11ª Burgos-Castrojeriz. 43 km por el camino francés


Como era de esperar la noche terminó con cena en “El Morito”. Joseba invitó a un suculento repertorio de delicias regadas con Ribera de Duero mientras contemplábamos con asombro cómo se desenvuelven dentro de la barra haciendo tapas, platos y raciones a un ritmo increíble y con una perfecta compenetración entre todos, desde el señor de la plancha hasta el que llama cuando se queda una mesa libre arriba.
Luego un par de orujos en el bar de abajo del hotel y todo preparado para amanecer a las 6.
Nos hemos despedido y a las 6:20 salía por la puerta rumbo a mi primera etapa sin mi compañero de tantas aventuras, esta vez por territorio conocido.
Ha hecho una mañana fresquita, lo suficiente, que ha permitido andar a buen ritmo. A poco de salir de la ciudad he comenzado a alcanzar peregrinos hasta llegar a Tardajos. Al llegar he visto que Millán venía detrás y lo he esperado para tomar un café juntos y continuar toda la etapa juntos. Esta parte del camino ha cambiado el trazado por culpa del trazado de la vía del tren nueva y eso nos ha acabado regalando unos dos quilómetros según mis cálculos.
La etapa no presenta ninguna dificultad salvo la cantidad de quilómetros y el calor. Casas siempre va por terreno llano entre campos de trigo con algún que otro repecho como la dura bajada “Matamulos” poco antes de llegar a Hornillos del camino.
En Hornillos hemos parado en el mesón y he tomado un pincho para recuperar algo las fuerzas. Luego le he enseñado a Millán el lugar en el que hace ya muchos años nos refugiamos los amigos franceses, Joseba y yo para compartir un trozo de embutido y pan duro bajo el diluvio universal.
La etapa hasta Hontanas ha transcurrido muy bien salvo por el detalle de siempre de no ver el pueblo hasta que estás encima.
La idea era llegar a Hontanas sobre las 12 con idea de intentar llegar hasta Castrojeriz según viera cómo iba. Hemos cubierto objetivos y sin dudarlo, y tras dar cuenta de una clara, hemos tomado camino abajo hasta el convento de San Antón y después Castrojeriz.
Hemos llegado a las 2:15 directos hasta el albergue municipal y nos hemos instalado rápidamente para irnos a comer hasta el mesón de la casa del cordón, donde yo ya sabía que se come muy bien.
Hemos tomado un menú peregrino muy digno y después hemos regresado al albergue a ducharme, lavar ropa y descansar un rato. Al llegar la hospitalera húngara voluntaria había llegado ya pero no podía atendernos porque en ese momento en medio de la sala estaba dando un masaje integral a una señora que sólo llevaba unas bragas y una camiseta (que luego también se ha quitado hasta casi montar un espectáculo).
Después del descanso hemos venido a un mesón a tomar algo sin alcohol (hay que recuperar líquidos), escribir y seguir recuperando de esta dura etapa.
Resumen de la etapa: 42,3 km en 8 h 11min a 5,65 de media. Enlace en Wikiloc

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Tres días sin internet


En estos días se está haciendo muy difícil escribir porque no tengo cobertura 3G y de manera que internet no va o va muy lento. De hecho tenía escrita la entrada de la etapa de Hontanas a Boadilla pero la he perdido entera.
Resumiendo estos tres días diré que las protagonistas absolutas han sido las ampollas de Isa. El calor cada vez pega más y hay que tener cuidado para no andar en las horas de más sol.
La noche en Hontanas acabó después de un pequeño paseo por el pueblo y cena en la casa rural de enfrente al alegue. Habíamos decidido cenar allí porque el ambiente del albergue no nos ha gustado demasiado, muy poco atento al peregrino y más montado en plan negocio. Llevamos varios díasya notando ese cambio en el camino, cada vez más comercial y menos espíritu de servicio y acogida. No es que yo sea un integrista al respecto, pero creo que los negocios que se montan entorno al camino y a los peregrinos deberían procurar un trato mucho más personal y entrañable, aunque luego cobren lo que tengan que cobrar. Tampoco es cuestión de recordar los tiempos del “albergue” de Victorino y su habilidad pasta beber el vino que caía desde su frente hasta la boca. Recuerdo con nostalgia el albergue municipal de Hontanas regido por las señoras del pueblo y los platos de pasta que preparaban.
Cenamos una sopita castellana y un segundo muy apañado y muy amablemente atendido por la señora que al despedirse llamó a Isa por su nombre.
Al llegar a la habitación ya estaban todos en la cama menos nosotros y la vecina de litera de arriba de Mar que se aplicó varios tipos de pomadas y aceites para luego hacer una verdadera tabla de contorsionista y estiramientos hasta doblar partes del cuerpo que yo siempre había considerado rígidas en el mío.
Me desperté sobre las tres y ya dormí poco. A las 5 comenzaron a formar un follón tremendo en la habitación de arriba pero en la nuestra no se movía nadie. Habíamos puesto el despertador a las 5:30 pero le dije a Isa que íbamos a esperar porque todos seguían quietos. A las seis nos pusimos en marcha en vistas del panorama y salimos a montar nuestras mochilas arriba a la cocina, entre gente arreglando sus pies y otros calentando agua para el café.
Desayuno a las 6:30 sencillo y en el que nos confundimos y Mar madre se tomó el normal y yo el descafeinado, pero no le dijimos nada para que no se obsesionara.
Así salimos rumbo al arco del San Antón, por donde la carretera atraviesa una iglesia y pasa por entre sus arcos. Este es uno de los lugares emblemáticos del camino y siempre es especial pasar por allí.

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Desde allí ya se ve el castillo de Castrojeriz y las primeras casas aunque todavía faltan unos cinco km y el trayectomse convierte en un verdadero infierno si se trata del final de u
La etapa y uno viene de Burgos.

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El año del camino con Emilio estuvimos esperando más de una hora la puesta de sol y justo en el momento preciso una nube nos quitó una foto preciosa.
Cuando parece que has llegado ya todavía quedan casi dos quilómetros que se hacían eternos hasta el albergue de Resti, era otro de los personajes típicos del camino y uno de los primeros que ofrecieron atención a los peregrinos. Tenía mal carácter y una forma muy especial de entender el camino. Por la mañana te despertaba con música clásica y te ofrecía un desayuno comunitario. Allí estuve en mi primer camino a pie, ese en que llegué destrozado después de 49km desde Burgos en mi primera etapa a pie, haciendo todos los disparates que no se deben hacer. La primera vez habíamos dormido Emilio y yo en un teatro abandonado que ofrecían, las duchas eran los antiguos camerinos y sólo disponían de agua fría y para dormir tuvimos que colocar las colchonetas sobre el escenario.
Cuando hicimos el camino con los franceses tuvimos allí un momento precioso en el que Patrick nos contó por qué hacía el camino recaudando fondos para su asociación de ayuda a niños hospitalizados por cáncer, a los que había conocido en el hospital al ser tratado él mismo de un cáncer de pulmón. Estábamos todos reunidos junto a Resti y acabamos llorando de emoción.
La última vez que dormimos allí fue el año que lo hicimos Mar y yo, esa vez dormimos en el nuevo albergue público de San Esteban, un lugar muy sencillo ynde recursos muy básicos y en el que no pudimos pegar ojo en toda la noche porque era como un gran almacén comunitario lleno de ronquidos. Además de no dormir yo me había puesto malo en la cena y no pude terminar un maravilloso cordero lechal que me había pedido en el restaurante del centro.

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Al salir del pueblo del camino va por un valle completamente llano desde donde se ve la tremenda cuesta de matajudíos. Se trata de una subida sin piedad no demasiado larga pero sí muy empinada que acaba con las cuezas de muchos. Desde allí ya no hay mayores dificultades, salvo la propia bajada por la otra parte hasta llegar a la fuente del piojo.
Poco más allá está el albergue de los italianos junto al puente Fitero. Se trata de un albergue muy especial en el que se hacía una acogida espiritual de los caballeros de manta en el que se lavaba los pies a los peregrinos y se invitaba a un café por la mañana a los que pasaban a sellar.

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El puente sobre el Pisuerga marca el límite de provincia entre Burgos y Palencia. A pocos pasos de allí se encuentra Itero de la Vega en el que hicimos un descanso y tomamos algo. Allí tuve que curar una nueva ampolla a Isa que cada vez va más fastidiada aunque eso no le hace perder el buen humor y no le impide seguir dando ánimos a todos.

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El final de etapa hasta Boadilla del Camino es ya muy fácil con una suave pendiente hacia arriba entre campos de cereal y rapaces que sobrecuelan los campos y luego un interminable llano viendo ya a lo lejos la torre de la iglesia.
A la entrada de Boadilla hay un nuevo albergue de peregrinos algo singular, te recibe a toda pastilla de una música muy poco acorde con la peregrinación (al pasar nosotros estaba puesto el waka waka).nosotros nos fuimos directamente al alegue “el camino”, un verdadero oasis para los peregrinos. La amabilidad de Eduardo y su familia te hace sentir como en casa desde el momento en que te reciben y te atienden. Llevan más de 15 años allí y yo le recordaba a Eduardo que la primera vez que le vi debía ser un adolescente de unos 15 años. Yo sólo había dormido allí el año que hice el camino con Maxi y Estíbaliz pero siempre que paso paro a desayunar, almorzar o descansar un momento y saludarles. Cuando hace seis años pasamos Mar y yo ella se quedó con unas ganas enormes de quedarse y esta vez sí que lo hemos cuadrado para estar allí.
Hemos pasado un día estupendo porque allí sí que entienden lo que son los peregrinos y lo que supone mantener un albergue.
A pesar de que Isa le preguntó sobre su gorro de lana y que Eduardo le prometió explicarle la causa de tal prenda de lana en el mes de agosto sobre su cabeza no le explicó su significado, queda como uno más de los mistemos del camino.
El día allí pasó tranquilo mientras algunos peregrinos tomaban el sol junto a la piscina, los perros pasaban por todas partes y cada vez hacía más frío.

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El trasiego de peregrinos es constante y se atiende a todos con amabilidad y cariño, incluso a los que no lo merecen por su actitud.
Un abrazo fuerte a vosotros y ánimo para seguir así mucho más, nos veremos la próxima vez que pasemos por allí y a ver si entonces le cuentas a Isa el secreto.

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Después de un día estupendo y un desayuno peregrino nos pusimos en marcha dando un abrazo a Eduardo, hasta la próxima.
El camino hasta Frómista es otro de los lugares bellísimos en el camino ya que discurre paralelo al canal de Castilla. Siempre que paso por allí pienso en tomarme unos días y hacer toda la ruta del canal. Al cruzar por las compuertas estás a la entrada de Frómista para visitar la más bonita iglesia románica del camino (con permiso de Santiago y de alguna otra)

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Al llegar a Frómista pasamos a visitar a nuestro amigo Nicolás y su precioso hotel Doña Mayor. Hemos pasado un rato estupendo en su compañía y hemos prometido volver pronto para pasar unos días allí para ver el románico palentino. Al salir hemos pasado por San Martín y hemos continuado ruta.

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Siempre es un placer volver a ver La ciudad. La primera vez que dormimos aquí el único albergue que había era un sencillo local que no tenía ni agua caliente. Las cosas han cambiado mucho desde entonces.

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El resto de la etapa discurre junto a la carretera por andaderos que facilitan el paso de los peregrinos. Pequeñas poblaciones con su iglesia y los mínimos servicios. En medio del calor nos ha parado un señor para enseñarnos su pequeña obra de arte, un peregrino hecho con el tronco de un árbol. Nos ha ofrecido unas ciruelas y se ha enfadado con las chicas cuando le hemos dicho que normábamos porque teníamos prisa.
Un abrazo a mi tía Luisa que sé que lee este blog y escribiría algún comentario si supiera. Un beso tita. Mañana seguiré publicando cosas porque la red hoy no da más de sí.

Inmersión peregrina


La jornada de ayer en Burgos fue una verdadera gozada. La cena en el Morito, el paseo por la ciudad y el buen ánimo que hay entre nosotros hace mucho más fácil el camino. La noche terminó con la ilustración de nuestro hostelero y sus aventuras y continuó con la típica estancia en un hostal de ciudad en un sábado por la noche con gente pasando durante todo el tiempo de fiesta y son tener en cuenta el descanso de los demás. Varias han sido las ocasiones en que los gritos del borracho de turno o el timbrazo al portal de algún “gracioso” nos han despertado. A pesar de todo la distribución de camas ha funcionado bien. Mar hija, como siempre ha acabado aceptando la plaza de la cama de matrimonio junto a su madre, pero por la parte de la pared. Isa y yo hemos dormido en las otras dos camas pequeñas. Es evidente que en estas circunstancias la que mejor se amolda a todo es ella y todos se lo agradecemos.
A las 6 ha sonado el despertador y nos hemos puesto en pie. Mi trabajo en esos momentos es revisar ampollas, poner protecciones y acondicionar para que ellas vayan lo mejor posible. Hoy nos esperaba una dura etapa de más de 30 km y tenía mucho miedo al calor que podía hacer.
Cuando hemos salido del hostal hacía bastante fresco. Las calles aparecían casi desiertas salvo por algún que otro rezagado en la fiesta en un estado bastante avanzado de descomposición mental. Justo al retomar el camino nos hemos encontrado con una pareja de novios que regresaban de su fiesta, eran los mismos que ayer estaban a la puerta de la catedral y que nos dieron un susto demuestre porque tiraron un montón de petardos. Iban ya muy pasados y al vernos han hecho alguna que otra gracia que a Mar hija no ha sentado muy bien. Yo le he recordado que para aguantar las bromas de un borracho lo mejor es estar tan borracho como él, si no lo mejor es no hacerles caso.
Así hemos llegado hasta las puertas del albergue municipal. Hace unos cinco años que han abierto este nuevo albergue en sustitución del antiguo barracón que había en el parque, a la salida de Burgos. Se trata de un bonito edificio y debe estar bastante bien montado.

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Uno de los problemas que nos planteábamos hoy era el tema del desayuno. Domingo por la mañana es difícil encontrar en una ciudad un bar abierto y nosotros teníamos por delante muchos quilómetros y poca infraestructura. Por suerte nada más salir de la muralla había un bar abierto lleno de peregrinos como nosotros tomando un café. El señor nos ha guardado los croissants para las chicas y nos ha contado que es el único que abre porque los demás diseque no les compensa. La verdad es que lo que no quieren es madrugar y él se aprovecha sacando un buen pellizco.
Hemos salido de la ciudad comentando el poco interés que en este país hay por el trabajo y el esfuerzo, tengo la sensación de que todo el mundo cree tener derecho a todo tipo de ventajas pero no quieren asumir el esfuerzo que se debe hacer para alcanzarlas. Lo vemos desde los jóvenes en clase y entre los negocios como este. Además tenemos la sensación de que algunos que creían que el camino les iba a hacer ricos a todos se les está complicando el tema porque no parece que haya negocio para tanto albergue y para tanto mesón. El camino sigue siendo casi lo mismo y la mayor parte de peregrinos siguen buscando dormir por 3 euros y nos valoran una cama limpia y unos servicios en condiciones si con eso tienen que pagar ocho o diez. De hecho estamos viendo que la mayor parte de los albergue privados suelen llenarse de extranjeros y los españoles somos los menos. Es difícil de entender para mí pero hay gente que sólo busca en el camino un modo de viajar barato.
La salida de Burgos es muy bonita, va un buen rato paralela la río Arlanzón hasta que se adentra en un laberinto de camino que va sorteando vías del tren, autovías, carreteras y río. En el trayecto les he contado mi primera etapa a pie en el camino, fue de Burgos a Castrojeriz y me sirvió para saber todo lo que uno nunca debe hacer en una etapa. Salí después de desayunar tranquilamente, a eso de las nueve. Todo el camino lo fui haciendo muy despacio, como un paseo, charlando con todos los que me encontraba. Así llegué a Hontanas a algo más de las tres y seguí sin parar hasta Castrojeriz sin reponer ni agua. El resultado fue una etapa que me dejó matado y que me hizo recapacitar seriamente sobre el tema para no volver a cometer los mismos errores.

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Sin mucho más que contar hemos llegado a Tardajos y luego a Rabé. En el trayecto hemos ido adelantando a muchos peregrinos que iban despacio o que se parabN a tomar algo. Nuestra idea era continuar hasta Hornillos del camino y allí hacer un buen descanso para afrontar los últimos once quilómetros.
Íbamos charlando animadamente cuando nos ha pasado un peregrino al que hemos reconocido inmediatamente como Patxi, un peregrino al que conocimos hace un par de años en el camino del norte. Le hemos saludado y nos ha contado que venía haciendo el camino desde Vezelay. Nos ha alegrado mucho verlo y hemos garlado un poco sobre nuestros últimos caminos, él ha continuado más rápido y lo hemos perdido. No parece muy interesado en nuestra compañía porque él prefiere peregrinos a los que poder impresionar con sus aventuras y nosotros no somos de esa clase. Patxi es un tipo curioso de peregrino “enterao” al que le gusta contar sus experiencias e impresionar, la diferencia con el tipo clásico es que él sí que ha hecho el camino de verdad un montón de veces y lo conoce bien. Yo no soy muy amigo de esa manera de relacionarse con la gente pero allá cada uno.
Les contaba también a las chicas la salida desde Tardajos con Joseba, como diluviaba durante todo el tramo y nos resguardamos en Hornillos cuando vimos que todo estaba cerrado y no podíamos tomar nada. Les contaba que encontramos a Gerard, Patrick y Julián resguardados en un mísero hueco y nos ofrecieron un trozo de pan duro con un pedazo de chorizo: ese fue uno de los momentos más bonitos que recuerdo de todos mis caminos.

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Las chicas han ido hoy como motos, Isa sube ya las cuestas a mi ritmo y cada día está mejor, y eso que los pies los tiene bastante cascados. Así hemos llegado a la cuesta Matamulas desde donde se divisa Hornillos. La vista es espectacular y recuerdo la visión de hace algunos años cuando encontramos un grupo de sudamericanos procesionando a una virgen y en dirección contraria.
La parada en Hornillos ha sido estupenda, una buena ración de queso de la tierra con un trozo de empanada después de 21km sin parar aunque el tiempo nos ha acompañado hasta aquí.
De entre todos los peregrinos con los que hemos coincidido destaco el equipaje de un señor mayor que iba en bici y parecía llevar la casa a cuestas. En el camino hay un poco de todo.

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El sol nos ha dado bastante más en la última parte. Se trata de campos de cereal interminables que sólo tienen como único aliciente Arroyo Sambol. Han quitado el cartel que antes invitaba a un albergue con piscina. En realidad era un antro infecto con una balsa de agua helada en la que enfriaban las botellas de vino.
Al llegar a Sambol nos ha alcanzado nuestro peregrino de los 50km, hoy ya parece algo más discreto y se limita a las etapas normales de todo el mundo. He recorrido un trozo del camino con él y nos ha contado que paraba en Hontanas, como nosotros.

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La llegada a Hontanas es curiosa. No ves el pueblo hasta que estás encima. Después de un montón de quilómetros que se hacen eternos y un calor abrasador que te nubla los sentidos parece que no llegarás nunca.

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Sin verlo llegas a Hontanas cuando ya crees que no lo vas a lograr. El pueblo está abajo en un valle y destaca su iglesia en medio de un grupo de casas, abajo de todo la piscina.

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Nada más llegas destaca la guerra de albergues del pueblo, carteles anunciando camas y menú del peregrino. Cuando estuve aquí hace ya algunos años no había nada más que el albergue que atendían unas señoras mayores del pueblo con mucho cariño. Además daban la cena. Hoy hay tres o cuatro restaurantes y la prosperidad del pueblo se hace evidente por todas partes. Mientras escribo esto acaba de aparcar en la casa de enfrente un pedazo de Mercedes de los de cortar la respiración. Hay quien ha aprovechado bien el camino.
El albergue está bien aunque de servicios muy básicos. Mucho peregrino italiano y poca atención personalizada. Está montado sólo por el negocio y lo ves en cosas como que sólo dan cenas en turnos de 7:30 ó 8.
Mañana otra etapa larga y los pies de Isa siguen acumulando ampollas, menos mal que se lo toma con ánimo y que hace el camino contenta. Las chicas hoy merecen un 10 por actitud y por fortaleza mental, son unas auténticas caminantes a la altura de los mejores. Es un placer compartir camino aunque a cambio lo más cercano a la carne que disfruto es de la visión constante de sus pies y sus ampollas. Así es el camino.
Hoy estamos por primera vez compartiendo dormitorio con otros peregrinos, sus olores, sus ronquidos. Mientras nos duchábamos en las duchas comunes Mar y yo ha aparecido un rudo y obeso alemán que ha podido disfrutar de la visión de nuestros cuerpos casi desnudos mientras acabábamos de vestirnos. La terraza llena de las conversaciones ruidosas de los italianos, los alemanes bebiendo cerveza y los ingleses y franceses buscando comer. Arriba unos cuantos preparan en la cocina algo de pasta y calientan alguna lata de comida precocinada. Los tendederos llenos de ropa de todo tipo en la que se mezclan calzoncillos, bragas, y camisetas de todo tipo de color, diseño y deterioro. En definitiva, hoy estamos en una verdadera inmersión peregrina.