La primera en la frente


A la hora prevista y tras cumplir con nuestras obligaciones docentes nos hemos puesto en marcha. Las pequeñas complicaciones, como que mi director he tenido el día comunicador y por poco si no terminamos el claustro, no han hecho más que estresarnos un poco y atragantarnos en la comida. Esto último lo digo en modo irónico ya que Mar ha decidido organizar una comida-no comida que nos ha dejado casi como antes de sentarnos a la mesa y que le ha hecho ya a las 6 de la tarde dar cuenta del primer bocata de reserva. Además de la inconveniencia de comer en el tren ha puesto al descubierto sus reservas de galletas de chocolate, las que llevaba escondidas para algún momento crisis y que , por supuesto, me había ocultado.
Corriendo, he dado a mi cabeza el aspecto peregrino habitual despoblada de casi todo su pelo, ducha rápida y acomodo de las últimas cosas que quedaban por meter en la mochila. Al final Mar lleva unos 5 quilos totales y yo sobre 7 ya que hemos prescindido de sacos de dormir, sábanas y mantas. Llevamos dos pantalones, dos camisas, una camiseta de manga larga, un forro, chubasquero y pantalón de goretex, tres pares de calcetines, dos de calzoncillos (ella tres de braguitas, que así las llama sin saber muy bien por qué), dos culotes, pañuelo peregrino y sombrero.
En la bolsa de aseo: cepillo de dientes, maquinilla de afeitar (una por cabeza), pasta de dientes, desodorante, champú, crema solar y crema hidratante (sección femenina).
En el botiquín compids pequeños y grandes, aguja e hilo para ampollas, guantes de látex, tijeras, tiritas, esparadrapo fácil de despegar, crema para picaduras, betadine en pasta y mitosil para rozaduras.
Mar lleva un anexo pastillero con analgésicos, protectores de estómago, para jaquecas, antinflamatorios, y demás como para doparse todo un equipo ciclista de Amstrong. Y eso que he hecho inspección y le he reducido el paquete (dicho con la mejor intención).
Además llevamos, yo unas crocs y Mar otras sandalias de marcha, la pastilla lagarto para lavar ropa, pinzas, los dos iPad, mis otros dos teléfonos y Mar el suyo. Tres cargadores multiusos, una batería de repuesto para el galaxy note, otra batería externa y un ladrón (especialmente útil cuando hay pocos enchufes disponibles)
Pues así sin comer casi y corriendo hemos dicho adiós a las niñas (se les saltaban las lágrimas de…, pensar que se les queda la casa disponible) y nos hemos montado en la tartana de tren a Murcia.
Justo al salir me he dado cuenta de que me he dejado en casa los billetes de tren y los bonos de los hoteles así que he tenido que llamar a mi hija para que me los mande en foto y así sacarlos cuando hemos llegado a Murcia.
Hemos hecho tiempo en la cantina de la estación y a las 16:47 nos hemos puesto en marcha hacia Madrid.
El tren va abarrotado de gente. Sobresale un monstruoso niño que no para de gritar respondiendo a cada cosa que le manda su madre. Ya se ha negado a leer, a contar una historia, a merendar y a dormir la siesta y presiento que nos va a dar la tarde.
También he descubierto por qué no pude comprar los billetes en preferente: el tren no lleva vagón de preferente. Eso nos hace ir un poco más acompañados que de costumbre.
Mientras mar acaba su bocata y echa una siestecilla con el iPad en la mano como para leer, yo escribo en el mío contemplando el paisaje por la ventana. Son las 18:30 y aún nos quedan muchas horas de camino por delante así que iré escribiendo sobre la marcha. Iré escribiendo siempre que pueda y que tenga wifi, también compraré en Lisboa una tarjeta para mi iPad y para mi galaxy note y así tener siempre conexión.

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Traslado de Lorca a Lisboa por Barcelona


Primera entrega del camino desde Lisboa. Este año voy a llevar muchas más cosas adelante porque dispongo de toda la tecnología necesaria para hacer seguimiento por redes sociales y blog. Atentos por tanto a nuestro Facebook (ya los hemos mencionado Juancapa y Joseba) en twitter @juanmacapa y también iré subiendo foros a flickr. Las fotos serán a ir publicando en el lateral derecho del blog, un poquito más abajo de estas letras.
El camino de ayer largo y pesado hasta llegar a Lisboa a las 23 horas local (perdimos una hora en por el aire que todavía no hemos encontrado ni dentro de la mochila.
Después de 8 horas de tren llegué a Sans aunque casi no me dio tiempo de besar apasionadamente a Joseba porque tenía los billetes de metro en la boca y salíamos en cinco minutos hacia el aeropuerto tres andenes más allá.
Esto de la crisis es una porquería: yo había comprado un billete de primera para que me dieran el periódico y la comida pero por allí sólo se pasó el revisor a pedir el billete y otro pájaro con unos auriculares de los malísimos para ver 8 horas de documentales infames. Yo, menos mal que me había descargado en Orbyt los periódicos, llevaba el iBook cargado de juego de tronos y mis propios auriculares para escuchar a Mariza y así crear un poco de ambiente.
Entre olor a bocata de chorizo y traqueteos completamos la primer parte.
Una vez en el aeropuerto pudimos saludarnos de una forma más cariñosa (tranquilos que los detalles más escabrosos no,los voy a poner que esto lo leen niños. En 4 horas nos pusimos al día, más o menos de las novedades en nuestras vidas, los proyectos de obras, las peleas con nuestros directores, los hijos y creo recordar que también comentamos alguna cosilla de nuestras respectivas medias naranjas, nada serio y cada uno de la suya, por supuesto. También Joseba tuvo la oportunidad de mostrar sus progresos con la lengua del imperio gracias a unas elegantes señoritas que paseaban por allí (curioso pero se comunicaba menos con las que llevaban poca ropa por arriba y por abajo).
El resto del tiempo Joseba lo pasó comprobando la puerta en la que teníamos que embarcar porque no aparecía y nos retrasaban el vuelo una hora.
Primera parte del vuelo con turbulencias aunque como es la hora que hemos perdido no la puedo contar. Para colmo un grupo de quinceañeras en los asientos demuestro alrededor para fastidiarnos bien y recordarnos nuestro trabajo. Al menos nuestra vecina de fila en la ventanilla no era gorda y pudimos meter las piernas entre asiento y asiento sin necesidad de calzador.
Al llegar a Lisboa nuestras mochilas aparecieron las primeras en la cinta y teníamos un taxi esperando en la puerta que nos llevó al hotel por la módica cantidad de 18 euros (5 por las mochilas).
Paseo nocturno por la ciudad con todo el mundo ofreciéndonos coca, chocolate y drogas de diseño, que será que nos han visto cara de drogatas a Joseba más que a mí, claro.
Cansados regresamos pronto. Joseba se duchó y lavó la ropa y yo directo a la cama a roncar según dice Joseba.
Hemos despertado sobre las 7 con todos los dispositivos cargados tanto digitales como humanos y tras mi ducha y lavado de ropa correspondiente hemos bajado a desayunar. Nos alojamos en el Hotel Lisboa lo que es un problema para nosotros ya que cuando dices que te hospedas en el hotel Lisboa es fácil pensar que en Lisboa hay muchos y que se puede ser más preciso.
Lo primero hemos solucionado el problema de internet y teléfono comprando una tarjeta para el iPad y otra par el tf y así poder llamar a los teléfonos de aquí a precio razonable.
Nos hemos ido asar una vuelta viendo tranvías hasta la Sé donde hemos sellado la credencial y hemos visto la primera flecha de nuestro camino, que nos ha costado un montón encontrarla.
Por cierto, este cacharro no me permite subir fotos a la entrada, ya veré.
Hemos organizado las dos primeras etapas encontrando alojamiento alternativo a la opción bomberos, ya veremos lo que nos encontramos. Luego vuelta por el Barrio Alto, hemos comido frente al elevador de Santa Justa y hemos subido al hotel a descansar, escribir y tomar algo,sin alcohol porque en este camino hemos decidido dejar nuestras adicciones más fuertes.
Mientras tanto Joseba ve una película en inglés con subtítulos en portugués en la que sólo gritan, aúllan y muerden, un montón de sangre por todas partes que luego alguien tendrá que limpiar.

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