Una de cal,otra de arena


Un día completo a la altura de peregrinos VIP es lo que disfrutamos ayer en Águeda. Lo cierto es que el pueblo no tenía mucho más que la iglesia, los paraguas de la calle y el paseo junto al río del mismo nombre.
Después de las cervezas para animar la escritura en el mismo bar en el que habíamos comido y del que sólo recordaré esos pollos cojos que nos ofrecieron, nos fuimos a buscar una alternativa gastronómica algo más adecuada a nuestra residencia, es decir, un lugar donde comer algo decente. Ya a medio día habíamos echado el ojo a una churrasquería con buen olor a frango que nos defraudó nada más llegar porque era sólo uno de los lugares que en Portugal ofrecen pollo a la brasa similar a lo de los pollos para llevar en España pero sin salsa apestosa. De aroma muy bien pero sólo pollo y de eso ya habíamos tenido bastante al mediodía.
De pasada habíamos visto un sitio con buena pinta y tras un debate en la puerta nos lanzamos a la aventura. La verdad es que dimos plenamente en el blanco y disfrutamos de una de las mejores comidas de todo el camino. Yo me decidí por unas tetinhas de vaca tras confirmar que no eran nada similar a lo que parecía y Joseba se decidió por un secreto de porco. Un vino del terreno aconsejado por el camarero acompañó nuestros platos y una discusión política sobre la reforma de la ley electoral a muy buen nivel y animación creciente a medida que la segunda jarra de vino se evaporaba sin saber muy bien cómo. Una especie de crema catalana quemada y todo dio el broche al que nosotros añadimos un cubata en la terraza del hotel.
Resulta que había leído que el hotel tenía una terraza preciosa pero en el ascensor decía que abría a partir de las 9. Nos subimos arriba y nos pedimos dos ron con cola. Sólo el raterío del camarero enturbió algo la velada ya que nos ofreció una mísera lata de cola para los dos cubatas y eso por casi 9 euros.
Reparador sueño previa lectura de casi el final de Juego de Tronos mientras mi compañero de habitación, y casi de cama, me entonaba su cantinela roncadora y esta mañana a las 7 puesta en marcha ya que hoy la etapita era de 16 km y teníamos el desayuno,concertado a las 7:30. Al llegar hemos visto que había dos parejas con toda la apariencia de peregrinos y que luego se ha confirmado ya que nos han pasado durante la etapa en bicicleta. De allí al camino en una etapa bonita entre eucaliptos, casi todo asfalto salvo un precioso tramo poco antes de llegar al final de tierra que ha servido para que tenga que lavar el pantalón del polvo del camino. La única dificultad ha consistido en una cuestas bastante duras que hay nada más salir de Águeda y que sirven para dejar el valle del río pero que no esperábamos porque no estaban indicadas en el perfil de la etapa.
Hemos hecho una parada técnica en Serem, a unos 5km del final en una pastelería que ha servido para que yo de cuenta de un pastelillo de crema delicioso, caliente y recién hecho. Joseba, para variar, se ha tomado una cerveza para mantener su nivel etílico u contrarrestar la impotencia sexual que le produce la medicación.
Y así hemos llegado a Albergaria a Velha en el que todo se reduce a casas desperdigadas en torno a una plaza que parece ser el lugar en el que está todo. Al cruzar las vías abandonadas del tren se encuentra Casa Alameda, lugar descrito en la guía como «un sitio curioso (y un tanto caduco) que es a la vez ferretería, casa de comidas y posada». Con esas perspectivas ya hemos sospechado que hoy el día nos ofrecía el contrapunto perfecto al lujo peregrino de ayer. Desde la puerta del lugar hemos comprobado que el lugar no iba a defraudar nuestras expectativas. Una puerta de cristal esconde la entrada a un lugar de aspecto descuidado atendido por un señor descuidado entre unas escaleras descuidadas que son la alternativa a entrar a unas cocinas industriales a las que impide el paso una caja de madera, también descuidada. He de reconocer que todo parece bastante limpio y que los 25 euros de la habitación doble sin baño son un precio justo una cama cómoda y limpia, una tele pequeña y…, nada más. Parece ser que un grupo de peregrinos hacia Fátima tiene reservadas todas las habitaciones y sólo nos queda esta sin baño. Quizás la parte más cutre sea el baño común con una ducha a la que es peligroso cerrar su triple puerta ya que está desencajada y en cualquier momento te puede aplastar bajo su peso y el de la roña acumulada durante décadas (e incluso siglos si por entonces la gente se hubiera duchado).
Salvado el momento ducha hemos usado el lavabo común para lavar la ropa. El grifo estaba a punto de cobrar vida propia y el tapón automático de cierre dejó de tener esa virtud hace demasiado tiempo y ahora sólo puede ser abierto por manos con uñas fuertes y ágiles como las de mi compañero de fatigas (yo intenté durante un buen rato abrirlo sin éxito y ante el peligro de inundarlo todo.
Hemos intentado llegar hasta el lugar indicado para tender la ropa pero ha sido imposible ya que los accesos a todos los,lugares se encuentra cerrados al paso por cajas desvencijadas, al final una señora nos ha pedido la ropa y se la ha llevado ella para tenderla.
El resto del tiempo lo hemos consumido en el bar-comedor-ferretería-bodega-medioCorteInglés en el que hemos apurado dos cervezas y después un arroz a polvo en el que no ha habido nada de sexo. Alucinados por el local y por los lugareños que daban cuenta de todo tipo de maravillas gastronómicas tamaño maxi hemos dado cuenta de una buena jarra de vino sacada directamente de los toneles que nos rodeaban mientras yo no dejaba de mirar la calidad de las conexiones eléctricas del lugar.

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Una mouse de chocolate, un café con hielo y dos bagazos han puesto el fin a semejante festín por 22 euros.
Siesta en la habitación escuchando el partido de baloncesto en el que hemos ganado a los franceses (aunque hemos perdido en balonmano con ellos) y salida a recorrer la plaza y escribir.
Nada más llegar nos hemos puesto a analizar la etapa de mañana para alargar los 27km que están programados y así recortar un poco a la llegada a Oporto. Hemos conseguido una habitación en un lugar en medio de la nada 7 km más allá lo que nos deja 34 mañana y 26 pasado. Estando en esas me he quedado sin conexión así que he tenido que buscar un vodafone que había visto en la plaza y en el que me han orientado sobre cómo recargar la tarjeta del iPad en la papelerías ya que la simpática chica que me ha atendido sólo me ofrecía una tarjeta de 20 euros por 40 horas pero no por descargas. El problema ha sido que en la papelería no han sido capaces de hacerme la recarga y he tenido que volver a la tienda vodafone previo altercado con perro tipo Pepito que casi me deja sin piernas dada su fiereza. Al final por 15 euros y una sonrisa he conseguido una nueva tarjeta para el iPad con la que vuelco a tener un giga de descargas.
Cena en el restaurante-ferretería… aceptable, sin más y paseo nocturno hasta la plaza del pueblo.
Resumen de la etapa: 16,65 km en 3:00 horas a una media de 5,5 km/h casi sin darnos cuenta.

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Entre canacas, garrafas y mucho sol


Tras escribir ayer la entrada el resto del tiempo lo pasamos haciendo una visita turística a Azambuja (10 minutos, no tiene más) y una terraza en la que reconfortar nuestros sedientos gaznates con el dorado elemento. como casi nadie nos lee tengo que hacer una confesión: creo que Joseba ha vuelto a beber. Lo llevo sospechando desde que nos tomamos el bagazo ese que no me creo que sea agua.
Preparamos la etapa de hoy y reservamos la habitación en Santarem. Después nos dispusimos a buscar algún restaurante en el que tomar algo de cena después de descartar comernos un pollo a las brasas que olía bastante bien y que lo preparaban para llevar por no disponer de cubiertos y tener que acudir a las manos o a robarlos a la señora del residencial, cosa que descartamos ante el aspecto fiero de dicha dama.
Tras mil vueltas entre la nada, risas, confidencias y bromas acabamos en el bar de debajo de la habitación aconsejados insistentemente por la señora del residencial cuando fuimos a recoger la ropa del tendedero. No he comentado que Joseba tuvo que hacer verdaderos equilibrios colgando medio cuerpo de la ventana para tender la ropa en una cuerdas que daban a la calle y a una altura de tres o cuatro pisos, menos mal que para recogerla se había jugado la vida la señora.
A pesar del consejo la cena fue bastante floja: carne tipo suela de alpargata para mí y visita al capitán Pescanova para Joseba.
Sin mayor entretenimiento y tras otra agüita portuguesa sin alcohol que se pidió Joseba de esas que tanto le gustan nos subimos a la habitación él directo a dormir sin pasar por la casilla salida y yo a leer un par de capítulos de juego de tronos, que tengo que terminar los dos primeros tomos antes de llegar.
La mañana ha amanecido a las 6 y a las 6:20 tomábamos un café en el bar frente a la estación, bar por llamarlo de alguna manera.
Así hemos iniciado el camino del día: 33 quilómetros por pistas de tierra junto al Tajo entre plantaciones de tomates hasta donde la vista se perdía. De ver en cuando algunas vides, maíz y poco más. Parte del camino corre sobre el dique del Tajo que protege de inundaciones. El camino es casi completo de tierra y hoy por fin hemos visto poco asfalto. Mucho calor ya que no se movía ni una brisa y menos mal que nos hemos puesto las pilas desde el principio para llegar antes de que el calor definitivamente nos derritiera por esos caminos de Satanás.
Para colmo hoy sólo teníamos la aldea de Valada a unos 12 km de salida. Poco más de un Bareto en el que tomar un café con leche. El lugar era de los de notearrimesaningúnsituionosetevayaapegaralgo en versión marrana. En la terraza una pareja discutía apasionadamente despreciando nuestra presencia. Mientras Joseba se arreglaba las zapatillas yo me he recorrido el pueblo en busca de un súper para coger agua fresca porque en el bar no había. Tras patear todo he encontrado algo parecido y una «amable» señorita me ha hecho volver a salir a la calle para entrar por la puerta del bar anexo en el que reparten agua porque deben tener prohibido mezclar ventas entre bebidas y pimientos.
El resto de la etapa eran 19 km sin nada de nada: polvo (y no del que se come), tomates y mucho calor.
Para colmo Joseba se ha sentido algo molesto en un pie y ha tomado un antiinflamatorio que le he ofrecido para pasar sopado el resto de la etapa (tranqui, Mar, que le he obligado a tomar también el protector estomacal).
Hasta la cuesta final de subida a Santarem nada nuevo, discusión política sobre tema vasco, algo de la prima esa que nos tiene bien puteados y:
Hotel Vitoria en el que tras fichar en recepción a ritmo de Caracol (la señora no fotocopia los DNI, se los aprende) mientras su orondo esposo, imagino, la miraba con cara de todo, menos de deseo, hemos tomado ducha, cada uno la suya, y nos hemos ido a la otra punta del pueblo a buscar algo que comer.
Al menos hemos tenido suerte relativa y yo me he comido una gallina estofada, bueno un trozo, tras una sopa a camponesa y Joseba un plato con patatas, arroz, huevo y ternera bajo el título de bifana.
Luego regreso al hotel porque tenemos wifi y tras lavar ropa he dado cuenta de toda la tecnología actualizando AppStore, jugando a apalabrados, hablando con viber con la familia, contestando a twitter y todo lo demás mientras Joseba me miraba con cara de asombro.
Hemos ido a dar una vuelta hasta las puertas del sol y luego nos hemos sentado a tomar una par de cervezas en una terraza para que yo escribiera la entrada.
Aquí ha sido donde Joseba me ha demostrado que ha vuelto a beber dando una lección sobre la diferencia en canaca y garrafa: la canaca es una cerveza marca imperial de barril de medio litro mientras que la garrafa es Súper bock de sólo 300, se ha marcado dos y media del tipo garrafa porque de la otra no había. El resto del tiempo se lo ha pasado comentando la pelea de una pareja que está en la mesa vecina entre peleas y recocimientos de amor. Voy a cortar ya esto para intentar encontrar algo para cenar, mala pinta tiene la cosa pero, al menos nos tenemos el uno al otro y ya se sabe, el roce hace el camino y el cariño nos alimenta. Por cierto hasta ahora,no había dicho eso de que los árboles no nos dejan ver el bosque.
Hasta ahora el balance de peregrinos que hemos visto es Joseba y Juanmacapa. En 90 km ni uno.
Resumen de la etapa: 32,94 a 5,5 km/h en 6:31 horas.

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El final del camino


Escribo esta última entrada desde casa una vez hemos completado nuestro camino. No he tenido mucho tiempo en estos días con el regreso y la preparación de la vuelta a la vida normal. Ahora hago un hueco para contar las últimas horas de nuestra aventura.
Dejamos la metan en Arzúa una. Vez instalados en la habitación del Don Quijote y después de que Mar madre tuviera que llamar la atención a los vecinos de la habitación contigua. Eran los mismos que cenaban al lado nuestro en Portomarín y que echaban todo el humo sobre Isa y sobre mí sin una pizca de educación. Hubiéramos entendido su actitud en jóvenes des ere raros de esos que tanto abundan, también en el camino, pero lo grave es que se trataba de tipos de más de 40 años.
Nosotros habíamos comido en la pulpería que nos aconsejó Albert desde Lorca y disfrutamos de una estupenda mesa y sobremesa. Por la noche visita al restaurante de siempre para degustar un maldito gallego y una merluza a la gallega con algo de pulpo, para variar. La cena estuvo amenizada por un grupo de inglesas desenfrenadas y borrachas que ya estaban así cuando llegamos y a las que los camareros no tenían forma de echar. Después de montar un buen espectáculo tipo despedida de soltera sin instrumentos en la cabeza a modo de diadema, se marcharon para que pudiéramos terminar tranquilos.
Así nos fuimos a dormir a la espera de una etapa larga y dura hasta Monte do Gozo. Pero nada más comenzar Isa y yo hablamos de la posibilidad de seguir hasta Santiago en lugar de parar allí. En realidad se trataba de hacer 4km más pero el problema es que nos montábamos en los 40. Aún así pensamos que era la última y que eso nos permitía ganar unas horas. Lo planteamos al resto del comando y, salvadas las reticencias iniciales quedamos que sólo nos lo plantearíamos una vez llegados a Monte do Gozo y siempre que tuviéramos garantizado sitio en La Salle.
La etapa fue muy bien aunque dura. Constantes subidas y bajadas siempre rodeados de todo tipo de peregrinos y demás fauna. Hicimos paradas técnicas casa 10 ó 12 km llegando a Monte do Gozo a las tres y… Lloviendo. Efectivamente se confirmaba que no nos íbamos a librar de la lluvia y todo pronosticaba una llegada a Santiago bajo el líquido elemento.
Tras comer y descansar un rato todos estábamos ya convencidos de hacer los últimos km y sin grandes dificultades llegamos a la plaza del Obradoiro bajo una lluvia no muy fuerte pero constante.
El resto fue lo de siempre: Compostela, visita a la catedral con mochila, llegada al hotel para ducha rápida, vuelta por Santiago, cena en el callejón de entre ruas, copa en el casino y a la cama.
La mañana siguiente la dedicamos a hacer las compras y encargar las cosas que nos íbamos a llevar a nuestra carnicero del mercado, José. Cada vez que vamos allí nos traemos un cargamento de carne de ternera y algunas esquisiteces del terreno y esta vez incluyen los pimientos.
La tarde anterior encontramos casualmente a Feli y Paco, dos peregrinos con los que había yo hecho parte del camino del norte hace tres años. Estuvimos con ellos y coincidimos también en O Fornos cuando fuimos a comernos nuestro tradicional arroz con marisco de cada final de camino. Un par de orujos más tarde y quedamos para cenar juntos.
A la mañana siguiente fuimos a recoger las cosas que habíamos encargado y el resto fue camino hasta casa: más de 10 horas de coche sin novedad.
Ahora toca seguir con el otro blog, dejo reposando este hasta otra nueva aventura, seguramente el camino portugués el verano próximo con Joseba.
Gracias a todos por seguir nuestras andanzas y espero no haber aburrido mucho al personal.
HASTA PRONTO!

Pulpo entre mochilas


Galicia representa un contraste enorme entre lo mejor y lo peor del camino. Cientos de personas deambulando sin mucha idea sobre lo que hacen dificultan la pausa y el sosiego del caminante pero los paisajes, los lugares, los colores y los matices envuelven el recorrido hasta la magia. Es verdad que resulta difícil abstraerse entre tanto idiota pero también es cierto que cuando lo consigues el camino vuelve a cobrar todo su sentido.
Estos días van pasando rodeados de gente por todas partes. Los restaurantes están llenos, los caminos están llenos, los servicios están llenos… La tarde en Portomarín transcurrió rodeada de las charlas de unos y otros mientras nosotros dábamos una vuelta recordando anécdotas de otros caminos. Le contaba a las niñas mi pelea con el camarero de la pousada, cuando quiso burlarse de mí sólo porque tenía aspecto de peregrino en «lugar tan selecto». Les recordaba mi primer camino andando, cuando abandoné aquí, cuando llegué con Joseba, cuando pasamos el día junto a Maxi, Estíbaliz y los aragoneses (con bronca incluida), les recordaba el paso de Mar y mío hace seis años (con bronca incluida).
El camarero del mesón dijo que se acordaba de mí y me invitó a un orujo después de comer y otro después de cenar. Aproveché para escribir hasta que llegaron las chicas. A nuestro lado se sentaron cuatro idiotas que no paraban de gritar sus aventuras echando el humo de sus cigarros sobre nuestra mesa. Montaron el típico numerito de «yo entiendo de vino» pidiendo un Godello al que dieron respuesta con el típico, «aquí lo que tenemos es vino del terreno para menú peregrino».
La noche estaba fresquita y Portomarín brillaba.

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Salimos tempranito para desayunar antes de afrontar la enorme subida que hay desde Portomarín. En ese tramo se acumulaban una cantidad enorme de peregrinos intentando alcanzar el final de la interminable subida. Sigue el catálogo de peregrinos de lo más diverso en estos días. Os vuelvo a poner algunas fotos tomadas entre los que más me han llamado la atención.

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Este iba con una bicicleta de los años setenta, mochila a la espalda y sólo se montaba en las cuestas abajo. El resto del tiempo arrastraba la bici en una especie de viaje absurdo a ninguna parte.

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Perro peregrino con equipaje incluido.

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Para llevar el agua lo mejor es una zapatilla.

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Verdaderamente cómodo para hacer el camino ¿No?

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Reutilizando chubasquero del viaje a Disney Paris.

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Mochila de regalo de Ron Cacique e indumentaria de calle con impermeable de muchos quilos de peso (suciedad incluida).
Los ejemplos son muchos aunque lo que abunda son grupos de turistas que dejan sus mochilas para transporte de taxi mientras ellos hacen de peregrinos por un rato entre bar y bar.
La subida desde Portomarín ya dejó muchos tirados al borde del camino a los que poco a poco íbamos adelantando. Entre niebla y amenazas de lluvia fuimos haciendo camino hasta nuestro objetivo de Palas de Reí.

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Palas es un pueblo grande pero no tiene mucho. En estos años han montado varios restaurantes y muchos albergues que acogen los cientos de peregrinos que pernoctan cada noche allí. Fuimos a comer a un restaurante que hay por encima del albergue municipal del centro del pueblo. El camarero nos dijo que no había sitio pero que una mesa ya había pedido el postre y acabaría pronto. Después de tras vasos de vino y tres cuartos de hora de espera dos mesas diferentes terminaron de comer antes de que los capullos que esperábamos terminaran de arreglar el mundo. A pesar de que para entonces unas quince personas esperaban para comer ellos seguían tranquilamente charlando sin levantarse hasta que el camarero tuvo que llamarles la atención (viva el espíritu peregrino). Mientras tanto el señor de detrás de la barra nos contó diversas aventuras con peregrinos y amenizó nuestra espera.
Siesta, paseo de tarde, compras en farmacia y cena en el mesón, dos raciones de pimientos, pulpo y buen vino, que para eso estamos en Galicia.

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En el paseo encontramos a un sevillano muy majo con el que habíamos coincidido un par de dìas antes. Sigue el camino a pesar de las ampollas y nos felicitó por poder hacer el camino en familia. La verdad es que es un privilegio el tener la oportunidad de hacer el camino así, los cuatro juntos y encima sin pelearnos demasiado (contribuye el que Mar hija se duerme siempre antes de caer sobre la almohada y no escucha las bromas de su hermana)
Hoy el camino ha sido más de lo mismo. Entre bosques de robles, algunos eucaliptos (cada vez más, por desgracia) y demás variedades que dan color al paisaje. El objetivo era llegar prontito a Mellide para almorzar pulpo en Ezequiel. Es verdad que ya no es la mejor pulpería de Galicia ni mucho menos, de hecho hoy el pulpo estaba duro y mal cortado. Pero es una tradición hacer el camino y parar allí a almorzar. Ya no están los antiguos bancos de madera ni el suelo es de tierra pero cientos de peregrinos se detienen a diario allí aunque ya no se corta el pulpo como antes.
Poco antes de Mellide está leboreiro y su preciosa iglesia.

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Esta parte de la etapa es uno de los trozos más hermosos del camino y merece la pena recorerlos tranquilo, si la fauna peregrina nos lo permite.

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En el albergue de Mellide montones de mochilas se acumulaban a la puerta del albergue, se trata de mochilas con vida propia que llegan a los lugares antes que sus dueños y hacen cola por ellos mientras los peregrinos hacen el camino sin dolor de espalda. Son los milagros del camino.

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El resto de la etapa hasta Arzúa se ha hecho muy pesado por el calor, el paso de los quilómetros y las constantes subidas y bajadas. Desde Ribadiso hasta arriba parece que no acaba nunca.

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Hemos comido en la pulpería que nos recomendó Albert (más pulpo claro, que para eso estamos en Galicia) muy bien. Luego hemos vuelto a dormir la siesta que nos ha interrumpido el follón que han montado los vecinos, se trata de los idiotas que el otro día nos tiraban el humo mientras cenábamos en Portomarín. Mar madre ha tenido que salir a poner los puntos sobre las íes y por poco si no se da cuenta y sale sin ponerse el pantalón: ella es así de impulsiva…
Yo me he bajado a escribir y he vuelto a coincidir con el grupo de los amigos del de gran hermano este que hemos visto durante todos estos días a partir de Molinaseca. También estaba el sevillano y nos hemos saludado. Esta noche toca cena en le mesón de siempre (caldo, pulpo, pimientos y albariño, que para eso estamos en Galicia).
Y ya estamos en La Coruña. Con todas sus letras y le pese al gili que le pese.
Resumen de etapas: 28 desde Portomarín: 25,1 en 5 horas 16 minutos a 4,8km/h.
Etapa 29, 28,5km en 6 horas a 4,7km/h. En Arzúa.

Entrada en Galicia por el Cebreiro


El quedarnos en La Portela de Valcarce tenía la intención de hacer la subida al Cebreiro a primera hora, en lugar de hacerlo al final de la etapa con todo el calor. Eso y también evitar las aglomeraciones de peregrinos todo lo que podamos. La tarde pasó tranquila y después de cenar algo nos fuimos a la cama temprano noria íbamos a madrugar.
Como el bar iba a estar cerrado y no esperábamos encontrar nada abierto compramos unos batidos y unos donuts para tomar algo antes de salir. A las seis y media nos pusimos en marcha siendo aún de noche. Nuestra costumbre es no caminar de noche pero hicimos una excepción por adelantar algo la subida y al ser todo carretera fácil de seguir hasta Herrerías.
A buen ritmo fuimos haciendo quilómetros hasta acometer las duras rampas que llevan hasta la Faba, allí encontramos ya a michos peregrinos descansando del primer ataque pero nosotros seguimos porque desde allí hasta Cebreiro aún queda mucha subida y bastante dura.
Isa se ha ido recuperando muy bien de sus problemas en los pies y ya no lleva ninguna protección, Mar madre también ha mejorado mucho aunque desde hace tres días tiene una inflamación en el tobillo que cada vez se hace mayor y que le molesta bastante. Les siguen saliendo alguna que otra ampolla a las tres pero desde que compré las agujas nuevas en Carrión guardo la más grande, a la que he llamado «la tizona», para alguna ampolla de Isa que lo merezca por su tamaño sin poderla usar hasta día de hoy.
Isa y Mar madre van siempre en el furgón de cola, a su ritmo, mientras Mar y yo solemos acabar antes y las esperamos un poquito. La subida la hicimos a buen ritmo y con la suerte de que el sol no pegaba fuerte ya que esa parte más alta hasta Cebreiro está muy abierta y no tiene árboles para hacer sombra. La gente que hace este tramo a partir del mediodía suele pasarlo bastante mal, sobre todo en los días de mucho calor.
Poco después de la Laguna encontramos el primer mojón que nos indica el quilometraje porque entramos en Galicia.

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Y poco más adelante le tramos en Cebreiro por el aparcamiento que hay en la zona alta junto al cruceiro. Allí nos hemos hecho siempre fotos en todos los caminos. Cruzando el parque bajas hasta la iglesia y la zona de los mesones, tiendas y las cuatro pallozas que hay. La primera vez que llegué aquí sólo estaba el mesón junto a la iglesia y otro algo más abajo. El caldo gallego que ponían en el mesón era excelente y además te dejaban allí la olla para que te sirvieras todo lo que quisieras. Además de la empanada es típico comer el queso de allí. Se trata de un queso muy fresco que se suele com con miel, pero yo prefiero tomarlo con vino. Fue monumental el almuerzo con los catalanes y Joseba el mesón de abajo a base de vino del terreno, queso y demás. También cuando pasé con Mar hicimos otro homenaje que no faltó ayer con las niñas.

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Para completar la estancia encontré en la tienda un pañuelo de los que usamos para el camino, los de las conchas. El mío lo había perdido hacía unos días y fue una gran alegría poder encontrar uno de repuesto ya que desde que cambié de mochila en Burgos Mar no «ha tenido tiempo» de coserme la concha de Santiago.
Sin detenemos mucho tomamos la carretera para ir pasando por los dos puertos que aún nos quedaban. La subida a San Roque se hace fácil pero después de Hospital se abandona nuevamente la carretera y se llega hasta una parte final con una rampa purísima hasta El poio.

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Una cerveza de recuperación con una bolsa de patatas sirvió para lanzarnos a la bajada hasta Fonfría, nuestro objetivo final de etapa. Este albergue nos lo había recomendado M Antonia cuando hicimos el camino anterior y aún recordábamos la pallozas restaurante en la que tomamos uno de los mejores caldos de toda Galicia.
El albergue sigue siendo muy bonito, está limpio y las habitaciones tienen muy buen precio, pero han cerrado el restaurante y no dan comidas al mediodía. Preparan un menú peregrino a las siete de la tarde y al mediodía te tienes que conformar con un bocadillo.
Di un paseo hasta el final de la aldea de unos cinco minutos para ver la iglesia y las dos o tres vacas que estaban por los prados,un muchacho estaba en un Prado cazando algo que no conseguí saber lo que era y que metía en una botella de cerveza vacía, debían ser saltamontes, grillos o ranas porque saltaban.

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Una pena la cena que fue muy flojita, aunque bien de precio. Después estuvimos charlando con un chico sevillano al que le han picado chinches ya dos veces en el camino y está hasta los h… Y otro madrileño que le robaron dinero. Son muy simpáticos y hemos pasado un buen rato comentando anécdotas del camino. Luego se nos ha unido un señor mayor bastante extraño que hablaba de todo, sabía de todo y daba lecciones de todo. No paraba de hablar por teléfono con sus muchos hijos, esposa y amigos entre afirmaciones del tipo «el camino no pasaba por esos lugares por los que nos han hecho pasar porque no caben los carros y los peregrinos de entonces eran todos ricos y necesitaban caminos anchos para pasar con los carruajes», ahí queda eso.
Una exhuberante cubana de senos visibles entre los que sitúa un teléfono móvil que deja sonar más de la cuenta cada vez que se le pone en marcha con el vibrador, era la encargada de atender al bar y cobrar los precios. El primer orujo de hierbas me ha cobrado 1,5 y el segundo 2.
Se me olvidaba contar que al llegar al mediodía una pareja de peregrinos franceses habían montado un infiernillo para cocer pasta de fideuá y preparar una especie de salsa indescriptible que comieron con deleite mientras nosotros dábamos cuenta de los bocadillos. El tipo lleva una mochila con unos 20 quilos y lleva el infiernillo, platos, cacerola, cubiertos y hasta una guitarra.
Esta mañana hemos recuperado el horario normal para desayunar cuando ya habían salido casi todos. Café y tostadas para afrontar los 9km de bajada a Triacastela. Cómoda y agradable con sólo una pequeña iglesia muy bonita en medio del camino.

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Llegando a Triacastela nos ha comenzado a llover y hemos tenido que sacar el cubremochilas y los chubasqueros aunque ha parado enseguida.
Precioso el camino de llegada entre bosques de castaños enormes y robles.

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Hemos parado a tomar un café en Triacastela y mientras tanto ha caído un chaparrón enorme que no nos ha pillado por minutos. Hemos esperado a que acabar y hemos continuado camino. Al salir de Triacastela se pueden tomar dos alternativas, se puede ir por Samos o por San Xil. Nosotros hemos escogido la segunda porque es cinco quilómetros más corta.

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El camino de Samos va paralelo a la carretera por valle muy bonito pero no tiene mayor atractivo que el de ver el impresionante monasterio. La otra vez lo hicimos con Mar pero no nos detuvimos a visitaron porque se pierde mucho tiempo. Yo lo vi el año del camino en bici con Emilio y no merece mucho la pena salvo por la visita que nos hizo un monje que debía haber tenido voto de silencio ya que no paraba de hablar.
El caminopor San Xil pasa por un valle poco habitado, silencioso y muy bello. Comienza subiendo todo el rato sin grandes desniveles pero que acaba agotando. Hemos encontrado una pobre italiana en bici que ha hecho casi toda la subida a pie porque el camino no es apto para la bici por la pendiente y por las piedras sueltas en muchos tramos. Después de un par de aldeas se llega a Furela donde hay un pequeño bar en el que hemos encontrado a unos italianos que estaban anoche en Fonfría. Nos han contado que les han robado el dinero. También estaba el chico de Madrid que ha confirmado que también han robado a los irlandeses que eran sus amigos. Mal recuerdo llevamos de Fonfría.
Al pasar por Calvor hemos visto el albergue en el que me alojé en mi primer camino a pie, sigue sin tener nada de nada salvo un bar unos cientos de metros más abajo. Allí hemos encontrado al sevillano

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A la entrada de Sarria he encontrado un bonito carro que me ha recordado al valenciano, aunque este no es de los que transportaban ricos hacia Santiago.

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Hemos pasado por la farmacia para que Mar comprara unos antiinflamatorios para lo de su tobillo y corriendo al albergue porque eran ya más de las dos. Hemos bajado a comer a los mesones que hay junto al río un menú típico a base de caldo sin que faltara muestra primera ración de pimientos fritos, picaban poco y estaban mal fritos, pero algo es algo.
después de la siesta hemos bajado a la tienda que hay sobre el camino en la que siempre compramos un montón de cosas estupendas. Isa ha montado su particular número cuando se ha caído redonda al suelo mareada, esta vez no ha dicho aquello de «me estoy mareando» que se hico famoso hace dos años en el camino del norte. Después del espectáculo de cuerpo tumbado en el suelo con los pies sobre una cesta llena de calabazas peregrinas hemos vuelto al mesón de mediodía a tomar algo, preparar la entrada y cenar. Esta noche toca pulpo y pimientos y mi primer ribeiro.
¡Qué gusto da estar en Galicia!

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Resumen: etapa 25: 26,7km en 6 horas 23 minutos a 4,2km/h.
Etapa 26: 27,3km en 5 horas 56 minutos a 4,6km/h.

La Moncloa de Cacabelos con mucho calor


Hoy volvemos a comenzar hablando de fútbol y del estupendo triunfo de ayer. Es curiosa la relación del camino y el fútbol que vamos generando y la suerte que trae ver partidos del Barça en el camino. Un trofeo más que disfruto haciendo un alto en el camino, y ya van muchos, lo siento por los amigos del Madrid pero van a tener que cambiar al perro de presa ese que han puesto al frente si quieren volver a tener el respeto que se merecen por su juego.
El partido de ayer lo vi en un ambiente menos amigable que el partido de ida porque estaba con un grupo de peregrinos todos del Madrid frente a mi. Desde el primer gol manifestaron su resquemor y los comentarios iban subiendo de tono a medida que el partido avanzaba. Entre el empanamiento generalizado de auténticos turigrinos filosofando sobre la esencia de la vida a través del prisma de de caminantes sin mochila que buscan turismo barato pero creen vivir una experiencia iniciática.
Los comentarios sobre sus proezas en el camino sobre etapas hechas corriendo, marchas nocturnas y borracheras en marcha iban acompañados por abundante cerveza, cecina y queso. Así fue pasando el partido y así fue llegando un nuevo triunfo de este gran Barça.
Durante la tarde había estado escribiendo en la terraza del albergue porque en la habitación hacía mucha calor. Antes de marcharnos a cenar estuve charlando con Alfredo que nos contó su viaje a Japón y algunos de sus proyectos sobre un museo de los caminos espirituales. Nos explicó que piensa caminar en Brasil y también le contó a las niñas la historia de la postal que le envió el futuro Papa Benedicto XVI.

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Para variar al llegar al albergue la puerta estaba ya cerrada a pesar de que nos habían dicho que estaría abierta hasta la una y faltaban algunos minutos. La incertidumbre sobre cómo entrar duró poco aunque ya estaba algo mosca cuando apareció el hospitalero y me abrió. Estuve escuchando un rato la radio en la cama antes de dormirme definitivamente sobre las dos.
Esta mañana nos hemos puesto en marcha a las seis y a las siete menos cuarto ya estábamos andando porque no nos hemos parado a desayunar.
El camino hasta Ponferrada es sencillo presentando una alternativa más corta por una acera junto a la carretera u otra más larga por Campo. Hemos elegido la corta y en una hora ya estábamos delante del castillo de Ponferrada.

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A esa hora aún estaba casi todo cerrado y nosotros no nos hemos detenido mucho porque ya conocíamos la ciudad, hemos llegado hasta la plaza del ayuntamiento y luego hemos buscado un bar en el que desayunar.
Es llamativo el cambio de Ponferrada en los últimos años: la primera vez que pasé por aquí se acumulaban toneladas de restos de carbón por toda la zona por donde sale el camino. Hoy está todo limpio y aquellos basureros se han convertido en parques agradables.

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El camino de salida pasa entre zonas residenciales con bonitas casas de campo alternas con cultivos. Llaman la atención las enormes calabazas que se ven en algunos huertos y también comenzamos a ver las coles cultivadas al estilo gallego. Estamos en el Bierzo y ya se nota la presencia de lo gallego en la comida, en el acento de la gente y en el paisaje.
A partir de Camponaraya el camino se hace por el campo entre vides que producen el cada vez más cotizado vino del Bierzo.
La entrada en Cacabelos se hace muy larga porque el núcleo urbano está bastante disperso en esa zona. Nada más llegar destaca la Moncloa de Prada a Tope. Este es uno de los lugares que más significación tiene para mí en el camino, siempre que he parado en Cacabelos he comido aquí y hemos venido varias veces más cuando hemos pasado con el coche, o cuando estuvimos de vacaciones en las Médulas hace algunos años. Antiguamente cuando llegabas te ofrecían en la tienda un vaso de vino y un trozo de empanada a todos los que parábamos a descansar en su precioso patio. Hoy ya no sigue esa tradición imagino que porque no ganarían para tantos litros de vino y tantas empanadas como necesitarían con los peregrinos de hoy, además alguno habría que pasaría varias veces con tal de comer gratis.
Nosotros hemos llegado al albergue municipal que está al final del pueblo. Es un albergue sencillo con pequeñas habitaciones con dos camas que dan cierta intimidad. Está bastante limpio aunque debería cuidar un poco el tema de las camas. No comprendo cómo no han adoptado la costumbre de los albergues gallegos de ofrecer sábanas de usar y tirar.
La comida ha sido ya muy gallega: caldo Berciano y pulpo. Después una siesta bajo el intenso calor de la tarde.

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Hemos ido a la playa fluvial a mojar los pies en el río mientras los muchachos del lugar se lanzan de manera temeraria desde el puente. Ahora estamos en una cafetería con aire acondicionado mientras sufrimos la retransmisión de la visita del Papa en la televisión pública. Como siempre en este país lo confesional invade la esfera de lo público y el ayuntamiento de Madrid sigue subvencionando con dinero público la visita, como el gobierno de España mientras la televisión pública que pagamos todos da publicidad a la visita y a la confesión católica con un cura en pantalla lanzando proclamas pro-vaticanas.

Subir hasta la cruz de Ferro y luego caer hasta Molinaseca


Ayer no pude escribir porque en Rabanal internet llega en burro. Aprovechamos el día para seguir recuperando, charlar con la gente y disfrutar de la estupenda acogida de Isabel en el albergue del Pilar. Este es uno de los albergues que más veces he visitado en todos mis caminos y cada vez que me marcho pienso en volver seguro la vez siguiente. Ha cambiado mucho desde que dormimos Emilio y yo hace casi 20 años y ahora ofrece muchos más servicios aunque el trato sigue siendo el mismo y la amabilidad de Isabel continúa a pesar de tanta gente como va y viene todos los días.
Salimos a las siete del albergue y paramos a desayunar en un bar a la salida, justo enfrente está el Silva. Se trata de un bar que Isa nos había dicho que buscáramos porque ella tiene una amiga que Tiene familia en Astorga y que le había que tenía un bar, la familia se llama Silva, así que se supone que este debía ser el sitio. Le dijimos que entrara a preguntar pero no se atrevió porque le daba vergüenza. Es curioso que Isa sea tan vergonzosa para algunas cosas y tan descarada para otras.
La etapa de ayer es una agradable subida con una suave pendiente, aunque muy constante, que nos lleva hasta pequeños pueblecitos de sierra que hace unos años estaban casi abandonados pero que hoy florecen gracias al camino. La primera vez que pasé por aquí recuerdo que un señor en Santa Catalina nos preparó un bocata y un café de puchero en su propia casa que hacía las veces de bar. Hoy en día encuentras restaurantes, albergues o bares que se promocionan a las entradas de los pueblos con carteles llamativos.
Otra de las cosas que llama la atención es la gran cantidad de gente que hay por todo el camino. Se desplazan en grandes grupos a voz en grito y paran en todos los pueblos por los que el camino pasa, en una mezcla de necesidad por la fatiga de quien no está acostumbrado a andar y con un deseo de búsqueda de lo auténtico y rural en bares que tengan todo tipo de servicios.

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La apariencia de todos estos lugares ha cambiado mucho desde aquellas casas abandonadas y en ruinas hasta los flamantes restaurantes y los Mercedes aparcados a las puertas de casas recién construidas.
En el Ganso paramos a hacer un descanso en uno de los dos bares que siguen estando juntos aunque no creo que demasiado bien avenidos.

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Así se afrontan las últimas rampas hasta Rabanal, algo más duras como preludio de la ascensión del día siguiente. También Rabanal ha cambiado mucho y ahora cuenta con mesones, albergues y casas rurales para elección de los peregrinos y demás turistas de todo tipo de posibilidades económicas.
En estos dos días hemos sufrido especialmente la impertinencia de los bicigrinos. Los bicigrinos se pueden clasificar también en las mismas variedades que el resto de peregrinos a pie salvo por la evidente diferencia de que van en bici. En general la convivencia es fácil y el respeto por el paso de unos y otros suele primar. De todos modos algunos son especialmente molestos. Para comenzar los hay que se empeñan en hacer el camino «de verdad», es decir, siguen el camino trazado para los que vamos a pie aún en aquellos lugares impracticables para ellos. En lugar de tomar la carretera que tienen a un par de metros, bien asfaltada, poco transitada y de fácil paso, se empeñan en ir por esa pequeña se dita pedregosa, de gran desnivel y por la que sólo cabe un peatón. Esto te hace tener que detenerte para ceder el paso tras recibir el sobresalto de un bocinazo o un grito de «bici». El final es que acabas alcanzándolos y pasándolos en la siguiente cuesta que ya no han podido hacer sobre la bici o porque han pinchado dado lo irregular del terreno. Yo entiendo que las bicis compartan camino por aquellos tramos en los que la alternativa es una carretera peligrosa y de mucho tráfico, o en aquellos lugares en los que el camino es suficientemente ancho para pasar sin problemas pero me resulta muy molesto ese ciclista que cree que por llevar un cascabel tiene derecho a que todos nos abramos para dejarle pasar porque se considera más peregrino en tierra que en asfalto, para eso que se hubiera dejado la bici en casa y se hubiera venido a pie porque total acaba haciendo más quilómetros bajado de la bici que encima.

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Al llegar nos instalamos en una habitación con dos camas de matrimonio, algo alejados del mogollón de turigrinos que iban llegando a todas horas y nos fuimos a comer a la posada de Gaspar. En los últimos años hemos comido allí muy bien aunque ayer nos pareció demasiado básico y poco cuidado el me ú de un restaurante con tan buena pinta y con tantas posibilidades. Para poner un simple salmón a la plancha uno puede poner congelado reseco o preocuparse por tener un buen trozo como ración.
La tarde la hemos pasado charlando en la terraza con algunos de los peregrinos con los que vamos contactando. Estando sentado he visto a alguien cuya cara me sonaba bastantes, se trataba del que estaba comprando una capa en León cuando mirábamos las sandalias de Isa. Mar me dijo que le aconsejara que no se comprara la capa Ferrino con mangas porque no transpira y acabas más mojado por dentro que por fuera. Estuvimos charlando un ratito sobre capas, chubasqueros y goretex y nos comentó que empezaba el camino en Astorga. Al verme me reconoció y comenzamos a charlar con ellos sobre las etapas y esas cosas de las que hablamos los peregrinos en los albergues. Son Luis y Amaya, gente amable con los que desde ese momento hemos ido coincidiendo.
Después de algún que otro orujo nos pusimos a cenar algo en el mismo albergue, acompañado de una dosis suficiente de vino del terreno, suficiente para que yo llegara a la cama con sueño rápido y casi tan profundo como el de Mar hija (ella no ha cambiado en eso y sigue en su proceso de dormirse antes de terminar de poner la cabeza en la almohada.
A las 5:45 nos hemos levantado para ir a desayunar y salir a afrontar la dura subida a la cruz de Ferro. Isabel nos ha puesto una tostadas enormes de las que hemos dado cuenta rápido. Luego foto y despedida hasta la próxima vez.

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A las siete en marcha justo con las primeras luces. Las duras rampas de ascensión las hemos ido tomando suavemente disfrutando de la mañana y del paisaje. Además hemos encontrado poca gente subiendo y nos ha permitido hacer una ascensión tranquila a muy buen ritmo.

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Al llegar a Foncebadón seguimos comprobando las mejoras económicas que representa el camino. Hoy es un centro en el que paran peregrinos como final de etapa o para tomar algo. Varios albergues y mesones dan vida a aquel lugar que no hace mucho era un simple conjunto de casas abandonadas.

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Desde aquí ya es un simple paseo hasta llegar a la cruz de Ferro donde hacer las fotos de rigor delante del montón de piedras que se supone que los peregrinos han ido transportando desde Ibañeta.

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Sigue el camino por la parte alta durante algunos quilómetros sin atreverse a descender lo que al final hará sin piedad y llega hasta el albergue de Manjarín regentado por el templario caballero Tomás. Otro de los personajes del camino que lleva su particular refugio desde hace muchos años acogiendo a los rezagados o los que buscan una experiencia diferente para pasar una noche en un lugar muy especial en lo alto del mundo.

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A partir de aquí el camino comienza la parte más dura de bajadas en uno de los tramos más peligrosos de todo el camino. Hay que tener mucha precaución para evitar tropezones y caídas dada la tremenda pendiente de algunos tramos y el terreno pedregoso y de difícil caminar. En esta parte sí hemos empezado a encontrar cada vez más peregrinos a los que íbamos adelantando con caras cada vez más fatigadas por la acumulación de quilómetros y el calor sofocante.
Cuando llegas al Acebo parece que te vas a caer sobre el pueblo que sólo ves cuando estás muy encima. La llegada es espectacular y el pueblo una belleza que representa la entrada oficial al Bierzo.

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En el mesón del Acebo hemos parado a tomar algo y reponer fuerzas, allí hemos coincidido con Luis y Amaya. Hay otros muchos bares ahora pero yo prefiero el de siempre, allí dormimos Joseba y yo con los catalanes el año que nos comimos en cocido maragato en Castrillo.
Hasta Riego el camino va por la carretera en suave descenso. Unos chicos vendían piedras y caracolas además de limonada como preparación de futuros comerciantes del camino.
Desde aquí hasta el final queda lo peor: constantes bajadas pedregosas y muy duras por valles cerrados que no dejan pasar el aire y hacen sofocante el calor. Cada vez más cansados y doloridos de músculos y pies además de tener que prestar atención para no resbalar y caer.
Varios castaños secos son la única nota de belleza que nos recuerda que ese sufrimiento se verá recompensado por la frondosidad de interminables bosques a partir de mañana.

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Adelantando peregrinos, unos nos han pasado corriendo y Mar ha comentado que se trata de uno de los concursantes de gran hermano. Cuando por fin ves Molinaseca al fondo ya casi no percibes un par de descensos durísimos que te llevan hasta el mismo puente romano.

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Al llegar al albergue, a la salida del pueblo están los dos, Alfredo estaba allí y lo he saludado, por supuesto no me recordaba pero yo sí le he dicho que hace ya algunos años pasamos una velada estupenda charlando en el albergue público, este aún no estaba.
Al tener reserva hecha nos han subido a una habitación con ocho camas y también se han allí Luis y Amaya, que han llegado poco después de nosotros.
Ducha rápida y vistazo a los pies de Mar madre que no va tan mal como preveíamos, aunque ha llegado muerta. Luego nos hemos ido al Mesón Palacios donde hemos dado cuenta de nuestra primera ración de pulpo con cachemos y pimientos de padrón.
Hemos mojado los pies en el helado río en la playa fluvial y luego hemos vuelto a dormir un rato pero el calor en la habitación no nos ha dejado descansar.
Yo he bajado a escribir y Alfredo me ha estado contando que estuvo haciendo el camino espiritual en Japón y que ahora piensa ir a Brasil, su idea es hacer un museo de las peregrinaciones espirituales por todo el mundo aquí en Molinaseca. Así son las gentes del camino.
Resumen etapas: 21 a Rabanal 20,0 km en 4 horas y 6 minutos a 4,9km/h.
Etapa 22 a Molinaseca, 25,8km en 5 horas y 50 minutos a 4,4km/h.