas a cardos borriqueros.
Nosotros nos hemos levantado a las 6:30 para salir poco antes de las 7 sin tomar nada porque Castrojeriz era un despoblado está mañana.
El camino se dirige sin pensarlo directamente a la dura cuesta de Mostelares que hemos subido Millán y yo sin problemas mientras adelantábamos a diversos peregrinos que iban quedando derrotados en la cuneta presas de un esfuerzo al que no están habituados. Son casi dos quilómetros de subida con un desnivel de unos 150 metros que se pueden atragantar a los novatos.
Bajada, fuente del piojo, puente Fitero sobre el Pisuerga y a los 11 km Itero de la Vega en el que hemos parado a tomar café. En el trayecto ya hemos podido contemplar los primeros disparates peregrinos como una señora paseando con mochila de colé y paraguas (ver foto) o un coreano andando descalzo a lo promesa semanasantera.
Se hace largó el tramo de 8 km hasta Boadilla del camino pero merece la pena por llegar al albergue En el camino. He charlado un rato con ese fenómeno de Edu recordando mis anteriores pasos por allí y comentando cómo está el camino. Edu lleva en esto casi 20 años y es un verdadero clásico del camino. Nos hemos hecho unas foros para mandarlas a mis hijas como recuerdo de el día que pasamos aquí hace ya algunos años. Edu me ha puesto al día sobre informaciones y cotilleos y nos ha invitado a las cervezas: gracias crack y hasta la próxima.
Casi una hora después nos hemos puesto otra vez en camino para recorrer el agradable tramo hasta Frómista junto al canal de Castilla. La gente pescaba cangrejos en la orilla y nosotros hemos ido adelantando peregrinos entre sombras y el fresquito del agua cercana.
Sin novedad hemos llegado al albergue municipal en el que al momento nos ha abierto Carmen, la hospitalera, y nos ha acogido con amabilidad y diligencia, como siempre.
Después de lavar la ropa del día he visto que había lavadora y hemos puesto una colada con todo el resto Millán y yo. Carmen se ha ofrecido a tendernos la ropa y nos hemos ido a comer al Asador Restaurante Villa de Frómista donde hemos dado cuenta Millán y yo de un estupendo menú de 14 euros con lechazo y con el recuerdo del miserable menú de 14 de anoche.
Después he ido a ver el Tour con la wifi del albergue y hemos recogido toda la ropa ya seca. He ido a visitar San Martín para disfrutar durante un rato de esta joya del románico palentino con su estructura equilibrada o sus capiteles y canecillos. Ahora escribir en el hotel San Martín esperando que baje el calor y llegue la tarde noche mientras las vecinas del pueblo juegan al parchís en las mesas de camilla adjuntas.
El albergue se ha ido llenando más de la cuenta y ahora todo esta repleto de gente hablando en todo tipo de lenguas. Temo que será una noche movidita estilo de las peregrinaciones tradicionales pero, ya sabemos, es el camino francés.
Resumen de la etapa: 24,8 km en 5h 45 min a 5,9 de velocidad media. Enlace a Wikiloc.
Capulligrinos a las puertas de Galicia
El albergue se fue llenando a lo largo de la tarde de peregrinos que llegaban al límite por el enorme calor que hizo ayer. Cacabelos no es un final de etapa tradicional pero nosotros lo elegimos porque precisamente buscamos descuadrar las etapas que suele hacer la gente con el fin de evitar los lugares a los que suele llegar la mayoría y así huir de las aglomeraciones peregrinas. También tenemos como objetivo en estos días hacer la subida a Cebreiro a primera hora de la mañana porque el último tramo es muy duro cuando pega el sol de pleno.

Nosotros habíamos elegido el albergue de Cacabelos porque sabíamos que llegaríamos pronto con plazas suficientes y porque tiene pequeñas habitaciones dobles que aíslan unpoco y dan cierta intimidad. Es cierto que son muy pequeñas y que no están cerradas por arriba pero el albergue sigue estando bien cuidado a pesar de los años que ya tiene. Lo que peor tiene es el tema de las camas con las fundas y almohadas muy sucias, es una pena que no ofrezcan sábanas como en Galicia que mejorarían mucho ese tema.
Nos fuimos a cenar a un mesón del centro del pueblo y comimos aceptablemente acompañados de un perro pedigüeño y a una velocidad de tortuga por el poco aire que se daba el camarero. Cuando estábamos allí llegó un grupo de peregrinos discutiendo sobre el lugar en el que cenar. Destacaba una mujer de unos cincuenta que llevaba un pantaloncito muy corto y una camiseta de mangas que no dejaba mucho a la imaginación porque no llevaba ni sujetador. Entre ellos discutían sobre lo oportuno del callejón y lo poco ventilado y al final todo acabó con división de grupo, unos al callejón y otros a la plaza vecina.

Al llegar al albergue todo estaba tranquilo y aún hacía algo de calor así que procuramos no formar mucho follón porque la gente de la habitación de nuestra derecha ya estaban acostados. Dejamos la puerta un poco entreabierta para que entrara algo de fresco.
A las cuatro de la mañana me ha despertado el follón de la habitación de la derecha, estaban preparando la mochila con las luces encendidas sin ningún cuidado por la gente que dormía a su alrededor. Después de aguantar su charla, su ruido de cremalleras, bolsas de plástico y botes abiertos les he llamado la atención pidiendo silencio y respeto por el descanso de los demás. Se trata de dos ejemplares típicos de capulligrinas. Son una variedad de turigrinos caracterizados por tocar las zonas urogenitales de los que habitan a su alrededor. La gran mayoría son extranjeros y suelen destacar como modelo de mala educación los franceses, aunque también los hay españoles de cualquier comunidad autónoma. Los capulligrinos viven en el camino aprovechándose de la buena educación de los demás, esa que ellos no tiene. Suelen ser muy misérables y buscan albergues en los que dar la voluntad para no poner nada y que tenga cocina para no tener que ir a restaurantes. El caso es que en lo que no tienen reparo es en gastar casi todo su presupuesto en botellas de vino peleón y enormes jarras de cerveza. Por supuesto fuman tabaco liado.
Los capulligrinos llegan a los albergues tarde, a última hora del mediodía, se han ido parando en todos los bares que han encontrado en el camino, en los bancos, se han tumbado en los prados, han quitado las botas para mojar los pies en fuentes de pueblos, ríos o cualquier charca. Hacen etapas pequeñas pero tardan el doble que los demás por tanta parada. Nada más llegar se tumban en la cama sin deshacer mochila siquiera, no usan el saco y duermen sobre el colchón aunque vienen sucios del camino. No se duchan por lo que estar cerca de ellos es un problema desde el primer momento, además apagan las luces y cierran las ventanas con lo que impiden a los demás estar en el dormitorio para no molestarles.
A media tarde se desperezan después de varias horas de sueño y se apoderan de la cocina para preparar cualquier porquería que han comprado en el supermercado de tres pueblos antes y que han transportado en una bolsa de plástico que llevan en la mano. Lo que cocinan impregna de un insoportable olor todo el albergue. Ocupan toas mesas llenando todo de basura y prolongan su sobremesa con varias botellas de vino. Uno de ellos siempre lleva una guitarra con la que dan rienda suelta a sus alegrías etílicas subiendo progresivamente el tono de las risas. Mientras los demás vamos a cenar ellos completan su ciclo diario y te los encuentras al regresar en el mismo sitio en el que los dejaste solo que más borrachos o ya se han ido a dormir y los encuentras en la misma posición de la tarde: sin ducharse y sobre el colchón apestando a sudor. Como ya duermen tú tienes que preparar la mochila para el día siguiente a oscuras, a pesar de que aùn queda tiempo antes de que sea la hora de apagar las luces.
Los que sí se duchan lo hacen cuando ya todos estamos en la cama y comenzamos a conciliar el sueño.
Lo peor llega a partir de las 4 de la mañana porque ellos salen a esa hora, lo hacen para llegar pronto al albergue siguiente y coger sitio o simplemente porque algún capullo les ha contado la idiotez de que por la noche el camino es una experiencia mucho más iniciática. La realidad es que se pierden, se lesionan tropezando en la oscuridad y acaban perdiendo tanto tiempo al día siguiente entre bar y bar que vuelven a llegar después de los que nos hemos puesto en marcha a las 7.
Pero para levantarse ellos sí que no tienen ningún cuidado por no despertar a todo el dormitorio, en lugar de salirse fuera a preparar la mochila usan sus potentes linternas que te enfocan en la cara, comienzan a mover bolsas de plástico metiendo y sacando cosas media hora, luego cerrando y abriendo cremalleras. Se les caen doscientas cosas y entre ellos comentan tranquilamente la etapa mientras comienzan a desayunar sobre las camas. A esas alturas tu grado de cabreo e indignación es tal que alguno siempre acaba dando un grito con muy mala leche que ellos toman mucha tranquilidad para terminar de recoger todo y salir tropezando dos o tres veces antes de alcanzar la puerta y cuando ya todo el resto del dormitorio se ha quedado desvelado. Poco a poco los que ya no pueden conciliar el sueño acaban levantándose en un rosario de gente que termina cuando otro listo enciende la luz pensando que es más cómodo así sin ver que algunos no queremos levantarnos.
A las cuatro de la mañana nos han despertado nuestras amigas porque preferían arreglar sus cosas dentro ya que fuera hacía fresquito para ellas.
Nosotros hemos salido a las siete según lo previsto comentando las incidencias de la noche.
El camino va por la carretera hasta algo más allá de Pieros. Es un tramo feo y peligroso que deberían mejorar puesto que los coches pasan a mucha velocidad. El último tramo hasta Villafranca sí se aparta de la carretera y entra por la parte alta por camino. Lo primero que encuentras es el refugio municipal y la iglesia de Santiago, en la que los peregrinos que no podían llegar a Santiago alcanzabannla indulgencia pasando por su pueda del perdón.

Junto a la iglesia había un cementerio de peregrinos y también encontramos el albergue de Jato, el refugio del Ave Fénix, uno de los lugares más “especiales” del camino.
Nada más pasar encontramos el castillo que es una casa particular que está habitada.

Se baja por la calle del agua, una de las más bonitas del camino hasta el puente que re saca de la ciudad. Nosotros hemos desviado nuestros pasos para ir a la plaza del pueblo a desayunar y sacar dinero en un cajero.
De Villafranca se sale por el trazado de la antigua carretera nacional y ya no se abandona en toda la jornada. Hoy en día es un paseo agradable entre grandes castaños, robles, etc… Siempre junto al río Valcarce. Desde que han hecho la autovía el tráfico ha bajado mucho y el camino se ha hecho mucho más fácil y agradable. Recuerdo nuestro paso por aquí hace unos años, cuando estaba en construcción la autovía entre polvo, camiones y coches. Tuvimos que taparnos boca y nariz para poder pasar.

En Trabadelo hemos hecho una pequeña parada técnica y a la salida hemos encontrado un ejemplo de la pasión por el fútbol vivida en estos últimos días. Son las cosas del camino incluso aquí, donde todo parece estar muy lejos de nuestro mundo cotidiano.

El último tramo hasta La Portela se ha hecho duro porque el calor apretaba. Al final hemos llegado a tiempo de una buena ducha, lavar la ropa en lavadora y un menú abundante y rico. Estamos en una habitación para los cuatro con dos literas, todo muy limpio y bien cuidado. El trato es amable y cordial. La lavadora se ha atascado y han tenido que ponerla otra vez.
Tenemos toda la tarde para descansar ya que esto no da para más. Por lo menos tenemos wifi y por eso puedo escribir. Mañana nos espera Galicia con la subida a Cebreiro, otra de las etapas cumbres del camino. Tres orujos de hierbas preparan una tarde tranquila a cobijo del calor que hace fuera mientras vemos pasar por el camino peregrinos a pie y en bici que desafían la lógica y marchan bajo un calor de justicia.
La Moncloa de Cacabelos con mucho calor
Hoy volvemos a comenzar hablando de fútbol y del estupendo triunfo de ayer. Es curiosa la relación del camino y el fútbol que vamos generando y la suerte que trae ver partidos del Barça en el camino. Un trofeo más que disfruto haciendo un alto en el camino, y ya van muchos, lo siento por los amigos del Madrid pero van a tener que cambiar al perro de presa ese que han puesto al frente si quieren volver a tener el respeto que se merecen por su juego.
El partido de ayer lo vi en un ambiente menos amigable que el partido de ida porque estaba con un grupo de peregrinos todos del Madrid frente a mi. Desde el primer gol manifestaron su resquemor y los comentarios iban subiendo de tono a medida que el partido avanzaba. Entre el empanamiento generalizado de auténticos turigrinos filosofando sobre la esencia de la vida a través del prisma de de caminantes sin mochila que buscan turismo barato pero creen vivir una experiencia iniciática.
Los comentarios sobre sus proezas en el camino sobre etapas hechas corriendo, marchas nocturnas y borracheras en marcha iban acompañados por abundante cerveza, cecina y queso. Así fue pasando el partido y así fue llegando un nuevo triunfo de este gran Barça.
Durante la tarde había estado escribiendo en la terraza del albergue porque en la habitación hacía mucha calor. Antes de marcharnos a cenar estuve charlando con Alfredo que nos contó su viaje a Japón y algunos de sus proyectos sobre un museo de los caminos espirituales. Nos explicó que piensa caminar en Brasil y también le contó a las niñas la historia de la postal que le envió el futuro Papa Benedicto XVI.

Para variar al llegar al albergue la puerta estaba ya cerrada a pesar de que nos habían dicho que estaría abierta hasta la una y faltaban algunos minutos. La incertidumbre sobre cómo entrar duró poco aunque ya estaba algo mosca cuando apareció el hospitalero y me abrió. Estuve escuchando un rato la radio en la cama antes de dormirme definitivamente sobre las dos.
Esta mañana nos hemos puesto en marcha a las seis y a las siete menos cuarto ya estábamos andando porque no nos hemos parado a desayunar.
El camino hasta Ponferrada es sencillo presentando una alternativa más corta por una acera junto a la carretera u otra más larga por Campo. Hemos elegido la corta y en una hora ya estábamos delante del castillo de Ponferrada.

A esa hora aún estaba casi todo cerrado y nosotros no nos hemos detenido mucho porque ya conocíamos la ciudad, hemos llegado hasta la plaza del ayuntamiento y luego hemos buscado un bar en el que desayunar.
Es llamativo el cambio de Ponferrada en los últimos años: la primera vez que pasé por aquí se acumulaban toneladas de restos de carbón por toda la zona por donde sale el camino. Hoy está todo limpio y aquellos basureros se han convertido en parques agradables.

El camino de salida pasa entre zonas residenciales con bonitas casas de campo alternas con cultivos. Llaman la atención las enormes calabazas que se ven en algunos huertos y también comenzamos a ver las coles cultivadas al estilo gallego. Estamos en el Bierzo y ya se nota la presencia de lo gallego en la comida, en el acento de la gente y en el paisaje.
A partir de Camponaraya el camino se hace por el campo entre vides que producen el cada vez más cotizado vino del Bierzo.
La entrada en Cacabelos se hace muy larga porque el núcleo urbano está bastante disperso en esa zona. Nada más llegar destaca la Moncloa de Prada a Tope. Este es uno de los lugares que más significación tiene para mí en el camino, siempre que he parado en Cacabelos he comido aquí y hemos venido varias veces más cuando hemos pasado con el coche, o cuando estuvimos de vacaciones en las Médulas hace algunos años. Antiguamente cuando llegabas te ofrecían en la tienda un vaso de vino y un trozo de empanada a todos los que parábamos a descansar en su precioso patio. Hoy ya no sigue esa tradición imagino que porque no ganarían para tantos litros de vino y tantas empanadas como necesitarían con los peregrinos de hoy, además alguno habría que pasaría varias veces con tal de comer gratis.
Nosotros hemos llegado al albergue municipal que está al final del pueblo. Es un albergue sencillo con pequeñas habitaciones con dos camas que dan cierta intimidad. Está bastante limpio aunque debería cuidar un poco el tema de las camas. No comprendo cómo no han adoptado la costumbre de los albergues gallegos de ofrecer sábanas de usar y tirar.
La comida ha sido ya muy gallega: caldo Berciano y pulpo. Después una siesta bajo el intenso calor de la tarde.

Hemos ido a la playa fluvial a mojar los pies en el río mientras los muchachos del lugar se lanzan de manera temeraria desde el puente. Ahora estamos en una cafetería con aire acondicionado mientras sufrimos la retransmisión de la visita del Papa en la televisión pública. Como siempre en este país lo confesional invade la esfera de lo público y el ayuntamiento de Madrid sigue subvencionando con dinero público la visita, como el gobierno de España mientras la televisión pública que pagamos todos da publicidad a la visita y a la confesión católica con un cura en pantalla lanzando proclamas pro-vaticanas.
Subir hasta la cruz de Ferro y luego caer hasta Molinaseca
Ayer no pude escribir porque en Rabanal internet llega en burro. Aprovechamos el día para seguir recuperando, charlar con la gente y disfrutar de la estupenda acogida de Isabel en el albergue del Pilar. Este es uno de los albergues que más veces he visitado en todos mis caminos y cada vez que me marcho pienso en volver seguro la vez siguiente. Ha cambiado mucho desde que dormimos Emilio y yo hace casi 20 años y ahora ofrece muchos más servicios aunque el trato sigue siendo el mismo y la amabilidad de Isabel continúa a pesar de tanta gente como va y viene todos los días.
Salimos a las siete del albergue y paramos a desayunar en un bar a la salida, justo enfrente está el Silva. Se trata de un bar que Isa nos había dicho que buscáramos porque ella tiene una amiga que Tiene familia en Astorga y que le había que tenía un bar, la familia se llama Silva, así que se supone que este debía ser el sitio. Le dijimos que entrara a preguntar pero no se atrevió porque le daba vergüenza. Es curioso que Isa sea tan vergonzosa para algunas cosas y tan descarada para otras.
La etapa de ayer es una agradable subida con una suave pendiente, aunque muy constante, que nos lleva hasta pequeños pueblecitos de sierra que hace unos años estaban casi abandonados pero que hoy florecen gracias al camino. La primera vez que pasé por aquí recuerdo que un señor en Santa Catalina nos preparó un bocata y un café de puchero en su propia casa que hacía las veces de bar. Hoy en día encuentras restaurantes, albergues o bares que se promocionan a las entradas de los pueblos con carteles llamativos.
Otra de las cosas que llama la atención es la gran cantidad de gente que hay por todo el camino. Se desplazan en grandes grupos a voz en grito y paran en todos los pueblos por los que el camino pasa, en una mezcla de necesidad por la fatiga de quien no está acostumbrado a andar y con un deseo de búsqueda de lo auténtico y rural en bares que tengan todo tipo de servicios.

La apariencia de todos estos lugares ha cambiado mucho desde aquellas casas abandonadas y en ruinas hasta los flamantes restaurantes y los Mercedes aparcados a las puertas de casas recién construidas.
En el Ganso paramos a hacer un descanso en uno de los dos bares que siguen estando juntos aunque no creo que demasiado bien avenidos.

Así se afrontan las últimas rampas hasta Rabanal, algo más duras como preludio de la ascensión del día siguiente. También Rabanal ha cambiado mucho y ahora cuenta con mesones, albergues y casas rurales para elección de los peregrinos y demás turistas de todo tipo de posibilidades económicas.
En estos dos días hemos sufrido especialmente la impertinencia de los bicigrinos. Los bicigrinos se pueden clasificar también en las mismas variedades que el resto de peregrinos a pie salvo por la evidente diferencia de que van en bici. En general la convivencia es fácil y el respeto por el paso de unos y otros suele primar. De todos modos algunos son especialmente molestos. Para comenzar los hay que se empeñan en hacer el camino “de verdad”, es decir, siguen el camino trazado para los que vamos a pie aún en aquellos lugares impracticables para ellos. En lugar de tomar la carretera que tienen a un par de metros, bien asfaltada, poco transitada y de fácil paso, se empeñan en ir por esa pequeña se dita pedregosa, de gran desnivel y por la que sólo cabe un peatón. Esto te hace tener que detenerte para ceder el paso tras recibir el sobresalto de un bocinazo o un grito de “bici”. El final es que acabas alcanzándolos y pasándolos en la siguiente cuesta que ya no han podido hacer sobre la bici o porque han pinchado dado lo irregular del terreno. Yo entiendo que las bicis compartan camino por aquellos tramos en los que la alternativa es una carretera peligrosa y de mucho tráfico, o en aquellos lugares en los que el camino es suficientemente ancho para pasar sin problemas pero me resulta muy molesto ese ciclista que cree que por llevar un cascabel tiene derecho a que todos nos abramos para dejarle pasar porque se considera más peregrino en tierra que en asfalto, para eso que se hubiera dejado la bici en casa y se hubiera venido a pie porque total acaba haciendo más quilómetros bajado de la bici que encima.

Al llegar nos instalamos en una habitación con dos camas de matrimonio, algo alejados del mogollón de turigrinos que iban llegando a todas horas y nos fuimos a comer a la posada de Gaspar. En los últimos años hemos comido allí muy bien aunque ayer nos pareció demasiado básico y poco cuidado el me ú de un restaurante con tan buena pinta y con tantas posibilidades. Para poner un simple salmón a la plancha uno puede poner congelado reseco o preocuparse por tener un buen trozo como ración.
La tarde la hemos pasado charlando en la terraza con algunos de los peregrinos con los que vamos contactando. Estando sentado he visto a alguien cuya cara me sonaba bastantes, se trataba del que estaba comprando una capa en León cuando mirábamos las sandalias de Isa. Mar me dijo que le aconsejara que no se comprara la capa Ferrino con mangas porque no transpira y acabas más mojado por dentro que por fuera. Estuvimos charlando un ratito sobre capas, chubasqueros y goretex y nos comentó que empezaba el camino en Astorga. Al verme me reconoció y comenzamos a charlar con ellos sobre las etapas y esas cosas de las que hablamos los peregrinos en los albergues. Son Luis y Amaya, gente amable con los que desde ese momento hemos ido coincidiendo.
Después de algún que otro orujo nos pusimos a cenar algo en el mismo albergue, acompañado de una dosis suficiente de vino del terreno, suficiente para que yo llegara a la cama con sueño rápido y casi tan profundo como el de Mar hija (ella no ha cambiado en eso y sigue en su proceso de dormirse antes de terminar de poner la cabeza en la almohada.
A las 5:45 nos hemos levantado para ir a desayunar y salir a afrontar la dura subida a la cruz de Ferro. Isabel nos ha puesto una tostadas enormes de las que hemos dado cuenta rápido. Luego foto y despedida hasta la próxima vez.

A las siete en marcha justo con las primeras luces. Las duras rampas de ascensión las hemos ido tomando suavemente disfrutando de la mañana y del paisaje. Además hemos encontrado poca gente subiendo y nos ha permitido hacer una ascensión tranquila a muy buen ritmo.

Al llegar a Foncebadón seguimos comprobando las mejoras económicas que representa el camino. Hoy es un centro en el que paran peregrinos como final de etapa o para tomar algo. Varios albergues y mesones dan vida a aquel lugar que no hace mucho era un simple conjunto de casas abandonadas.

Desde aquí ya es un simple paseo hasta llegar a la cruz de Ferro donde hacer las fotos de rigor delante del montón de piedras que se supone que los peregrinos han ido transportando desde Ibañeta.

Sigue el camino por la parte alta durante algunos quilómetros sin atreverse a descender lo que al final hará sin piedad y llega hasta el albergue de Manjarín regentado por el templario caballero Tomás. Otro de los personajes del camino que lleva su particular refugio desde hace muchos años acogiendo a los rezagados o los que buscan una experiencia diferente para pasar una noche en un lugar muy especial en lo alto del mundo.

A partir de aquí el camino comienza la parte más dura de bajadas en uno de los tramos más peligrosos de todo el camino. Hay que tener mucha precaución para evitar tropezones y caídas dada la tremenda pendiente de algunos tramos y el terreno pedregoso y de difícil caminar. En esta parte sí hemos empezado a encontrar cada vez más peregrinos a los que íbamos adelantando con caras cada vez más fatigadas por la acumulación de quilómetros y el calor sofocante.
Cuando llegas al Acebo parece que te vas a caer sobre el pueblo que sólo ves cuando estás muy encima. La llegada es espectacular y el pueblo una belleza que representa la entrada oficial al Bierzo.

En el mesón del Acebo hemos parado a tomar algo y reponer fuerzas, allí hemos coincidido con Luis y Amaya. Hay otros muchos bares ahora pero yo prefiero el de siempre, allí dormimos Joseba y yo con los catalanes el año que nos comimos en cocido maragato en Castrillo.
Hasta Riego el camino va por la carretera en suave descenso. Unos chicos vendían piedras y caracolas además de limonada como preparación de futuros comerciantes del camino.
Desde aquí hasta el final queda lo peor: constantes bajadas pedregosas y muy duras por valles cerrados que no dejan pasar el aire y hacen sofocante el calor. Cada vez más cansados y doloridos de músculos y pies además de tener que prestar atención para no resbalar y caer.
Varios castaños secos son la única nota de belleza que nos recuerda que ese sufrimiento se verá recompensado por la frondosidad de interminables bosques a partir de mañana.

Adelantando peregrinos, unos nos han pasado corriendo y Mar ha comentado que se trata de uno de los concursantes de gran hermano. Cuando por fin ves Molinaseca al fondo ya casi no percibes un par de descensos durísimos que te llevan hasta el mismo puente romano.

Al llegar al albergue, a la salida del pueblo están los dos, Alfredo estaba allí y lo he saludado, por supuesto no me recordaba pero yo sí le he dicho que hace ya algunos años pasamos una velada estupenda charlando en el albergue público, este aún no estaba.
Al tener reserva hecha nos han subido a una habitación con ocho camas y también se han allí Luis y Amaya, que han llegado poco después de nosotros.
Ducha rápida y vistazo a los pies de Mar madre que no va tan mal como preveíamos, aunque ha llegado muerta. Luego nos hemos ido al Mesón Palacios donde hemos dado cuenta de nuestra primera ración de pulpo con cachemos y pimientos de padrón.
Hemos mojado los pies en el helado río en la playa fluvial y luego hemos vuelto a dormir un rato pero el calor en la habitación no nos ha dejado descansar.
Yo he bajado a escribir y Alfredo me ha estado contando que estuvo haciendo el camino espiritual en Japón y que ahora piensa ir a Brasil, su idea es hacer un museo de las peregrinaciones espirituales por todo el mundo aquí en Molinaseca. Así son las gentes del camino.
Resumen etapas: 21 a Rabanal 20,0 km en 4 horas y 6 minutos a 4,9km/h.
Etapa 22 a Molinaseca, 25,8km en 5 horas y 50 minutos a 4,4km/h.
Un cocido maragato entre juventudes cristianas
Llevamos ya varios días rodeados de jóvenes activistas cristianos de todos los países que aparecen como champiñones por cualquier rincón con la guitarra en la mano entonando baladas de amor con la letra cambiada para alabanza de Cristo y danzando desarmónicamente con movimientos absurdos y más propios de quien ha consumido cualquier estimulante de carácter artificial.
Me parece estupendo el montaje que está haciendo la iglesia y todo sería perfecto, salvo por el detalle de que muchas de esas visitas y estancias de jóvenes poseídos por el espíritu de de la actividad cristiana están subvencionadas con los impuestos de todos los españoles. El caso es que los espacios públicos de ciudades y pueblos aparecen ocupados por jóvenes unidos por las manos y balanceando sus cuerpos al compás desacompasado de una guitarra y una voz aguda y chirriosa dando las gracias por todo lo buenos que son y por no estar contaminados de la normalidad de aquellos que estamos fuera: potenciales abortadoras y corruptos pervertidos sexuales que vivimos en la promiscuidad. Es el resultado de una visión parcial e intolerante que tanto practican estas sectas religiosas que ahora campan por todas partes.
El caso es que no contentos con la libertad de manifestarse sin vergüenza por lugares públicos ataviados del uniforme oficial (camiseta de algodón con lema cristiano, bermudas de colores, chillones, chanclas, identificación al cuello y bandera de la nación de procedencia) consideran tener permiso para entrar en cualquier lugar cual evangelista que debe dar la buena nueva. Así cuando llegábamos al albergue esta mañana hemos sido invadidos por un grupo de jovencitas polacas (lo sé por lo de la bandera) que han subido a los servicios a mancillar los recién limpios aseos de este recinto privado para evacuar sus puras e inmaculadas vejigas urinarias sin pedir permiso siquiera ante la atónita mirada de los responsables del albergue (privado) y de todos los peregrinos que esperábamos con las mochilas colgadas a que se terminase de secar el suelo para descansar e instalarnos.
El caso es que llevamos ya varios días rodeados de semejante fauna y estamos deseando que venga su Papa de una vez para llevarse a todos sus hijos a su casa grande de Roma.
Ayer era día de fútbol y así lo viví como caminante a Santiago y barcelonista que sabéis que soy. Temprano nos fuimos a un bar del pueblo a coger sitio y cenar algo mientras hacía tiempo para ver el partido. Había conseguido permiso del hospitalero para llegar al terminar el partido y me dispuse a sufrir ante lo que esperaba sería una derrota clara acompañado, además, por un bar lleno de forofos madridistas, eso sí, acompañado por los orujos con hierbas pertinentes.
Las chicas se marcharon después de la cena y yo me quedé solo en la mesa haciendo solitarios ya que no tenía cobertura tampoco. A la hora señalada me pedí mi segundo orujo y adelanté mi cuerpo apoyándolo sobre la mesa para aguantar mejor la presión. Justo al pitido de inicio un señor enorme me preguntó si me importaba que se sentaran junto a mí él y su yerno. Le dije que por supuesto que no me importaba aunque ya sí estaba seguro de recibir de mis compañeros de mesa la burla de la derrota durante casi dos horas.
Y llegó el primer gol del Madrid pero casi nadie gritó de alegría en el bar, la gente bajó la cabeza en un signo desconcertante que apuntaba a una afición culé. En ese momento mi compañero de mesa le disparó al árbitro ante la enésima falta de los blancos consentida por él “me gustaría, árbitro, que cuando llegaras a tu casa te encontraras al gato jugando con el corazón de la que te parió”. Yo me quedé de piedra y solo pude mirarle y decirle “joder”.
A partir de ese momento la fiesta del primer gol, luego el segundo y la sorpresa de una afición azulgrana que ya no dejó la sonrisa en toda la noche, a pesar del empate del Madrid.
Al llegar al albergue la puerta estaba cerrada y tuvimos que llamar a Mar para que nos abriera. Yo me acosté rápido porque lo tenía todo preparado pero los ciclistas que dormía en nuestro cuarto llegaron moviendo todo, charlando sin miramientos e incluso cantando. Era el preludio de una noche de insomnio hasta que a las 5 ha sonado el primer despertador.
A las 6 ya no aguantábamos más y nos hemos puesto en marcha.
Hoy teníamos por delante la etapa más corta del camino: 17km, por uno de los tramos más bonitos. Además ya hemos abandonado definitivamente los campos de cereales para adentrarnos en la comarca maragata.

Para colmo la mañana estaba perfecta para caminar con fresquito y con una luz espectacular. Hemos pasado por dos pequeños pueblos en los que aún aguantaban los últimos rezagados de las fiestas de anoche con baile popular y subimos entre explotaciones ganaderas y por senderos entre arbustos de encinas. A lo lejos los cazadores interrumpían el silencio a golpes de disparo dobles que nos hacían imaginar peregrinos cayendo al borde del camino como presa fácil.

Al llegar a la zona más alta había un Chiringuito tipo “colgao del camino” del que he pasado sin detenerme. El jefe de la comuna me ha gritado un buen camino con muy mala leche al que le he respondido en voz alta con un desagradable gracias. Luego me ha dicho “no siempre el que tiene ojos ve” y “los peregrinos que aprecian mi hospitalidad son los que no llevan los bolsillos llenos de dinero porque esos pueden elegir”. Yo, ya bastante cabreado con todos los que quieren dar lecciones en el camino le he respondido “es verdad que no todos los que se creen listos hacen dinero con un Chiringuito puesto en cualquier sitio”.
Sin mayor novedad hemos llegado a la tremenda cuesta de subida a Astorga para ir al albergue entre jóvenes JMJ por todas partes bailando y riendo.

Nosotros nos hemos instalado rápido y yo he ido a reservar mesa en la casa maragata para dar cuenta de un buen cocido.

El resto de la mañana la hemos dedicado a dar un paseo y a las dos en punto nos hemos encaminado con paso firme hacia nuestro destino gastronómico para suplicio de Mar hija y sus restos de problemas estomacales, y para deleite y satisfacción de Isa por tan esperado acontecimiento. Mientras llegábamos les contaba la historia de los franceses de la guerra de la independencia y la costumbre de comer el cocido al revés, terminando por la sopa.

Para reposar hemos dado cuenta de una siesta peregrina entre la continua llegada de nuevos compañeros de habitación. Estos días se incorporan muchos nuevos caminantes, los hay de todas las especies aunque predominan los frikigrinos y los turigrinos. Algunos se les ve tan despistados que los podríamos colocar en el grupo de los de “nosésivoyovengo” y quedan muy pocos de todos los que hemos estado viendo en las etapas anteriores a León. El ambiente cada vez es más folclórico-festivo y menos del camino. Son fáciles de distinguir por lo limpia y nueva que llevan su enorme mochila (no se mancha mucho en los taxis que las transportan entre albergue y albergue) y unas botas enormes y nuevas que acabarán colgadas de la mochila mientras ellos caminan sobre sus destrozados pies con las sandalias que han debido comprar como recurso de urgencia. En general mucha gente que busca un turismo barato y que se preocupa bastante poco de lo que es el camino, pero cada uno hace lo que le parece en el camino.
Entre diarreas, picaduras y ampollas nuevas
La noche de Mansilla acabó muy bien tapeando en el bar “la curiosa”. Ambiente agradable y comida estupenda aunque Mar madre tuvo que pelear duro hasta conseguir una mesa en la terraza. El restaurante lleva poco tiempo abierto aunque son muy amables y atentos.

mar hija no quiso cenar casi porque no se encontraba muy bien, el anuncio de una noche de vómitos y diarrea. A media noche nos llamó para decirnos que se encontraba mal. La realidad es que Isa había pedido una diarrea como forma de adelgazar en el camino y al final lo ha conseguido, aunque para su hermana.
Con tales perspectivas hemos salido a la hora prevista rumbo a León con la idea de comprar unas sandalias a Isa que le permitan mejorar sus pies porque al cambiar las zapatillas con su madre sus problemas han pasado a ella.
En Puente Villarente hemos tomado un café acompañados de Satrauss y Beethoven. Hasta León pequeñas subidas y bajadas y la suerte de que han hecho un andadero junto a la carretera que alivia un poco la entrada en la ciudad. Hemos visto a la eslovaca poner rumbo al albergue municipal. En las Carvajalas la cola llegaba a la puerta porque cada vez hay más gente en el camino, en León comienza mucha gente. Nosotros hemos seguido hasta la catedral y luego hemos buscado una tienda de deportes pata que Isa se comprara un calzado nuevo más cómodo.

Una vez solucionado el problema nos hemos puesto rumbo a la Virgen del Camino, la idea es adelantar algo la etapa par que mañana tengamos una jornada más cortita. La salida de León la hemos hecho entre un montón de peregrinos y turistas que han venido a lo del Papa y que hacen algún tipo de encuentro en León. Nosotros hemos pasado un rato malo pero al final hemos completado la etapa hasta la plaza de La Virgen del Camino.
Tenemos una habitación en uno de los hoteles de la plaza. Tras una ducha rápida nos hemos ido a comer los tres porque Mar hija sigue fastidiada y se ha quedado a dormir un rato. mar madre también va algo cascada de los pies, sobre todo de los dedos pequeños en los que le han salido dos a pollas de las puñeteras.
Después de comer Isa y yo nos hemos ido a León en bus y las Mar se han quedado. Nosotros hemos dado una vuelta por la catedral y la plaza mayor e Isa se ha tomado un helado (de chocolate, por supuesto) pero hemos vuelto rápido porque hacía un calor de muerte. En la Catedral cientos de personas viendo las vidrieras, discutiendo, confesando o explicando a la familia las “bóvedas de cañón”.

Después del desastre de la comida y teniendo en cuenta a Mar hemos ido al súper a comprar algo para cenar en la habitación. Hemos tenido una autentica cena peregrina a base de lata de espárragos, jamón de York, queso en lonchas, yogurt líquido cerveza medio fresca. Como lujo especial hemos comprado una bolsa de pipas que hemos comido entre Isa y yo.
El resto de la noche se ha ido entre curas de ampollas a Mar, alguna que le queda a Isa y mi pomada para aliviar el picor de mis ronchas monumentales.
Cuando ha sonado el despertador esta mañana a las seis y he mirado por la ventana he visto que los coches estaban algo mojados porque esta noche ha llovido algo. La etapa de hoy transcurre siempre paralela a la carretera, es llana y fácil. El paisaje ha comenzado a cambiar abandonando los interminables campos de cereales y dejando entrever los primeros árboles que anuncian la cercana montaña.
Hemos desayunado en Villaverde. Yo había pedido un café pero el camarero se ha equivocado y ha puesto dos, cuando le hemos dicho que se había equivocado le ha echado la culpa a Mar madre diciendo que todas las mujeres son iguales, que se equivocan y luego le echan la culpa a los hombres.
La etapa ha transcurrido entre la relativa mejoría en el estómago de Mar y los problemas en los dedos pequeños de madre. Mis picores van mejor e Isa también progresa adecuadamente. Los últimos quilómetros hasta Hospital de Órbigo se les han hecho muy duros y ha sido un placer llegar hasta el albergue en el que nos hospedamos, para colmo tiene wifi y me permitirá ver el partido esta noche, aunque sea en el iPad.

El resto ha sido ducha, preparar camas, menú peregrino y escribir la entrada acompañado de la música de Enya. Estamos en el lugar de paso Honroso, en el alberrgue de San Miguel. Es la primera vez que duermo aquí porque antes siempre había dormido en el municipal. Recuerdo la primera vez cuando paramos a tomar un bocata en el bar junto al puente con Emilio, o la cena a base de costillas asadas el año que dormimos con Joseba y los catalanes aquí, esa espesa mañana en la que todo el mundo se arreglaba los pies en el patio del albergue. También dormimos aquí Mar y yo aunque entonces el albergue municipal estaba muy descuidado y sucio. Ya había parado en San Miguel Joseba con sus hijos con Teresa aquí y por eso nos hemos decidido a parar aquí. El trato es amable y está todo bastante limpio.
Hoy dedicaremos la jornada a descansar y recuperar, ahora vienen dos días tranquilitos en los que esperamos que los picores se calmen, la diarrea desaparezca y las ampollas se curen. Así es la vida peregrina entre cada vez más peregrinos de todo tipo, sobre todo turigrinos que vienen con autobuses y que caminan sin mochila entre cantos y risas que no les permiten saber muy bien si van o si vienen. Lo de siempre, el camino lo hace cada uno como quiere aunque algunos deberían hacer un test mínimo para identificar el grado de conocimiento que tienen de todo esto.

A esta hora no para de llegar gente, vienen destrozados porque muchos han salido de León y se han cascado más de 30km de inicio. Cada vez es más difícil localizar a la gente de todos los días, hemos visto a la alemana que es amiga del alemán del sombrero y la camiseta roja, la mística que va con la coreana y el que no para de fumar y va con pantalones de camuflaje, el resto casi todos sin mochila, con botas enormes que les harán auténticas averías en los pies y…
Ben camino, peregrino
El olor a lilimento es insoportable…

Resumen: 18 Mansilla-virgen del Camino: 26,2km en 5 horas y 40 minutos a 4,6km/h
19 Virgen del Camino-Puente Órbigo: 25,2km en 5 horas y 7 minutos a 4,9km/h





















