18ª Rodeiro – Silleda


Cuando hablamos con la señora del restaurante al mediodía nos había comentado que en el albergue de Laxe había problemas con chinches y habían tenido que cerrarlo varios días para fumigar. Eso nos puso rápidamente en alerta y sobre la marcha comenzamos a ver otras posibilidades par no dormir en Laxe. En ese punto se une el camino de invierno y el Sanabrés, que viene del de la Plata. Además eso comenzaba a condicionar un poco todo porque las alternativas eran pocas y, además, el tema de los bichitos me pone los pelos de punta. Está claro que si hay chinches en un albergue pueden haberlas llevado después a cualquier otro sitio sea hotel, albergue o cualquier cosa.

Teníamos varias alternativas: la primera recortar la etapa y quedarnos en Lalín: se trataba de hacer 20 quilómetros pero eran muy llanitos y fáciles, lo que nos iba a hacer llegar pronto para estar todo el día tirados.

La siguiente opción lógica era irnos a Silleda pero estaba a 38 quilómetros. No es que nos diera miedo una etapa así porque sabíamos que el perfil no es muy complicado. El problema fundamental era que entonces nos quedarían dos etapas muy pequeñas hasta llegar a Santiago y eso tampoco nos gustaba mucho.

Las demás opciones pasaban por improvisar un poco sobre la marcha intentando alargar la etapa penúltima hasta los 30 y así que nos quedara a Santiago una pequeña de 10-15. A esas alturas yo ya comenzaba a rumiar la idea de hacer dos etapas en lugar de tres, lo que suponía hacer 80 quilómetros en dos días.

Estábamos viendo opciones y completando la información con la previsión meteorológica: dos etapas tan largas sólo eran posible si teníamos días no demasiado calurosos. Además, el perfil de los últimos 40 quilómetros  sí es un poco más complicado.

Decidimos dejar todo para la tarde siguiente.

A la hora de la cena la señora nos esperaba ya. Nos ofreció una cena sencilla con unos pimientos de su huerta y una ensalada para acompañar una tortilla. Pasamos una agradable velada hablando del camino y de otras muchas cuestiones. Tanto ella como su marido son gente amables y serviciales, concienciados con el tema del camino y que cuidan mucho todo lo relativo al restaurante y al alojamiento.

Mientras Joseba iba a dormir yo bajé a hablar por teléfono sin darme cuenta de que justo detrás de mí un señor estaba todo el rato pendiente de la conversación, nivel 6 que estaba teniendo.

A la mañana siguiente nos levantamos a las 6 para salir pronto y aprovechar la mañana. Habíamos comprado algo para desayunar antes de salir y con la idea de hacer parada más larga en Lalín. Todo el camino es muy sencillo, sin grandes desniveles y casi siempre picando hacia abajo. Va sorteando la carretera general dando un gran rodeo que hace que la ruta por la carretera sea casi 7 km más corta que por el camino. De cualquier modo merece la pena evitar esas carreteras con bastante tráfico y pasear por sendas y caminos mucho más tranquilos y menos transitados.

Salida de Rodeiro
Salida de Rodeiro
Iglesia en el Camino
Iglesia en el Camino

Esta última parte del camino pasa por lugares mucho más ricos que los primeros días. Hay muchas explotaciones ganaderas y agricultura. Las casas se ven mucho más arregladas y de un nivel económico más alto. En esta parte el campo no está abandonado. De cuando en cuando tomamos carreteras secundarias que aceleran nuestro paso y nos hacen mejorar la media en quilómetros.

En Lalín hemos encontrado una pastelería estupenda en la que hemos hecho un verdadero desayuno peregrino: yo me he metido un pedazo de croissant relleno de crema pastelera que daba miedo nada más verlo.

Allí mismo hemos mirado en internet y hemos reservado en Booking un hotel en Silleda: el Ramos, que era el que nos ofrecía un buen precio y buena pinta en las fotos (35 euros a peregrinos).

Entrada a Lalín
Entrada a Lalín
Iglesia en Lalín
Iglesia en Lalín

El camino ha seguido hasta Silleda sin novedad en la misma tónica: bosques y prados sin grandes desniveles alternando asfalto y camino.

Merece destacarse el paso por Taboada con su puente romano, la calzada y la iglesia románica de Santiago.

El hotel está al final del pueblo y hemos llegado a eso de las 2 de la tarde. El pueblo es grande y con todos los servicios aunque no parece que tenga mucha vida, por la hora y por la época del año.

Andadero a la salida de Lalín
Andadero a la salida de Lalín
Bosque de robles y castaños
Bosque de robles y castaños
Bajo el puente del Deza
Bajo el puente del Deza
Puente Romano Taboada
Puente Romano Taboada
Río Deza
Río Deza
Calzada romana
Calzada romana
Calzada
Calzada
Iglesia de Santiago de Taboada
Iglesia de Santiago de Taboada
Camino a Silleda
Camino a Silleda
Silleda
Silleda

Hemos cogido la habitación, muy digna, y después de ducha hemos bajado a comer al restaurante de enfrente, que nos ha aconsejado el del hotel. Al llegar nos hemos quedado algo parados porque no había nadie comiendo y sólo varias mujeres por allí más en labores cotidianas que en plan negocio de restauración. A pesar de todo la comida ha estado bastante bien con una buena ensalada y bacalao a la gallega (dos trozos considerables y muy ricos).

Después de la comida hemos lavado ropa y descansado un rato. Yo ha hablado también por face mientras Joseba reflexionaba sobre el sentido de la vida.

A media tarde hemos buscado un bar con wifi, hemos pedido un par de nestea y nos hemos puesto a hablar de la etapa siguiente. Yo le he propuesto a Joseba ya abiertamente hacerla de un tirón hasta Santiago: las guías marcan unos 42 km con cierto desnivel, sobre todo la subida de Ponte Ulla y la llegada a Santiago. La ventaja es que no tenemos que quedarnos tirados un día entero y aunque lleguemos más tarde podemos aprovechar la tarde en Santiago. Además he visto la posibilidad de cambiar mis billetes de tren y adelantar un día mi regreso. Lo que gano es un día pero en lugar de estar sólo todo el día 22 estamos la tarde del 20 y todo el 21 juntos hasta que yo me marche en el tren a las 22:30

Arreglado lo de los billetes tras pagar un recargo de 7 euros y un puñetero 902 que me ha añadido al gasto otros 5 y confirmada la reserva de un día más en La Salle hemos dado un paseo por el pueblo y buscado algo para cenar.

Al llegar yo había visto de paso una Pulpería que me ha parecido buena. Hemos ido hacia allí y nos hemos sentado a cenar: ha sido un acierto por los pimientos, cosecha propia, el pulpo, las zamburiñas y el vino. Todo ha ido bien hasta que a Joseba le ha tocado el pimiento de padrón que sí pica y ya no le ha dejado disfrutar del resto de la comida.

Pulpo a feira
Pulpo a feira
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Repitiendo el pasado, pero sin zumbados


Hoy el día ha sido una repetición de lo que hicimos el año pasado Joseba y yo, salvo porque estoy escribiendo en la misma terraza pero sin zumbados alrededor peleándose. Puedes leerlo eneste enlace (pincha aquí)
Pero lo que sí fue diferente fue la tarde de ayer. Es cierto que no teníamos fiesta en la calle pero no nos faltó en el albergue en forma de turigrinos VIP versión “hemos anulado la reserva de los Alpes y por eso estamos aquí”.
Al poco rato de regresar de la comida, mientras yo escribía la entrada y Mar se había retirado a planchar el pabellón auditivo, llegaron una familia y se instalaron. Se trata de un matrimonio de unos treinta y algo con dos niños de unos 12-14, más o menos. Si nos hubiéramos centrado en la parte femenina todo sería más o menos normal. Llevan un coche para transportar las bicis, equipaje de los que no puedes pasar en los aeropuertos sin dejarte un sueldo y bicis última generación. Son madrileños (esto sólo es un dato anecdótico porque ya sabéis que yo no tengo nada contra la capital del reino y sus inquilinos, por lo menos no con todos). Pero el problema eran ellos. El Niño, un mocoso hiperactivo que no paraba de jugar a todo lo que tuviera bolas, fútbol, baloncesto, tenis, etc. Cada diez minutos sacaba un nuevo juego de algo del coche a modo del baúl de la Piqué. Y luego estaba el padre, secundando a su hijo en todos estos juegos en los huecos en los que dejaba de depilares las piernas con unas pinzas y quitarse los pelos enquistados, para asco generalizado del personal presente, o sea, yo.
Cada juego representaba un modo de demostrar el nivel “los Alpes” con comentarios como “dale de revés a la pelota, a modo defensivo, como cuando estás jugando al papel”, o “papá, mi golpe fuerte es el revés, como cuando estoy ganando al Badmington”, esto último lo decía mientras mandaba el volante pelota de un tirón a la finca de la casa cercana al torreón del otro lado del pueblo.
Ante tal nivel de glamour y golpes a modo de bailarina con zuecos, borracha y en un alambre, así como alternancias con un balón de fútbol al mejor estilo chimpancé, llegó la frase del padre. Fue algo como dejado caer, casi como quien no quiere la cosa: “es que nosotros deberíamos estar hoy en los Alpes, pero he anulado la reserva”. La primera vez que lo dijo no le di mayor importancia, al fin y al cabo parecía raro cambiar unas vacaciones en Alpes por un mísero albergue del camino compartiendo habitación con una teutona y sus dos hijos adolescentes que sólo dormían. Pero es que cada diez o quince minutos lo volvía a decir. A veces era el propio hijo el que preguntaba ¿estamos aquí porque has anulado lo de Alpes, verdad? Y el padre le confirmaba tal situación.
Diez o quince veces después, con Mar ya levantada volvieron a repetirlo a coro mientras degustábamos unas magdalenas de coco y una copa de oporto que amablemente la señora del albergue nos había ofrecido. Los niños, mientras tanto parecían más bien salidos de un comedor social que del Ritz, porque se bebieron dos litros de zumo de naranja (con un par de quilos de azúcar para complemento vitamínico) y no nos dejaron casi ni catar las magdalenas. Menos mal que los padres no les permitieron beberse el oporto, que si no nos dejan sin nada.
Ante la situación nos marchamos a cenar al bar típico que nos habían aconsejado en el restaurante del mediodía. Un pulpo espectacular nos esperaba acompañado de mollejas, bacalao y una buena botella de vino verde. 16 euros incluyeron también postre a elegir así como un par de cositas de oporto a modo de digestivo.
Regresamos al albergue y todo estaba ya tranquilo. Sin saber nada de nuestros compañeros nos fuimos a la cama. El reloj nos ha despertado a las 5:45 tras un pequeño susto de ciempiés sobre mi hombro. La etapa ha transcurrido según lo previsto primero hasta el hermoso puente en el que termina el infierno de carretera y luego hasta San Pedro de Rates. Hemos coincidido con los peregrinos italianos y hemos hecho un tramo con ellos. Se trata de un matrimonio del sur de Italia pero que viven en Torino. Ella es de Torre del Greco, junto a Pompeya y cocina muy bien (eso dice, al menos su marido).
La etapa transcurre por lugares muy bonitos entre carreteras secundarias y algún peligroso tramo de carretera. Las casas son de un nivel muy alto a medida que nos vamos acercando a Barcelos, la comstrucción es de piedra y cada vez más parecido en todo a Galicia.
También hemos coincidido un ratito con una pareja de peregrinos en bici de Valencia. Nada más pasarnos y ver que éramos españoles se han bajado de las bicis y hemos caminado un buen tramo con ellos. Comenzaron el camino en Huelva y ya han hecho varios, siempre en bici, dicen que han comido muy mal, en general, y que no se hacen bien al tema de restaurantes y alguna cosilla más. Si me estáis leyendo podéis escribir un comentario y saludarnos, así como poner vuestro twiter y Facebook.
La llegada a Barcelos ha sido muy bonita, venimos muy bien de fuerzas y apenas nos hemos dado cuenta de la dureza de la etapa hasta que al llegar al hotel hemos visto que íbamos empapados en sudor.
La tarde ha pasado entre la comida (arroz con rape en el restaurante Solar Real, siesta viendo la cromo escalada del Tour y hablar con las niñas. Luego hemos ido a dar un paseo por el pueblo y hemos disfrutado de una agradable tarde sin zumbados peleando, aunque alguno había bailando. En la plaza hay montado un escenario en el que parece que cualquiera puede subir a hacer el chorra, porque lo que es tocar no toca nadie.
Hoy en Barcelos se ha cumplido otra de las teorías de las de Mar. Resulta que lleva todo el camino convencida de que e Portugal no hay niños. Bien es cierto que a lo largo de todo el camino no hemos visto casi niños y los pocos que hemos visto eran turistas. Eso le ha llevado a una gran preocupación a la altura de que las casas tengan todas las ventanas de la parte de delalante cerradas (también está en esta línea que los portugueses no montan piscinas porque aquí hace mucho frío y el agua no se calienta). Hoy ha acabado lo de que no hay niños porque los hemos visto todos aquí, lo que le lleva a pensar que debe ser que los han concentrado los de todo Portugal en Barcelos (yo creía que se los comían de pequeños para evitar problemas cuando crecieran)
Y la cena en Dom Antonio nos ha llevado hasta un paseo posterior a la luz de la luna hasta el escenario de la plaza en el que tocaban, o algo así, un grupo folclórico del lugar. Y cuando digo cantar me refiero a que emitían sonidos acompañados por instrumentos musicales porque lo que se dice cantar no cantaban un pimiento.
Así termina el día y preparamos la etapa de mañana, larga y compleja.

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Resumen de la etapa

A las puertas de Santiago


Los últimos días del camino están siendo la confirmación de lo que el camino representa para nosotros. Cuando piensas que las cosas se van a complicar todo acaba saliendo rodado y, por contra, cuando crees que todo te vendrá derecho se tuerce.
El día pasado en Pontevedra fue estupendo y el final lo puso un concierto en la plaza del ayuntamiento por las fiestas de la peregrina. El concierto de Budiño y Kepa Junkera fue un verdadero goce que tuvimos la suerte de ver completo. Y lo curioso es que esa misma tarde al salir de la habitación del hotel Joseba había reconocido a Kepa que bajaba en el ascensor.
Antes del concierto habíamos ido a cenar al mismo restaurante del mediodía y picoteamos algunas cosillas tipo pulpo y demás. También dimos un paseo por las casetas de feria ya las tómbolas para deleite de Joseba que me pidió varias veces dinero para jugar unos boletos que yo le negué evidentemente, que se está volviendo muy gastoso últimamente.
Las etapas de estos últimos días Siguen siendo similares, entre lugares muy bonitos, bosques, pequeñas aldeas y carreteras secundarias. Normalmente suele ir paralelo a alguna vía del tren o carretera más,importante. El terreno es abierto aunque algo quebrado y el tiempo es caluroso, aunque se puede llevar bien porque llegamos pronto a los finales.
Ayer tocaba Caldas de Reis. Al llegar miramos en la guía y nos dejamos aconsejar hasta el Hotel O Cruceiro, a las afueras algo a desmano. El aspecto era bueno y al entrador un señor muy amable nos dijo agasajó con una cerveza reparadora invitación de la casa? Al poco rato me saca unos pinchos de tortilla y me dice que vayamos haciendo tiempo porque la señora está friendo unos pimientos, nosotros alucinábamos en color ante la perspectiva que nos venía: una habitación estupenda y limpia, buena cocina, gente amable y 45 euros con desayuno incluido.
Al ir a hacer el registro me di cuenta de que no me habían devuelto el DNI en el hotel de Pontevedra. Tras llamar varias veces acabaron confirmando que me lo enviarían a un hotel de Padrón hoy.
A partir de aquí todo fue de bien a mejor. Tras una cerveza en la plaza del pueblo nos fuimos a comer un menú sencillito al restaurante del hotel. Pero al entrar encontramos una mesa montada para unas 10 personas llena de fuentes con nécoras y cigalas. La tentación pudo con nosotros (más conmigo, todo hay que decirlo) y cambiamos la idea del menú por unos bichitos de esos con muchas patitas, pimientos, mejillones vapor, almejas y… 2 botellas de alvariño porque una se quedó corta. Mientras dábamos cuenta de tales manjares nos atendía el hijo del dueño, simpático y muy atento que al final nos ofreció unos orujos tostados para completar la sesión. Y para colmo estuvo muy bien de precio. La conclusión de todo esto fue una siesta monumental para dormir las dos botellas de vino y los orujos.
Después dimos una vuelta por Caldas para acabar cenando en el restaurante del mediodía junto a la pareja de peregrinos franceses con los que habíamos estado en Sao Roque, el día del diluvio. Sólo una botella de vino pero al final la “liamos parda” con los orujos tostados.
Y esta mañana tocaba Padrón, 19 km con más de lo mismo aunque esta mañana íbamos algo más espesos mentalmente. Hemos ido adelantando peregrinos hasta un pueblecito a un par de quilómetros de Padrón. Allí hemos parado a hacer un descanso, tomar una cerveza y reponer agua yo porque no me quedaba nada. El enorme camarero nos ha ofrecido unos callos con garbanzos y nos ha informado de que hoy había un gran mercado en Padrón, nada más entrar por el camino.
Así ha ocurrido y nada más ver las pulperías del mercado hemos decidido ir a comer allí porque el día de hoy prometía.
Para completar las buenas perspectivas hemos ido hacia la pensión el Jardín ya que es allí donde me habían dicho que enviarían el DNI. Se trata de un lugar precioso, muy limpio y mejor atendido por una señora muy amable. Nos hemos quedado una habitación por 45 euros que nos parece un precio muy bueno.
Pero el camino es así y no siempre te da lo que crees. Hemos ido al mercado dispuestos a deleitarnos con los productos típicos de nuestro camino pero todo ha salido mal. El pulpo y el churrasco caro y escaso, los pimientos cocidos en aceite y el vino tan insoportable que ni nos lo hemos podido tomar. En definitiva, un desastre de comida.
Sin más hemos regresado al hotel tras saludar a los peregrinos franceses que acababan de llegar allí.
La tarde se presenta deportiva, entre las motos, el partido del Atlhetic y a las 9 el Barça. Todo eso antes de que mañana culminemos nuestra aventura en la plaza del Obradoiro.
Resumen etapa 21: 22,66 km en 3:53 a una media de 5,8 km/h.
Etapa 22: 20,43 km en 3:33 a 5,7 km/h.

Pimientos de padrón, pulpo a feira y alvariño


Con esta dieta creo que he sobrevivido varios caminos ya en Galicia y este no parece que vaya a ser una excepción. Joseba me mira con cierta resignación cada vez que llegamos a cualquier lugar y, tras pedir la carta añado, ¿Tienen pimientos para freír una racióncita mientras llega la comida? Lo siguiente es esperar a quién de los dos será el primero al que le toque el que pica mientras el otro tiembla pensando que será el siguiente.
Todo este preámbulo lo que viene a decir es que hemos llegado a Galicia, atrás ha quedado el vinho verde, el bagazo y las sopas de verduras para acabar la comida. Han sido unos días estupendos que hemos aprovechado al máximo y de los que nos quedan recuerdos y momentos precisos que nos hacen plantearnos una vuelta a no muy largo plazo por estas tierras quizás ya cada uno por nuestra cuenta. Nuestra próxima aventura creo que se desarrollará por tierras Italianas, pero para eso faltan algunos años aún, ya hablaremos.
Estar en Galicia tiene también su parte negativa: los peregrinos van saliendo de todas partes como el musgo a las piedras, por poner una imagen algo más suave a la realidad. Los peregrinos que encuentras son de todos los tipos aunque abunda, sobre todo el “yovoydeperegrinoporqueenelalberguemecomounosespaguetisconlacuchipandi” es decir, se van agrupando por afinidades, por grado de lavarse, por número de vinos que te bebes antes de los orujos, y por el tema de quién acabará en la cama con quién. Nosotros hace mucho tiempo que dejamos ese tipo de drogas y eso nos hace mantenernos muy desconectados del ambiente “peregrino” en general. Es cierto que de vez en cuando encuentras gente normal, majos, divertidos y con ganas de pasar un buen rato sin complicaciones.
Vayamos por partes, es día de ayer nos sorprendió con un maravilloso sol cuando pensábamos que íbamos a tener que usar barca para salir. Desayunamos con dos parejas de peregrinos que estaban también alojados allí, una francesa y otra española. Ya habíamos cenado con los franceses porque los españoles son algo más reservados aunque por la mañana hemos estado en buen ambiente y yo,para variar, he gastado alguna broma y contado alguna historia.
Un camino maravilloso que hace honor a la despedida de Portugal nos llevó hasta Valença do Minho, preciosa ciudad amurallada que es el contrapunto perfecto a la española Tui. Una pequeña ascensión y un brusco descenso nos ha llevado entre alegría y la conexión a telefonía española hasta nuestro destino final portugués.
Un paseo breve dentro de las murallas entre turistas españoles mayoritarios nos ha dejado la sensación de que Valença merece ser final de etapa en otra ocasión. La anécdota la han ofrecido dos señoronas españolas sentadas en la mesa junto a nosotros porque han pedido una tapa de pulpo ya otra de bacalao y al traerlas le han dicho al camarero que no las querían poque eran muy grandes (y caras). El camarero se ha marchado bramando en portugués y al verme detrás para pagarle se me ha escapado en mi mejor castellano un “es que son españolas, qué esperabas. El comentario ha supuesto el despiporre general de todo el personal y ha roto la situación.
Lo demás ha sido llegar a Tui, ciudad desierta a esas horas hasta el hostal que hemos reservado y que se encuentra en la salida de la ciudad. Lugar sencillo pero limpio. Nada más llegar el tiempo ha cambiado y ha comenzado a diluviar. Nosotros ducho, ropa y comida, por fin Gallega. Lástima que no había pimientos pero sí hemos dado cuenta del primer pulpo a feira, una merluza de pincho a la gallega y un orujito de hierbas con hielo para el desengrase. Hemos comido muy bien y la gente es muy amable.
Tras un breve paso por la habi junto a varias jugadas de apalabrados y disfrutando por fin de mi whatsapp recuperado, hemos salido a ver la catedral y todo lo demás. Allí había un cartel prohibiendo hacer fotos que yo, por supuesto, me he pasado por el forro porque pago la restauración de este tipo de edificios con mis impuestos.
Después las calles se han ido llenando porque había procesión, cientos de personas alumbraban una pequeña imagen de un Santiago que ha recorrido la ciudad al compás de una bande de gaitas y otra de música.
La noche ha sido una agradable cena en un mesón junto al albergue privado subiendo la cuesta que viene de la playa fluvial, un verdadero espectáculo al atardecer frente al Miño y con Portugal enfrente.
Hemos amenizado los pimientos correspondientes (dos platos para recuperarle mediodía) con dos botellines de un vinito gallego del terreno muy suavecito. Una tapita de oreja y una brocheta maxi de ternera, pimientos rojos y más. Contentos y tras charlar amigablemente con la mesonera del local hemos encaminado nuestros pasos hacia la cama con mayor alegría de lo habitual, imagino que por lo agradable de la noche y por el sentimiento de patria que a ambos nos embarga, a Joseba sobre todo después de haber recuperado como español a su teléfono que había decidido independizarse y seguir siendo portugués.
Noche plácida y fresquita que nos ha levantado para un camino completamente gallego por un terreno bastante bonito en la primera parte pero que luego atraviesa varios polígonos industriales de la cercana Vigo.
Al llegar hemos entrado en el albergue de peregrinos pero una marea de turigrinos abarrotaba sus instalaciones. Ante tal situación hemos buscado alternativa en forma de albergue privado al que habíamos visto anunciado en la carretera. Al llegar no había nadie y hemos llamado al tf que aparecía y un señor me ha dicho que nos instaláramos que ya aparecería. Sitio sencillo, básico, elemental y poco cuidado aunque con lo mínimo confortable. Ducha, lavar ropa y buscar restaurante para comer.
Un mesón muy aceptable nos ha ofrecido un menú por 10 euros al que no le ha faltado el añadido de unos pimientos y dos orujos al final. Esta noche promete ser lugar de tapeo para nuestros agradecidos estómagos. Luego siesta y espera para ver si venía el del albergue, nada de nada.
Al final hemos ido a dar un paseo hasta la ría observando los espectaculares puentes metálicos para el tren y una parte de la Ría de Vigo. Redondela es una ciudad agradable llena de rincones bonitos, plazas llenas de terrazas y callejas. En una de esas terrazas es donde ahora escribo mientras Joseba ha ido a pagar el albergue y pedir licencia para ir a dormir algo después,de las 10, según reza en un cartel a la entrada.
Resumen etapa 18: 22,9 km en 5:33 a una media de 4,1 km/h, porque dejé conectado el GPS durante el paseo por Valença.
Etapa 19: 32,29 en 5:19 a una media de 6,0 km/h gracias a que mi querido compañero ha decidido que nos dejemos los pies tirados por la cuneta,antes de llegar a Santiago.

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Pulpo entre mochilas


Galicia representa un contraste enorme entre lo mejor y lo peor del camino. Cientos de personas deambulando sin mucha idea sobre lo que hacen dificultan la pausa y el sosiego del caminante pero los paisajes, los lugares, los colores y los matices envuelven el recorrido hasta la magia. Es verdad que resulta difícil abstraerse entre tanto idiota pero también es cierto que cuando lo consigues el camino vuelve a cobrar todo su sentido.
Estos días van pasando rodeados de gente por todas partes. Los restaurantes están llenos, los caminos están llenos, los servicios están llenos… La tarde en Portomarín transcurrió rodeada de las charlas de unos y otros mientras nosotros dábamos una vuelta recordando anécdotas de otros caminos. Le contaba a las niñas mi pelea con el camarero de la pousada, cuando quiso burlarse de mí sólo porque tenía aspecto de peregrino en “lugar tan selecto”. Les recordaba mi primer camino andando, cuando abandoné aquí, cuando llegué con Joseba, cuando pasamos el día junto a Maxi, Estíbaliz y los aragoneses (con bronca incluida), les recordaba el paso de Mar y mío hace seis años (con bronca incluida).
El camarero del mesón dijo que se acordaba de mí y me invitó a un orujo después de comer y otro después de cenar. Aproveché para escribir hasta que llegaron las chicas. A nuestro lado se sentaron cuatro idiotas que no paraban de gritar sus aventuras echando el humo de sus cigarros sobre nuestra mesa. Montaron el típico numerito de “yo entiendo de vino” pidiendo un Godello al que dieron respuesta con el típico, “aquí lo que tenemos es vino del terreno para menú peregrino”.
La noche estaba fresquita y Portomarín brillaba.

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Salimos tempranito para desayunar antes de afrontar la enorme subida que hay desde Portomarín. En ese tramo se acumulaban una cantidad enorme de peregrinos intentando alcanzar el final de la interminable subida. Sigue el catálogo de peregrinos de lo más diverso en estos días. Os vuelvo a poner algunas fotos tomadas entre los que más me han llamado la atención.

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Este iba con una bicicleta de los años setenta, mochila a la espalda y sólo se montaba en las cuestas abajo. El resto del tiempo arrastraba la bici en una especie de viaje absurdo a ninguna parte.

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Perro peregrino con equipaje incluido.

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Para llevar el agua lo mejor es una zapatilla.

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Verdaderamente cómodo para hacer el camino ¿No?

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Reutilizando chubasquero del viaje a Disney Paris.

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Mochila de regalo de Ron Cacique e indumentaria de calle con impermeable de muchos quilos de peso (suciedad incluida).
Los ejemplos son muchos aunque lo que abunda son grupos de turistas que dejan sus mochilas para transporte de taxi mientras ellos hacen de peregrinos por un rato entre bar y bar.
La subida desde Portomarín ya dejó muchos tirados al borde del camino a los que poco a poco íbamos adelantando. Entre niebla y amenazas de lluvia fuimos haciendo camino hasta nuestro objetivo de Palas de Reí.

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Palas es un pueblo grande pero no tiene mucho. En estos años han montado varios restaurantes y muchos albergues que acogen los cientos de peregrinos que pernoctan cada noche allí. Fuimos a comer a un restaurante que hay por encima del albergue municipal del centro del pueblo. El camarero nos dijo que no había sitio pero que una mesa ya había pedido el postre y acabaría pronto. Después de tras vasos de vino y tres cuartos de hora de espera dos mesas diferentes terminaron de comer antes de que los capullos que esperábamos terminaran de arreglar el mundo. A pesar de que para entonces unas quince personas esperaban para comer ellos seguían tranquilamente charlando sin levantarse hasta que el camarero tuvo que llamarles la atención (viva el espíritu peregrino). Mientras tanto el señor de detrás de la barra nos contó diversas aventuras con peregrinos y amenizó nuestra espera.
Siesta, paseo de tarde, compras en farmacia y cena en el mesón, dos raciones de pimientos, pulpo y buen vino, que para eso estamos en Galicia.

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En el paseo encontramos a un sevillano muy majo con el que habíamos coincidido un par de dìas antes. Sigue el camino a pesar de las ampollas y nos felicitó por poder hacer el camino en familia. La verdad es que es un privilegio el tener la oportunidad de hacer el camino así, los cuatro juntos y encima sin pelearnos demasiado (contribuye el que Mar hija se duerme siempre antes de caer sobre la almohada y no escucha las bromas de su hermana)
Hoy el camino ha sido más de lo mismo. Entre bosques de robles, algunos eucaliptos (cada vez más, por desgracia) y demás variedades que dan color al paisaje. El objetivo era llegar prontito a Mellide para almorzar pulpo en Ezequiel. Es verdad que ya no es la mejor pulpería de Galicia ni mucho menos, de hecho hoy el pulpo estaba duro y mal cortado. Pero es una tradición hacer el camino y parar allí a almorzar. Ya no están los antiguos bancos de madera ni el suelo es de tierra pero cientos de peregrinos se detienen a diario allí aunque ya no se corta el pulpo como antes.
Poco antes de Mellide está leboreiro y su preciosa iglesia.

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Esta parte de la etapa es uno de los trozos más hermosos del camino y merece la pena recorerlos tranquilo, si la fauna peregrina nos lo permite.

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En el albergue de Mellide montones de mochilas se acumulaban a la puerta del albergue, se trata de mochilas con vida propia que llegan a los lugares antes que sus dueños y hacen cola por ellos mientras los peregrinos hacen el camino sin dolor de espalda. Son los milagros del camino.

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El resto de la etapa hasta Arzúa se ha hecho muy pesado por el calor, el paso de los quilómetros y las constantes subidas y bajadas. Desde Ribadiso hasta arriba parece que no acaba nunca.

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Hemos comido en la pulpería que nos recomendó Albert (más pulpo claro, que para eso estamos en Galicia) muy bien. Luego hemos vuelto a dormir la siesta que nos ha interrumpido el follón que han montado los vecinos, se trata de los idiotas que el otro día nos tiraban el humo mientras cenábamos en Portomarín. Mar madre ha tenido que salir a poner los puntos sobre las íes y por poco si no se da cuenta y sale sin ponerse el pantalón: ella es así de impulsiva…
Yo me he bajado a escribir y he vuelto a coincidir con el grupo de los amigos del de gran hermano este que hemos visto durante todos estos días a partir de Molinaseca. También estaba el sevillano y nos hemos saludado. Esta noche toca cena en le mesón de siempre (caldo, pulpo, pimientos y albariño, que para eso estamos en Galicia).
Y ya estamos en La Coruña. Con todas sus letras y le pese al gili que le pese.
Resumen de etapas: 28 desde Portomarín: 25,1 en 5 horas 16 minutos a 4,8km/h.
Etapa 29, 28,5km en 6 horas a 4,7km/h. En Arzúa.