Lisboa


A las 7:30 llegamos a Lisboa previó aviso del revisor, que se empeñó en que desayunáramos a partir de las seis.
La noche aceptable con poco dormir aunque lo suficiente. Los camarotes son pequeños pero te permiten algo de descanso, teniendo en cuenta la situación. El viaje bien teniendo en cuenta que el tren recorre media España y toda Portugal antes de llegar a Lisboa.
Una vez llegados a la estación el plan era hacer tiempo hasta que abrieran las tiendas para comprar las tarjetas para el móvil y el iPad. Luego subir al hotel: en El Excélsior.
Dimos,un paseo hasta la plaza del Comercio y allí encontramos instalada una feria de,agricultura y ganadería, campando a sus anchas cerdos, ovejas y demás y con tenderetes de lechugas, pimientos y muchas cosas más.

Tras un café en una terraza del Rossio, sobre las 10 abrieron el phone hause de turno y allí compré una tarjeta de teléfono con 5gb más 30 minutos en llamadas y otra para el iPad con 15 gm: en total. Después visita a la catedral para sellar y paseo matinal.
Un par de camellos nos ofrecieron cocaína ante el estupor de Mar y mi sorpresa, ya que el año pasado con Joseba nos ofrecieron mucho más. Luego gafas, y demás, con peticiones de limosna en distintas lenguas y colores.
Y así nos dirigimos al hotel sobre las doce. Al llegar: sorpresa porque las habitaciones no estaban listas hasta las dos, por lo menos. Además me pedían el bono que yo me había dejado en Lorca y no aceptaban que no lo llevara. Tras mucha pelea pidieron que les enviará por correo una copia del bono que mi hija me había enviado desde lorca: fin del problema tras varios intentos de convencerles de que el bono ya estaba pagado. Después de demostrar la nula capacidad del recepcionista para esto de las nuevas tecnologías.
Como la cosa iba para largo nos aconsejaron un restaurante cerca y allí fuimos a comer. Buena comida y bien de precio. A regresar aún tuvimos que hacer tiempo con el consiguiente cabreo de Mar. Y paro aquí para explicar que Mar sigue cabreada con casi todo lo que pasa. Eso y que tiene prisa todo el tiempo. Mal negocio es este ya que he tenido que establecer unas condiciones mínimas para compartir viaje con aclaraciones sobre el tiempo que se puede dedicar a comentar situaciones de su trabajo (no más de 5 minutos al día y siempre que no repita dos veces el tema). Está claro que sí quiere estar a la altura de me compañero de siempre deberá aplicarse en aquellos puntos en los que tiene ventaja sobre Joseba (y no me refiero al ritmo de marcha bajo el sol de media mañana ni al tema del alcohol.
Y con el tema del alcohol surge otro grave problema de incompatibilidad en comparación con Joseba: cuando vamos nosotros en camino no tenemos ningún problema sobre cantidades de alcohol ingerido: nos bebemos todo lo que cae en nuestras manos y algo más. Con Mar hay un problema con el vino de la comida porque la dosis mínima peregrina de una botella por sesión más las cervezas de turno supone borrachera fija para uno de los dos. Si Mar se bebe su mitad correspondiente (como ocurrió en la comida) pilla una tajada de risa floja y siesta de dos horas, pero si bebe una cantidad moderada que le permite mantenerse sobria, entonces el que pilla la tajada soy yo. Con joseba esto no pasaba porque ambos destilamos alcohol sin problemas, así que Mar va a tener un viaje algo complicado en ese tema.
Otra de las cosas que ha decidido hacer en este camino es hacerme caso siempre en todo (salvo cuando ella considera que no tengo razón, cuando cree que no es cierto lo que digo, cuando considera que ella sabe más del tema o cuando no le apetece).

Sobre las tres por fin pudimos subir a la habitación para ducharnos y descansar un poco ya que estaba previsto ir sobre las cinco a ver la Estufa fría.
Con un calor de muerte nos fuimos hacia allí para llevarnos una pequeña decepción por lo abandonado que está todo si lo comparamos con la visita que hicimos haca 20 años.

Luego bajamos al centro a tomar algo en la terraza junto a la estación central. Allí contactamos por fin con Juanfra para quedar y cenar juntos.
Resumen de la tarde: mucho calor, sueño acumulado de todo el día, mucho turista de todo color y tamaño, borrachos de todo tipo pidiendo dinero (otros no tan borrachos) y visita a la feria de ganadería y agricultura antes de ver a Juanfra.
Tras el retraso habitual por fin nos juntamos con Juanfra y nos fuimos de cena. Él propuso un restaurante muy majo en el Barrio alto pero estaba lleno, así que me quedé con las ganas de comerme unos caracoles y nos fuimos al mismo en el que habíamos cenado el año anterior Joseba y yo.

Tras una agradable velada entre los tres, con copa final incluida nos retiramos a nuestra habitación al límite de nuestras fuerzas y tras haber llegado casi al nivel de candy crush saga 80, para cabreo de mi hija.

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