Santarem, igual pero con más calor

La etapa del año pasado

Las previsiones para el día eran de mucho calor y se han cumplido de sobra.
Desde primera hora se ha visto claro que la etapa iba a ser muy dura por el tema del calor y a esto se añadía mi temor, cada vez más evidente de que los bichitos de cama se habrían empleado a fondo sobre mi sabroso cuerpo.
Aunque al levantarme no notaba casi nada yo recordaba de la vez anterior en el camino francés que esas picaduras se empiezan a notar a partir de las doce horas de haberte acostado.
El desayuno fue un café en el bar de la esquina, sencillo aunque no tan marrano como parecía desde fuera. Mar intentó comprar un bollycao pero el amable-simpáticoconella-senil camarero le aconsejó, con la mayor de sus desdentadas sonrisas que no se lo pidiera porque estaba caducado (como él pensé yo en un arrebato de celos no por ella sino porque todas las alabanzas de este camino son para mi compañera cuando siempre estoy acostumbrado a ser yo el objeto de tales situaciones cuando viajo con Joseba).
Cogimos un par de botellas de agua y con todo listo nos lanzamos al polvo del camino tras cruzar la carretera y las vías del tren por un paso elevado, demasiado para tan poco pueblo.
Nada más salir vimos a lo lejos la silueta de dos peregrinos a los que poco después alcanzamos y con los que pude poner en práctica mi oxidado francés. Se trataba de dos señores entrados en años (el tipo de mi compañera) que ya habían hecho varios caminos juntos (la plata, el francés y desde París, que son de esa región). Tras un ratito de charla nos adelantamos con la idea de que Mar pudiera retirarse a un recodo del camino a satisfacer las necesidades básicas de su condición humana lejos de las miradas indiscretas de paseantes y demás. A tales urgencias coincidió una recuperación milagrosa de los franceses en su ritmo de marcha que casi pilla a mi compañera en situación de desventaja de pantalón. El caso es que poco después los volvimos a adelantar porque se pararon a almorzar en el sitio en el que empieza el muro de contención del Tajo. Se trata de un muro de dos o tres metros de altura que separa el río de las poblaciones y campos y que vamos a llevar hoy al lado durante casi todo el resto de etapa, algunas veces incluso transitando sobre él.

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Al llegar a Valada paramos a tomar un café qué incluyó tostadas. Había en la puerta una pareja de peregrinos de los que nos habían hablado los franceses, se trata de irlandeses, una pareja peculiar en la que ella toma te y él todo lo demás del bar, podríamos,decir que la barriga de él eclipsa toda la figura de ella.
El caso es que nosotros vamos a lo nuestro: tras desayunar convenientemente nos dispusimos a afrontar los 20 km que nos quedaban en medio de una llanura sin fin entre el muro y cañaverales que impedían el paso de cualquier brisa y caminos interminables de polvo.
Para colmo de males el final de etapa lleva regalo puesto que los últimos dos quilómetros tienes una subida bastante fuerte hasta el pueblo. Poco antes de llegar a la cuesta no le rompí un bastón en la espalda a Mar porque no los llevo. Resulta que en medio de ningún sitio y abrasados de calor me dice que si podemos parar un momento. Yo le respondo que claro, que qué le pasa, si tiene una piedra en el zapato o le molesta algo. Entonces ella me responde: no, sólo es por descansar un poco… 40 grados a la sombra, ni una pequeña brisa, casi 30 km hechos y ella quiere parar en mitad de ningún sitio. Son las cosas de llevar tantos km bajo el sol.
Subiendo hemos encontrado una fuente en la que refrescar nuestros cuerpos y finalmente, sobre la s 13:30 hemos llegado.
He llamado al residencial del año pasado pero han subido hasta 45 euros desde los 30 del año pasado, así que hemos,buscado otra cosa y en el lugar de una antigua pensión hemos encontrado un apartamento para alquilar con cocina y todo por 50 euros.
La comida ha sido tarde y recalentada, una chuleta de cerdo y arroz que estaba buena a pesar de llevar hecha todo el día.
Una cosa que me ha sorprendido ha sido que hoy sí había gente por la calle en Santarem, he llegado a la conclusión de que la otra vez no había porque era agosto pero, craso error: a las 7 en punto todo se ha despejado y Santarem se ha convertido otra vez en una ciudad fantasma.
Nosotros hemos dado un paseo hasta el castillo y desde allí a cenar.

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Y lo de cenar es un decir porque era pollo recalentado enfrente justo de nuestra habitación. Allí estaban también los irlandeses y la pareja de italianos que habíamos visto el primer día y que creemos que van en coche. Es normal porque ese cutre-restaurante es lo único abierto en todo el pueblo, incluido casa de putas y frontón, como diría Joseba.
Todos los peregrinos están en un hostal de peregrinos que estaba anunciado por el camino, todos menos nosotros que no lo hemos encontrado y por eso fuimos a este otro lugar.
Después de cenar hemos hablado con las niñas y yo me he dedicado a recontar todas las picaduras que llevo por el cuerpo y que han ido saliendo a lo largo del día, son más de 30 y molestan mucho aunque mi pomada especial está arreglando algo el tema de los picores.
Terminar la entrada y a dormir, que mañana nos ponemos en pie a las 5:30 para evitar el calor.
Para resumen de etapa pinchar aquí

Un pequeño respiro entre asfalto

Las previsiones eran de mucha dureza por el calor y por el asfalto. Una gran parte de la etapa transcurre en la carretera nacional I por el arcén, muchas veces casi inexistente. Sólo hay un pequeño respiro antes de llegar a Vila Franca de Xira que lleva al camino junto al río por,un carril bici que es una delicia, siempre y cuando no transites por la parte de las bicis que ya sabemos que aquí tiene licencia para atropellar si te metes en su terreno.

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La suerte ha sido que el calor no ha apretado, tal y como había visto en la previsión del tiempo de mi teléfono.
Aprovecho para decir que toda la tecnología,está funcionando muy bien. El galaxy note me lleva todas las aplicaciones estupendas y puedo usarlo todo el tiempo porque llevo una batería de repuesto, además de la externa auxiliar. Otra cosa es el tema mochilas que van muy bien por el peso pero un poco justas de espacio, sobre todo Mar que encima todavía no ha terminado de organizar su mente.
Mar sigue desgranando teorías sobre situaciones sentimentales de la gente que nos cruzamos, o de la actualidad política en Portugal (hemos visto algo de dimisiones, prima de riesgo, bolsa, bancos y demás cosas iguales a lo que oímos en España.
El final de la etapa fue lo peor entre coches y con calor pero llegamos a Azambuja sin novedad.
Para dormir nos fuimos al mismo lugar del año pasado pero no conseguimos contactar con el teléfono que estaba en la puerta. Decidimos ir a comer primero y volver luego a resolver el problema. Acabamos en una pequeña tasca regentada por una señora mayor que capta los clientes casi a tirones en la calle para meterlos en un antro con no más de cuatro mesas. Para colmo Mar se sentó en una que estaba preparada para un señor,que acababa de llegar, el tipo la miró con una cara de asesinar terrible pero no dijo nada y se sentó en otra mesa después de un buen rato de charla tensa con la dueña.
El menú fueron primero sardinas asadas, luego no y luego sí: vamos, que la señora no se aclaraba ni nos aclaraba a nosotros. El resultado fueron unas sardinas estupendas, cerveza y piña natural por la módica cantidad de 15 euros.
Al regresar al hotel conseguí hablar finalmente con la señora y me dijo que la llave la tenían en el bar de abajo, que nos instaláramos nosotros y ella se pasaría a cobrar los 30 euros a media tarde. Justo en ese momento apareció en una moto de hace casi un siglo un señor mayor (al olor del deseo, imagino) y nos abrió la puerta tras exigirnos los 30 euros para que él se lo diera después a la dueña. No nos sonó aquello muy convincente dado que no sabía nada del precio (de hecho nos comenzó pidiendo 30 por cabeza. Yo no estaba muy seguro pero me daba algo de confianza pensar que llevaba la llave del edificio, pero Mar directamente me dijo que no se me ocurriera pagarle por si salía corriendo, lo que yo dudaba dada su evidente ancianidad. El caso es que yo le pagué y luego descubrimos que era el peluquero del local al otro lado de la puerta del residencial.
Mar se quedó descansando mientras yo me duché y lavé la ropa, luego estuve escribiendo y jugando a mi juego de este camino, el candy crush.
Justo en ese momento Mar descubrió entre sus sábanas un sospechoso bichito similar a aquellos,que me machacaron hace un par de años en el camino Francés. Revisamos,todo sin encontrar nada y yo con la certeza de que amanecería picado por todo dada mi natural tendencia a que mi sangre atraiga a todo tipo de bichos, sobre todo si pican mucho. Es lo mismo que Mar con los viejos lo mío con los insectos chupadores de sangre.
El paseo al pueblo a ver la iglesia duró 10 minutos, igual que el año anterior. Como el hambre nos atacaba ya de buena tarde decidimos darnos una alegría en forma de plato enorme de caracoles “chupaeros” que estaban de muerte.
Luego la cena en el único restaurante abierto, sencilla y lenta, yo lenguado y Mar una cola de bacalao que supuso una decepción tras haber visto a nuestro vecino de mesa meterse un pedazo de bacalao tamaño familiar. Mi media de vino y Mar su botella de agua. Tras 15 euros pagados nos fuimos a dormir y yo a disfrutar de mis vecinos nocturnos.
PD. Mar me obliga a escribir que ella también lavó la ropa y se duchó después de la siesta.

De Lisboa a Alberca de Ribatejo

Como veo que no acabo de poner,e al día y se acumulan las experiencias, sobre todo tras el éxito de mi compañera entre los portugueses, como ya contaré al detalle, escribo esta triple entrada desde Santarem, la tercera etapa del camino.
Esta primera semana esté previsto realizar etapas de más de 30 km y la experiencia del año pasado nos avisaba de mucho calor. Para colmo la primera etapa con Joseba fue un verdadero suplicio porque salimos muy tarde por el tema desayuno y además recorrimos un trozo muy largo desde el hotel hasta la Sé, punto de inicio del camino.
A las seis de la mañana, perdiendo el desayuno , con el cabreo del fútbol de la noche anterior y Mar también cabreada por la falta de atención en el hotel nos pusimos en marcha. Lo primero que detecté fue la falta de organización de Mar, poco acostumbrada últimamente a la vida de mochila. Mientras yo lo tenía todo dispuesto en 10 minutos, pastilla incluida, ella estaba con todo fuera después de 25 minutos. No lleva nada en bolsas, casi no tiene espacio en la mochila y además detecto siento espesor mental de quien tiene oxidados los hábitos del camino.
Evitando los errores del año pasado con Joseba nos pusimos rápido en marcha, café en tránsito por la Baixa y comprar agua fresca porque la del hotel tenía un sabor insufrible y estaba caliente.
El paseo por Alfama fue agradable entre chiringuitos de fiesta aún montados pero sin vida alguna (deben haber tenido uso en días pasados porque ahora parece todo muerto.

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Hasta el Parque de las naciones un paseo muy agradable y desde allí a Sacavem estupendo y fresquito. Hicimos una breve parada para tomar café, reponer fuerzas y demás miserias peregrinas.
El paseo desde Sacavem transita junto a un riachuelo por una zona bastante abandonada y metida entre montes, lo que hace que poco a poco suba la temperatura hasta tener sensación de mucho calor. Lo pero es que ya no hay nada hasta Póvoa ya que el pueblecito anterior no tiene ningún bar. No obstante Mar hizo parada técnica para cambiar de calcetines y calzado y así nos encaminamos hacia Póvoa con la duda de si ir hacia atrás al pueblo, quedarnos a comer aquí o seguir hasta Alberca. Incluso se me pasó por la cabeza la posibilidad de hacer 10 km más hasta Vila Franca de Xira y evitar el residencial cutrecillo de Alberca, lo que desechamos de inmediato ante la hora, el calor y la acumulación de cansancio tras 30 km.
Parados en todo esto nos saludó un señor que pasaba y nos preguntó, porque era cubano y nos había oído hablar español.
Hago un alto en el camino para explicar dos diferencias fundamentales entre mi camino del año pasado con Joseba y el cambio este año a Mar. Lo primero es el nivel de lo que yo llamo “teorías”. Ambos son muy dados a ellas aunque tengo que reconocer que para eso Mar le saca una ventaja enorme. Una teoría consiste en la respuesta que dan ante cualquier situación del mundo sin estar basada en ninguna realidad ni tener ninguna justificación para elaborarla. Un ejemplo sería encontrar en un bar dos personas en la barra con mala cara y a partir de esa imagen construir que son pareja, que el hijo ha suspendido todas las asignaturas ese año y que la clienta que está en la mesa junto a la nuestra le tira los tejos al de la barra, con el consiguiente cabreo de la mujer, que tiene la regla y se ha peleado esta mañana con su hermana. Una teoría no tiene que ser verdad, ni siquiera debe parecerse a la realidad pero a ellos les sirve incluso para tomar decisiones de todo tipo en su vida. Lo peor de las teorías es que ellos las toman como verdades absolutas sin más, sobre todo si el resultado les interesa. Teorías se pueden dar en cualquier tema dentro y fuera del camino y llegan desde traducir a boleo a un portugués del que no ha entendido ni papa hasta aventurarse en la actualidad política del país desde un titular de informativo luso. Más adelante iré poniendo ejemplos de teorías para que podáis comprobar el nivel de Mar a la hora de inventarlas.
La otra gran diferencia es el grado de aceptación entre el personal luso, sobre todo el masculino y, especialmente entré los más maduritos (algunos mucho). Ir con Mar supone que al llegar a los bares los camareros sonrían (las camareras miren con odio porque yo no despierto en ellas el mismo nivel de seducción que ella en ellos). Por la calle nos saludan con una sonrisa y siguen mirando tras nosotros cuando pasamos hasta que nos perdemos al doblar la siguiente curva en el camino. Incluso el martes un señor se nos paró en mitad de la carretera porque al pasar con su coche nos vio de espaldas y nos dijo que pensó: seguro que son españoles. No sé muy bien que parte de la anatomía trasera de ella fue la que le hizo pensar así porque lo que sí tengo claro es que no vio sus pendientes españoles tal y como él nos dijo (lleva dos perlas pequeñas que no creo que viera desde el otro lado de la carretera con el coche en marcha). El caso es que nada más pasarnos paró su coche, hizo marcha atrás en la carretera y lució la mejor de sus sonrisas para contarnos lo estupendo que era encontrar españoles haciendo el camino portugués. La edad del caballero sigue la media de rompe-corazones al mismo nivel de nuestro barrio en Lorca.
La decisión final fue la de ir al residencial del año pasado y acertamos: todo está renovado y las habitaciones por 30 euros la doble disponen de baño, aire acondicionado, TV e incluso el canto de un loro.
Tras ducha rápida fuimos a comer al bar de al lado un menú flojo pero bien de precio salvo porque nos quisieron cobrar 3 servicios en lugar de dos, no sabemos si por error o por demasiado listos.
Luego lavar ropa y descansar un rato y nos fuimos al pueblos tomar algo y cenar. Largo paseo de 2 km hasta el centro de ninguna parte con un peligro terrible por los coches que van por esa carretera sin aceras en algunos trozos. Cerveza en el mismo bar del año pasado y cena estupenda a base de bacalao. El consumo de vino se redujo a mi media botella ya que Mar sigue en eso de beber cerveza y agua y no seguir los alcohólicos pasos de mi anterior compañero.
La vuelta al residencial fue tranquila y allí nos encontramos todo lleno, sobre todo trabajadores de los polígonos industriales cercanos. Nos recibió un señor con la ventana abierta de par en par y con el culo al aire a la altura de nuestra vista, visión que dificultó un buen rato que pudiera conciliar el sueño.
Resumen de la etapa. Pulsar aquí

Lisboa 2

El segundo día en Lisboa se planteaba como algo de turismo y descanso antes de comenzar a andar. Nos levantamos sobre las 8 y bajamos a desayunar con un bouffet bastante más simple de lo esperado y que permitía poco más de café y algo de acompañamiento.
Una vez completado el ritual matinal (como le gusta a Joseba), nos bajamos a Cais do Sodré para tomar el bus que nos llevara a la zona de Belem, objetivo matinal siguiendo las indicaciones que nos había dado la noche anterior Juanfra.
Con el primer bus que pasó nos pusimos en poco rato a las puertas de los Jerónimos, en la cola para visitar el claustro y, sorpresa: era el día del espectador, o algo así y la entrada era gratuita.
Fotos, vueltas y revueltas por el claustro gótico con montones de turistas de todo color chillando sin parar y con más calor del deseado.

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Para entrar en la iglesia tuvimos que esperar un poco más porque había una cola grande ya que sólo dejaban pasar a poca gente porque dentro había misa. Además había un tipo en la puerta que iba dando pañuelos a las turistas que enseñaban más carne de la permitida en lugar sagrado, de modo que nada de tetas al aire ni hombros descubiertos. Menos mal que Mar iba muy discretita con su camiseta quechua y no tuvo que colocarse el pañuelo reutilizable de múltiples usos sobre todo tipo de hombros.
Una vez dentro nuestra suerte nos volvió a acompañar. De entre las vigilantes de buenas maneras y que impedían a los turistas pasar poco más de unos metros en la iglesia, para no molestar la misa a una le debimos parecer lo suficientemente beatos como para invitarnos a pasar a la zona de misa. Nos colocó en medio de la iglesia permitiendo que saltáramos el cordón de seguridad para turistas y así poder ver bien la iglesia. Claro que todo esto fue a cambio de tragarnos toda la misa portuguesa incluido sermón e incluso anuncios para la semana próxima. Y encima Mar me hizo dar dinero a la beata que pasaba la cesta y que comprobaba cada entrega con mirada controladora.
Después nos dimos un largo paseo hasta la torre de Belem teniendo cuidado de no acercarnos a los carriles bici, sobre todo después de ver a una señora ciclista atropellar a una peatona que iba por ese carril, ,muy indignada porque había ocupado su espacio y dando a entender que en Portugal los carriles-bici permiten a los ciclistas atropellar a los peatones que osan entrar en su terreno. Finalmente regresamos al hotel directamente en bus ya que encontramos uno que nos dejó justo en la plaza del Marqués de Pombal.

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La idea era ir a comer al restaurante al que habíamos ido el día anterior o a otro que había un poco más abajo y que también tenía buena pinta. Al llegar allí los dos estaban cerrados y finalmente encontramos una marisquería un poco más abajo en la que acabamos degustado un arroz con mariscó un tanto extraño pues mezclaba productos frescos como almejas con otros congelados y palitos de mar. Por supuesto con la correspondiente dosis de vino del terreno.
Tras la comida nos fuimos al hotel para disfrutar de una reparadora siesta y ver acabar la carrera a Fernando Alonso pero al subir a la habitación nos quedamos parados porque aún no la habían arreglado. Tras mi queja en recepción y el consiguiente cabreo de Mar perdimos toda opción de ver a Alonso remontar hasta la tercera posición y abandonar a Vettel.
El resto de la tarde fue de descanso, iPad y tele. Al atardecer fuimos hacia el Barrio alto al mirador de San Pedro de Alcántara a disfrutar de las vistas de la ciudad al atardecer y de allí a cenar al mismo restaurante de la noche anterior ya que intentamos ir al que nos había llevado Juanfra pero estaba cerrado.
Luego regreso al hotel para sufrir con la aplastante derrota de España frente a Brasil mientras Mar disfrutaba de un profundo sueño nada futbolero.

Lisboa

A las 7:30 llegamos a Lisboa previó aviso del revisor, que se empeñó en que desayunáramos a partir de las seis.
La noche aceptable con poco dormir aunque lo suficiente. Los camarotes son pequeños pero te permiten algo de descanso, teniendo en cuenta la situación. El viaje bien teniendo en cuenta que el tren recorre media España y toda Portugal antes de llegar a Lisboa.
Una vez llegados a la estación el plan era hacer tiempo hasta que abrieran las tiendas para comprar las tarjetas para el móvil y el iPad. Luego subir al hotel: en El Excélsior.
Dimos,un paseo hasta la plaza del Comercio y allí encontramos instalada una feria de,agricultura y ganadería, campando a sus anchas cerdos, ovejas y demás y con tenderetes de lechugas, pimientos y muchas cosas más.

Tras un café en una terraza del Rossio, sobre las 10 abrieron el phone hause de turno y allí compré una tarjeta de teléfono con 5gb más 30 minutos en llamadas y otra para el iPad con 15 gm: en total. Después visita a la catedral para sellar y paseo matinal.
Un par de camellos nos ofrecieron cocaína ante el estupor de Mar y mi sorpresa, ya que el año pasado con Joseba nos ofrecieron mucho más. Luego gafas, y demás, con peticiones de limosna en distintas lenguas y colores.
Y así nos dirigimos al hotel sobre las doce. Al llegar: sorpresa porque las habitaciones no estaban listas hasta las dos, por lo menos. Además me pedían el bono que yo me había dejado en Lorca y no aceptaban que no lo llevara. Tras mucha pelea pidieron que les enviará por correo una copia del bono que mi hija me había enviado desde lorca: fin del problema tras varios intentos de convencerles de que el bono ya estaba pagado. Después de demostrar la nula capacidad del recepcionista para esto de las nuevas tecnologías.
Como la cosa iba para largo nos aconsejaron un restaurante cerca y allí fuimos a comer. Buena comida y bien de precio. A regresar aún tuvimos que hacer tiempo con el consiguiente cabreo de Mar. Y paro aquí para explicar que Mar sigue cabreada con casi todo lo que pasa. Eso y que tiene prisa todo el tiempo. Mal negocio es este ya que he tenido que establecer unas condiciones mínimas para compartir viaje con aclaraciones sobre el tiempo que se puede dedicar a comentar situaciones de su trabajo (no más de 5 minutos al día y siempre que no repita dos veces el tema). Está claro que sí quiere estar a la altura de me compañero de siempre deberá aplicarse en aquellos puntos en los que tiene ventaja sobre Joseba (y no me refiero al ritmo de marcha bajo el sol de media mañana ni al tema del alcohol.
Y con el tema del alcohol surge otro grave problema de incompatibilidad en comparación con Joseba: cuando vamos nosotros en camino no tenemos ningún problema sobre cantidades de alcohol ingerido: nos bebemos todo lo que cae en nuestras manos y algo más. Con Mar hay un problema con el vino de la comida porque la dosis mínima peregrina de una botella por sesión más las cervezas de turno supone borrachera fija para uno de los dos. Si Mar se bebe su mitad correspondiente (como ocurrió en la comida) pilla una tajada de risa floja y siesta de dos horas, pero si bebe una cantidad moderada que le permite mantenerse sobria, entonces el que pilla la tajada soy yo. Con joseba esto no pasaba porque ambos destilamos alcohol sin problemas, así que Mar va a tener un viaje algo complicado en ese tema.
Otra de las cosas que ha decidido hacer en este camino es hacerme caso siempre en todo (salvo cuando ella considera que no tengo razón, cuando cree que no es cierto lo que digo, cuando considera que ella sabe más del tema o cuando no le apetece).

Sobre las tres por fin pudimos subir a la habitación para ducharnos y descansar un poco ya que estaba previsto ir sobre las cinco a ver la Estufa fría.
Con un calor de muerte nos fuimos hacia allí para llevarnos una pequeña decepción por lo abandonado que está todo si lo comparamos con la visita que hicimos haca 20 años.

Luego bajamos al centro a tomar algo en la terraza junto a la estación central. Allí contactamos por fin con Juanfra para quedar y cenar juntos.
Resumen de la tarde: mucho calor, sueño acumulado de todo el día, mucho turista de todo color y tamaño, borrachos de todo tipo pidiendo dinero (otros no tan borrachos) y visita a la feria de ganadería y agricultura antes de ver a Juanfra.
Tras el retraso habitual por fin nos juntamos con Juanfra y nos fuimos de cena. Él propuso un restaurante muy majo en el Barrio alto pero estaba lleno, así que me quedé con las ganas de comerme unos caracoles y nos fuimos al mismo en el que habíamos cenado el año anterior Joseba y yo.

Tras una agradable velada entre los tres, con copa final incluida nos retiramos a nuestra habitación al límite de nuestras fuerzas y tras haber llegado casi al nivel de candy crush saga 80, para cabreo de mi hija.

Historias de trenes

Al final el aviso del niño capullo no ha sido para tanto porque le han dado una maquinista de juegos y no ha vuelto a respirar en todo el viaje. Mientras Mar terminaba con su siesta borreguera yo he visto una película sobre cocineros franceses que no ha estado mal; lo peor de todo ha sido el audio que hacía un ruido infernal que rozaba el castigo.
Cuando el niño de delante ha dejado de incordiar ha tomado el relevo una enana tamaño botijo (y forma) que al terminar el juego de su iPad ha montado la de Cristo. Yo me he quedado asombrado de que el chico del asiento de al lado no hacía nada por calmarla y he pensado que menudo morro. Cuando Mar ha despertado se lo he comentado y ella, mirándome fijamente a los ojos con cara de asombro me ha espetado: “pero si no tienen nada que ver, el chico estaba ya en el tren cuando se,ha subido la madre y la hija”.
El resto del viaje sin novedad hasta Chamartín. Plato combinado sencillo y económico mientras hacía uso de mi infraestructura para recargar dispositivos con el ladrón.
A la hora prevista os hemos montado en nuestro tren hotel, visita a la cafetería rápida y poco más. La noche no va a dar mucho más de sí porque esto es muy estrechó y sólo permite estar tumbados en la litera (cada uno en la suya, que son estrechas). Mañana os cuento si hemos logrado dormir.

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La primera en la frente

A la hora prevista y tras cumplir con nuestras obligaciones docentes nos hemos puesto en marcha. Las pequeñas complicaciones, como que mi director he tenido el día comunicador y por poco si no terminamos el claustro, no han hecho más que estresarnos un poco y atragantarnos en la comida. Esto último lo digo en modo irónico ya que Mar ha decidido organizar una comida-no comida que nos ha dejado casi como antes de sentarnos a la mesa y que le ha hecho ya a las 6 de la tarde dar cuenta del primer bocata de reserva. Además de la inconveniencia de comer en el tren ha puesto al descubierto sus reservas de galletas de chocolate, las que llevaba escondidas para algún momento crisis y que , por supuesto, me había ocultado.
Corriendo, he dado a mi cabeza el aspecto peregrino habitual despoblada de casi todo su pelo, ducha rápida y acomodo de las últimas cosas que quedaban por meter en la mochila. Al final Mar lleva unos 5 quilos totales y yo sobre 7 ya que hemos prescindido de sacos de dormir, sábanas y mantas. Llevamos dos pantalones, dos camisas, una camiseta de manga larga, un forro, chubasquero y pantalón de goretex, tres pares de calcetines, dos de calzoncillos (ella tres de braguitas, que así las llama sin saber muy bien por qué), dos culotes, pañuelo peregrino y sombrero.
En la bolsa de aseo: cepillo de dientes, maquinilla de afeitar (una por cabeza), pasta de dientes, desodorante, champú, crema solar y crema hidratante (sección femenina).
En el botiquín compids pequeños y grandes, aguja e hilo para ampollas, guantes de látex, tijeras, tiritas, esparadrapo fácil de despegar, crema para picaduras, betadine en pasta y mitosil para rozaduras.
Mar lleva un anexo pastillero con analgésicos, protectores de estómago, para jaquecas, antinflamatorios, y demás como para doparse todo un equipo ciclista de Amstrong. Y eso que he hecho inspección y le he reducido el paquete (dicho con la mejor intención).
Además llevamos, yo unas crocs y Mar otras sandalias de marcha, la pastilla lagarto para lavar ropa, pinzas, los dos iPad, mis otros dos teléfonos y Mar el suyo. Tres cargadores multiusos, una batería de repuesto para el galaxy note, otra batería externa y un ladrón (especialmente útil cuando hay pocos enchufes disponibles)
Pues así sin comer casi y corriendo hemos dicho adiós a las niñas (se les saltaban las lágrimas de…, pensar que se les queda la casa disponible) y nos hemos montado en la tartana de tren a Murcia.
Justo al salir me he dado cuenta de que me he dejado en casa los billetes de tren y los bonos de los hoteles así que he tenido que llamar a mi hija para que me los mande en foto y así sacarlos cuando hemos llegado a Murcia.
Hemos hecho tiempo en la cantina de la estación y a las 16:47 nos hemos puesto en marcha hacia Madrid.
El tren va abarrotado de gente. Sobresale un monstruoso niño que no para de gritar respondiendo a cada cosa que le manda su madre. Ya se ha negado a leer, a contar una historia, a merendar y a dormir la siesta y presiento que nos va a dar la tarde.
También he descubierto por qué no pude comprar los billetes en preferente: el tren no lleva vagón de preferente. Eso nos hace ir un poco más acompañados que de costumbre.
Mientras mar acaba su bocata y echa una siestecilla con el iPad en la mano como para leer, yo escribo en el mío contemplando el paisaje por la ventana. Son las 18:30 y aún nos quedan muchas horas de camino por delante así que iré escribiendo sobre la marcha. Iré escribiendo siempre que pueda y que tenga wifi, también compraré en Lisboa una tarjeta para mi iPad y para mi galaxy note y así tener siempre conexión.

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Fin del camino

Por fin tengo un rato tranquilo para poder escribir sobre el final de nuestra aventura. Tenéis que entender que desde la llegada a casa han sido muchas las obligaciones a las que hemos tenido que atender tras haber dejado “abandonadas” a nuestras familias por tan largo período de tiempo. Eran muchas las ganas por el reencuentro y hasta que las aguas no han vuelto a su cauce no hemos tenido oportunidad de reflexionar sobre el final de la aventura.

La última etapa nos llevaba desde Padrón a Santiago y nos dispusimos a hacerla a buen ritmo porque sabíamos que íbamos a estar poco tiempo en Santiago y teníamos mucho por hacer. A las 6:45 nos levantamos con la mañana aún oscura y además nublada. Las calles de Padrón estaban sin luces, imagino que debe ser o bien cuestión de la crisis o de estampar peregrinos contra las paredes. El único bar abierto era el que está junto al puerto que un señor “peculiar” nos había ofrecido la tarde anterior para el desayuno. Así fue, café, tostadas, anécdotas, escribir en el libro del bar, foto de recuerdo que nos hizo y salida a toda máquina.

La etapa está muy mal señalizada en algunos tramos y eso nos hizo incluso perdernos para cabreo de ambos. Para colmo la pérdida fue en un tramo que va paralelo a una carretera nacional llena de tráfico, ruido y escaso arcén.

La entrada a Santiago acaba dando un tremendo rodeo de esos que ves que te añaden un par de quilómetros “gratis” al final de la etapa. Es la entrada más fea de las que hemos hecho a Santiago y encima no paras de bajar y subir en todo el camino. Para colmo de males a mi querido compañero le entraron las prisas y después de una pequeña parada técnica para descargar líquido me encontré cada vez más lejos puesto que decidió llegar el primero. Decidí dejarle engañarse y no le llamé por el móvil para decirle que por mucho que corriera seguro que ya habrían llegado algunos peregrinos a Santiago antes que él. El resultado fue que yo iba a 6 km/h de media y cada vez lo tenía más lejos. Le vi intentar entrar a un Mercadona a comprar las cremas (cuestión privada) pero como había corrido tanto aún estaba sin inaugurar. Al cruzar una vía de ferrocarril y verlo ya al otro lado comencé a tirarle piedras y a proferir todo tipo de maldiciones para regocijo del repartidor de pan que estaba a mi lado en el camino con su furgoneta.

Y llegamos finalmente a Santiago pero todo fue muy deprisa a partir de ese momento. Llegamos a la Plaza del Obradoiro, nos abrazamos y yo le pedí un beso en los labios tal y como hacían las parejas alrededor nuestro a lo que él se negó bruscamente (cuando se me pasó la euforia inicial se lo agradecí). De la plaza nos fuimos directamente a la oficina de atención al peregrino para gestionar lo de la Compostela y tuvimos la suerte de arreglarlo todo en unos 20 minutos. Luego nos fuimos al mercado a Saludar a mi amigo José y su mujer. Se trata de unos amigos a los que conocimos hace ya algunos años y que son nuestros proveedores de ternera gallega así como informadores de todo lo que se mueve en Santiago ya que José conoce a todo el mundo y se maneja por todas partes. Tras besos y abrazos y saludos reiterados quedamos para el día siguiente para coger las cosas y nos invitó a un vino, o dos, en una tasca cercana.

A la 1 nos fuimos al Hostal La Salle donde teníamos reservada habitación. Ducha y corriendo a comernos un arroz con bogavante a O Fornos, para mantener la tradición. Allí coincidimos con un grupo de peregrinos con los que intercambiamos algunas charlas mientras degustábamos algún que otro orujito de hierbas.

Sobre las 4 nos fuimos directamente de compras: joyas Joseba (que os cuente él) y yo orujo en As Monxas, tarta de Santiago en la calle Rua da Algalia de arriba (una panadería escondida que tiene las mejores tartas Ancano caja azul) y visita a tienda de Sargadelos para deleitarnos la vista con las maravilla de allí y comprar un juego de ribeiro para la casa de Oria porque enfría el vino de una forma increíble, comprobado. No nos faltó una paradita en el Casino para reponer líquidos.

Sobre las 6 nos fuimos a la estación de autobuses para subir a Lavacolla a recoger los coches alquilados y allí comenzó una aventura de terror prevista: el precio fijado por goldcar en la reserva me lo incrementaban en 100 euros porque iba a dejar el coche en otro lugar distinto, encima me cobraban el depósito de gasóil a 100 euros más y así de los 82 euros iniciales pasó acostar la broma más de 300 euros. Joseba les dijo directamente que se metieran el coche por la zona trasera en la que tienen algo de espacio y yo acepté ya que no tenía otra alternativa a esas alturas y sabía que ni había coches en otras compañías ni eran más baratos.

Pasado el cabreo nos bajamos en mi coche de alquiler y Joseba se fue a la estación a sacar el billete de autobús para el día siguiente, salía a las 8:30 y se pasaba todo el día recorriendo el norte de España.

Después de todo este lío por fin nos dispusimos a sentarnos tranquilamente a cenar y despedirnos del camino como es debido. La elección fue, por supuesto el Entrerruas. Vinito, pimientos, pulpo, caldo…, lo de siempre.

Tras una cena tranquila y agradable encaminamos nuestros cansados cuerpos hacia el último lugar típico de nuestro camino: Momo. Una copa y a dormir que estábamos cansados.

El resto es fácil imaginarlo. La mañana amaneció de camino (a las 5 y pico). Joseba estaba preparado para marchar desde ese instante con su mochila a la espalda (yo creo que por eso dijo que había dormido tan mal). Desayuno rápido y despedida de estos dos viejos amigos caminantes que esperan hacer pronto otra de estas.

Yo me fui hacia el mercado a comprar el resto de productos con la ayuda de José y su mujer: ternera gallega maravillosa de su carnicería, algo de marisco, pimientos de padrón de los que las señoras seleccionan magistralmente entre los que pican y los que no, y un buen trozo de empañada gallega que luego me sirvió de comida (pasas y bacalao).

Tras 10 horas de coche casi sin parar y meter la pata en Madrid (acabé pasando por la M-40 por un error tonto al coger la radial), llegué a casa sobre las 7:30. Joseba llegó algo más tarde a su casa ambos sin novedad, para tranquilidad de familias (la tranquilidad les duró sólo unas horas) y para tristeza de todos aquellos que habéis seguido nuestras aventuras a lo largo de estos días.

Muchas gracias a mi querido compañero por aguantarme (el placer ha sido mutuo), cada vez que hago un camino con Joseba pienso que el próximo será aún mejor. Ahora nos esperan unos meses duros hasta el próximo camino aunque allá por enero empezaremos con la preparación de nuestras próximas aventuras. Queda pendiente esa ruta por Italia que caerá tarde o temprano y yo me quedo con la idea de repetir el portugués el próximo año.

Muchas gracias también a los que nos habéis seguido en todo este tiempo que habéis sido muchos, hemos recibido más de 100 visitas muchos días. Espero no haberos cansado mucho con nuestras historias y recordad: todo esto es fruto de mi delirante imaginación, por supuesto que no es nada real y en este blog no se describen personas sino personajes.

Un abrazo y, hasta pronto

Resumen de la etapa: 25,23 km en 4:13 a una media de 6 km/h

 

A las puertas de Santiago

Los últimos días del camino están siendo la confirmación de lo que el camino representa para nosotros. Cuando piensas que las cosas se van a complicar todo acaba saliendo rodado y, por contra, cuando crees que todo te vendrá derecho se tuerce.
El día pasado en Pontevedra fue estupendo y el final lo puso un concierto en la plaza del ayuntamiento por las fiestas de la peregrina. El concierto de Budiño y Kepa Junkera fue un verdadero goce que tuvimos la suerte de ver completo. Y lo curioso es que esa misma tarde al salir de la habitación del hotel Joseba había reconocido a Kepa que bajaba en el ascensor.
Antes del concierto habíamos ido a cenar al mismo restaurante del mediodía y picoteamos algunas cosillas tipo pulpo y demás. También dimos un paseo por las casetas de feria ya las tómbolas para deleite de Joseba que me pidió varias veces dinero para jugar unos boletos que yo le negué evidentemente, que se está volviendo muy gastoso últimamente.
Las etapas de estos últimos días Siguen siendo similares, entre lugares muy bonitos, bosques, pequeñas aldeas y carreteras secundarias. Normalmente suele ir paralelo a alguna vía del tren o carretera más,importante. El terreno es abierto aunque algo quebrado y el tiempo es caluroso, aunque se puede llevar bien porque llegamos pronto a los finales.
Ayer tocaba Caldas de Reis. Al llegar miramos en la guía y nos dejamos aconsejar hasta el Hotel O Cruceiro, a las afueras algo a desmano. El aspecto era bueno y al entrador un señor muy amable nos dijo agasajó con una cerveza reparadora invitación de la casa? Al poco rato me saca unos pinchos de tortilla y me dice que vayamos haciendo tiempo porque la señora está friendo unos pimientos, nosotros alucinábamos en color ante la perspectiva que nos venía: una habitación estupenda y limpia, buena cocina, gente amable y 45 euros con desayuno incluido.
Al ir a hacer el registro me di cuenta de que no me habían devuelto el DNI en el hotel de Pontevedra. Tras llamar varias veces acabaron confirmando que me lo enviarían a un hotel de Padrón hoy.
A partir de aquí todo fue de bien a mejor. Tras una cerveza en la plaza del pueblo nos fuimos a comer un menú sencillito al restaurante del hotel. Pero al entrar encontramos una mesa montada para unas 10 personas llena de fuentes con nécoras y cigalas. La tentación pudo con nosotros (más conmigo, todo hay que decirlo) y cambiamos la idea del menú por unos bichitos de esos con muchas patitas, pimientos, mejillones vapor, almejas y… 2 botellas de alvariño porque una se quedó corta. Mientras dábamos cuenta de tales manjares nos atendía el hijo del dueño, simpático y muy atento que al final nos ofreció unos orujos tostados para completar la sesión. Y para colmo estuvo muy bien de precio. La conclusión de todo esto fue una siesta monumental para dormir las dos botellas de vino y los orujos.
Después dimos una vuelta por Caldas para acabar cenando en el restaurante del mediodía junto a la pareja de peregrinos franceses con los que habíamos estado en Sao Roque, el día del diluvio. Sólo una botella de vino pero al final la “liamos parda” con los orujos tostados.
Y esta mañana tocaba Padrón, 19 km con más de lo mismo aunque esta mañana íbamos algo más espesos mentalmente. Hemos ido adelantando peregrinos hasta un pueblecito a un par de quilómetros de Padrón. Allí hemos parado a hacer un descanso, tomar una cerveza y reponer agua yo porque no me quedaba nada. El enorme camarero nos ha ofrecido unos callos con garbanzos y nos ha informado de que hoy había un gran mercado en Padrón, nada más entrar por el camino.
Así ha ocurrido y nada más ver las pulperías del mercado hemos decidido ir a comer allí porque el día de hoy prometía.
Para completar las buenas perspectivas hemos ido hacia la pensión el Jardín ya que es allí donde me habían dicho que enviarían el DNI. Se trata de un lugar precioso, muy limpio y mejor atendido por una señora muy amable. Nos hemos quedado una habitación por 45 euros que nos parece un precio muy bueno.
Pero el camino es así y no siempre te da lo que crees. Hemos ido al mercado dispuestos a deleitarnos con los productos típicos de nuestro camino pero todo ha salido mal. El pulpo y el churrasco caro y escaso, los pimientos cocidos en aceite y el vino tan insoportable que ni nos lo hemos podido tomar. En definitiva, un desastre de comida.
Sin más hemos regresado al hotel tras saludar a los peregrinos franceses que acababan de llegar allí.
La tarde se presenta deportiva, entre las motos, el partido del Atlhetic y a las 9 el Barça. Todo eso antes de que mañana culminemos nuestra aventura en la plaza del Obradoiro.
Resumen etapa 21: 22,66 km en 3:53 a una media de 5,8 km/h.
Etapa 22: 20,43 km en 3:33 a 5,7 km/h.