14ª Oporto – Vilarinhos

Etapa del año,pasado, leerla

El día de ayer pasó entre descansar y la visita a algunos de los rincones más bonitos de Oporto. La mañana nos llevó hasta Gaia para ver una bodega de vinos, la Burmester. Allí coincidimos con una pareja de señores de Brasil que vivían en Madrid y dos matrimonios españoles, de Roquetas de Mar. El vino de la degustación y las fotos de rigor permitieron la confraternización de todos hasta comprobar que los almerienses conocían a gente de Oria y habían hecho parte del camino de Santiago, concretamente desde Sarria “sin coches de apoyo”, insistieron en la autenticidad de su camino.

Tras una pequeña explicación por mi parte sobre la historia del Oporto y su relación con los ingleses y otra sobre mis caminos a Santiago nos despedimos. Nosotros nos encaminamos hacia una marisquería a la que le habíamos echado el ojo por la mañana y que estaba cerca del hotel, la marisquería Acuario. Allí dimos cuenta de un estupendo arroz de marisco regado con un estupendo vinho verde. La compañía era una pareja de portugueses a la que se unió, a última hora, un matrimonio de españoles a media cocción, es decir, de los que salen de España y piensan que como el bar de su pueblo nadie hace los huevos fritos salvo la propia mujer (sin duda ama de casa). Montaron un espectáculo muy a la moda de los españoles en Portugal al intentar hacer entender al camarero que el vino aquí es peor que en España porque el blanco tiene mucho gas y es “como la gaseosa” (sic)

Sin mayores incidencias nos retiramos al hotel, Marcame (así denomino ahora a mi compañera desde que ha decidido nombrarme como juanmacapa) a planchar la oreja y dormir la mona que había pillado entre la cata de Oporto y el vinha verde de la comida. Yo me dediqué a intentar superar a mi hermanita al candy crush saga tras haber comprobado que la muy desgraciada está haciendo horas extras y ha llegado tres niveles por encima de mí. Estuve toda la tarde y parte de la noche hasta alcanzarla y sigo en ello para ver si pongo las cosas en su sitio y le vuelvo a adelantar, aunque el nivel 130 se las trae.

Después de la siesta reparadora de Marcame y de haber lavado por enésima vez su camiseta de los restos de la lucha con las gambas de la comida mezclada con la abundancia de alcohol (su camiseta va a dos lavados de manchas al día), nos fuimos hacia la librería de Lello & Irmao a hacer unas fotos y comprar algún pequeño recuerdo que cupiera en la mochila sin pesar demasiado. Por supuesto grabé algún vídeo del lugar a pesar de la prohibición.

De la librería al Bar Ponte Pensil, lugar romántico, bello e ideal para pasar una tarde tranquila contemplando pasar el tiempo y los turistas, y si tienes frío los camareros te colocan una mantita azul celeste sobre los hombros que te protege también de la humedad (por supuesto que Marcame no se pondría nunca una de estas tras haber pasado por cubrir cuerpos desconocidos).

Y en este momento tengo que volver a hacer alusión a la parte más entretenida de nuestro viaje: las teorías de Mar. Para mi querida compañera todo lo que ocurre en esta vida debe tener una explicación que, por supuesto, ella misma se inventa. Os pongo un ejemplo de teoría clásica: de todos los restaurantes de la zona de la Ribeira ella dice que el primero ( junto a la plaza) es el que más lleno está siempre. Ella tiene la teoría de que esto es así porque como es el primero todos los turistas tienen la simpleza de no molestarse en buscar más y se quedan allí. Por supuesto cada vez que pasamos por esa terraza (unas 10 al día) ella me vuelve a contar su teoría. De nada sirve que yo intente argumentar cosas como que hay turistas que vienen de la otra parte del paseo y para ellos ésta es la última terraza (la de la otra punta siempre está vacía), o le digo que solemos ver a los turistas dando vueltas mil veces antes de elegir el lugar. Ella me responderá siempre con argumentaciones que son completamente inventadas pero a las que ofrece tal grado de firmeza que es absurdo seguir argumentando. Así te contestará que los turistas que vienen del puente todos han pasado primero por la terraza porque venían de la plaza y que sí viene del puente es porque están de vuelta. Sobre lo de mirar otras cartas te dirá que es sólo para confirmar que la opción que han tomado es la más adecuada porque los otros restaurantes son más caros, más baratos, más sucios o cualquier otra cosa. En definitiva, yo no me molesto en argumentar nada y ella se queda tan contenta con su explicación.

Teorías como estas pueden surgir unas docenas todos los días sobre cualquier tema o persona. Si vemos una pareja ella establece el tipo de relación que tiene o su estado de ánimo.

Otra de las cuestiones que le preocupa cada vez que nos ponemos a comer en un restaurante y ve una pareja sentada es que las parejas se comunican poco. Su teoría es que están cansados el uno del otro y por eso no hablan sino que miran la tele, sus teléfonos o, simplemente se ignoran. Esto, por supuesto, no nos ocurre a nosotros gracias a que ella no para de contarme esas teoría y de ese modo ni me deja ver la tele, ni puedo revisar los correos del teléfono, ni jugar al Candy cuando se recuperan las vidas. Ella sí tiene una buena comunicación de pareja.

Pues así las cosas y tras dos estupendas cervezas nos fuimos a cenar al restaurante en que habíamos comido el día anterior y que contaban con una parrilla estupenda en la que se asaban los pollos y demás lindezas. La cena ha sido suave y plácido el paseo hasta regresar al hotel para preparar todo y salir temprano.

A las seis menos cuarto ha sonado el despertador y nos hemos puesto en marcha. 25 km de carreteras entre casas, polígonos industriales y coches a toda pastilla intentando aniquilar peregrinos. Al salir hemos encontrado una padaría para desayunar y allí hemos coincidido con los italianos a los que hemos saludado afectuosamente (por fin confraternizamos con ellos). Hemos visto algunas parejas de peregrinos a lo largo de la ruta y sin grandes dificultades hemos llegado hasta Vilarinhos, a Casa da Laura. Otra vez el paraíso en el camino en habitación de matrimonio por 20 euros los dos. Todo súper limpio y muy bien atendido, sigue siendo un placer por los buenos servicios y la simpatía de la gente aquí.

Nos hemos duchado, hemos lavado y nos hemos ido a comer al restaurante del pueblo junto al castillo.
La tarde se plante muy peregrina ya que poco a poco van llegando nuevos turi-bici-peregrinos que seguro que acabarán compartiendo velada, entre otras cosas porque no hay mucho más que hacer aquí.
En la comida hemos demostrado nuestras habilidades en eso de comer en Portugal sorprendiendo al propio camarero que nos ha reconocido que es la primera vez que se entiende tan bien con peregrinos españoles en eso de explicar lo de la canaca, el frango y demás. Yo le he argumentado nuestra experiencia en estos temas y en cuestiones como el bagazo.

Marcame se ha retirado a sus cuarteles a eso que tanto le gusta después de comer y yo me he puesto a jugar (casi paso de nivel un par de veces y gano a Inma) y escribo la entrada del día.

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