Cuestiones de infraestructura doméstica


Como habréis podido comprobar llevo dos días sin escribir en el blog, las causas han sido varias pero la más importante ha sido un repentino ataque de gandulitis que me ha asaltado en las últimas horas. De cualquier modo también es cierto que no es que estemos viviendo un carrusel de aventuras y además hemos ocupado buena parte del tiempo en resolver algunos asuntillos domésticos que teníamos que arreglar y que os contaré ahora.
Para empezar os diré que la noche acabó tranquila cenando en el mismo restaurante en el que habíamos dado cuenta del arroz al mediodía. Por la noche un plato de sopa fue generosamente acompañado de cabrito mientras Joseba se lanzaba por bacalao. Lo único destacado fue que ligué: una pareja de atractivos caballeros cenaban en una mesa frente a la nuestra a la suficiente distancia para que el que tenía enfrente no parara de hacerme ojitos, imagino que su frustración debió ser grande al ver a mi apuesta pareja charlar amigablemente conmigo todo el tiempo sin darle el menor signo de tener alguna oportunidad conmigo (la realidad es que Joseba no dejó de hablar en todo el rato y el otro debió pensar que después de tal rollo no estaría yo para aventuras extra conyugales).
De ahí a la cama a rezar nuestras oraciones y mi ratito de lectura mientras mi compañero de cama plancha la oreja a ritmo de bolero cantado por voz cazallera de estibador portuario.
La mañana se levantó fresquita y la niebla cubría casi todo el valle. El camino sale paralelo a las vías del tren entre canales y agua por todas partes, la etapa transcurre por paisajes bonitos con mucho asfalto y población muy dispersa.
Según el plan previsto encontramos un café de la moral a la distancia adecuada en una de las aldeas perdidas por las que el amigo nos hacía ir y venir sin mucho sentido, allí yo me quité la camiseta de manga larga que llevaba desde el inicio porque comenzaba a subir la temperatura. El local no habría pasado ningún control de sanidad y la mezcla de agua turbia con leche que nos tomamos en café de “a cuarto” para lo que sí vendría bien es para facilitar la evacuación intestinal, algo que Joseba sufre de manera muy especial casi cada día y ese mucho más. La clientela también era de lo más pintoresca con una señora de mediana edad, o de total edad, que no paraba de fumar mientras nos enseñaba el culo tras unas mallas color negro que el tiempo habían llevado a no dejar casi nada a la imaginación. Para colmo llegó una anciana a comprar pan con atuendo tipo postguerra mundial (la española se queda corta) y que como característica tenía un calcetín en la pierna izquierda a medio caer y pierna descubierta a la derecha. Dos parroquianos animaban la fiesta en portugués profundo que no entendíamos ni para el “obrigado”.
Lo que más nos está sorprendiendo del camino en estos últimos días son las casas que vemos por todas partes, se trata de verdaderas mansiones preciosas, nuevas y de diseño creadas por arquitectos muy modernos. Son construcciones impresionantes, grandes, bonitas, con mucho terreno y materiales de primera calidad. Están por todas partes, sobre todo en el campo, en los caminos… Están por todos lados y llaman verdaderamente la atención sobre todo a alguien como yo tan a la última en el tema de la carpintería de aluminio y el monocapa desde hace unos meses. El tema es que si sorprendentes son las construcciones más lo es que casi todas parecen vacías y cuando vemos a gente en ellas suele tratarse de parroquianos nada acordes con la modernez del lugar (se diría que ellos estaban ya allí antes y que las casas las hicieron a su alrededor). Para colmo aparecen urbanizaciones rodeadas de nada, en medio de nada, y los pueblos suelen mantener un estado de pobreza que llama mucho la atención con las casas estas que describo.
Sin mucho más llegamos a Mealhada con tiempo de tomar una cerveza y unas patatas fritas mientras buscábamos lugar para dormir. Tras varias vueltas encontramos en la carretera un residencial de muy buena pinta por 30 euros y con wifi que estaba cerrada pero a la que vino el dueño en 5 minutos largos tras llamarle al teléfono que estaba en la puerta. Habitación estupenda con wifi y a la que hasta media tarde y dos duchas por medio se podía entrar sin necesidad de barca. Y digo esto porque mi querido Joseba tuvo la ocurrencia de ducharse por segunda vez mientras yo bajaba a buscar wifi y al llegar noté que los pantalones los llevaba empapados por los bajos. La ducha tenía una cortina hasta abajo y mi compañero no sé qué había hecho pero el agua había inundado el baño y salía por el pasillo hacia las camas. Después de utilizar todas las toallas disponibles para secar de desastre nos dispusimos a organizar las etapas que nos quedan. Pero antes he de contar la comida porque resulta que al llegar al restaurante descubrimos que en ese pueblo es típico el leitao o, lo que es lo mismo, el cochinillo. Una oportunidad así no puede ser desperdiciada por dos veteranos peregrinos como nosotros con el siguiente resultado.

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No creo que sea necesario contar más.
Después de la inundación nos pusimos a comprobar las etapas porque tenemos un problema: para llegar a Oporto la guía marca una etapa de 35 km pero las dos anteriores son de 24 y 16 respectivamente. Hemos intentado cambiar el quilometraje con la intención de hacer la pequeña para Oporto pero no es posible, no encontramos nada para dormir que nos permita alterarlas y ayer, tras varias horas de dar vueltas tuvimos que desistir de modificarlas porque no hay nada. La cosa fue que se nos pasó la tarde entre el paseo en barca y la etapa y sólo tuvimos tiempo de dar una vuelta para ver el pueblo (10 min. y cerveza en la plaza), luego cena en el mismo sitio de la comida para un bacalao tamaño familiar para mí (antes la sopa de verduras con fideos familiares para mí) y Joseba cordero.
Y hoy más de lo mismo hasta Águeda. Casi todo asfalto, no demasiado calor y casas dispersas por todas partes muchas del estilo súper lujo con bicho dentro. Quizás sólo ha sido algo diferente que la zona está llena de polígonos industriales en los que se hacen muebles. El café de hoy en una gasolinera y ha incluido tostada con mantequilla como lujo añadido a una apuesta camarera a la par que simpática y que ha ofrecido esta alternativa al bollo que Joseba le había pedido y que tenía apariencia de prehistórico.
Al llegar a Águeda nuestros pasos nos han llevado hacia el Hotel Conde de Águeda puesto que la alternativa no nos ha parecido muy allá, juzgad vosotros mismos:

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Al llegar me han pedido 75 euros por habitación pero al decirles que se lo iba a comentar a mi compa que estaba fuera mientras ponía carita de pena me ha dicho “espera un momento” y se ha metido a hablar con alguien dentro a comentarle que éramos peregrinos. Al salir el precio era 65 euros y el desayuno incluido. Así hemos aparecido al momento con nuestras mochilas para meternos en una estupenda habitación con wifi estupenda que me ha permitido incluso videoconferencia con la familia por skype y que Joseba no ha inundado.
Comida tipo portugués en un sitio sencillito del pueblo con sopa y pollo (por cierto que aquí se ve que los pollos sólo tienen pechuga porque no vemos un muslo ni a las camareras).
Después hemos vuelto al hotel a ver el tema del coche de alquiler para la vuelta. De todas las opciones parece que lo más barato es Goldcarque se recoge el en aeropuerto de Santiago y yo lo puedo dejar en Águilas. Por 83 euros puedo alquilar un clase D (no Mercedes, que conste) que es mucho mejor precio que Avis y Atesa.
En eso hemos pasado la tarde salvo pequeña excursión por el pueblo con visita a la iglesia y resto en unos 15 minutos. Lo más llamativo que el pueblo está lleno de colores por todos lados desde los paraguas tipo toldos hasta el vía crucis psicodélico.
Resumen de las etapas: 09 Coimbra-Malhadada, 23,7 en 4:08 a una media de 5,7km/h y casi lana. Hoy hasta Águeda aún más llana 24,7 km en 4:17 minutos a 5,7 km/h.

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2 comentarios en “Cuestiones de infraestructura doméstica

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