12ª Castrojeriz-Frómista


Cuando íbamos a pagar en el Hostal El Mesón, en el que habíamos estado tomando algo mientras yo escribía, el señor de la barra nos dijo que tenían un menú estupendo por la noche con muchos platos y por 10 euros así que comentamos que podía ser una opción de cena.
Nos fuimos al albergue a recoger la ropa y tomar algo haciendo tiempo para ir a cenar. Visitamos también la impresionante iglesia de San Juan y su interesante exposición y finalmente nos fuimos a cenar al Hostal El Mesón a pesar de que despreciábamos un menú estupendo justo enfrente en el restaurante Casa Cordón.
Hace tiempo que no me sentía tan estafado en el camino: resulta que el menú no era de 10 sino de 14 euros y además una verdadera miseria con un cuentecito de sopa de cocido con fideos pasados y cuatro trozos contados de ternera estofada. Mal el precio y mal la cantidad, mal el servicio y además un local poco acogedor.
Con el cabreo nos fuimos a dormir mientras Holanda marcaba sus goles a Brasil.
La mañana ha amanecido a las 5 porque ya estamos en el camino francés y en un albergue municipal. Como siempre la gente se levanta haciendo ruido, molestando, etc. pero luego los pillamos en el primer pueblo. Así ha ocurrido hoy con un matrimonio de maños (ella era a la que daba el masaje ayer la hospitalera casi en bolas) con dos hijas ya crecíditas que van por el camino cantando cual flores de pitiminí venidas a cardos borriqueros.
Nosotros nos hemos levantado a las 6:30 para salir poco antes de las 7 sin tomar nada porque Castrojeriz era un despoblado está mañana.
El camino se dirige sin pensarlo directamente a la dura cuesta de Mostelares que hemos subido Millán y yo sin problemas mientras adelantábamos a diversos peregrinos que iban quedando derrotados en la cuneta presas de un esfuerzo al que no están habituados. Son casi dos quilómetros de subida con un desnivel de unos 150 metros que se pueden atragantar a los novatos.
Bajada, fuente del piojo, puente Fitero sobre el Pisuerga y a los 11 km Itero de la Vega en el que hemos parado a tomar café. En el trayecto ya hemos podido contemplar los primeros disparates peregrinos como una señora paseando con mochila de colé y paraguas (ver foto) o un coreano andando descalzo a lo promesa semanasantera.
Se hace largó el tramo de 8 km hasta Boadilla del camino pero merece la pena por llegar al albergue En el camino. He charlado un rato con ese fenómeno de Edu recordando mis anteriores pasos por allí y comentando cómo está el camino. Edu lleva en esto casi 20 años y es un verdadero clásico del camino. Nos hemos hecho unas foros para mandarlas a mis hijas como recuerdo de el día que pasamos aquí hace ya algunos años. Edu me ha puesto al día sobre informaciones y cotilleos y nos ha invitado a las cervezas: gracias crack y hasta la próxima.
Casi una hora después nos hemos puesto otra vez en camino para recorrer el agradable tramo hasta Frómista junto al canal de Castilla. La gente pescaba cangrejos en la orilla y nosotros hemos ido adelantando peregrinos entre sombras y el fresquito del agua cercana.
Sin novedad hemos llegado al albergue municipal en el que al momento nos ha abierto Carmen, la hospitalera, y nos ha acogido con amabilidad y diligencia, como siempre.
Después de lavar la ropa del día he visto que había lavadora y hemos puesto una colada con todo el resto Millán y yo. Carmen se ha ofrecido a tendernos la ropa y nos hemos ido a comer al Asador Restaurante Villa de Frómista donde hemos dado cuenta Millán y yo de un estupendo menú de 14 euros con lechazo y con el recuerdo del miserable menú de 14 de anoche.
Después he ido a ver el Tour con la wifi del albergue y hemos recogido toda la ropa ya seca. He ido a visitar San Martín para disfrutar durante un rato de esta joya del románico palentino con su estructura equilibrada o sus capiteles y canecillos. Ahora escribir en el hotel San Martín esperando que baje el calor y llegue la tarde noche mientras las vecinas del pueblo juegan al parchís en las mesas de camilla adjuntas.
El albergue se ha ido llenando más de la cuenta y ahora todo esta repleto de gente hablando en todo tipo de lenguas. Temo que será una noche movidita estilo de las peregrinaciones tradicionales pero, ya sabemos, es el camino francés.
Resumen de la etapa: 24,8 km en 5h 45 min a 5,9 de velocidad media. Enlace a Wikiloc.

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11ª Burgos-Castrojeriz. 43 km por el camino francés


Como era de esperar la noche terminó con cena en «El Morito». Joseba invitó a un suculento repertorio de delicias regadas con Ribera de Duero mientras contemplábamos con asombro cómo se desenvuelven dentro de la barra haciendo tapas, platos y raciones a un ritmo increíble y con una perfecta compenetración entre todos, desde el señor de la plancha hasta el que llama cuando se queda una mesa libre arriba.
Luego un par de orujos en el bar de abajo del hotel y todo preparado para amanecer a las 6.
Nos hemos despedido y a las 6:20 salía por la puerta rumbo a mi primera etapa sin mi compañero de tantas aventuras, esta vez por territorio conocido.
Ha hecho una mañana fresquita, lo suficiente, que ha permitido andar a buen ritmo. A poco de salir de la ciudad he comenzado a alcanzar peregrinos hasta llegar a Tardajos. Al llegar he visto que Millán venía detrás y lo he esperado para tomar un café juntos y continuar toda la etapa juntos. Esta parte del camino ha cambiado el trazado por culpa del trazado de la vía del tren nueva y eso nos ha acabado regalando unos dos quilómetros según mis cálculos.
La etapa no presenta ninguna dificultad salvo la cantidad de quilómetros y el calor. Casas siempre va por terreno llano entre campos de trigo con algún que otro repecho como la dura bajada «Matamulos» poco antes de llegar a Hornillos del camino.
En Hornillos hemos parado en el mesón y he tomado un pincho para recuperar algo las fuerzas. Luego le he enseñado a Millán el lugar en el que hace ya muchos años nos refugiamos los amigos franceses, Joseba y yo para compartir un trozo de embutido y pan duro bajo el diluvio universal.
La etapa hasta Hontanas ha transcurrido muy bien salvo por el detalle de siempre de no ver el pueblo hasta que estás encima.
La idea era llegar a Hontanas sobre las 12 con idea de intentar llegar hasta Castrojeriz según viera cómo iba. Hemos cubierto objetivos y sin dudarlo, y tras dar cuenta de una clara, hemos tomado camino abajo hasta el convento de San Antón y después Castrojeriz.
Hemos llegado a las 2:15 directos hasta el albergue municipal y nos hemos instalado rápidamente para irnos a comer hasta el mesón de la casa del cordón, donde yo ya sabía que se come muy bien.
Hemos tomado un menú peregrino muy digno y después hemos regresado al albergue a ducharme, lavar ropa y descansar un rato. Al llegar la hospitalera húngara voluntaria había llegado ya pero no podía atendernos porque en ese momento en medio de la sala estaba dando un masaje integral a una señora que sólo llevaba unas bragas y una camiseta (que luego también se ha quitado hasta casi montar un espectáculo).
Después del descanso hemos venido a un mesón a tomar algo sin alcohol (hay que recuperar líquidos), escribir y seguir recuperando de esta dura etapa.
Resumen de la etapa: 42,3 km en 8 h 11min a 5,65 de media. Enlace en Wikiloc

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10ª Monasterio de Rodilla-Burgos: despedida de un amigo


Escribo en un ratito de tiempo que me queda entre visitas turísticas y gastronómicas en la maravillosa ciudad de Burgos. Nuestros pasos nos han traído aquí en una preciosa etapa alejada, por fin, de la carretera general entre campos de cereal y bosques diversos. Varios corzos se han cruzado en nuestro camino de 28 km sin ningún tipo de descanso hasta la entrada en la ciudad por Villimar.
La mañana nos ha ofrecido una maravillosa sorpresa al pasar el camino junto a la iglesia del Monasterio, a unos dos quilómetros del pueblo. Se trata de un maravilloso ejemplo de románico perfectamente conservado y a la altura del mismísimo San Martín de Frómista.
El resto de la etapa transcurre entre molinos de viento y pequeñas subidas y bajadas que van dando algún que otro rodeo hasta llegar a un campo de golf cuando casi ya se comienza a intuir Burgos.
El acceso a la ciudad se hace algo pesado. Durante la mañana he descubierto que mi cable chino de carga del iPhone ya no era reconocido por el dispositivo y no cargaba. A la entrada de la ciudad he resuelto mis problemas diversos comprando un cable nuevo por la módica cantidad de 20 euros. Poco más adelante una tienda de deportes me ha permitido comprar por fin mi «cubremochilasparamochilaquenolanecesitaporqueesimpermeable» y unos calcetines nuevos porque tengo una pequeña molestia en el tendón de Aquiles que creo que es causada por la zapatilla. Los calcetines están más acolchados y espero que eso proteja mis doloridos pies.
Millán se ha quedado en el albergue y le he dado el teléfono para luego irnos a comer juntos y nosotros nos hemos ido a buscar hotel. Enfrente de la puerta de Santa María hemos cogido habitación en el Hotel Vía Gótica. Tenemos una habitación con vistas a la catedral en la cuarta planta por una módica cantidad de 80″euros y el poder disfrutar de una auténtica jornada de peregrinos VIP.
Nos hemos ido a tomar un vino al «Morito» con perspectivas de una cena de tapeo y con la incorporación de Millán y desde allí al mesón de enfrente en el que hemos dado cuenta de una buena sopa castellana y una estupenda pierna de cordero regada con un buen Rivera del Duero.
Ahora una siestecilla de Tour, paseo por la ciudad y despedida de mi compañero de viaje, mi amigo y el que me aguanta casi tanto como en mi casa.
Es un placer caminar con Joseba, hasta la próxima, compañero. Buen regreso y buena suerte.
Resumen de la etapa: 29,7 en 5h 51 min a una media de 5,8 de media. Enlace en wikiloc

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9ª Briviesca-Monasterio de Rodilla: entre camiones y trenes


Una corta etapa que nos ha permitido llegar a destino antes de las 11 de la mañana. Casi todo el camino transita paralelo a la nacional I, la autopista y la vía del tren lo que hace que se convierta casi en un infierno. Para colmo de males están de obras en la N-I y el camino alternativo está sin señalizar haciendo el tramo entre Prádanos de Bureba y Castil de Peones un verdadero suplicio cuando los camiones pasan a centímetros de distancia de nosotros.
Ayer intentamos buscar alternativas para alargar un poco la etapa de hoy y hacer la de llegada a Burgos mañana algo menor pero no hubo manera ya que desde aquí hasta Burgos no queda nada, sólo el consuelo de que los 28 km que marcan las guías finalmente se reduzcan algo según parecen indicar los googlee maps que hemos consultado.
Como tampoco es que haya mucho que contar hoy comenzaré por algo que olvidé contar de la comida de ayer. Fuimos a un restaurante en el que nos habían dicho que ponían buenos chuletones, al entrar tomamos un vinito para ir haciendo boca y a las dos pasamos al restaurante. La camarera (prima hermana de alguno de la familia monster) nos ofreció la carta con los platos del menú y le pedimos la otra carta para comer carne. Sin mediar palabra al pedir la carne y el vino de carta nos retira el mantel de papel y las servilletas y ante nuestras atónitas miradas nos coloca un mantel de tela con sus respectivas servilletas. La imagen era de llamar la atención puya que todo el comedor nos veía en el centro con manteles diferentes y la plancha de la carne haciendo humo.
La cena fue en el mismo restaurante y nos acompañaba Millán, que se ha convertido en nuestro compañero de tardes y contemplador de nuestros excesos etílicos delante de su coca cola, como mucho diversificada con el vino con casera de las comidas. Un menú bastante aceptable y muy bien de precio sació nuestras urgencias y nos condujo a una plácida noche en el sencillo albergue del número siete.
Hoy estamos alojados en otro albergue muy bien equipado, limpio y cuidado, lo llevan los de la taberna del final del pueblo y está en el ambulatorio del pueblo. Está muy bien arreglado y lo cuidan y mantienen limpio. Además ofrecen en el bar menús a buen precio y tiene wifi tanto en el albergue como en el bar.
Gracias a la wifi del albergue he podido ver el final del Tour a media tarde. El resto está pasando entre alguna llamada de teléfono, un paseo por el pueblo y escribir la entrada delante de una cerveza (Millán con su coca cola). El pueblo está bastante bien, es de los que mejor se conservan y parece que vive bastante gente, la iglesia es enorme y lo cruza un arroyo canalizado que pasa por debajo de las casas.
Mañana es nuestra última etapa juntos por lo que no voy a meterme hoy con mi compañero de fatigas.
Bueno, ahora que lo pienso sí que me voy a meter. Lleva casi la mitad del camino diciendo que Olmos de Atapuerca está en lo alto de un monte y cuando hoy ha visto que al otro lado de la carretera hay un grupo de piedras amontonadas me dice ¿ves como Olmos está ahí detrás de esa montaña? Lo dicho, estos bilbaínos son lo suficientemente bestias como para levantar en peso San Mamés y girarlo 90 grados pero no es capaz de aceptar que tenga razón una vez más.
¡Qué cruz! Menos mal que le he enseñado la aplicación que llevo en el móvil del camino de Santiago y lleva toda la tarde jugando con él mientras yo escribo, así no se me emborracha.
Resumen de la etapa 21 km en 3h 28 min a 6,05 de media. Os dejo enlace en wikiloc

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8ª Pancorbo-Briviesca: primer chuletón de este camino


Hoy no tengo mucho que contar. Hemos hecho aun etapa sencilla, casi llana, cortita y bastante fresca, en momentos casi rozando el frío. El trayecto transcurre todo el tiempo paralelo a la nacional I con algunos tramos bastante desagradables por el constante paso de vehículos.
Al salir hemos ido a tomar un café a un bar junto a la nacional en el que un camarero de los de «estoyhastalosmismísimosdevivir» nos ha arrojado un café con leche casi a la cara y ha discutido conmigo porque la máquina expendedora de botellas de agua no aceptaba mis monedas.
Poco después de salir hemos encontrado a nuestro nuevo compañero peregrino que se llama Millán y los tres hemos completado la etapa charlando y disfrutando en los ratos en los que el camino se alejaba del ruido de la carretera.
Hemos tomado un café sin acompañamiento en Griselaña y así, sin más hemos llegado a Briviesca entre obras que hacen casi perder la entrada y después de una absurda vuelta en Cameno.
El albergue de Briviescas es algo especial ya que están habilitando uno nuevo a la entrada del pueblo y mientras tanto está en un piso en un barrio de la ciudad. Hay que preguntar en la oficina de información y turismo en la plaza. Aunque podría parecer que es algo chungo lo cierto es que está muy bien cuidado y bastante limpio y atendido por una asociación del camino en Bureba. Sencillo, limpio y cuidado: el paraíso para un peregrino y una lección para gente como el que lleva el de Pancorbo.
Como el día parecía dar de sí hemos encaminado nuestros pasos hacia un restaurante en el que hemos disfrutado de un buen pedazo de vaca inaugurando nuestra entrada carnívora en territorio castellano. La carne ha sido regada con un aceptable «Pago de los Capellanes» y encima hemos pagado una muy aceptable cantidad.
Tras la comida Joseba se ha pegado una buena «plancha oreja» mientras yo me cabreaba escuchando cómo Contador se iba a freír buñuelos en el Tour.
Pequeña ruta turística por Briviescas y parada en el bar de la plaza para escribir mientras de gustamos algún que otro líquido amarillo-verdoso con hielo.
Si la cosa se pone muy fea siempre nos quedara ir al circo que hemos visto a la entrada del pueblo.
Resumen de la etapa: 24,2 km a 5,7 de media. Enlace a etapa en wikiloc

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7ª Puebla de Arganzón-Pancorbo. La puerta de Castilla


La tarde de ayer no ido para mucho más dado que las posibilidades del pueblo pasaban por el bar del centro, el restaurante de la carretera y poco más. Al menos coincidimos con nuestro primer peregrino en este camino con el que nos fuimos a cenar después de haber dado cuenta de alguna que otra cerveza.
Dormir y callar esperando que no aparecieran los bichitos nocturnos a los que suelo evitar rociando de repelente de insectos la cama nada más llegar al albergue y luego a la hora de ir a dormir otra vez.
Esta mañana se presentaba tranquila porque nuestro objetivó era llegar a Miranda de Ebro así que nos hemos levantado a las 6:30 para desayunar en un bar que nos había dicho que abría a las 7.
La etapa se aventuraba plácida sin novedades por terreno sencillo, pistas de tierra bajo un cielo cubierto de nubes que hacia muy agradable nuestro paseo.
Pero al llegar a Armiñón se nos han encendido todas las alertas porque los indicadores nos marcaban a Miranda 5 km. menos de lo que marca la guía, eso suponía llegar en una etapa muy pequeña a Miranda con el consiguiente peligro etílico para nuestras vidas. Ante las perspectivas de otra jornada corta y teniendo en cuenta que Pancorbo está a unos 16 km de Miranda hemos empezado a meditar la idea de doblar etapa aunque eso supusiera para Joseba tener que regresar un día antes a casa y que Tere tuviera que aguantarlo antes de lo previsto y casi sin medicación paliativa de su presencia.
Hemos llegado a Miranda a las 10:30 y ya estaba claro que íbamos a seguir. Hemos parado a tomar cerveza y pincho en un bar de la plaza (el 7 nos persigue). En la barra una enorme variedad nos esperaba y yo me he decidido por unos pimientos rellenos de carne que tenían una pinta estupenda. He tenido que decidir entre picantes o no picantes decidiendo por los primeros, evidentemente. Joseba ha degustado una tortilla de chorizo para regocijo de su colesterol.
La entrada a Miranda es un horror absoluto ya que tenemos que seguir la nacional I paralela a la enorme estación de Miranda, núcleo de comunicación ferroviaria entre Castilla y el País vasco, dos de las más bonitas regiones de nuestra preciosa y extensa piel de toro. Aprovecho para decir que ya estamos en Castilla, hemos abandonado el bilingüismo y recuperamos las banderas constitucionalistas en los balcones de los ayuntamientos. Hemos dejado esa preciosa parte de nuestro país llena de verde, lluvia y gente que que prefiere que en un partido de fútbol España-Camerún ganen los segundos. En la plaza del ayuntamiento de Miranda casi se me saltan las lágrimas aunque no se muy bien si ha sido una cuestión de la emoción por ver su balcón constitucional o por el efecto del pimiento picante relleno de carne.
La etapa la hemos continuado hasta el paso de Pancorbo ante el vuelo de los buitres entre peñas y en medio de las vías,del tren, la autovía y la nacional. Salvo por el ruido de coches y trenes el trayecto es algo espectacular y viene a suponer un maravilloso colofón a nuestro periplo por tierras vascas.
Pancorbo es un pueblo grande y bonito en otro tiempo aunque destrozado entre los trenes y las carreteras, una pena que esté en tal estado de abandono ocupando un lugar privilegiado entre riscos, peñas y una naturaleza que seguro merece recorridos variados.
Estamos en un albergue que regentan los «listillos» del pueblo que también llevan el restaurante y el bar. Algo descuidado ya que es un refrito de mil cosas diversas con literas por todas partes, estamos en una habitación que fue cocina y en la que aún queda algún armario. Cobran 9 euros por persona que me parece algo desmesurado ya que los colchones dejan bastante que desear y además está sucios. Las duchas muy pequeñas y poco cómodas además de limpias, lo justo. La comida sí está bastante bien y tiene un menú por diez euros muy interesante, además tiene wifi y eso me ha permitido ver el final de la etapa del tour en mi iPad arriba, tumbado en la cama entre cerradas de ojos.
Ahora tomamos un orujo acompañados por nuestro compañero peregrino de ayer que ya ha llegado también aquí y ahora esperamos a la cena descansando de una etapa dura por los quilómetros recorridos y alegrando nos de que el tiempo nos esté resultando tan favorable.
Resumen de la etapa: 35,4 km a 5,7 de media, os dejo enlace a wikiloc.

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Capulligrinos a las puertas de Galicia


El albergue se fue llenando a lo largo de la tarde de peregrinos que llegaban al límite por el enorme calor que hizo ayer. Cacabelos no es un final de etapa tradicional pero nosotros lo elegimos porque precisamente buscamos descuadrar las etapas que suele hacer la gente con el fin de evitar los lugares a los que suele llegar la mayoría y así huir de las aglomeraciones peregrinas. También tenemos como objetivo en estos días hacer la subida a Cebreiro a primera hora de la mañana porque el último tramo es muy duro cuando pega el sol de pleno.

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Nosotros habíamos elegido el albergue de Cacabelos porque sabíamos que llegaríamos pronto con plazas suficientes y porque tiene pequeñas habitaciones dobles que aíslan unpoco y dan cierta intimidad. Es cierto que son muy pequeñas y que no están cerradas por arriba pero el albergue sigue estando bien cuidado a pesar de los años que ya tiene. Lo que peor tiene es el tema de las camas con las fundas y almohadas muy sucias, es una pena que no ofrezcan sábanas como en Galicia que mejorarían mucho ese tema.
Nos fuimos a cenar a un mesón del centro del pueblo y comimos aceptablemente acompañados de un perro pedigüeño y a una velocidad de tortuga por el poco aire que se daba el camarero. Cuando estábamos allí llegó un grupo de peregrinos discutiendo sobre el lugar en el que cenar. Destacaba una mujer de unos cincuenta que llevaba un pantaloncito muy corto y una camiseta de mangas que no dejaba mucho a la imaginación porque no llevaba ni sujetador. Entre ellos discutían sobre lo oportuno del callejón y lo poco ventilado y al final todo acabó con división de grupo, unos al callejón y otros a la plaza vecina.

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Al llegar al albergue todo estaba tranquilo y aún hacía algo de calor así que procuramos no formar mucho follón porque la gente de la habitación de nuestra derecha ya estaban acostados. Dejamos la puerta un poco entreabierta para que entrara algo de fresco.
A las cuatro de la mañana me ha despertado el follón de la habitación de la derecha, estaban preparando la mochila con las luces encendidas sin ningún cuidado por la gente que dormía a su alrededor. Después de aguantar su charla, su ruido de cremalleras, bolsas de plástico y botes abiertos les he llamado la atención pidiendo silencio y respeto por el descanso de los demás. Se trata de dos ejemplares típicos de capulligrinas. Son una variedad de turigrinos caracterizados por tocar las zonas urogenitales de los que habitan a su alrededor. La gran mayoría son extranjeros y suelen destacar como modelo de mala educación los franceses, aunque también los hay españoles de cualquier comunidad autónoma. Los capulligrinos viven en el camino aprovechándose de la buena educación de los demás, esa que ellos no tiene. Suelen ser muy misérables y buscan albergues en los que dar la voluntad para no poner nada y que tenga cocina para no tener que ir a restaurantes. El caso es que en lo que no tienen reparo es en gastar casi todo su presupuesto en botellas de vino peleón y enormes jarras de cerveza. Por supuesto fuman tabaco liado.
Los capulligrinos llegan a los albergues tarde, a última hora del mediodía, se han ido parando en todos los bares que han encontrado en el camino, en los bancos, se han tumbado en los prados, han quitado las botas para mojar los pies en fuentes de pueblos, ríos o cualquier charca. Hacen etapas pequeñas pero tardan el doble que los demás por tanta parada. Nada más llegar se tumban en la cama sin deshacer mochila siquiera, no usan el saco y duermen sobre el colchón aunque vienen sucios del camino. No se duchan por lo que estar cerca de ellos es un problema desde el primer momento, además apagan las luces y cierran las ventanas con lo que impiden a los demás estar en el dormitorio para no molestarles.
A media tarde se desperezan después de varias horas de sueño y se apoderan de la cocina para preparar cualquier porquería que han comprado en el supermercado de tres pueblos antes y que han transportado en una bolsa de plástico que llevan en la mano. Lo que cocinan impregna de un insoportable olor todo el albergue. Ocupan toas mesas llenando todo de basura y prolongan su sobremesa con varias botellas de vino. Uno de ellos siempre lleva una guitarra con la que dan rienda suelta a sus alegrías etílicas subiendo progresivamente el tono de las risas. Mientras los demás vamos a cenar ellos completan su ciclo diario y te los encuentras al regresar en el mismo sitio en el que los dejaste solo que más borrachos o ya se han ido a dormir y los encuentras en la misma posición de la tarde: sin ducharse y sobre el colchón apestando a sudor. Como ya duermen tú tienes que preparar la mochila para el día siguiente a oscuras, a pesar de que aùn queda tiempo antes de que sea la hora de apagar las luces.
Los que sí se duchan lo hacen cuando ya todos estamos en la cama y comenzamos a conciliar el sueño.
Lo peor llega a partir de las 4 de la mañana porque ellos salen a esa hora, lo hacen para llegar pronto al albergue siguiente y coger sitio o simplemente porque algún capullo les ha contado la idiotez de que por la noche el camino es una experiencia mucho más iniciática. La realidad es que se pierden, se lesionan tropezando en la oscuridad y acaban perdiendo tanto tiempo al día siguiente entre bar y bar que vuelven a llegar después de los que nos hemos puesto en marcha a las 7.
Pero para levantarse ellos sí que no tienen ningún cuidado por no despertar a todo el dormitorio, en lugar de salirse fuera a preparar la mochila usan sus potentes linternas que te enfocan en la cara, comienzan a mover bolsas de plástico metiendo y sacando cosas media hora, luego cerrando y abriendo cremalleras. Se les caen doscientas cosas y entre ellos comentan tranquilamente la etapa mientras comienzan a desayunar sobre las camas. A esas alturas tu grado de cabreo e indignación es tal que alguno siempre acaba dando un grito con muy mala leche que ellos toman mucha tranquilidad para terminar de recoger todo y salir tropezando dos o tres veces antes de alcanzar la puerta y cuando ya todo el resto del dormitorio se ha quedado desvelado. Poco a poco los que ya no pueden conciliar el sueño acaban levantándose en un rosario de gente que termina cuando otro listo enciende la luz pensando que es más cómodo así sin ver que algunos no queremos levantarnos.
A las cuatro de la mañana nos han despertado nuestras amigas porque preferían arreglar sus cosas dentro ya que fuera hacía fresquito para ellas.
Nosotros hemos salido a las siete según lo previsto comentando las incidencias de la noche.
El camino va por la carretera hasta algo más allá de Pieros. Es un tramo feo y peligroso que deberían mejorar puesto que los coches pasan a mucha velocidad. El último tramo hasta Villafranca sí se aparta de la carretera y entra por la parte alta por camino. Lo primero que encuentras es el refugio municipal y la iglesia de Santiago, en la que los peregrinos que no podían llegar a Santiago alcanzabannla indulgencia pasando por su pueda del perdón.

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Junto a la iglesia había un cementerio de peregrinos y también encontramos el albergue de Jato, el refugio del Ave Fénix, uno de los lugares más «especiales» del camino.
Nada más pasar encontramos el castillo que es una casa particular que está habitada.

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Se baja por la calle del agua, una de las más bonitas del camino hasta el puente que re saca de la ciudad. Nosotros hemos desviado nuestros pasos para ir a la plaza del pueblo a desayunar y sacar dinero en un cajero.
De Villafranca se sale por el trazado de la antigua carretera nacional y ya no se abandona en toda la jornada. Hoy en día es un paseo agradable entre grandes castaños, robles, etc… Siempre junto al río Valcarce. Desde que han hecho la autovía el tráfico ha bajado mucho y el camino se ha hecho mucho más fácil y agradable. Recuerdo nuestro paso por aquí hace unos años, cuando estaba en construcción la autovía entre polvo, camiones y coches. Tuvimos que taparnos boca y nariz para poder pasar.

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En Trabadelo hemos hecho una pequeña parada técnica y a la salida hemos encontrado un ejemplo de la pasión por el fútbol vivida en estos últimos días. Son las cosas del camino incluso aquí, donde todo parece estar muy lejos de nuestro mundo cotidiano.

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El último tramo hasta La Portela se ha hecho duro porque el calor apretaba. Al final hemos llegado a tiempo de una buena ducha, lavar la ropa en lavadora y un menú abundante y rico. Estamos en una habitación para los cuatro con dos literas, todo muy limpio y bien cuidado. El trato es amable y cordial. La lavadora se ha atascado y han tenido que ponerla otra vez.
Tenemos toda la tarde para descansar ya que esto no da para más. Por lo menos tenemos wifi y por eso puedo escribir. Mañana nos espera Galicia con la subida a Cebreiro, otra de las etapas cumbres del camino. Tres orujos de hierbas preparan una tarde tranquila a cobijo del calor que hace fuera mientras vemos pasar por el camino peregrinos a pie y en bici que desafían la lógica y marchan bajo un calor de justicia.

La Moncloa de Cacabelos con mucho calor


Hoy volvemos a comenzar hablando de fútbol y del estupendo triunfo de ayer. Es curiosa la relación del camino y el fútbol que vamos generando y la suerte que trae ver partidos del Barça en el camino. Un trofeo más que disfruto haciendo un alto en el camino, y ya van muchos, lo siento por los amigos del Madrid pero van a tener que cambiar al perro de presa ese que han puesto al frente si quieren volver a tener el respeto que se merecen por su juego.
El partido de ayer lo vi en un ambiente menos amigable que el partido de ida porque estaba con un grupo de peregrinos todos del Madrid frente a mi. Desde el primer gol manifestaron su resquemor y los comentarios iban subiendo de tono a medida que el partido avanzaba. Entre el empanamiento generalizado de auténticos turigrinos filosofando sobre la esencia de la vida a través del prisma de de caminantes sin mochila que buscan turismo barato pero creen vivir una experiencia iniciática.
Los comentarios sobre sus proezas en el camino sobre etapas hechas corriendo, marchas nocturnas y borracheras en marcha iban acompañados por abundante cerveza, cecina y queso. Así fue pasando el partido y así fue llegando un nuevo triunfo de este gran Barça.
Durante la tarde había estado escribiendo en la terraza del albergue porque en la habitación hacía mucha calor. Antes de marcharnos a cenar estuve charlando con Alfredo que nos contó su viaje a Japón y algunos de sus proyectos sobre un museo de los caminos espirituales. Nos explicó que piensa caminar en Brasil y también le contó a las niñas la historia de la postal que le envió el futuro Papa Benedicto XVI.

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Para variar al llegar al albergue la puerta estaba ya cerrada a pesar de que nos habían dicho que estaría abierta hasta la una y faltaban algunos minutos. La incertidumbre sobre cómo entrar duró poco aunque ya estaba algo mosca cuando apareció el hospitalero y me abrió. Estuve escuchando un rato la radio en la cama antes de dormirme definitivamente sobre las dos.
Esta mañana nos hemos puesto en marcha a las seis y a las siete menos cuarto ya estábamos andando porque no nos hemos parado a desayunar.
El camino hasta Ponferrada es sencillo presentando una alternativa más corta por una acera junto a la carretera u otra más larga por Campo. Hemos elegido la corta y en una hora ya estábamos delante del castillo de Ponferrada.

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A esa hora aún estaba casi todo cerrado y nosotros no nos hemos detenido mucho porque ya conocíamos la ciudad, hemos llegado hasta la plaza del ayuntamiento y luego hemos buscado un bar en el que desayunar.
Es llamativo el cambio de Ponferrada en los últimos años: la primera vez que pasé por aquí se acumulaban toneladas de restos de carbón por toda la zona por donde sale el camino. Hoy está todo limpio y aquellos basureros se han convertido en parques agradables.

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El camino de salida pasa entre zonas residenciales con bonitas casas de campo alternas con cultivos. Llaman la atención las enormes calabazas que se ven en algunos huertos y también comenzamos a ver las coles cultivadas al estilo gallego. Estamos en el Bierzo y ya se nota la presencia de lo gallego en la comida, en el acento de la gente y en el paisaje.
A partir de Camponaraya el camino se hace por el campo entre vides que producen el cada vez más cotizado vino del Bierzo.
La entrada en Cacabelos se hace muy larga porque el núcleo urbano está bastante disperso en esa zona. Nada más llegar destaca la Moncloa de Prada a Tope. Este es uno de los lugares que más significación tiene para mí en el camino, siempre que he parado en Cacabelos he comido aquí y hemos venido varias veces más cuando hemos pasado con el coche, o cuando estuvimos de vacaciones en las Médulas hace algunos años. Antiguamente cuando llegabas te ofrecían en la tienda un vaso de vino y un trozo de empanada a todos los que parábamos a descansar en su precioso patio. Hoy ya no sigue esa tradición imagino que porque no ganarían para tantos litros de vino y tantas empanadas como necesitarían con los peregrinos de hoy, además alguno habría que pasaría varias veces con tal de comer gratis.
Nosotros hemos llegado al albergue municipal que está al final del pueblo. Es un albergue sencillo con pequeñas habitaciones con dos camas que dan cierta intimidad. Está bastante limpio aunque debería cuidar un poco el tema de las camas. No comprendo cómo no han adoptado la costumbre de los albergues gallegos de ofrecer sábanas de usar y tirar.
La comida ha sido ya muy gallega: caldo Berciano y pulpo. Después una siesta bajo el intenso calor de la tarde.

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Hemos ido a la playa fluvial a mojar los pies en el río mientras los muchachos del lugar se lanzan de manera temeraria desde el puente. Ahora estamos en una cafetería con aire acondicionado mientras sufrimos la retransmisión de la visita del Papa en la televisión pública. Como siempre en este país lo confesional invade la esfera de lo público y el ayuntamiento de Madrid sigue subvencionando con dinero público la visita, como el gobierno de España mientras la televisión pública que pagamos todos da publicidad a la visita y a la confesión católica con un cura en pantalla lanzando proclamas pro-vaticanas.

Subir hasta la cruz de Ferro y luego caer hasta Molinaseca


Ayer no pude escribir porque en Rabanal internet llega en burro. Aprovechamos el día para seguir recuperando, charlar con la gente y disfrutar de la estupenda acogida de Isabel en el albergue del Pilar. Este es uno de los albergues que más veces he visitado en todos mis caminos y cada vez que me marcho pienso en volver seguro la vez siguiente. Ha cambiado mucho desde que dormimos Emilio y yo hace casi 20 años y ahora ofrece muchos más servicios aunque el trato sigue siendo el mismo y la amabilidad de Isabel continúa a pesar de tanta gente como va y viene todos los días.
Salimos a las siete del albergue y paramos a desayunar en un bar a la salida, justo enfrente está el Silva. Se trata de un bar que Isa nos había dicho que buscáramos porque ella tiene una amiga que Tiene familia en Astorga y que le había que tenía un bar, la familia se llama Silva, así que se supone que este debía ser el sitio. Le dijimos que entrara a preguntar pero no se atrevió porque le daba vergüenza. Es curioso que Isa sea tan vergonzosa para algunas cosas y tan descarada para otras.
La etapa de ayer es una agradable subida con una suave pendiente, aunque muy constante, que nos lleva hasta pequeños pueblecitos de sierra que hace unos años estaban casi abandonados pero que hoy florecen gracias al camino. La primera vez que pasé por aquí recuerdo que un señor en Santa Catalina nos preparó un bocata y un café de puchero en su propia casa que hacía las veces de bar. Hoy en día encuentras restaurantes, albergues o bares que se promocionan a las entradas de los pueblos con carteles llamativos.
Otra de las cosas que llama la atención es la gran cantidad de gente que hay por todo el camino. Se desplazan en grandes grupos a voz en grito y paran en todos los pueblos por los que el camino pasa, en una mezcla de necesidad por la fatiga de quien no está acostumbrado a andar y con un deseo de búsqueda de lo auténtico y rural en bares que tengan todo tipo de servicios.

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La apariencia de todos estos lugares ha cambiado mucho desde aquellas casas abandonadas y en ruinas hasta los flamantes restaurantes y los Mercedes aparcados a las puertas de casas recién construidas.
En el Ganso paramos a hacer un descanso en uno de los dos bares que siguen estando juntos aunque no creo que demasiado bien avenidos.

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Así se afrontan las últimas rampas hasta Rabanal, algo más duras como preludio de la ascensión del día siguiente. También Rabanal ha cambiado mucho y ahora cuenta con mesones, albergues y casas rurales para elección de los peregrinos y demás turistas de todo tipo de posibilidades económicas.
En estos dos días hemos sufrido especialmente la impertinencia de los bicigrinos. Los bicigrinos se pueden clasificar también en las mismas variedades que el resto de peregrinos a pie salvo por la evidente diferencia de que van en bici. En general la convivencia es fácil y el respeto por el paso de unos y otros suele primar. De todos modos algunos son especialmente molestos. Para comenzar los hay que se empeñan en hacer el camino «de verdad», es decir, siguen el camino trazado para los que vamos a pie aún en aquellos lugares impracticables para ellos. En lugar de tomar la carretera que tienen a un par de metros, bien asfaltada, poco transitada y de fácil paso, se empeñan en ir por esa pequeña se dita pedregosa, de gran desnivel y por la que sólo cabe un peatón. Esto te hace tener que detenerte para ceder el paso tras recibir el sobresalto de un bocinazo o un grito de «bici». El final es que acabas alcanzándolos y pasándolos en la siguiente cuesta que ya no han podido hacer sobre la bici o porque han pinchado dado lo irregular del terreno. Yo entiendo que las bicis compartan camino por aquellos tramos en los que la alternativa es una carretera peligrosa y de mucho tráfico, o en aquellos lugares en los que el camino es suficientemente ancho para pasar sin problemas pero me resulta muy molesto ese ciclista que cree que por llevar un cascabel tiene derecho a que todos nos abramos para dejarle pasar porque se considera más peregrino en tierra que en asfalto, para eso que se hubiera dejado la bici en casa y se hubiera venido a pie porque total acaba haciendo más quilómetros bajado de la bici que encima.

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Al llegar nos instalamos en una habitación con dos camas de matrimonio, algo alejados del mogollón de turigrinos que iban llegando a todas horas y nos fuimos a comer a la posada de Gaspar. En los últimos años hemos comido allí muy bien aunque ayer nos pareció demasiado básico y poco cuidado el me ú de un restaurante con tan buena pinta y con tantas posibilidades. Para poner un simple salmón a la plancha uno puede poner congelado reseco o preocuparse por tener un buen trozo como ración.
La tarde la hemos pasado charlando en la terraza con algunos de los peregrinos con los que vamos contactando. Estando sentado he visto a alguien cuya cara me sonaba bastantes, se trataba del que estaba comprando una capa en León cuando mirábamos las sandalias de Isa. Mar me dijo que le aconsejara que no se comprara la capa Ferrino con mangas porque no transpira y acabas más mojado por dentro que por fuera. Estuvimos charlando un ratito sobre capas, chubasqueros y goretex y nos comentó que empezaba el camino en Astorga. Al verme me reconoció y comenzamos a charlar con ellos sobre las etapas y esas cosas de las que hablamos los peregrinos en los albergues. Son Luis y Amaya, gente amable con los que desde ese momento hemos ido coincidiendo.
Después de algún que otro orujo nos pusimos a cenar algo en el mismo albergue, acompañado de una dosis suficiente de vino del terreno, suficiente para que yo llegara a la cama con sueño rápido y casi tan profundo como el de Mar hija (ella no ha cambiado en eso y sigue en su proceso de dormirse antes de terminar de poner la cabeza en la almohada.
A las 5:45 nos hemos levantado para ir a desayunar y salir a afrontar la dura subida a la cruz de Ferro. Isabel nos ha puesto una tostadas enormes de las que hemos dado cuenta rápido. Luego foto y despedida hasta la próxima vez.

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A las siete en marcha justo con las primeras luces. Las duras rampas de ascensión las hemos ido tomando suavemente disfrutando de la mañana y del paisaje. Además hemos encontrado poca gente subiendo y nos ha permitido hacer una ascensión tranquila a muy buen ritmo.

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Al llegar a Foncebadón seguimos comprobando las mejoras económicas que representa el camino. Hoy es un centro en el que paran peregrinos como final de etapa o para tomar algo. Varios albergues y mesones dan vida a aquel lugar que no hace mucho era un simple conjunto de casas abandonadas.

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Desde aquí ya es un simple paseo hasta llegar a la cruz de Ferro donde hacer las fotos de rigor delante del montón de piedras que se supone que los peregrinos han ido transportando desde Ibañeta.

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Sigue el camino por la parte alta durante algunos quilómetros sin atreverse a descender lo que al final hará sin piedad y llega hasta el albergue de Manjarín regentado por el templario caballero Tomás. Otro de los personajes del camino que lleva su particular refugio desde hace muchos años acogiendo a los rezagados o los que buscan una experiencia diferente para pasar una noche en un lugar muy especial en lo alto del mundo.

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A partir de aquí el camino comienza la parte más dura de bajadas en uno de los tramos más peligrosos de todo el camino. Hay que tener mucha precaución para evitar tropezones y caídas dada la tremenda pendiente de algunos tramos y el terreno pedregoso y de difícil caminar. En esta parte sí hemos empezado a encontrar cada vez más peregrinos a los que íbamos adelantando con caras cada vez más fatigadas por la acumulación de quilómetros y el calor sofocante.
Cuando llegas al Acebo parece que te vas a caer sobre el pueblo que sólo ves cuando estás muy encima. La llegada es espectacular y el pueblo una belleza que representa la entrada oficial al Bierzo.

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En el mesón del Acebo hemos parado a tomar algo y reponer fuerzas, allí hemos coincidido con Luis y Amaya. Hay otros muchos bares ahora pero yo prefiero el de siempre, allí dormimos Joseba y yo con los catalanes el año que nos comimos en cocido maragato en Castrillo.
Hasta Riego el camino va por la carretera en suave descenso. Unos chicos vendían piedras y caracolas además de limonada como preparación de futuros comerciantes del camino.
Desde aquí hasta el final queda lo peor: constantes bajadas pedregosas y muy duras por valles cerrados que no dejan pasar el aire y hacen sofocante el calor. Cada vez más cansados y doloridos de músculos y pies además de tener que prestar atención para no resbalar y caer.
Varios castaños secos son la única nota de belleza que nos recuerda que ese sufrimiento se verá recompensado por la frondosidad de interminables bosques a partir de mañana.

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Adelantando peregrinos, unos nos han pasado corriendo y Mar ha comentado que se trata de uno de los concursantes de gran hermano. Cuando por fin ves Molinaseca al fondo ya casi no percibes un par de descensos durísimos que te llevan hasta el mismo puente romano.

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Al llegar al albergue, a la salida del pueblo están los dos, Alfredo estaba allí y lo he saludado, por supuesto no me recordaba pero yo sí le he dicho que hace ya algunos años pasamos una velada estupenda charlando en el albergue público, este aún no estaba.
Al tener reserva hecha nos han subido a una habitación con ocho camas y también se han allí Luis y Amaya, que han llegado poco después de nosotros.
Ducha rápida y vistazo a los pies de Mar madre que no va tan mal como preveíamos, aunque ha llegado muerta. Luego nos hemos ido al Mesón Palacios donde hemos dado cuenta de nuestra primera ración de pulpo con cachemos y pimientos de padrón.
Hemos mojado los pies en el helado río en la playa fluvial y luego hemos vuelto a dormir un rato pero el calor en la habitación no nos ha dejado descansar.
Yo he bajado a escribir y Alfredo me ha estado contando que estuvo haciendo el camino espiritual en Japón y que ahora piensa ir a Brasil, su idea es hacer un museo de las peregrinaciones espirituales por todo el mundo aquí en Molinaseca. Así son las gentes del camino.
Resumen etapas: 21 a Rabanal 20,0 km en 4 horas y 6 minutos a 4,9km/h.
Etapa 22 a Molinaseca, 25,8km en 5 horas y 50 minutos a 4,4km/h.