Amable mesonera


 

La tarde ya no daba para más: hemos regresado tras un par de vueltas por el pueblo y después de localizar el único metro cuadrado en el que había cobertura, lo suficiente para hablar un momento con la familia y preguntar por la salud. Y vuelta a casa.

A estas alturas nos sentíamos plenamente satisfechos por todo lo ocurrido, sólo esperábamos un poco de paz, algo de cena y ver tranquilamente el partido. La gente de la casa nos había atendido cordial y amablemente y hemos sentido su atención de manera muy especial: pero eso no era todo. En este punto tengo que hablar de nuestra amable mesonera. Simpática, divertida, atenta, generosa y ¡magnífica cocinera!… Había estado pendiente de todo lo que nos hacía falta y había seguido nuestras bromas. Nos proporcionó todos los placeres que un peregrino cree que pueden estar en su paraíso (peregrino), qué más os puedo contar…

Así las cosas se acerca la hora de la cena y yo decido tomar un menú suavecito y Joseba un bocata de lomo, para variar. De primero sopa castellana y de segundo: tostón. Yo comento al atento camarero (el del madrid) que el único tostón que tengo que aguantar es a Joseba, él me dice entonces lo que es el tostón y que lo están terminando de hacer. Debo confesar que pensé que el cochinillo debía ser recalentado del mediodía y que como complemento al menú no estaría mal; decido tomar un par de platos de sopita castellana (muy rica) y prepararme para el plato recalentado: craso error: me aparece nuestro querido amigo con un cuarto de cerdo enano de la zona recién preparado, crujiente, sabroso…. Comentamos la pena que nos daba el óbito de nuestro querido amigo animal y el modo de darle el último adiós y me dispuse a dar cuenta de semejante sepelio a ritmo de partido de fútbol y con néctar líquido como acompañamiento (sin alcohol, claro). Joseba trabajaba sobre su bocata tamaño familiar y yo iba desentrañando los restos físicos de nuestro enano amigo mientras intentaba contener los orgasmos gastronómicos que se iban sucediendo a pocos minutos cual contracción de parturienta (imagen algo pillada por los pelos, lo reconozco). Así hasta casi finalizar con suculento manjar y tras venir nuestra amable mesonera a preguntar por nuestra situación mental ante tal prueba gastronómica. En esos momentos he pensado que nuestra amable mesonera debía ser una trampa puesta por Satán para impedir que nuestro camino de sufrimiento y abstinencia hasta Santiago pudiera llegar a buen puerto en las VII carreras como si fueran las siete pruebas del demonio.

El resto de la velada ha transcurrido entre los goles del Barça y la sensación de que durante todo nuestro camino recordaré cada trocito de carne pegado a esos huesecillos pequeños de la amable criatura que me ha sido imposible apurar. Un par de licores de ″manzana″ y charla futbolera sobre lo mal que lo pasará el Madrid dentro de pocos días en el Derby.

Para colmo nos ha llegado la cuenta de todo el día que hemos pagado comentando que la felicidad es muy barata en estos lugares. El precio es muy bajo y sólo nuestro miedo a pensar que este comentario engordara la cuenta nos ha impedido decir a nuestra amable mesonera que nos cobrara algo más porque nos parecía demasiado poco. Contentos, satisfechos y con panza y bolsillos bien acomodados hemos decidido solucionar nuestro cansancio en una habitación digna de un turista rico más que de un peregrino.

Noche bastante aceptable en cama de lujo y despertar a hora más tardía porque habíamos quedado con nuestra amable mesonera para el desayuno a las 7:30 ya que su generosidad le había hecho prometernos que nos despediría con un café y algo más para acompañar a tan intempestivas horas de la madrugada para alguien que no está haciendo el camino, y además en un día de fiesta. Así es: anoche descubrimos que hoy es día de fiesta en esta comunidad autónoma y que nuestros proyectos de compras en Salamanca se iba a hacer puñetas porque todo estaría cerrado. Lo siento sobre todo por mis calcetines cuyos agujeros comienzan a ser perceptibles desde cualquier perspectiva. No podremos cambiarlos hasta más adelante.

En el desayuno nos ha confesado nuestra ya amable y entrañable mesonera que se habían leído el blog y que pensaban seguir nuestro periplo peregrino (anoche le di la dirección a su hijo). Comentando diversos avatares de nuestro camino hemos narrado la aventura del alemán marrano, entre otros muchos y entonces nos ha ofrecido la última noticia suya. Pasó el día anterior por aquí y nuestra querida mesonera lo conocía y lo había olido. Nos ha contado como a media mañana había llegado un peregrino suplicando habitación al precio que fuera porque en el albergue había un sujeto de apestoso aspecto que impedía la cohabitación con un mínimo de dignidad; un cochino señor de origen alemán y de ducha muy escasa se había colocado junto a su cama y que era imposible dormir a menos de 15 metros de distancia, teniendo en cuenta que la habitación no tiene más de 10 metros cuadrados. Nuestra amable mesonera tuvo oportunidad de conocer a dicho sujeto puesto que les premió con su presencia para comer y luego para las preceptivas 10 cervezas de la tarde. Tras desalojar el local y desinfectarlo durante las siguientes 24 horas nosotros éramos los siguientes peregrinos que se alojaban allí tras la limpieza general realizada. Conclusión positiva de esto es pensar que nuestro querido amigo sigue por delante de nosotros una jornada y que esperamos siga ganando días y alejando su rastro de nuestro camino, sentimos desear alejar a este personaje de nuestro relato ya que hemos visto que su descripción y aventuras ha calado entre nuestros lectores, que nos solicitan noticias frescas de dicho elemento. Prometemos recoger parte de su olor en un frasquito si los volvemos a ver (Santiago no lo quiera!) para distribuirlo entre los deseosos de emociones fuertes.

Como despedida nuestra querida anfitriona nos ha deseado que encontremos muchos lugares como su humilde hogar a lo que yo he contestado que ojalá que no: la vida del peregrino está llena de sufrimiento y no tendría sentido encontrar sólo el placer: se llenaría de turigrinos y demás enteraos y escuderos y para eso ya está el camino francés.

Con gran pesar por la pérdida que ya sentimos desde los primeros pasos nos hemos ido alejando, primero de la mesonera, luego de la casa y finalmente de San Pedro de los Rozados (no voy a hacer ningún comentario sobre el nombre en honor a su hospitalidad con el peregrino).

Charca llena de ranas

Charca llena de ranas

El camino hoy era aún mejor que los días anteriores: sé que no puedo estar todo el tiempo diciendo lo bonito que es esto porque aburre, pero no os podéis hacer una idea del paisaje, de los olores, de todo… Para eso tenéis las fotos.

Interminables rectas en los caminos de estos días

Interminables rectas en los caminos de estos días

Por cierto: todo el mundo nos dice que siente envidia sana por nuestro camino: no debéis ser mentirosos porque la envidia no es sana, estáis negros pensando en que lo pasamos de vicio mientras vosotros curráis, es lo que hay, podéis haceros ilusiones con la idea de que pronto nosotros también curraremos, pero eso no os quitará el suplicio de tener que disfrutar de nuestros caminares mientras financiáis nuestro viaje y a nosotros, que nos quiten lo bailao.

Llegando a Salamanca

Llegando a Salamanca

Y así hemos llegado a Salamanca.

Un carro nos viene de frente

Un carro nos viene de frente

La entrada ha sido preciosa con un día ideal. Hemos ido adelantando a los italianos, a Pepe y Michele, al enterao, a su fiel escudero, al alemán cervecero… Hasta llegar a la puerta del albergue a las 12 en punto que era el momento en el que el hospitalero abre sólo para dejar las mochilas. Si quieres hacer algo más este tosco señor alemán que no entiende ni patata te reprende en tono brusco diciendo No posible, sólo mochila, abrir a 4. Eso es todo lo que hemos conseguido entenderle.

Entrada al albergue

Entrada al albergue

Nos hemos puesto las crocs y hemos salido a visitar la ciudad. Catedral, universidad, casa de la conchas…

Casa de las conchas

Casa de las conchas

hasta la plaza mayor. Como siempre llena de gente, de ambiente, jovencitas animadas a desnudar sus escotes y muslos ante el incipiente calor primaveral y todo el mundo comprando libros en los puestos para celebrar tan señalado día. Nosotros contemplando el panorama nos hemos dispuesto a buscar un lugar en que calmar nuestra hambre. Un señor con torso desnudo hacía equilibrios sobre una silla de una terraza intentando captar la atención de los transeuntes y sedentes para conseguir una pequeña ayuda a su economía no necesitada de trabajar de verdad.

La plaza mayor

La plaza mayor

Señoras y señoronas, caballeros con corbata a la última moda, turistas de todo pelaje y condición y algún que otro peregrino o mochilero: ambiente de fiesta en el día de la comunidad y del libro.

Hemos buscado para comer por la plaza y alrededores algún lugar sencillo pero de menú no turístico y hemos encontrado uno con muy buena pinta. La carta era ámplia y tenían un menú bastante completo a un precio razonable. Era la1:15 y hemos decidido entrar. En ese momento he cometido el error de dejar que Joseba pasara delante para preguntar si había mesa; el camarero, tras mirar sobre sus gafas de arriba a abajo a Joseba, nos ha escupido un escueto: estamos completos. Era evidente que un tipo de aspecto tan desagradable, siniestro y poco arreglado como Joseba no estaba a la altura de lugar de tan elevada condición: yo hubiera pasado mucho más desapercibido dado que soy mucho más agraciado y que mi indumentaria era mucho más apropiada (sólo me faltaba la corbata). El caso es que nos hemos salido con el rabo entre las piernas, cabreados porque queríamos comer allí y no era suficiente con la visa para poder estar a la altura del establecimiento.

No nos ha desanimado la aventura y hemos encontrado poco después otro sitio donde tenían carne a la brasa y gran variedad de platos. Yo he tomado consomé y entrecot de buey y Joseba sopa castellana y pierna de cordero al horno, con un vinito de Ribera de Duero (un día es un día).

Conclusión es que nos hemos puesto como los guarros. Nos hemos venido a la plaza mayor y hemos pedido un café y un orujo de hierbas con hielo en el café en que está la estatua de Torrente Ballester porque he encontrado un enchufe y además hay acceso a internet gratuito.

Escribiendo junto a don Gonzalo

Escribiendo junto a don Gonzalo

 Todo bien salvo que nos han cobrado 6 euros por orujo. Yo he aprovechado empezar a escribir la entrada y a la hora prevista hemos ido hacia el albergue para situarnos y ducharnos. En la plaza hemos encontrado a los italianos que iban hacia allí y hemos llegado juntos. Nos ha recibido el hospitalero alemán con cara de pocos amigos y con pocas facilidades para todo. Hemos tomado una ducha y yo ni he lavado ya que sólo nos permiten hacerlo en un barreño.

Otra vuelta turística y regreso al bar de la plaza para terminar el comentario y publicarlo. La tarde no dará mucho de sí porque a las diez debemos estar en el albergue. Buscamos cena ligera, alegrar nuestra vista con el paisaje salmantino (humano y de piedra) y poco más, mañana hay etapa dura y nos esperan días de trabajo, que no todo son tostones (de los que se comen).

Huerto de Calixto y Melibea

Huerto de Calixto y Melibea

Noticia importante: el enterao nos ha abandonado y su fiel escudero se marcha mañana. Estamos tristes pensando en que vamos a estar privados de sus ilustrados comentarios diarios. Tenemos pena y fruto de ese dolor son estas dos cervezas que acabamos de pedir para olvidar. ¡Qué Santiago los lleve lejos de nosotros por siempre y no los volvamos a encontrar!

Resumen de la etapa: 23,3 a 5,9 en 3:57 horas y estamos a 819 metros.

2 comentarios en “Amable mesonera

  1. “Por cierto, todo el mundo nos dice que siente envidia sana…” es una aseveración incierta. La mía, y así lo expresé, es malsana. Por tanto, os deseo lo peor: que no encontréis calcetines de repuesto, que a Joseba se le putrefacte la entrepierna -lo siento, Tere-, que tu colesterolemia sea tema de un congreso internacional de medicina, que os surja una tendinitis de caballo en el codo -de tanto empinar, con o sin alcohol-, y que sigáis siendo tan felices y privilegiados por hacer lo que estáis haciendo.
    Un fortísimo abrazo para vosotros dos, y adelante siempre.

    • Alabo tu sinceridad: no esperaba menos de alguien que sabe de verdad lo que estamos disfrutando este apéndice que me ha salido en el camino y yo mismo. Todo correcto menos lo de la tendinitis de codo, procuramos alternar los brazos para no sobrecargar siempre el mismo. De la entrepierna de Joseba no hay que preocuparse demasiado porque como dice Tarzán, tampoco hay para tanto.
      Llevamos casi 1000 entradas y estamos alucinados pensando en toda la peña que sigue nuestras aventuras peregrinas. Os aseguro que disfrutamos pensando en todos vosotros y en lo barato que os sale el camino y las pocas ampollas que os producen las botas. Sin duda todo tiene sus ventajas. Un abrazo

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