Cuestiones de infraestructura doméstica

Como habréis podido comprobar llevo dos días sin escribir en el blog, las causas han sido varias pero la más importante ha sido un repentino ataque de gandulitis que me ha asaltado en las últimas horas. De cualquier modo también es cierto que no es que estemos viviendo un carrusel de aventuras y además hemos ocupado buena parte del tiempo en resolver algunos asuntillos domésticos que teníamos que arreglar y que os contaré ahora.
Para empezar os diré que la noche acabó tranquila cenando en el mismo restaurante en el que habíamos dado cuenta del arroz al mediodía. Por la noche un plato de sopa fue generosamente acompañado de cabrito mientras Joseba se lanzaba por bacalao. Lo único destacado fue que ligué: una pareja de atractivos caballeros cenaban en una mesa frente a la nuestra a la suficiente distancia para que el que tenía enfrente no parara de hacerme ojitos, imagino que su frustración debió ser grande al ver a mi apuesta pareja charlar amigablemente conmigo todo el tiempo sin darle el menor signo de tener alguna oportunidad conmigo (la realidad es que Joseba no dejó de hablar en todo el rato y el otro debió pensar que después de tal rollo no estaría yo para aventuras extra conyugales).
De ahí a la cama a rezar nuestras oraciones y mi ratito de lectura mientras mi compañero de cama plancha la oreja a ritmo de bolero cantado por voz cazallera de estibador portuario.
La mañana se levantó fresquita y la niebla cubría casi todo el valle. El camino sale paralelo a las vías del tren entre canales y agua por todas partes, la etapa transcurre por paisajes bonitos con mucho asfalto y población muy dispersa.
Según el plan previsto encontramos un café de la moral a la distancia adecuada en una de las aldeas perdidas por las que el amigo nos hacía ir y venir sin mucho sentido, allí yo me quité la camiseta de manga larga que llevaba desde el inicio porque comenzaba a subir la temperatura. El local no habría pasado ningún control de sanidad y la mezcla de agua turbia con leche que nos tomamos en café de “a cuarto” para lo que sí vendría bien es para facilitar la evacuación intestinal, algo que Joseba sufre de manera muy especial casi cada día y ese mucho más. La clientela también era de lo más pintoresca con una señora de mediana edad, o de total edad, que no paraba de fumar mientras nos enseñaba el culo tras unas mallas color negro que el tiempo habían llevado a no dejar casi nada a la imaginación. Para colmo llegó una anciana a comprar pan con atuendo tipo postguerra mundial (la española se queda corta) y que como característica tenía un calcetín en la pierna izquierda a medio caer y pierna descubierta a la derecha. Dos parroquianos animaban la fiesta en portugués profundo que no entendíamos ni para el “obrigado”.
Lo que más nos está sorprendiendo del camino en estos últimos días son las casas que vemos por todas partes, se trata de verdaderas mansiones preciosas, nuevas y de diseño creadas por arquitectos muy modernos. Son construcciones impresionantes, grandes, bonitas, con mucho terreno y materiales de primera calidad. Están por todas partes, sobre todo en el campo, en los caminos… Están por todos lados y llaman verdaderamente la atención sobre todo a alguien como yo tan a la última en el tema de la carpintería de aluminio y el monocapa desde hace unos meses. El tema es que si sorprendentes son las construcciones más lo es que casi todas parecen vacías y cuando vemos a gente en ellas suele tratarse de parroquianos nada acordes con la modernez del lugar (se diría que ellos estaban ya allí antes y que las casas las hicieron a su alrededor). Para colmo aparecen urbanizaciones rodeadas de nada, en medio de nada, y los pueblos suelen mantener un estado de pobreza que llama mucho la atención con las casas estas que describo.
Sin mucho más llegamos a Mealhada con tiempo de tomar una cerveza y unas patatas fritas mientras buscábamos lugar para dormir. Tras varias vueltas encontramos en la carretera un residencial de muy buena pinta por 30 euros y con wifi que estaba cerrada pero a la que vino el dueño en 5 minutos largos tras llamarle al teléfono que estaba en la puerta. Habitación estupenda con wifi y a la que hasta media tarde y dos duchas por medio se podía entrar sin necesidad de barca. Y digo esto porque mi querido Joseba tuvo la ocurrencia de ducharse por segunda vez mientras yo bajaba a buscar wifi y al llegar noté que los pantalones los llevaba empapados por los bajos. La ducha tenía una cortina hasta abajo y mi compañero no sé qué había hecho pero el agua había inundado el baño y salía por el pasillo hacia las camas. Después de utilizar todas las toallas disponibles para secar de desastre nos dispusimos a organizar las etapas que nos quedan. Pero antes he de contar la comida porque resulta que al llegar al restaurante descubrimos que en ese pueblo es típico el leitao o, lo que es lo mismo, el cochinillo. Una oportunidad así no puede ser desperdiciada por dos veteranos peregrinos como nosotros con el siguiente resultado.

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No creo que sea necesario contar más.
Después de la inundación nos pusimos a comprobar las etapas porque tenemos un problema: para llegar a Oporto la guía marca una etapa de 35 km pero las dos anteriores son de 24 y 16 respectivamente. Hemos intentado cambiar el quilometraje con la intención de hacer la pequeña para Oporto pero no es posible, no encontramos nada para dormir que nos permita alterarlas y ayer, tras varias horas de dar vueltas tuvimos que desistir de modificarlas porque no hay nada. La cosa fue que se nos pasó la tarde entre el paseo en barca y la etapa y sólo tuvimos tiempo de dar una vuelta para ver el pueblo (10 min. y cerveza en la plaza), luego cena en el mismo sitio de la comida para un bacalao tamaño familiar para mí (antes la sopa de verduras con fideos familiares para mí) y Joseba cordero.
Y hoy más de lo mismo hasta Águeda. Casi todo asfalto, no demasiado calor y casas dispersas por todas partes muchas del estilo súper lujo con bicho dentro. Quizás sólo ha sido algo diferente que la zona está llena de polígonos industriales en los que se hacen muebles. El café de hoy en una gasolinera y ha incluido tostada con mantequilla como lujo añadido a una apuesta camarera a la par que simpática y que ha ofrecido esta alternativa al bollo que Joseba le había pedido y que tenía apariencia de prehistórico.
Al llegar a Águeda nuestros pasos nos han llevado hacia el Hotel Conde de Águeda puesto que la alternativa no nos ha parecido muy allá, juzgad vosotros mismos:

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Al llegar me han pedido 75 euros por habitación pero al decirles que se lo iba a comentar a mi compa que estaba fuera mientras ponía carita de pena me ha dicho “espera un momento” y se ha metido a hablar con alguien dentro a comentarle que éramos peregrinos. Al salir el precio era 65 euros y el desayuno incluido. Así hemos aparecido al momento con nuestras mochilas para meternos en una estupenda habitación con wifi estupenda que me ha permitido incluso videoconferencia con la familia por skype y que Joseba no ha inundado.
Comida tipo portugués en un sitio sencillito del pueblo con sopa y pollo (por cierto que aquí se ve que los pollos sólo tienen pechuga porque no vemos un muslo ni a las camareras).
Después hemos vuelto al hotel a ver el tema del coche de alquiler para la vuelta. De todas las opciones parece que lo más barato es Goldcarque se recoge el en aeropuerto de Santiago y yo lo puedo dejar en Águilas. Por 83 euros puedo alquilar un clase D (no Mercedes, que conste) que es mucho mejor precio que Avis y Atesa.
En eso hemos pasado la tarde salvo pequeña excursión por el pueblo con visita a la iglesia y resto en unos 15 minutos. Lo más llamativo que el pueblo está lleno de colores por todos lados desde los paraguas tipo toldos hasta el vía crucis psicodélico.
Resumen de las etapas: 09 Coimbra-Malhadada, 23,7 en 4:08 a una media de 5,7km/h y casi lana. Hoy hasta Águeda aún más llana 24,7 km en 4:17 minutos a 5,7 km/h.

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Coimbra, a la universidad a pie

Pasó la tarde ayer sin pena ni gloria entre la música insoportable del pseudo circo de la plaza y las lascivas miradas de mi compañero a una parroquiana de muy buen ver ataviada de una envoltura color blanco que dejaba poco a la imaginación y que debió consumir poca tela cuando se diseñó.
Poco más de interés salvo los esfuerzos de la camarera por no dejar al descubierto sus senos con constantes manos sobre el escote generoso, esfuerzo vano dada la carencia sustancial de dichos atributos. Lo dicho, que como no había nada nos dedicamos a contemplar el panorama.
La cena consistió en una sopa para mí, menuda novedad, y cordero muy bueno; Joseba tomó un bacalao de la casa que tenía mejor pinta que la vecina de la mesa de enfrente, la compañera del vestido blanco.
Y sin más a la habitación, mi compañero a planchar la oreja mientras yo perdía al apalabrados con un nuevo rival que me ha salido en el camino, a pesar de tener los dos comodines desde el principio, y al que había ya dado buenas palizas en esta primera semana. Luego un buen ratito de juego de tronos mientras van cargándose hasta al apuntador. He de reconocer que el libro está muy bien escrito y es muy fiel a la película.
A las 6 en pie aunque desde las cuatro y pico ya dábamos vueltas en la cama. Una etapa fácil con un tiempo agradable y por un entorno precioso siempre entre bosques de encinas, algún pino y demasiados eucaliptos.
Aunque hoy era domingo y las expectativas de un café de la moral se nos antojaban lejanas nuestra suerte nos ha llevado a un local mejor de apariencia que de resultados. Una señora de edad indescriptible y con unas mallas blancas que dejaban demasiado poco a la imaginación nos ha servido unos cafés con apariencia de cariño del que se compra. Joseba se ha pedido un donut para acompañar a su medicación, esa que le deja como efectos secundarios una incapacidad a reaccionar a los estímulos del placer carnal, y sin mucho más hemos acompañado nuestros pasos hasta la muy noble y universitaria ciudad de Coimbra, de grato recuerdo para mí ya que su visita hace unos 20 años trajo como resultado un regalo en forma de hija.
Entre “putas ratas voladoras” hemos recorrido la ciudad casi desierta a esas horas de la mañana cuando los comercios se comenzaban a preparar para el turismo que iba a llegar.
San Google ha guiado nuestros pasos hacia un hostal de aspecto siniestro al que no hemos podido acceder porque la puerta a la que hemos llamado no se ha abierto aunque tras ella era perfectamente audible el parloteo de un loro. Ante la siniestra perspectiva del lugar hemos decidido buscar algún otro espacio en el que dejar descansar nuestros hoy no demasiado cansados cuerpos y mientras deambulábamos por un callejón una voz nos ha increpado desde la altura ofreciéndonos camas a muy buen precio.
El hostal tiene una entrada algo extraña ya que está llena de estanterías con toda clase de objetos marinos: conchas, corales y demás. Algo tan poco adecuado para una ciudad de interior como ésta da paso a un ascensor que nos conduce a un lugar limpio, agradable y sencillo en el que por 30 euros nos ofrece cama limpia, baño y wifi gratis. El amable señor nos ha facilitado incluso tendederos portátiles para colocar la ropa en la ducha ya una palangana para nuestra colada. Está claro que en este camino el hospedaje no está siendo un problema.
Luego hemos subido por las callejas de la ciudad hasta la zona de la universidad, inmersos entre turistas de todo tipo entre los que hemos vuelto a escuchar las voces de españoles por el mundo (más o menos). Tras el paseo nuestros hambrientos cuerpos han llegado hasta la plaza de comercio, antiguo circo romano, en el que hemos degustado un suculento arroz con marisco regado con abundante vino rosado del país, un par de cafés, dos bagazos, unas putas ratas voladoras y la insoportable presencia de dos mocosos de origen francés que nos han amargado la sobremesa apenas compensado por las vistas humanas que por los contornos transitaban.
Después siesta, apalabrados, ver algún vídeo de niña repelente y cerveza para escribir. La tarde tiene como objetivo completarse con un chuletón que hemos visto en el restaurante de esta mañana y que tiene una pinta estupenda, ya os contaré.
Resumen de la etapa: 20,42 en 3:47 a 5,4 km/h con mañana fresquita y nublada muy agradable para andar.

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A Conimbriga en taxi

Después de haber analizado ayer todas las posibilidades de marcha para la etapa de hoy yo decidí que iba a tirar el anzuelo en el restaurante por si sonaba la flauta de alguien que nos trajea a Condeixa por la cara. Tras una más que aceptable cena en la que nuestro casero se empeñó en que tomáramos menú aunque Joseba insistió varias veces en que le apetecía tomar secreto de cerdo y yo degusté unos estupendos jureles a la brasa me puse a negociar. Hablar con este señor es tarea difícil porque no entiende nada de lo que le dices y encima hace lo que le da la gana. Le preguntamos sobre la posibilidad de transporte en bus y se marchó rápidamente a llamar por teléfono y confirmarnos un viaje en taxi por unos 40 euros a las 8:20 del día siguiente previo desayuno en su restaurante a las 8. Cualquier intento de explicación era tan absurdo como lo de Joseba por tomar secreto y acabar con filete de porco y sopa.
Cualquier persona normal puede pensar que el hecho de no tener que madrugar supondría más horas de sueño pero en nuestro caso es todo lo contrario: a las 5 ya estábamos los dos dando vueltas en la cama, yo jugando al apalabrados y Joseba haciendo tiempo (cada uno en su cama, que conste). A las siete ya no podíamos más y nos hemos puesto en marcha después de que Joseba pasó un buen rato buscando alguna cadena en la que no pusieran dibujos animados, sin lograrlo.
A las 8 en punto nos aguardaba un suculento desayuno y a las 8:20 previstas ha aparecido el taxi que nos ha transportado a la velocidad de coche hasta Condeixa sin sudar.
Mientras Joseba tomaba un café en un bar del centro yo he salido a buscar habitación. La elección ha sido el “Borges” aunque con la duda de si el nombre hacía referencia al escritor o a la marca de frutos secos. Se trata de un lugar sencillo y limpio que atiende una agradable muchacha y su padre. Hasta ahora no he comentado mis dificultades a lo largo de este camino por entender lo que me dicen en portugués pero lo de esta mañana ya era de escándalo. La chica se empeñaba en explicarme que su padre estaba todo el día en la recepción a partir de las tres y que podíamos entrar sin problemas pero yo no entendía nada porque lo que quería era que me dejara una llave del portal. Al final he optado por ir a por Joseba para dejar mochilas y buscar el modo de ir a Conímbriga. Una vez más la amabilidad de esta gente nos ha echado una mano y el padre de la chica del hostal se ha ofrecido a llevarnos en su coche en dos viajes porque sólo tiene un asiento delante. También nos ha explicado que si llegamos antes de las 3 usemos la llave que nos ha dado y que debemos dejar en un gancho detrás de la puerta cuando la usemos.
Con mucho calor y pocos visitantes hemos comenzado la visita a los restos arqueológicos de Conímbriga con la amable explicación en español del señor de la taquilla que se nos ha mostrado ansioso por practicar sus conocimientos en la lengua de Cervantes. La visita ha pasado entre goterones de sudor, recuerdos a las fachadas de monocapa que hace al albañil de mi obra y referencias a mi visita anterior aquí hace 20 años cuando Mar hija comenzó a ser un proyecto en nuestras vidas. Tras contemplar los sistemas de calefacción de termas, restos de murallas y maravillosos mosaicos en triclinios y peristilos hemos pasado al museo en donde hemos disfrutado de estupendos ornamentos fálicos (visualmente, claro).
Sobre las 12 hemos salido en dirección a Condeixa a Velha para ver su iglesia y luego hacia el centro de Condeixa a Nova a unos 2 km en dirección a un restaurante al que le había echado el ojo y que no nos ha defraudado. El camino pasa justo por delante de Conímbriga por lo que mañana tendremos que llegar hasta aquí para retomar la ruta hasta Coimbra.
La comida ha transcurrido entre la amabilidad de la escotada y amable camarera y la degustación de un arroz “valenciano” de mejor sabor que aspecto y de una selección de carnes regadas con abundante licor de Baco del terreno. Dos bagazos han completado la sobremesa etílica a la que hemos rendido cuentas con una suculenta siesta mientras en la tele un montón de zumbados marchaban 20 km sobre London.
El resto es una cerveza en una terraza de la plaza contemplando un grupo de colgados que han montado una especie de circo al que animan con una música infernal a toda pastilla.

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Siento mucho si algún error se desliza pero el cacharrero musical al que estamos siendo sometidos tipo cutreibiza empieza a hacer mella en mi sistema nervioso mientras contemplamos a un malabarista que juega con 6 aros que intenta mantener simultáneamente en el aire con escaso éxito después de 3 segundos.
Resumen de la etapa: 44 km en 40 minutos a una media de unos 90 km/h sin sudar ni una gota ni sentir calor.

Subiendo por montes pero con café

Aunque las previsiones de cena ayer eran inmejorables los resultados no estuvieron a la altura de las expectativas, o el sitio no era el que nos aconsejó el señor del hostal o su nivel de calidad no es el mismo que el nuestro. Una sopa para mí, para variar y un filete de ternera en salsa junto a las patatas, arroz y ensalada de siempre fueron la opción. No estamos teniendo mucha suerte con el tema de las comidas porque las cartas en los restaurantes a los que vamos suelen ser muy cortitas y casi lo único que ofrecen es plato único de carne o pescado acompañado de lo mismo y la sopa de verduras tipo crema clara con caldo de pollo. No está mal del todo y lo mejor es que el precio suele estar siempre por debajo de los 10 euros por cabeza pero yo echo de menos algún guiso o similar.
Tras pagar 16 euros, vino incluido, nos fuimos a recoger la ropa del tendedero y dormir.
La mañana ha amanecido hoy a las 5:45 porque Joseba tuvo la brillante idea anoche de que comprobáramos cómo estaba de clara la mañana para salir a las seis, a pesar de mis quejas y de mi convicción de que a esas horas todavía no están puestas ni las calles. En el mostrador de recepción nos habían dejado como desayuno una bolsa con un bocadillo de queso, un plátano, una magdalena y una botella de agua que hemos ido comiendo desde la habitación y por las calles de salida de Tomar. La ciudad estaba vacía y aunque el día comenzaba a aclarar aún era algo difícil ver las flechas amarillas al menos hasta que hemos pasado junto a la plaza de toros, a la salida de Tomar.
El camino de hoy ha cambiado completamente en su recorrido, hemos abandonado las llanuras junto al tajo y las carreteras rectilíneas para tomar vías entre bosques de eucaliptos y algunas encinas y en constante sube y baja. La etapa ha sido bastante dura y al final hemos acumulado una subida total de casi 900 metros.
Aunque a la salida de Tomar hemos visto nubes pasar veloces sobre nuestras cabezas lo que refrescaba sensiblemente el ambiente ha sido sölo un espejismo: la etapa ha sido una vez más de intenso calor.
Pero hoy sí se han cubierto las previsiones y hemos tomado café sobre las 8 enuna aldea que ha sido casi la única opción en toda la mañana. La cerveza del mediodía nunca se ha llegado a producir porque los últimos 20 kilos hemos hecho del tirón.
Lo que también hemos encontrado hoy ha sido un grupo de peregrinas, tres chicas irlandesas que se han asombrado de vernos tanto como nosotros a ellas. Durante un buen tramo nos han seguido de cerca lo que nos imposibilitaba la parada técnica sobre la marcha para desalojar líquidos. Al final las hemos perdido de vista y han llegado al residencial en el que estamos cuando nosotros comenzábamos a comer.
Joseba ha ido bastante mejor de su molestia en el tobillo aunque ahora tiene una ampolla en la parte externa del talón del otro pie, serán algunos días de molestias sólo en parte mitigadas por los compeed.
Y así hemos llegado a Alvaiazere, lugar sin nada especial y que lo único que tiene es el museo que no hemos podido visitar porque hemos llegado cuando cerraban.
Para comer la opción era el restaurante del hotel. Medio entendiéndonos hemos comido un menú peregrino consistente en una sopa de verduras (para variar), una ensalada de judías de estas que hacen por aquí con atún y una ensalada de verduras a la que yo le he despojado del melocotón que ha disfrutado mi sufrido compañero, para que luego no diga que no le cuido.
Lo siguiente ha sido una suculenta siesta que a Joseba se la ha prolongado más de lo previsto y que ha aguantado nuestro paseo por la ciudad hasta cerca de las 6. De cualquier modo para lo que el pueblo tiene que ver sólo nos ha impedido llegar a la hora de ver el museo, como ya he dicho antes, lo demás ha sido pedir unas cervezas y organizar las etapas próximas.
El problema que tenemos es que la etapa de mañana marca hasta Rabaçal con unos 30 km y después Coimbra otros treinta, pero en Rabaçal no hay posibilidad de alojamiento. La primera opción sería la de quedarnos unos 8 km antes que hay un residencial pero eso haría una etapa de llegada a Coimbra de 39 km. Esto nos machacaría además de complicarnos la visita a la ciudad ya que llegaríamos muy tarde y cansados.
La segunda opción sería llegar mañana hasta Condeixa a Nova pero eso supone hacer 44 km algo que no creemos que con este calor y terreno sea viable teniendo en cuenta lo que supondría en los pies de los dos y sobre todo en los machaques de Joseba.
Después de mucho darle vueltas hemos decidido que vamos a ir caminando hasta Ansiao, a unos 14 km y desde allí buscar bus o taxi hasta Condeixa, ya que esta ciudad parece algo más grande. Con esta opción no nos pegamos la pasada de etapa y además nos ofrece la posibilidad de visitar Conímbriga puesto que está a las afueras de Condeixa a Nova.
Ahora, mientras yo escribo Joseba se prepara sus pies con lo que hemos ido a comprar a la farmacia para reponer. No hemos encontrado compeed y hemos tenido que coger de otra marca lo que parece que no funcionara demasiado bien. También hemos comprado esparadrapo (para que veas que lo digo bien, Isa) del blanco que se pega muy bien. Por último anti fila atoros y el correspondiente paracetamol (tranquila, Mar, el estómago de Joseba no sufrirá).
Por último felicitara mi querido compañero por su aniversario de boda al mismo tiempo que desearle mucha suerte y salud a Tere par que pueda seguir aguantando esta cruz que le ha tocado soportar durante todos estos años descontando el tiempo que se lo robo yo para hacer caminos. De todos modos mi enhorabuena porque aunque algo folló euro en el fondo es buena gente y algo le habrás visto bueno para aguantarlo todos estos años que son más de lo que un preso soporta como condena por los peores crímenes.
También felicidades a Olatz a quien se le escapa ya la treintena y entra en la edad de la verdad, esa de la que algunos ya estamos a punto de salir y otros ya han salido hace algún tiempo.
Resumen de la etapa 31,3 km en5:45 min a 5,4 km/h con sol de justicia y 840 metros de subida total.

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A Tomar sin tomar ni café

El final de la tarde ayer pasó según lo previsto: paseo, vueltas, cerveza y cena en el mismo restaurante que habíamos comido al mediodía porque no encontramos nada diferente abierto y además habíamos estado bien.
Tengo que mencionar algo que ayer olvidé por completo y es que pasamos por Azinhaga, pueblo natal de José Saramago. Me hice la respectiva foto en la placa que recuerda su lugar de nacimiento y otra en la plaza en la que hay una estatua de él sentada en un banco y que es bastante fiel salvo por su tamaño estilo cabezón que hace que el que se sienta a su lado parezca Tyrion Lannister. Fue un momento emotivo e inesperado que me hizo recordar los grandes momentos que he pasado leyendo sus libros y escuchándolo.
La cena fue normalista tirando a floja a base de chocos que aquí son sepias pequeñitas a la plancha. El paso siguiente fue retirarnos a nuestra habitación a escuchar algo de música yo mientras Joseba pone la tele portuguesa para verla aproximadamente 15 segundos antes,de dormirse.
Cuando nos hemos levantado esta mañana algo en el ambiente presagiaba problemas, los dos andábamos más espesos de costumbre y así Joseba ha tenido que hacer casi un master para aprender a abrir la puerta del camping con la tarjeta que nos habían dado. Yo, por mi parte apenas atinaba a recoger las cosas y meterlas en la mochila siempre con la sensación de que me dejaba algo.
Al salir de Golegā hemos pasado por la misma calle que ayer pateamos varias veces. Mi empanamiento me ha hecho retrasarme bastante mientras Joseba cogía carrerilla como quien espera tomar un café bien pronto (que lejos quedaba eso para nosotros aunque entonces no lo sospecháramos).
La previsión era hacer los 8 primeros quilómetros hasta Vila Bona de Barquínha y tomar café porque la guía marcaba que tenía todos los servicios, de todos modos 3 quilómetros más allá estaba Atalaia también con todos los servicios según la guía. Hemos hecho el primer tramo sin problemas, bastante fresquito y animados porque hoy la etapa era algo más pequeña de lo que hemos hecho hasta ahora y nos la queríamos tomar con un poco más de relax. Al llegar al primer pueblo no hemos visto nada, se trata de urbanizaciones modernas de duplex y viviendas única militares situadas en amplias avenidas pero de bares o supermercados nada de nada. Hemos pensado que quizás el camino en lugar de pasar por el centro iba por una esquina y por eso no había,os encontrado nada y como a 3 km teníamos el otro pueblo allí tomaríamos el ansiado café de la moral y llenaríamos la bolsa del agua con fresca embotellada porque llevábamos poca cantidad dado lo mal que sabía y lo calentona que estaba.
Al entrar en Atalaia hemos visto un pueblo hermoso, grande, bastante rico y que parece lugar de recepción de turismo y de familias con segunda residencia para vacaciones. Nada más al entrar había unas mujeres sentadas en una mesa tomando un café pero no había ningún cartel anunciando el lugar salvo un cartón de helados, en el interior parecía entreverse un mostrador y cuando hemos pasado le he dicho a Joseba que mejor buscábamos otro bar mejor más adelante no nos fuera a pasar lo del otro día que pararnos en el primer cutrebar del pueblo y luego nos encontramos uno mucho mejor algo más adelante.
Incluso nos hemos llegada encontrar una casa de turismo rural pero los pocos bares que hemos pasado estaban todos cerrados.
Así hemos salido del pueblo sin café, sin agua, con calor, tras 11 km ya pateados y con otros siete por delante antes de encontrar algo.
Para colmo de males nada más salir del pueblo el camino cambia bruscamente para meterse en un bosque bastante cerrado con una fuerte subida y por una senda estrecha, poco transitada y con poca señalización. Cuando llevábamos un buen rato andando me he comenzado a mosquear porque llevábamos el sol a la izquierda y he mirado rápidamente el GPS del iPhone: ¡Nos habíamos perdido! Habíamos salido del track sin darnos cuenta y íbamos en dirección contraria al objetivo. Por si todo esto no fiera suficiente no llevábamos mapas de este trozo porque misteriosamente se han borrado del teléfono y, además, el iPhone ha dejado de marcar la ruta porque se ha bloqueado.
Después de reiniciar el teléfono para recuperar la señal del GPS y de encontrar un camino que nos llevaba hacia la izquierda hemos comenzado a caminar con la intención de volver a recuperar el track. Durante una media hora hemos ido acercándonos cada vez más al camino correcto atravesando sendas abandonadas y poco transitables entre bosques de eucaliptos en los que los árboles no nos dejaban ver el bosque hasta que después de dos o tres quilómetros hemos alcanzado finalmente el track para alivio nuestro. El camino se ha mantenido en un constante sube y baja por pistas llenas de piedras sueltas y poco señalizado. Menos mal que Joseba parecía andar hoy mucho mejor de su tobillo y así algo nos hacía ver las cosas de una forma más positiva.
Después de un buen rato de caminos duros y con bastante calor hemos llegado al siguiente pueblo pero de bares nada de nada así que tres más hasta el siguiente.
Después de 22 km por fin a la entrada del pueblo hemos visto un cutrebar atendido por una ancianita antipática, espesita y poco dada a la conversación. En el bar hemos encontrado nuestra primera peregrina de este camino, una irlandesa con aspecto de monja que escribía con emoción en una libreta las palabras que iba encontrando en un diccionario de portugués mientras leía el periódico.
Joseba se ha pasado directamente a la garrafa (ya sabéis que es misión imposible) mientras yo intentaba convencer a la señora de que el café fuera algo más grande que una simple tacita. Luego la pelea ha estado por encontrar algo para comer entre los croisanes de chocolate prefabricados, las galletas de coco y varias bolsas llenas de cosas de difícil descripción. Tras luchar contra los elementos he acabado aceptando una bolsa que ponía algo así como boas de aceite que en lugar de alargadas eran redondos bollos de forma irregular tan difíciles de tragar sin agua como mal aspecto tenían. Esto no ha impedido que media bolsa cayera de un golpe acompañado por mi sufrido compañero y así nos hemos puesto en marcha hasta el gorro de la etapa, con la garganta al borde de la asfixia por los trozos de bollo que aún me quedaban pero agradecidos al menos de haber tomado algo y de que sólo nos quedaban 7 km para el final.
Pero al subir la calle hemos visto un bar estupendo, una cafetería moderna a la que sólo le hubiera faltado conexión wifi para ser perfecta, y luego otro, y otro… Así hasta 7 hemos encontrado en la calle de paso. Justo en el momento en el que yo me acordaba de todo el santoral bramando en arameo, mientras sapos y culebras salían por mi boca ha llamado Tere para preguntar a Joseba por su tobillo o quizás porque desde Mundaka había oído mis gritos de mala leche, y otro bar más, como para recochinearse. Era como si todos los bares que debíamos haber encontrado a lo largo de todo el día se hubieran concentrado en esa miniatura de pueblo, porque encima el pueblo era una simple aldea.
Al salir del pueblo hemos visto el cartel de 7 km a Tomar y eso nos ha animado ilusos nosotros y no escarmentados aún con que el día de hoy había salido torcido. El camino ha comenzado a desviarse una y otra vez haciendo piruetas absurdas que nos hacían subir colinas para luego bajarlas por el otro lado para seguidamente retomar el sitio casi por donde lo habíamos dejado. Otras veces nos mandaba al otro lado de la vía del tren para recorrer una senda que nadie debe haber pisado en años porque la vegetación casi lo cubre todo. En definitiva los 7 km previstos han debido llegar a más de 10.
Cabreados hasta el nivel máximo hemos llegado finalmente a Tomar después de unos últimos quilómetros a pleno sol sobre asfalto semiderretido y en constante sube y baja. Nos hemos puesto a buscar habitación con la ayuda del iPad.
Pero como una etapa como esa siempre tiene su compensación el resto del día nos ha ofrecido la otra cara del camino. Para empezar un hotel estupendo, cómodo y bonito atendido por gente muy amable y servicial, el Uniao. Después una comida estupenda atendidos amablemente por el dueño que ha acabado de conversación con nosotros y que nos ha permitido degustar a Joseba un bacalao y a mí una sopa de verduras y una ensopada de merluza (especie de merluza en salsa) regada con vino de la casa y acompañada, en el caso de Joseba para variar, de un buen bagazo del que yo he retirado un traguito para mi café en plan generoso y para que quitarle algo de vicio.
Seguidamente ducha en el hotel, lavado de ropa y salida turística porque nos esperaba una cuesta descomunal hasta el castillo de los templarios. Hemos quedado alucinados de la visita que por seis euros nos ha enseñado un edificio increíble en el que se conservan perfectamente las dependencias del convento. Reencuentro con turistas españoles a los que el arte barroco portugués les parece una simple imitación del español al mejor estilo comolodemicasanohaynadaentodoelmundo.
Resto de la tarde paseando, hidratando el cuerpo con líquidos y ahora que nos espera un restaurante que se llama la Grelha y que nos han recomendado porque se come muy bien, ya os contaré mañana.son las cosas del camino.
Resumen del puñetero día (encima se me ha borrado el track) más o menos 32,2 km en 6:05 a una media de sobre 5,4.

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Regalo de quilómetros y arroz con marisco

Una de las cosas que más valoro de la compañía de mi amigo Joseba es lo que aprendo caminando junto a él. Es cierto que sus clases de euskera no dieron el fruto esperado porque yo no entiendo bien eso de una lengua que se habla de atrás hacia adelante, y para eso me pongo con el inglés. Pero lo que me enseña sobre vicios y demás faltas no tiene precio para alguien como yo tan dado al mundo contemplativo y la virtud, como bien sabéis aquellos que me conocéis. En este camino de penitencia él aporta esa parte de pecado que falta en mi vida cotidiana y yo le doy algo de la vida contemplativa y de acercamiento a la divinidad de la que tanto carece su mundanal existencia.
Después de la clase magistral de ayer sobre los tipos de cerveza en Portugal he llegado a la conclusión de que este no será nuestro camino de abstinencia previsto y he decidido acompañarlo en tan sórdido vicio por aquello de que no se pierda sólo. Así apuramos nuestras garrafas mientras yo escribía la entrada y él contemplaba el paisaje en forma de un fornido tipo que había junto a nuestra mesa y al que él atribuyó el oficio de guardaespaldas de un tipo que pelaba la pava en otra mesa cual teoría al estilo Mar (ella sabe a qué me refiero).
Lo del tema de la cena fue algo más complicado. Seguimos teniendo problemas con el tema de restaurantes en Portugal, no le pillamos el truco. O todo está siempre cerrado o nosotros no encontramos los lugares por pura mala suerte. El caso es que después de muchas vueltas por todo Santarem acabamos en un restaurante de la zona centro sin mucha variedad,no mucha calidad y clientela más bien básica. Tras una sopa de varias cosas poco definidas y garbanzos para mí y medio escalope que no,lo era, para los dos, nos fuimos con fresquito más que razonable en dirección al hotel. Al llegar recogimos las ropas del tendedero y Joseba se lanzó directamente contra la almohada mientras una jauría de perros ladraban bajo la ventana como presagio de una noche movida. Yo me puse a leer los comentarios del blog de nuestros seguidores más entusiastas y poco a poco la noche se nos fue hacia el espacio de los sueños, que las pesadillas ya las tenemos por la mañana bajo el sol.
El día nos ha amanecido a las seis aunque desde el principio hemos visto que todo se iría complicando. Yo me he retrasado más de la cuenta y hemos salido media hora después. En la recepción nos esperaba para la despedida un siniestro personaje al estilo de toda la familia del hotel , lento y denso.
Para comenzar nos hemos equivocado de camino porque en lugar de seguir las indicaciones de la guía y las flechas amarillas que nos llevaban hacia las puertas del sol, hemos seguido las del camino de Fátima, como había ocurrido en los días anteriores. Parece ser que en Santarem ambos caminos, Fátima y Santiago se separan pero lo hacen sin decirle nada a peregrinos que como nosotros nos hemos chupado dos km extra de regalo por esta tontería.
Además de esto el camino también nos ha regalado un par de kw más extras que no vienen en la guía hasta completar los 34 de hoy.
De Santarem se sale por un sendero que baja en picado desde el parque frente a las puertas del Sol y que está muy mal indicado hasta habernos hecho equivocar dos veces. Un caminito poco practicado y peligroso nos baja directamente hasta la zona de la Vega, de la que ya no saldremos en todo el día. Hoy hemos sustituido los tomates por el maíz lo que hace que el viento sea aún más raro de percibir. Al menos casi toda la etapa transcurre por caminos de tierra sólo transitados por tractores que van a la labor y por algún que otro coche que pasan a toda leche dejando un reguero de polvo que tragamos mientras lanzamos sobre el conductor todo tipo de improperios. Al ser caminos rurales algunos tramos van cambiando y eso dificulta seguirlos, junto con la mala señalización y lo difícil de localizar de algunas señales. El resultado ha sido un calor sofocante, varias equivocaciones y algún que otro tramo casi impracticable por el barro que se forma por el riego por aspersión que abunda por esta Vega junto al Tajo: está claro que aquí el agua no falta.
En algunas de las pocas explotaciones de tomate que hemos visto le he preguntado a Joseba cómo es que en Portugal los tomates se producen en matas bajas pero que no llevan incorporadas las latas para conserva, tal misterio ha sido soslayado ante el recuerdo de aquella máxima que recorrió nuestro anterior camino común de la plata y que rezaba eso de que no es más limpio quien más limpia sino quien menos ensucia.
Recordando nuestras anteriores aventuras y caminos hemos llegado al km 13 en el que hemos parado en un bar a desayunar. El primer problema ha sido el de entrar por una puerta demasiado pequeña para nosotros con nuestras mochilas y ha hecho que tengan que abrir la otra hoja de la puerta entre todos los parroquianos que allí se encontraban, con el consiguiente espectáculo provocado.
La siguiente parada ha sido ya en el km 26 con el revalido de los dos km y en un bar al que atendía un señor que en todo el rato que hemos estado no ha dejado de mirar la tele con una,prueba de natación de los juegos olímpicos, ni siquiera cuando nos servía las cavacas que Joseba ha pedido en nuestra nueva situación de borrachos conocidos, eso sí yo he pedido limón para rebajar los 500 cc de cerveza ya que llevaba demasiado tiempo sin beber y además tenía que volver conducir, la mochila.
Y así nos hemos enfrentado a los últimos 7 km entre asfalto, calor y coches con ganas de afeitarnos las piernas a las que yo había dejado al descubierto por primera vez en muchos,años tras quitar a los pantalones las extensiones largas. Un hermoso estanque sale al encuentro del caminante a la entrada de Golega pero nosotros a esas alturas apenas si llegábamos para buscar el lugar en que alojarnos. Tras dudar alguna vez hemos llegado a la entrada del camping a preguntar por los apartamentos con habitaciones. Una gran señora nos ha atendido y nos ha dicho que el precio era,de 76 euros a lo que yo he replicado que en la guía ponía un precio más barato. Ella ha llamado entonces por tf a alguien para confirmar precio y al final Joseba ha hablado con ella para confirmar que el precio era de 25 euros más o menos. Como la recepcionista había ido a comer no podíamos entrar a la habitación hasta después de las dos así que nos han ofrecido dejar las mochilas e ir nosotros a comer.
En la plaza del pueblo hemos encontrado un restaurante bastante majo en el que hemos dado cuenta de alguna cerveza más (no es por vicio sino por recuperar líquidos), una botella de vino blanco del terreno mientras nos hacían un arroz con marisco tamaño familiar. Así nos hemos recuperado de los desastres de la mañana recordando que sólo una cosa nos,faltaba para acabar de pensar que estábamos en el paraíso (se trata de una buena ducho y no lo que estáis pensando malditos, que este es un camino de recogimiento y abstinencia).
Al llegar ya sí estaba la recepcionista que nos ha dado las llaves, las tarjetas de acceso al camping, los mandos del aire acondicionado y la tele, nos ha dicho el sitio para lavar y nos ha conformado que la wifi es abierta y gratuita, y todo eso por algo más de 24 euros.

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Lavar ropa, pequeña siesta que ha interrumpido este escrito por un breve lapsus de sueño y el resto entre atender apalabrados, twitter, Facebook y demás comentarios de blog. El resto de la tarde se prevee tranquila, paseo por el pueblo de turismo (10 min.), preparar etapa de mañana y resto del tiempo hacer tiempo para cenar delante de una, o varias cervezas con las que amortiguar nuestros dolores de cuerpo u espíritu.
Joseba tiene el tobillo izquierdo algo fastidiado y sigue teniendo molestias, esta mañana ha pasado la primera parte algo fastidiada aunque luego parece que se ha ido recuperando y creemos que ahora mejorará mucho con la desinfección interior que supone su dosis diaria de alcohol.
Tranquilo amigo de la Dehesa, no me he comido a tu hermano, preferiría ir comiendo barro desde aquí hasta Santiago y además si quisiera hacerlo desaparecer sería suficiente con pedirle un par de cavacas en cualquier bar del camino para después empujarle sobre cualquier cuneta en el que nadie se molestaría en recogerlo al no saber si colocarlo para reciclar en el lugar de orgánicos o plástico, además de que creo que Tere debe seguir con su penitencia durante muchos años más para así pagar sus pecados y ganarse el cielo que tantos años se lleva ya trabajando al aguantar a semejante culoinquieto.
Y ya ves, Julio e Inma que vuestras oraciones no han sido suficientes y al final hemos caído de nuevo en el vicio, lo peor es que tendremos que hacer nuevos caminos en el futuro para intentar quitarnos aunque empezamos a pensar que quizás no sea el método más adecuado. Da igual porque la verdad es que acabamos disfrutando tanto como para empezar a hacer planes de los nuevos caminos que nos esperan.
Hoy hemos hecho 34,1 km en 6:05 a una media de 5,6 km/h. Bajo un sol de justicia y entre maizales.

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Como ves sigue igual que siempre, no está más guapo porque el camino no hace milagros, aunque te aseguro que limpio sí que va.

Entre canacas, garrafas y mucho sol

Tras escribir ayer la entrada el resto del tiempo lo pasamos haciendo una visita turística a Azambuja (10 minutos, no tiene más) y una terraza en la que reconfortar nuestros sedientos gaznates con el dorado elemento. como casi nadie nos lee tengo que hacer una confesión: creo que Joseba ha vuelto a beber. Lo llevo sospechando desde que nos tomamos el bagazo ese que no me creo que sea agua.
Preparamos la etapa de hoy y reservamos la habitación en Santarem. Después nos dispusimos a buscar algún restaurante en el que tomar algo de cena después de descartar comernos un pollo a las brasas que olía bastante bien y que lo preparaban para llevar por no disponer de cubiertos y tener que acudir a las manos o a robarlos a la señora del residencial, cosa que descartamos ante el aspecto fiero de dicha dama.
Tras mil vueltas entre la nada, risas, confidencias y bromas acabamos en el bar de debajo de la habitación aconsejados insistentemente por la señora del residencial cuando fuimos a recoger la ropa del tendedero. No he comentado que Joseba tuvo que hacer verdaderos equilibrios colgando medio cuerpo de la ventana para tender la ropa en una cuerdas que daban a la calle y a una altura de tres o cuatro pisos, menos mal que para recogerla se había jugado la vida la señora.
A pesar del consejo la cena fue bastante floja: carne tipo suela de alpargata para mí y visita al capitán Pescanova para Joseba.
Sin mayor entretenimiento y tras otra agüita portuguesa sin alcohol que se pidió Joseba de esas que tanto le gustan nos subimos a la habitación él directo a dormir sin pasar por la casilla salida y yo a leer un par de capítulos de juego de tronos, que tengo que terminar los dos primeros tomos antes de llegar.
La mañana ha amanecido a las 6 y a las 6:20 tomábamos un café en el bar frente a la estación, bar por llamarlo de alguna manera.
Así hemos iniciado el camino del día: 33 quilómetros por pistas de tierra junto al Tajo entre plantaciones de tomates hasta donde la vista se perdía. De ver en cuando algunas vides, maíz y poco más. Parte del camino corre sobre el dique del Tajo que protege de inundaciones. El camino es casi completo de tierra y hoy por fin hemos visto poco asfalto. Mucho calor ya que no se movía ni una brisa y menos mal que nos hemos puesto las pilas desde el principio para llegar antes de que el calor definitivamente nos derritiera por esos caminos de Satanás.
Para colmo hoy sólo teníamos la aldea de Valada a unos 12 km de salida. Poco más de un Bareto en el que tomar un café con leche. El lugar era de los de notearrimesaningúnsituionosetevayaapegaralgo en versión marrana. En la terraza una pareja discutía apasionadamente despreciando nuestra presencia. Mientras Joseba se arreglaba las zapatillas yo me he recorrido el pueblo en busca de un súper para coger agua fresca porque en el bar no había. Tras patear todo he encontrado algo parecido y una “amable” señorita me ha hecho volver a salir a la calle para entrar por la puerta del bar anexo en el que reparten agua porque deben tener prohibido mezclar ventas entre bebidas y pimientos.
El resto de la etapa eran 19 km sin nada de nada: polvo (y no del que se come), tomates y mucho calor.
Para colmo Joseba se ha sentido algo molesto en un pie y ha tomado un antiinflamatorio que le he ofrecido para pasar sopado el resto de la etapa (tranqui, Mar, que le he obligado a tomar también el protector estomacal).
Hasta la cuesta final de subida a Santarem nada nuevo, discusión política sobre tema vasco, algo de la prima esa que nos tiene bien puteados y:
Hotel Vitoria en el que tras fichar en recepción a ritmo de Caracol (la señora no fotocopia los DNI, se los aprende) mientras su orondo esposo, imagino, la miraba con cara de todo, menos de deseo, hemos tomado ducha, cada uno la suya, y nos hemos ido a la otra punta del pueblo a buscar algo que comer.
Al menos hemos tenido suerte relativa y yo me he comido una gallina estofada, bueno un trozo, tras una sopa a camponesa y Joseba un plato con patatas, arroz, huevo y ternera bajo el título de bifana.
Luego regreso al hotel porque tenemos wifi y tras lavar ropa he dado cuenta de toda la tecnología actualizando AppStore, jugando a apalabrados, hablando con viber con la familia, contestando a twitter y todo lo demás mientras Joseba me miraba con cara de asombro.
Hemos ido a dar una vuelta hasta las puertas del sol y luego nos hemos sentado a tomar una par de cervezas en una terraza para que yo escribiera la entrada.
Aquí ha sido donde Joseba me ha demostrado que ha vuelto a beber dando una lección sobre la diferencia en canaca y garrafa: la canaca es una cerveza marca imperial de barril de medio litro mientras que la garrafa es Súper bock de sólo 300, se ha marcado dos y media del tipo garrafa porque de la otra no había. El resto del tiempo se lo ha pasado comentando la pelea de una pareja que está en la mesa vecina entre peleas y recocimientos de amor. Voy a cortar ya esto para intentar encontrar algo para cenar, mala pinta tiene la cosa pero, al menos nos tenemos el uno al otro y ya se sabe, el roce hace el camino y el cariño nos alimenta. Por cierto hasta ahora,no había dicho eso de que los árboles no nos dejan ver el bosque.
Hasta ahora el balance de peregrinos que hemos visto es Joseba y Juanmacapa. En 90 km ni uno.
Resumen de la etapa: 32,94 a 5,5 km/h en 6:31 horas.

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Calor y asfalto junto al Tajo

Poco que contar hoy sobre la etapa. Pero comencemos por anoche, una vez escrita la entrada junto a nuestros respectivos refrescos sin alcohol, dos o tres, acompañamos de unos caracoles “chupaeros” que parecen ser típicos de la zona. Después pasamos al comedor de ese mismo lugar a degustar una suculenta y jugosa cena que iba a ser frugal y acabó en espectáculo. El caso es que después del banquete de carne del medio día habíamos decidido tomar una cena ligera y vimos que allí tenían variedad y calidad a buen precio. Pedimos Joseba una tortilla de jamón y yo una sopa alentejana y bacalao de la casa, regado con una buena botella de mosto sin alcohol de la casa.
El resultado fue un pedazo de tortilla que se desbordaba por los lados del plato y una ración de bacalao que debía ser la mitad de uno completo.
Tras dar buena cuenta de todo retiramos nuestras naves hacia nuestra suite en donde nos dispusimos a reponer nuestros cansados cuerpos.
La noche ha sido terrible, calor, frío y una almohada diseñada para destrozar cuellos y sueños.
A las 6 ha sonado el despertador y nos hemos puesto en pie. En media hora todo listo y en marcha. Al pasar por el pueblo hemos parado en un bar a tomar un café. Joseba se ha pedido un hojaldre que dentro llevaba una sorpresa en forma de salchicha.
De la etapa no mucho que decir: 10 km iniciales por la nacional todo asfalto y un tráfico infernal. Sólo hemos tenido un pequeño descanso poco antes de Vila Franca ya que el camino discurre por un carril bici recién hecho junto al río.
En Vila Franca hemos tomado un café y luego camino sin parar por el arcén de la carretera hasta Vila Nova de Rainha en donde Joseba ha pedido dos enormes canacas de medio litro con las que hemos recuperado fuerzas. Él dice que no llevan alcohol pero ese color dorado, la espuma y el grifo del que la han sacado me hace sospechar que es algo más, sobre todo porque al levantarme de la mesa he notado que mis pies no tocaban directamente el suelo sino que iban unos centímetros levitando.
El final de la etapa ha sido otra paliza de asfalto y calor hasta Azambuja.
Estamos hospedados en el residencial Flor primavera, un lugar sencillo aunque aceptablemente limpio por 35 euros.
Hemos dejado las cosas en la habitación y nos hemos ido a tomar algo a un Restaurante que hay enfrente, un local sencillo.el sistema de comidas aquí parece ser el de tomar algo al mediodía para luego cenar más fuerte. Yo he pedido unas lulas acompañadas por arroz con berberechos, patata cocida y una ensalada. Joseba ha tomado un pescado frito con el mismo acompañamiento. Todo esto regado con mosto blanco del terreno en suficiente proporción y agua.
Al terminar Joseba se ha pedido un bagazo y al echar parte del contenido al café y por el olor que despedía estoy convencido de que eso es algo más que agua, sobretodo después de que el dueño del bar nos haya ofrecido una segunda copa de ese mismo líquido esta vez de un color caramelo que yo creo que olía parecido al orujo y que he tenido que tomar por cortesía y tras convencerme Joseba de que eso no llevaba alcohol mientras se llenaba una tercera copa.
Algo más contentos de lo habitual hemos subido a la habitación, nos hemos duchado y lavado la ropa y ahora, mientras Joseba reflexiona con los ojos cerrados y como si durmiera la mona de una borrachera imposible yo escribo mientras juego a apalabrados, contesto por twitter, escucho la tele en inglés (a Joseba le ha dado por poner cadenas inglesas, será la costumbre vasca de poner cualquier cosa menos una cadena en castellano) y paso algo de calor. Es la vida del guaifaigrino (así se dice en Portugal).
Resumen etapa: 30,77 km en 5:42 a una media de 5,4 km/h. Calor sin fin y sin tocar un centímetro de tierra, todo asfalto.
Por cierto, los calzoncillos que me compré como sustitutos de los culotes son una porquería porque ya he tenido que hacer uso de mytosil, no voy a dar más detalles.

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Mucho calor junto al Tajo

Después de escribir ayer tarde junto a unas respectivas cervezas, sin alcohol claro, salimos a dar un paseo por el barrio altos contemplar las vistas de la ciudad al caer el sol. Como dos enamorados cogidos de la mano… Vimos pasar varias parejas de turistas enamorados bajo el cielo azul del mirador (mal pensados). Joseba había intentado ligar con unas turistas en la plaza del Comercio ofreciendo sus servicios como fotógrafo pero sin resultado, para variar (hay testimonio gráfico).
Esperando mesa para cenar nos tomamos un mosto verde en una tabernita muy coqueta y después de gustamos una frugal aunque selecta cena en compañía de una buena botella,de agua verde claro, mientras cogidos de la mano… Nos contemplaban los vecinos de mesa con envidia (otra vez mal pensados). Por cierto la conversación fue derivando hacia la política como sustituto obligatorio del sexo mientras los vapores del agua iban llenando nuestras cabezas.
Regresamos al hotel tras una breve parada en el bar de detrás de la estación para tomar un refrigerio sin alcohol y dormir.
Esta mañana levantados a las 7 para desayuno a las 7:30 y salir disparados para hacer la etapa porque ya hacía bastante calor y nos quedaban muchos quilómetros. La salida de Lisboa no ha sido tan fea como esperábamos y tras callejear por Alfama hemos salido por carriles paralelos al Tajo en dirección al parque de las naciones. Allí he os podido comprobar que no sólo en España se ha despilfarrado el dinero en proyectos faraónicos que luego quedan abandonados, véase su prima la Expo de Sevilla. Así nos va a un lado y a otro de esta vieja piel de toro, como diría mi sabio compañero Joseba después de dar cuenta de media botella de bagazo, yo no sé lo que es pero me ha dicho que es agua sin gas típica de Portugal.
Pasado un aparcamiento el camino gira hacia la derecha para ir paralelo al río Trancao, afluente del Tajo. Un sendero de tierra se adentra por un valle caluroso al que cada vez menos le entra la brisa y que va sorteandolos núcleos de población cercanos con el único propósito de que el peregrino vaya agotando el agua y los ánimos hasta ser pasto de los buitres, es decir, no hay nada de nada en 15 quilómetros.
Joseba decía que el agua que habíamos llenado en el hotel tenía mal sabor pero llegando a Póvoa de Santa Iria y tras haber acabado con mis reservas del líquido elemento habría dado mi reino por refrescar mi boca con un trago de ese elixir. El caso es que en un cruce con la carretera que desviaba el camino hacia la nada y después de 25 quilómetros sin para más que regar el campo con nuestros restos líquidos y cada vez menos, hemos parado a dejarnos aconsejar por la tecnología que llevamos haciendo honor a nuestra nueva denominación de wifigrinos. La alternativa era girar a la derecha abandonando la civilización para seguir una senda junto la Tajo de 4 ó 5 km hasta el fin de etapa sin agua, muertos de calor, hasta el gorro de todo y con los pies adquiriendo vida propia. La otra opción era seguir la carretera nacional unos 3ó 4 km hasta llegar al final con la esperanza de encontrar algún lugar en el que tomar algo al atravesar Póvoa. San Google nos ha confirmado restaurante a la vista por la nacional y hacia allí hemos encaminado nuestros pasos sin dilación hasta un verdadero oasis en el camino.
Si bien encierro que los muchos quilómetros nos han machacado todo se ha tornado placidez junto al restaurante No sé qué de Rodizio. Se trata de un tipo de restaurante con buffet libre para las guarniciones y un plato único de variedad de carnes por 10 euros. Junto a un par de cervezas,sin alcohol por supuesto, hemos llenado un plato con los entrantes mientras nos ponían un tubo rojo por arriba y verde pálido por abajo: se trata de que cuando te has comido el primero le das la vuelta al rollo y comienza el desfile de carnes. Varios camareros comienzan a ofrecer todo tipo de carnes asadas pinchadas en un palo metálico del que van cortando lonchas. Comienza el festival con banana frita y patatas de las de verdad y así van pasando vacas,toros,bueyes, corazones y otros tipos hasta perder la cuenta. El final son unas lonchas de piña caliente deliciosa.
Con mejor ánimo que al entrar hemos afrontados los últimos tres quilómetros por carretera nacional hasta la suite que nos esperaba en Alverca do Ribatejo. Al llegar un siniestro lugar cerrado a cal y canto atendía al nombre descrito en la guía. Hemos llamado al teléfono de la puerta y un tipo. Nos ha dicho que estaba en Lisboa y que teníamos que esperar dos horas para que regresara. Tras colgarle el teléfono de bastante mala leche me ha llamado otra vez para decirme que en 15 minutos llegaba. Así ha sido y nos ha ofrecido por 30 euros una sencilla habitación con dos camas bastante incómodas y baño sencillo aunque aceptable ente limpio. Tras ducha,lavada de ropa y descanso nos hemos venido para el pueblo a tomar algo y escribir. Estamos algo alejados del centro así que tras un largo paseo hemos llegado a un bar a la sombra en el que nos hemos sentado yo a escribir y Joseba a leer el periódico portugués. Por desgracia el camarero está algo sordo y no ha entendido bien la comanda así que a mí me ha traído un agua sin gas pero conJoseba se ha equivocado y le ha traído una cerveza de casi un litro a la que se ha agarrado como si le fuera la vida con la inconfesable intención de derramarla sobre su estómago,por dentro. No he podido hacer nada por impedirlo puesto que me ha dado miedo verle sacarlos dientes así que me he dispuesto a escribir y disfrutar de los gritos histéricos de una hija de… Que se ha sentado detrás y que no para de vociferar no sé que cosas sin parar (para colmo lo hace en portugués y yo no entiendo nada).
Por cierto ya le he contado a Joseba que Mar invita a sus amigos a cortar jamón en casa y Raúl os especificará en qué condiciones.
Hoy hemos hecho 31,2 km en 5:48 a 5,4 km/h. Sol de justicia, mucho asfalto y casi deshidratación.

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