19ª Silleda – Santiago de Compostela


El señor del hotel nos había preguntado por la hora de levantarnos y se comprometió a darnos desayuno a las 6:30. La idea era salir temprano para intentar evitar el calor y llegar a destino a una hora prudente. Allí estaba a la hora esperada con un café, un zumo natural y un croissant para Joseba.

El objetivo de la etapa era ir a buen ritmo toda la primera parte hasta Ponte Ulla y allí hacer parada y descansar. Esta primera mitad es sencillita y cómoda. Hemos llegado sin problemas pero Joseba ha decidido seguir el camino que nos llevaba fuera enseguida y al final no hemos parado a descansar. Hemos decidido no volvernos y seguir hasta encontrar algo más.

El camino
El camino
Iglesia de San Martiño de Dornelas
Iglesia de San Martiño de Dornelas
Hortensias en el camino
Hortensias en el camino
Ponte Ulla
Ponte Ulla
Puente moderno
Puente moderno

Nada más salir de Ponte Ulla el camino se complica con una fuerte subida de unos 200 metros. Al principio se hace cómoda al ir por carretera pero poco a poco va subiendo la dificultad. Cuando hemos terminado ese primer tramo de carretera, Joseba me ha dicho que estaba contento por la subida pero yo le he enseñado el perfil para decirle que casi no habíamos empezado de verdad, se había despistado.

A buen ritmo hemos seguido cada vez más cansados y deseando encontrar lugar para parar y almorzar. La oportunidad no se ha presentado hasta el km 32. Una pulpería en la carretera ha sido nuestra primera parada del día. En el bar un señor no muy animado obedecía sin dudar a una desenvuelta mujer que debía ser su pareja. En seguida nos ha ofrecido pimientos, pulpo, croca y vino que nosotros hemos aceptado no tanto como amedrentados por su nivel de mando como porque realmente era eso lo que pensábamos pedir. Nivel de comida aceptable aunque algo aceitosa que ha acabado haciendo que manchara mi camisa con el aceite goteante de los pimientos y precio adecuado.

En el camino
En el camino
Plaza de Obradoiro
Plaza de Obradoiro

Una vez recuperados los ánimos y las fuerzas ya hemos seguido sin parada hasta el final de etapa, entre urbanizaciones y subidas hasta Angrois recordando la tragedia de hace unos años. Luego las torres de la catedral y otras subida dura hasta llegar a la altura del mercado y, de allí al Obradoiro.

Nos han hecho una foto dos jóvenes que querían que les hiciéramos nosotros una foto y hemos hecho intercambio. Luego rápido al hotel a ducharnos y yo lavar la ropa en la lavadora de La Salle.

Cena de celebración
Cena de celebración
Taberna del Obispo
Taberna del Obispo

Hemos descansado un rato y hemos comenzado la ruta peregrina en Santiago. Vinitos en Rua Dos Francos y cena temprano en la taberna del Obispo, lugar de tapeo a muy buen precio en la misma Rua dos Francos. Al ser temprano había sitio para sentarnos aunque pronto se ha llenado. De todos modos notamos que en Santiago hay menos gente que otros años.

Después de cenar nos hemos ido al casino a tomar un gintonic y mi rincón favorito estaba libre. El camarero que nos ha atendido nos ha seguido el juego y al final nos ha preparado un gin de nivel, con toda la verdura que últimamente se pone. Luego nos ha comentado que a las 11 había queimada con conjuro y todo. En realidad es él mismo el que se disfraza y hace un espectáculo que está bastante bien. Todo perfecto hasta que nos han ofrecido una taza de queimada que hemos aceptado por cortesía pensando que era una invitación pero por la que hemos tenido que pagar 4 euros cada una. Tras el atraco y la indignación hemos pensado reconsiderar nuestras visitas. Por lo pronto no volveremos en este viaje. Parece que han cambiado la gestión porque los camareros son nuevos y las ideas también, engañar a los turistas debe entrar entre sus nuevas pretensiones y deben tener en cuenta que a la larga quizás no les resulte, de hecho estaba casi vacío.

La mañana del último día ha sido más tranquila que otras veces: hemos ido a ver a José al mercado después de sellar en la oficina del peregrino y conseguir nuestras compostelas, que este año son modelo nuevo. Hemos desayunado en El Hispano y luego Jose, sus hijas, el mercado y los pimientos de Padrón-Herbón para traerme. No he podido quedar con José para después porque tiene que irse a hacer chicharrones, así que nos hemos ido a la otra punta de Santiago a resolver una cuestión que yo tenía pendiente sobre mi regalo de regreso para la peregrina ausente. Tras más de hora y media resolviendo ese problema de modo altamente satisfactorio nos hemos ido Joseba a una terraza mientras yo subía las cosas al hotel. Luego vinos en Rúa dos Francos y arroz con bogavante en O Fornos. Han caído una botellita de Alvariño, pimientos, una nécora y un estupendo arroz, luego los cafés y un par de orujos.

Para el Gin-tonic final hemos descartado el casino y nos hemos ido al gastrobarunpocodetodo que hay antes de llegar al hotel. Allí hemos estado poco rato porque hacía mucho calor y hemos regresado al hotel a descansar.

La tarde ha pasado allí entre el calor y el cansancio. A las 8 me he puesto en marcha y nos hemos bajado hasta la estación. Hemos tomado un par de cervezas haciendo tiempo mientras nos despedíamos y preparábamos nuestra nueva aventura del próximo año: EL CAMINO OLVIDADO.

Mientras eso llega vamos a ver este agosto en qué aventura me meto, que aún no lo tengo claro.

Un nuevo camino conseguido!!!

Vistas desde el parque de la catedral
Vistas desde el parque de la catedral

Fin del camino


Por fin tengo un rato tranquilo para poder escribir sobre el final de nuestra aventura. Tenéis que entender que desde la llegada a casa han sido muchas las obligaciones a las que hemos tenido que atender tras haber dejado “abandonadas” a nuestras familias por tan largo período de tiempo. Eran muchas las ganas por el reencuentro y hasta que las aguas no han vuelto a su cauce no hemos tenido oportunidad de reflexionar sobre el final de la aventura.

La última etapa nos llevaba desde Padrón a Santiago y nos dispusimos a hacerla a buen ritmo porque sabíamos que íbamos a estar poco tiempo en Santiago y teníamos mucho por hacer. A las 6:45 nos levantamos con la mañana aún oscura y además nublada. Las calles de Padrón estaban sin luces, imagino que debe ser o bien cuestión de la crisis o de estampar peregrinos contra las paredes. El único bar abierto era el que está junto al puerto que un señor “peculiar” nos había ofrecido la tarde anterior para el desayuno. Así fue, café, tostadas, anécdotas, escribir en el libro del bar, foto de recuerdo que nos hizo y salida a toda máquina.

La etapa está muy mal señalizada en algunos tramos y eso nos hizo incluso perdernos para cabreo de ambos. Para colmo la pérdida fue en un tramo que va paralelo a una carretera nacional llena de tráfico, ruido y escaso arcén.

La entrada a Santiago acaba dando un tremendo rodeo de esos que ves que te añaden un par de quilómetros “gratis” al final de la etapa. Es la entrada más fea de las que hemos hecho a Santiago y encima no paras de bajar y subir en todo el camino. Para colmo de males a mi querido compañero le entraron las prisas y después de una pequeña parada técnica para descargar líquido me encontré cada vez más lejos puesto que decidió llegar el primero. Decidí dejarle engañarse y no le llamé por el móvil para decirle que por mucho que corriera seguro que ya habrían llegado algunos peregrinos a Santiago antes que él. El resultado fue que yo iba a 6 km/h de media y cada vez lo tenía más lejos. Le vi intentar entrar a un Mercadona a comprar las cremas (cuestión privada) pero como había corrido tanto aún estaba sin inaugurar. Al cruzar una vía de ferrocarril y verlo ya al otro lado comencé a tirarle piedras y a proferir todo tipo de maldiciones para regocijo del repartidor de pan que estaba a mi lado en el camino con su furgoneta.

Y llegamos finalmente a Santiago pero todo fue muy deprisa a partir de ese momento. Llegamos a la Plaza del Obradoiro, nos abrazamos y yo le pedí un beso en los labios tal y como hacían las parejas alrededor nuestro a lo que él se negó bruscamente (cuando se me pasó la euforia inicial se lo agradecí). De la plaza nos fuimos directamente a la oficina de atención al peregrino para gestionar lo de la Compostela y tuvimos la suerte de arreglarlo todo en unos 20 minutos. Luego nos fuimos al mercado a Saludar a mi amigo José y su mujer. Se trata de unos amigos a los que conocimos hace ya algunos años y que son nuestros proveedores de ternera gallega así como informadores de todo lo que se mueve en Santiago ya que José conoce a todo el mundo y se maneja por todas partes. Tras besos y abrazos y saludos reiterados quedamos para el día siguiente para coger las cosas y nos invitó a un vino, o dos, en una tasca cercana.

A la 1 nos fuimos al Hostal La Salle donde teníamos reservada habitación. Ducha y corriendo a comernos un arroz con bogavante a O Fornos, para mantener la tradición. Allí coincidimos con un grupo de peregrinos con los que intercambiamos algunas charlas mientras degustábamos algún que otro orujito de hierbas.

Sobre las 4 nos fuimos directamente de compras: joyas Joseba (que os cuente él) y yo orujo en As Monxas, tarta de Santiago en la calle Rua da Algalia de arriba (una panadería escondida que tiene las mejores tartas Ancano caja azul) y visita a tienda de Sargadelos para deleitarnos la vista con las maravilla de allí y comprar un juego de ribeiro para la casa de Oria porque enfría el vino de una forma increíble, comprobado. No nos faltó una paradita en el Casino para reponer líquidos.

Sobre las 6 nos fuimos a la estación de autobuses para subir a Lavacolla a recoger los coches alquilados y allí comenzó una aventura de terror prevista: el precio fijado por goldcar en la reserva me lo incrementaban en 100 euros porque iba a dejar el coche en otro lugar distinto, encima me cobraban el depósito de gasóil a 100 euros más y así de los 82 euros iniciales pasó acostar la broma más de 300 euros. Joseba les dijo directamente que se metieran el coche por la zona trasera en la que tienen algo de espacio y yo acepté ya que no tenía otra alternativa a esas alturas y sabía que ni había coches en otras compañías ni eran más baratos.

Pasado el cabreo nos bajamos en mi coche de alquiler y Joseba se fue a la estación a sacar el billete de autobús para el día siguiente, salía a las 8:30 y se pasaba todo el día recorriendo el norte de España.

Después de todo este lío por fin nos dispusimos a sentarnos tranquilamente a cenar y despedirnos del camino como es debido. La elección fue, por supuesto el Entrerruas. Vinito, pimientos, pulpo, caldo…, lo de siempre.

Tras una cena tranquila y agradable encaminamos nuestros cansados cuerpos hacia el último lugar típico de nuestro camino: Momo. Una copa y a dormir que estábamos cansados.

El resto es fácil imaginarlo. La mañana amaneció de camino (a las 5 y pico). Joseba estaba preparado para marchar desde ese instante con su mochila a la espalda (yo creo que por eso dijo que había dormido tan mal). Desayuno rápido y despedida de estos dos viejos amigos caminantes que esperan hacer pronto otra de estas.

Yo me fui hacia el mercado a comprar el resto de productos con la ayuda de José y su mujer: ternera gallega maravillosa de su carnicería, algo de marisco, pimientos de padrón de los que las señoras seleccionan magistralmente entre los que pican y los que no, y un buen trozo de empañada gallega que luego me sirvió de comida (pasas y bacalao).

Tras 10 horas de coche casi sin parar y meter la pata en Madrid (acabé pasando por la M-40 por un error tonto al coger la radial), llegué a casa sobre las 7:30. Joseba llegó algo más tarde a su casa ambos sin novedad, para tranquilidad de familias (la tranquilidad les duró sólo unas horas) y para tristeza de todos aquellos que habéis seguido nuestras aventuras a lo largo de estos días.

Muchas gracias a mi querido compañero por aguantarme (el placer ha sido mutuo), cada vez que hago un camino con Joseba pienso que el próximo será aún mejor. Ahora nos esperan unos meses duros hasta el próximo camino aunque allá por enero empezaremos con la preparación de nuestras próximas aventuras. Queda pendiente esa ruta por Italia que caerá tarde o temprano y yo me quedo con la idea de repetir el portugués el próximo año.

Muchas gracias también a los que nos habéis seguido en todo este tiempo que habéis sido muchos, hemos recibido más de 100 visitas muchos días. Espero no haberos cansado mucho con nuestras historias y recordad: todo esto es fruto de mi delirante imaginación, por supuesto que no es nada real y en este blog no se describen personas sino personajes.

Un abrazo y, hasta pronto

Resumen de la etapa: 25,23 km en 4:13 a una media de 6 km/h

 

El final del camino


Escribo esta última entrada desde casa una vez hemos completado nuestro camino. No he tenido mucho tiempo en estos días con el regreso y la preparación de la vuelta a la vida normal. Ahora hago un hueco para contar las últimas horas de nuestra aventura.
Dejamos la metan en Arzúa una. Vez instalados en la habitación del Don Quijote y después de que Mar madre tuviera que llamar la atención a los vecinos de la habitación contigua. Eran los mismos que cenaban al lado nuestro en Portomarín y que echaban todo el humo sobre Isa y sobre mí sin una pizca de educación. Hubiéramos entendido su actitud en jóvenes des ere raros de esos que tanto abundan, también en el camino, pero lo grave es que se trataba de tipos de más de 40 años.
Nosotros habíamos comido en la pulpería que nos aconsejó Albert desde Lorca y disfrutamos de una estupenda mesa y sobremesa. Por la noche visita al restaurante de siempre para degustar un maldito gallego y una merluza a la gallega con algo de pulpo, para variar. La cena estuvo amenizada por un grupo de inglesas desenfrenadas y borrachas que ya estaban así cuando llegamos y a las que los camareros no tenían forma de echar. Después de montar un buen espectáculo tipo despedida de soltera sin instrumentos en la cabeza a modo de diadema, se marcharon para que pudiéramos terminar tranquilos.
Así nos fuimos a dormir a la espera de una etapa larga y dura hasta Monte do Gozo. Pero nada más comenzar Isa y yo hablamos de la posibilidad de seguir hasta Santiago en lugar de parar allí. En realidad se trataba de hacer 4km más pero el problema es que nos montábamos en los 40. Aún así pensamos que era la última y que eso nos permitía ganar unas horas. Lo planteamos al resto del comando y, salvadas las reticencias iniciales quedamos que sólo nos lo plantearíamos una vez llegados a Monte do Gozo y siempre que tuviéramos garantizado sitio en La Salle.
La etapa fue muy bien aunque dura. Constantes subidas y bajadas siempre rodeados de todo tipo de peregrinos y demás fauna. Hicimos paradas técnicas casa 10 ó 12 km llegando a Monte do Gozo a las tres y… Lloviendo. Efectivamente se confirmaba que no nos íbamos a librar de la lluvia y todo pronosticaba una llegada a Santiago bajo el líquido elemento.
Tras comer y descansar un rato todos estábamos ya convencidos de hacer los últimos km y sin grandes dificultades llegamos a la plaza del Obradoiro bajo una lluvia no muy fuerte pero constante.
El resto fue lo de siempre: Compostela, visita a la catedral con mochila, llegada al hotel para ducha rápida, vuelta por Santiago, cena en el callejón de entre ruas, copa en el casino y a la cama.
La mañana siguiente la dedicamos a hacer las compras y encargar las cosas que nos íbamos a llevar a nuestra carnicero del mercado, José. Cada vez que vamos allí nos traemos un cargamento de carne de ternera y algunas esquisiteces del terreno y esta vez incluyen los pimientos.
La tarde anterior encontramos casualmente a Feli y Paco, dos peregrinos con los que había yo hecho parte del camino del norte hace tres años. Estuvimos con ellos y coincidimos también en O Fornos cuando fuimos a comernos nuestro tradicional arroz con marisco de cada final de camino. Un par de orujos más tarde y quedamos para cenar juntos.
A la mañana siguiente fuimos a recoger las cosas que habíamos encargado y el resto fue camino hasta casa: más de 10 horas de coche sin novedad.
Ahora toca seguir con el otro blog, dejo reposando este hasta otra nueva aventura, seguramente el camino portugués el verano próximo con Joseba.
Gracias a todos por seguir nuestras andanzas y espero no haber aburrido mucho al personal.
HASTA PRONTO!