Camino inglés desde Ferrol


El día 5 de agosto mi compañero de viaje, Joseba, y un servidor nos fuimos con nuestros coches para coincidir una vez más en otra aventura. Se trata del camino inglés hasta Santiago. Dejamos los coches en Santiago de Compostela y tomamos un autobús para llegar a Ferrol en dos horas interminables de recorrido en transporte público.

En Ferrol nos alojamos en el hotel Silva, bien situado, cómodo, a buen precio y la gente amable. Algo simple y alejado del centro de Ferrol pero estupendo para la salida al camino.

Al llegar nos fuimos hacia el puerto a dar una vuelta, cenar algo y charlar sobre todas nuestras últimas aventuras. Había un mercado y bastante gente por todas partes. Ferrol es una ciudad bastante grande y desangelada sin mucho encanto, salvo en el centro pero cuenta con todo tipo de servicios.

La lluvia nos ha ido acompañando de forma intermitente toda la tarde aunque sin demasiado problema.

 

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1ª Etapa: Ferrol-Miño

Nada más levantarnos descubrimos que estamos de verdad en Galicia: diluviando con mala leche. Nos quedamos un rato en el bar del hotel por ver si paraba un poco y cuando vimos algo despejado el tema (y porque sabíamos que nos íbamos a calar de todos modos) decidimos ponernos en marcha. Los primeros quilómetros son un suplicio de asfalto por ciudad. Una enorme avenida que parece no tener fin entre tráfico, ruido y lluvia: los principales elementos que pueden fastidiar a un caminante.

El camino remonta hasta el principio de la ría para cruzarla justo antes de entrar en Neda, lugar en el que se puede hacer una primera parada en la que olvidarse un poco del tráfico y del sonido de los coches. Un pequeño bar a la salida del pueblo nos volvió a colocar en lo que se supone que es un verdadero camino.

La siguiente parte de la etapa ya sí es mucho más bonita hasta llegar a Pontedeume, vamos todo el tiempo entre la ría de Ferrol y la de Betanzos y recorremos una de las zonas más bellas de Galicia, y de las más turísticas. La etapa podría concluir perfectamente en Pontedeume, de hecho es lo aconsejable para cuadrar mejor las etapas en cinco pero nosotros íbamos a hacer sólo cuatro, uno de los errores que hemos cometido.

Nuestro fin de etapa estaba en Miño, lugar de veraneo tradicional con un pequeño casco urbano y el resto de la población muy diseminada. Tiene una playa muy bonita con algunos restaurantes en los que reponer fuerzas y cuenta con un albergue de peregrinos algo básico y un poco a desmano, sobre todo para entrar y salir de la etapa.

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2ª Etapa: Miño-Bruma

Como había llovido muchísimo el día anterior esta etapa nos preparaba una recompensa: nos llovió todavía mucho más. Sin parar de diluviar desde que salimos de Miño hasta el final de etapa. Esta probablemente sea una de las etapas más duras que hemos hecho en el camino porque acumulamos 40 quilómetros con más de 1.000 metros de desnivel y encima con el terrible inconveniente de la lluvia.

El día fue un verdadero infierno que se completó con la llegada al albergue de Bruma: de lo peor del camino, bastante descuidado, pequeño y permiten alojarse a mucha más gente de su aforo. La gente acaba durmiendo en el salón en varias colchonetas y no se dispone ni de una por persona por lo que acabas intimando con el que te toca a cada lado, salvo si estás en un lateral. Poca higiene, poca atención al peregrino y pocas alternativas ya que no hay nada y hasta te traen la comida desde fuera en un coche.

Está claro que la alternativa normal para esta etapa es acabar en Betanzos, una ciudad preciosa y esencia de Galicia. Nosotros no pudimos disfrutarla mucho porque mientras estábamos allí no paró de llover a todo lo que permite el cielo. Para colmo la parte final tiene un puerto bastante duro de pendiente sin apenas servicios para tomar algo.

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3ª Etapa: Bruma-Sigüeiro

Esta tercera etapa fue mucho más suave que la anterior, por fin el sol comenzó a aparecer y nos permitió disfrutar del camino. Sin grandes dificultades llegamos hasta Sigüeiro para comer algo y descansar un rato. En el pueblo no hay ningún alojamiento aconsejable y tuvimos que continuar hasta un hotel de carretera un poco más adelante. Las referencias que nos han dado del que se encuentra en el pueblo no nos daban muy buena impresión. Hemos acabado en el Hotel San Vicente, en la carretera. Bien en la relación calidad precio, básico pero amables con los peregrinos. Está alejado de todo y eso lo hace menos atractivos. No dan comidas algunos días y sólo ofrecen cenas. El hotel es una solución aceptable para hacer las etapas finales y llegar sin demasiadas complicaciones a Santiago.

 

4ª Etapa: Sigüeiro-Santiago

Una bonita etapa para llegar a Santiago desde otro lugar diferente a los que ya hemos hecho otras veces. El camino llega por la parte norte por una zona de Santiago que está muy bien salvo por el trozo de polígonos industriales. La entrada en la ciudad se hace agradable y sencilla.

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En la última etapa coincidimos con unos peregrinos malagueños muy majos con los que compartimos una estupenda tarde en el hotel y luego en Santiago. Poco más que contar.

Algunos consejos para este camino que hay que tener en cuenta es que es algo duro, cuidado con la etapa posterior a Betanzos, sobre todo si se hace como nosotros la hicimos. También hay que tener en cuenta las cuestiones de infraestructura porque son bastante básicas. Como parte buena es uno de los caminos más bonitos que puedes hacer, ideal para una semana de camino entre ida y vuelta y recorrido. Aconsejable aunque teniendo en cuenta el tema de la lluvia, que para eso estamos en Galicia.

 

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Santiago entre la tragedia


He tardado mucho en escribir esta última entrada sobre la llegada a Santiago porque nuestro final de camino coincidió con la tragedia del tren allí. Esa misma noche en Padrón comenzamos a escuchar noticias tremendas sobre lo que estaba ocurriendo a pocos quilómetros de donde nos encontrábamos y por donde pasaríamos al día siguiente.

La etapa estuvo a la altura de la tragedia: no paró de llover y hacer mal tiempo. Sin contratiempos y muy entristecidos por lo que íbamos conociendo llegamos a Santiago según lo previsto.

Lo demás fue hacer un recorrido como siempre. Nada especialmente resaltable para añadir.

 

Os dejo enlace al recorrido final ver en runtastic

 

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Santiago menos una, bajo la lluvia


Estamos en Padrón la víspera de Santiago y a una etapa de llegar a nuestra meta, hemos podido comer unos estupendos pimientos de Herbón-Padrón (que así es la denominación nueva según creo) y al final ha decidido acompañarnos la lluvia para recordarnos dónde estamos.
La tarde ayer terminó de una forma tranquila y relajada. Un paseo por el pueblo nos permitió cambiar nuestros compañeros habituales peregrinos por el otro tipo de visitantes que campan por las calles de Caldas: los jubiletas de balneario. Tropeles de orondos maduritos y maduritas poblaban las terrazas contando sus experiencias en el agua, sus compras de mercadillo y demás experiencias culturales. Varias conversaciones sobre el colesterol, la tensión, el sintrón y la dieta para adelgazar de la alcachofa (creo que nadie nombró la del cucurucho, pero no estoy seguro) poblaron nuestra tarde mientras yo escribía y Mar terminaba de leer su cuarto o quinto libro del camino (ha rentabilizado bien el traerse el iPad para sus ratos de ocio mientras yo dedico mi tiempo a jugar al jueguecito de las golosinas y demás).
La cena repitió lugar y menú en nuevo alarde de buen precio y excelente calidad y luego un paseo nocturno junto al río nos llevó hasta la cama.
La etapa de hoy ha sido más de lo mismo: bonito paisaje entre aldeas poco pobladas, multitud de peregrinos por todas partes, tiempo fresquito y camino fácil. Hemos coincidido con un grupo de chicos jóvenes que empezaron en Tui y que van un poco verdes en esto del camino y luego hemos encontrado a Felipe, un peregrino francés que es profesor de español y que vinos por primera vez en el desayuno de Sao Roque y desde entonces hemos visto varias veces.
Nos alojamos también este año en la Pensión Jardín. Muy bien en relación calidad-precio y atendida por gente muy amable.
Hoy he decidido resarcirme del desastre del año pasado y hemos buscado un mesón en el que tomar una ración de pimientos en condiciones (al final nos hemos quedado a comer y ha caído otra).
Corta visita a una decepcionante casa de Rosalía de Castro y poco más porque casi todo está cerrado, hasta el jardín botánico, y además se ha puesto a llover. No parece que la cosa vaya a complicarse pero parece que peligra la carrera de burros que está programada en el pueblo para las fiestas de Santiaguiño. La tarde discurre tranquila y sólo nos queda confirmar si la lluvia irá a más, si veré el partido del Barça, si la cena en una pulpería que hemos visto será todo lo estupenda que esperamos y si coincidiremos con los italianos Antonio y Luisa para despedirnos. Ya os contaré mañana o después, que el día en Santiago puede ser intenso y demorar mi relato unas horas.

La primera en la frente


A la hora prevista y tras cumplir con nuestras obligaciones docentes nos hemos puesto en marcha. Las pequeñas complicaciones, como que mi director he tenido el día comunicador y por poco si no terminamos el claustro, no han hecho más que estresarnos un poco y atragantarnos en la comida. Esto último lo digo en modo irónico ya que Mar ha decidido organizar una comida-no comida que nos ha dejado casi como antes de sentarnos a la mesa y que le ha hecho ya a las 6 de la tarde dar cuenta del primer bocata de reserva. Además de la inconveniencia de comer en el tren ha puesto al descubierto sus reservas de galletas de chocolate, las que llevaba escondidas para algún momento crisis y que , por supuesto, me había ocultado.
Corriendo, he dado a mi cabeza el aspecto peregrino habitual despoblada de casi todo su pelo, ducha rápida y acomodo de las últimas cosas que quedaban por meter en la mochila. Al final Mar lleva unos 5 quilos totales y yo sobre 7 ya que hemos prescindido de sacos de dormir, sábanas y mantas. Llevamos dos pantalones, dos camisas, una camiseta de manga larga, un forro, chubasquero y pantalón de goretex, tres pares de calcetines, dos de calzoncillos (ella tres de braguitas, que así las llama sin saber muy bien por qué), dos culotes, pañuelo peregrino y sombrero.
En la bolsa de aseo: cepillo de dientes, maquinilla de afeitar (una por cabeza), pasta de dientes, desodorante, champú, crema solar y crema hidratante (sección femenina).
En el botiquín compids pequeños y grandes, aguja e hilo para ampollas, guantes de látex, tijeras, tiritas, esparadrapo fácil de despegar, crema para picaduras, betadine en pasta y mitosil para rozaduras.
Mar lleva un anexo pastillero con analgésicos, protectores de estómago, para jaquecas, antinflamatorios, y demás como para doparse todo un equipo ciclista de Amstrong. Y eso que he hecho inspección y le he reducido el paquete (dicho con la mejor intención).
Además llevamos, yo unas crocs y Mar otras sandalias de marcha, la pastilla lagarto para lavar ropa, pinzas, los dos iPad, mis otros dos teléfonos y Mar el suyo. Tres cargadores multiusos, una batería de repuesto para el galaxy note, otra batería externa y un ladrón (especialmente útil cuando hay pocos enchufes disponibles)
Pues así sin comer casi y corriendo hemos dicho adiós a las niñas (se les saltaban las lágrimas de…, pensar que se les queda la casa disponible) y nos hemos montado en la tartana de tren a Murcia.
Justo al salir me he dado cuenta de que me he dejado en casa los billetes de tren y los bonos de los hoteles así que he tenido que llamar a mi hija para que me los mande en foto y así sacarlos cuando hemos llegado a Murcia.
Hemos hecho tiempo en la cantina de la estación y a las 16:47 nos hemos puesto en marcha hacia Madrid.
El tren va abarrotado de gente. Sobresale un monstruoso niño que no para de gritar respondiendo a cada cosa que le manda su madre. Ya se ha negado a leer, a contar una historia, a merendar y a dormir la siesta y presiento que nos va a dar la tarde.
También he descubierto por qué no pude comprar los billetes en preferente: el tren no lleva vagón de preferente. Eso nos hace ir un poco más acompañados que de costumbre.
Mientras mar acaba su bocata y echa una siestecilla con el iPad en la mano como para leer, yo escribo en el mío contemplando el paisaje por la ventana. Son las 18:30 y aún nos quedan muchas horas de camino por delante así que iré escribiendo sobre la marcha. Iré escribiendo siempre que pueda y que tenga wifi, también compraré en Lisboa una tarjeta para mi iPad y para mi galaxy note y así tener siempre conexión.

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Fin del camino


Por fin tengo un rato tranquilo para poder escribir sobre el final de nuestra aventura. Tenéis que entender que desde la llegada a casa han sido muchas las obligaciones a las que hemos tenido que atender tras haber dejado “abandonadas” a nuestras familias por tan largo período de tiempo. Eran muchas las ganas por el reencuentro y hasta que las aguas no han vuelto a su cauce no hemos tenido oportunidad de reflexionar sobre el final de la aventura.

La última etapa nos llevaba desde Padrón a Santiago y nos dispusimos a hacerla a buen ritmo porque sabíamos que íbamos a estar poco tiempo en Santiago y teníamos mucho por hacer. A las 6:45 nos levantamos con la mañana aún oscura y además nublada. Las calles de Padrón estaban sin luces, imagino que debe ser o bien cuestión de la crisis o de estampar peregrinos contra las paredes. El único bar abierto era el que está junto al puerto que un señor “peculiar” nos había ofrecido la tarde anterior para el desayuno. Así fue, café, tostadas, anécdotas, escribir en el libro del bar, foto de recuerdo que nos hizo y salida a toda máquina.

La etapa está muy mal señalizada en algunos tramos y eso nos hizo incluso perdernos para cabreo de ambos. Para colmo la pérdida fue en un tramo que va paralelo a una carretera nacional llena de tráfico, ruido y escaso arcén.

La entrada a Santiago acaba dando un tremendo rodeo de esos que ves que te añaden un par de quilómetros “gratis” al final de la etapa. Es la entrada más fea de las que hemos hecho a Santiago y encima no paras de bajar y subir en todo el camino. Para colmo de males a mi querido compañero le entraron las prisas y después de una pequeña parada técnica para descargar líquido me encontré cada vez más lejos puesto que decidió llegar el primero. Decidí dejarle engañarse y no le llamé por el móvil para decirle que por mucho que corriera seguro que ya habrían llegado algunos peregrinos a Santiago antes que él. El resultado fue que yo iba a 6 km/h de media y cada vez lo tenía más lejos. Le vi intentar entrar a un Mercadona a comprar las cremas (cuestión privada) pero como había corrido tanto aún estaba sin inaugurar. Al cruzar una vía de ferrocarril y verlo ya al otro lado comencé a tirarle piedras y a proferir todo tipo de maldiciones para regocijo del repartidor de pan que estaba a mi lado en el camino con su furgoneta.

Y llegamos finalmente a Santiago pero todo fue muy deprisa a partir de ese momento. Llegamos a la Plaza del Obradoiro, nos abrazamos y yo le pedí un beso en los labios tal y como hacían las parejas alrededor nuestro a lo que él se negó bruscamente (cuando se me pasó la euforia inicial se lo agradecí). De la plaza nos fuimos directamente a la oficina de atención al peregrino para gestionar lo de la Compostela y tuvimos la suerte de arreglarlo todo en unos 20 minutos. Luego nos fuimos al mercado a Saludar a mi amigo José y su mujer. Se trata de unos amigos a los que conocimos hace ya algunos años y que son nuestros proveedores de ternera gallega así como informadores de todo lo que se mueve en Santiago ya que José conoce a todo el mundo y se maneja por todas partes. Tras besos y abrazos y saludos reiterados quedamos para el día siguiente para coger las cosas y nos invitó a un vino, o dos, en una tasca cercana.

A la 1 nos fuimos al Hostal La Salle donde teníamos reservada habitación. Ducha y corriendo a comernos un arroz con bogavante a O Fornos, para mantener la tradición. Allí coincidimos con un grupo de peregrinos con los que intercambiamos algunas charlas mientras degustábamos algún que otro orujito de hierbas.

Sobre las 4 nos fuimos directamente de compras: joyas Joseba (que os cuente él) y yo orujo en As Monxas, tarta de Santiago en la calle Rua da Algalia de arriba (una panadería escondida que tiene las mejores tartas Ancano caja azul) y visita a tienda de Sargadelos para deleitarnos la vista con las maravilla de allí y comprar un juego de ribeiro para la casa de Oria porque enfría el vino de una forma increíble, comprobado. No nos faltó una paradita en el Casino para reponer líquidos.

Sobre las 6 nos fuimos a la estación de autobuses para subir a Lavacolla a recoger los coches alquilados y allí comenzó una aventura de terror prevista: el precio fijado por goldcar en la reserva me lo incrementaban en 100 euros porque iba a dejar el coche en otro lugar distinto, encima me cobraban el depósito de gasóil a 100 euros más y así de los 82 euros iniciales pasó acostar la broma más de 300 euros. Joseba les dijo directamente que se metieran el coche por la zona trasera en la que tienen algo de espacio y yo acepté ya que no tenía otra alternativa a esas alturas y sabía que ni había coches en otras compañías ni eran más baratos.

Pasado el cabreo nos bajamos en mi coche de alquiler y Joseba se fue a la estación a sacar el billete de autobús para el día siguiente, salía a las 8:30 y se pasaba todo el día recorriendo el norte de España.

Después de todo este lío por fin nos dispusimos a sentarnos tranquilamente a cenar y despedirnos del camino como es debido. La elección fue, por supuesto el Entrerruas. Vinito, pimientos, pulpo, caldo…, lo de siempre.

Tras una cena tranquila y agradable encaminamos nuestros cansados cuerpos hacia el último lugar típico de nuestro camino: Momo. Una copa y a dormir que estábamos cansados.

El resto es fácil imaginarlo. La mañana amaneció de camino (a las 5 y pico). Joseba estaba preparado para marchar desde ese instante con su mochila a la espalda (yo creo que por eso dijo que había dormido tan mal). Desayuno rápido y despedida de estos dos viejos amigos caminantes que esperan hacer pronto otra de estas.

Yo me fui hacia el mercado a comprar el resto de productos con la ayuda de José y su mujer: ternera gallega maravillosa de su carnicería, algo de marisco, pimientos de padrón de los que las señoras seleccionan magistralmente entre los que pican y los que no, y un buen trozo de empañada gallega que luego me sirvió de comida (pasas y bacalao).

Tras 10 horas de coche casi sin parar y meter la pata en Madrid (acabé pasando por la M-40 por un error tonto al coger la radial), llegué a casa sobre las 7:30. Joseba llegó algo más tarde a su casa ambos sin novedad, para tranquilidad de familias (la tranquilidad les duró sólo unas horas) y para tristeza de todos aquellos que habéis seguido nuestras aventuras a lo largo de estos días.

Muchas gracias a mi querido compañero por aguantarme (el placer ha sido mutuo), cada vez que hago un camino con Joseba pienso que el próximo será aún mejor. Ahora nos esperan unos meses duros hasta el próximo camino aunque allá por enero empezaremos con la preparación de nuestras próximas aventuras. Queda pendiente esa ruta por Italia que caerá tarde o temprano y yo me quedo con la idea de repetir el portugués el próximo año.

Muchas gracias también a los que nos habéis seguido en todo este tiempo que habéis sido muchos, hemos recibido más de 100 visitas muchos días. Espero no haberos cansado mucho con nuestras historias y recordad: todo esto es fruto de mi delirante imaginación, por supuesto que no es nada real y en este blog no se describen personas sino personajes.

Un abrazo y, hasta pronto

Resumen de la etapa: 25,23 km en 4:13 a una media de 6 km/h

 

El final del camino


Escribo esta última entrada desde casa una vez hemos completado nuestro camino. No he tenido mucho tiempo en estos días con el regreso y la preparación de la vuelta a la vida normal. Ahora hago un hueco para contar las últimas horas de nuestra aventura.
Dejamos la metan en Arzúa una. Vez instalados en la habitación del Don Quijote y después de que Mar madre tuviera que llamar la atención a los vecinos de la habitación contigua. Eran los mismos que cenaban al lado nuestro en Portomarín y que echaban todo el humo sobre Isa y sobre mí sin una pizca de educación. Hubiéramos entendido su actitud en jóvenes des ere raros de esos que tanto abundan, también en el camino, pero lo grave es que se trataba de tipos de más de 40 años.
Nosotros habíamos comido en la pulpería que nos aconsejó Albert desde Lorca y disfrutamos de una estupenda mesa y sobremesa. Por la noche visita al restaurante de siempre para degustar un maldito gallego y una merluza a la gallega con algo de pulpo, para variar. La cena estuvo amenizada por un grupo de inglesas desenfrenadas y borrachas que ya estaban así cuando llegamos y a las que los camareros no tenían forma de echar. Después de montar un buen espectáculo tipo despedida de soltera sin instrumentos en la cabeza a modo de diadema, se marcharon para que pudiéramos terminar tranquilos.
Así nos fuimos a dormir a la espera de una etapa larga y dura hasta Monte do Gozo. Pero nada más comenzar Isa y yo hablamos de la posibilidad de seguir hasta Santiago en lugar de parar allí. En realidad se trataba de hacer 4km más pero el problema es que nos montábamos en los 40. Aún así pensamos que era la última y que eso nos permitía ganar unas horas. Lo planteamos al resto del comando y, salvadas las reticencias iniciales quedamos que sólo nos lo plantearíamos una vez llegados a Monte do Gozo y siempre que tuviéramos garantizado sitio en La Salle.
La etapa fue muy bien aunque dura. Constantes subidas y bajadas siempre rodeados de todo tipo de peregrinos y demás fauna. Hicimos paradas técnicas casa 10 ó 12 km llegando a Monte do Gozo a las tres y… Lloviendo. Efectivamente se confirmaba que no nos íbamos a librar de la lluvia y todo pronosticaba una llegada a Santiago bajo el líquido elemento.
Tras comer y descansar un rato todos estábamos ya convencidos de hacer los últimos km y sin grandes dificultades llegamos a la plaza del Obradoiro bajo una lluvia no muy fuerte pero constante.
El resto fue lo de siempre: Compostela, visita a la catedral con mochila, llegada al hotel para ducha rápida, vuelta por Santiago, cena en el callejón de entre ruas, copa en el casino y a la cama.
La mañana siguiente la dedicamos a hacer las compras y encargar las cosas que nos íbamos a llevar a nuestra carnicero del mercado, José. Cada vez que vamos allí nos traemos un cargamento de carne de ternera y algunas esquisiteces del terreno y esta vez incluyen los pimientos.
La tarde anterior encontramos casualmente a Feli y Paco, dos peregrinos con los que había yo hecho parte del camino del norte hace tres años. Estuvimos con ellos y coincidimos también en O Fornos cuando fuimos a comernos nuestro tradicional arroz con marisco de cada final de camino. Un par de orujos más tarde y quedamos para cenar juntos.
A la mañana siguiente fuimos a recoger las cosas que habíamos encargado y el resto fue camino hasta casa: más de 10 horas de coche sin novedad.
Ahora toca seguir con el otro blog, dejo reposando este hasta otra nueva aventura, seguramente el camino portugués el verano próximo con Joseba.
Gracias a todos por seguir nuestras andanzas y espero no haber aburrido mucho al personal.
HASTA PRONTO!

Preparando el nuevo camino


Ya estoy en marcha preparando el nuevo camino. Este año y después de muchos años eludiéndolo preparo mi reencuentro con el camino francés.
A finales de julio partiremos desde Roncesvalles una vez más. Esta vez creo que me acompañarán mis hijas y mi mujer porque será un camino familiar. Será una especie de despedida de casa hacia su nueva vida universitaria. Voy a ir escribiendo la preparación y también el camino.
No he tenido mucho tiempo en estos meses y ahora comenzamos a apretar con la parte física: a andar todos los días.