13ª Las Médulas – Villamartín de Valdeorras


Alegres y muy calurosas tardes acompañan nuestros descansos peregrinos. Hoy con el aliciente de una piscina pública que permite alegrar nuestras mentes y nuestros ojos a la par que nos gustaría rememorar a Edipo en algún otro momento de desenfreno explícito de la carne.
Así me siento hoy después de 37 km recorridos desde las seis y media de la mañana hasta casi las dos de la tarde más un añadido de vuelta completa a Villamartín buscando algún restaurante para comer y que hemos encontrado en la carretera a casi un quilómetro del centro del pueblo: frente a un Puti-club que, para desgracias mayores de transeuntes y viajeros, duerme el sueño de los justos desde antes de que la nacional hubiera ensanchado los arcenes. Eso sí: desde las 8 bajo un sol abrasador que consumía nuestros cuerpos evaporando en forma de sudor todos los litros de líquido que íbamos metiendo cada vez que podíamos. Esta última frase la he construido para poder utilizar el verbo meter por primera vez en todo el camino.
En resumen podemos describir la ruta como un infierno de calor dado que atravesamos una ola sahariana (manda huevos, y no de los antimosquitos, que llegue hasta estas tierras). La etapa ha sido muy larga para poder cuadrar las siguientes y como sabíamos que sería así nos hemos tomado todo muy en serio desde el principio.
La salida de las Médulas es una preciosidad a esas horas ya que va ascendiendo suavemente hasta darnos unas imágenes impresionantes de despedida de la zona. Después un fuerte descenso nos lleva hasta Puente de Domingo Florez que representa el límite entre León y Galicia y nos adentra en la tierra del buen vino, del pulpo y los pimientos de Padrón, entre otras muchas cosas.
De puente de Domingo Flórez nos queda la duda de saber cuál es su puente de todos los que hemos pasado entre tantas vueltas como el camino da para coger la orilla del río. Vueltas y revueltas van sorteando centrales hidroeléctricas y otras variadas estructuras a las que no hemos sabido dar acomodo.
La etapa transita hasta El Barco sin grandes novedades por la orilla derecha del Sil. Siempre va por pistas de tierra muy cómodas de andar aunque con alguna que otra subida durilla sin mayores consecuencias. Hemos visto las primeras viñas cultivadas en terrazas, como se hace por aquí y varias explotaciones de pizarra que hacían mucho ruido y generan bastante polvo oscuro. La etapa no es demasiado bonita en el paisaje salvo por las vistas del río ya que el monte está bastante pelado y siempre vemos enfrente la carretera nacional.
En Sobradelo hemos parado a tomar algo fresco y rellenar botellas de agua. A esas alturas de unos 20 km yo había agotado ya un litro de agua que había rellenado al salir. Hemos recargado con una botella cada uno y yo he añadido un montón de cubitos de hielo.
Nueva parada en El Barco para tomar fuerzas y parada para comprar una pulsera antimosquitos que solucione mis problemas con esos bichos infames. He resulto el problema en parte ya que no sé si los mosquitos se irán pero Joseba no se acerca ni casi yo por el insoportable olor que desprende (y dura 15 días).
Del resto de la etapa casi nada más que quilómetros por una pista paralela a la carretera y a la vía del tren a pleno sol y casi al límite de nuestro ánimo. Hemos llegado muy bien a Villamartín a pesar de la hora y de nuestra evidente deshidratación. Para colmo el albergue está al final del pueblo al lado del río y nos ha costado bastante encontrarlo porque no aparecía ninguna referencia. Está en las piscinas.
El albergue es del tipo “los horrores”. Una señora que debió perder la simpatía en estos lugares derretida bajo el sol nos ha recibido para colocarnos en una nave con 10 literas y unos baños. Las camas están fatal porque los colchones son muy viejos aunque por 3 euros adicionales hemos podido colocar sábanas de las de casa de la abuela. Al menos el sitio está aceptablemente limpio en el suelo (baños desde luego no y debajo de las camas y en los rincones tampoco porque están llenos de telarañas.
Ante las pocas alternativas que nos daba el lugar hemos salido a las 2 y media a buscar un sitio para comer. Nos hemos ido al centro del pueblo hasta un hostal que ponía que era restaurante pero al entrar la señora nos ha escupido a la cara que “lo había cerrado y que lo único que había estaba fuera del pueblo a 500 metros”. Nosotros tenemos claro lo que significa 500 metros para un lugareño así que nos hemos dispuesto a terminar de derretirnos para llegar por la carretera hasta el puti-club que hay en la carretera y que tiene enfrente un estupendo restaurante donde hemos comido bastante bien una sopa y una chuleta de ternera aceptable.
El regreso ha sido más cómodo porque hemos podido venir directamente por el río y algo mejor si era que a pleno sol.
La siesta ha sido algo horrible hasta que me he salido fuera mientras un enano entraba dentro del albergue cada dos por tres a pasearse con su bici de niño de mierda. Fuera se estaba algo mejor y he acabado metiendo los pies en el río para refrescarme algo. Hemos ido mejorando algo con la temperatura y ahora parece que algo de viento se ha levantado: es caliente pero, algo es algo. Tras varios refrescos “sin alcohol” parecemos algo más hidratados y ahora nos iremos a cenar al mismo restaurante del mediodía, única opción viable por lo que hemos visto. Tampoco es que vayamos a investigar mucho dado el día que ha hecho.
Resumen de la etapa: 37 km en 7 horas y 31 minutos a una media de 4,91km/h.

Vistas del Sil
Vistas del Sil
Valle del Sil
Valle del Sil
Orquesta para fiestas
Orquesta para fiestas
Señall del Camino de Invierno en Galicia
Señall del Camino de Invierno en Galicia
Vissta del Valle
Vissta del Valle
Llegando a destino
El Barco de Valdeorras

Pulsera Anti-mosquitos

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12ª Ponferrada – Las Médulas


Después de dar algunas vueltas por la ciudad del castillo y de cenar en una pizzería, como conté ayer, nos fuimos a dormir al hotel en el que nos alojábamos. Escribir entrada y fin de jornada.
Hoy hemos amanecido a las 6 para comenzar pronto y así aprovechar bien el día que se nos presentaba: muchos quilómetros, mucho calor y visita turística a Las Médulas.
Como teníamos casi 30 km nos hemos propuesto hacer la etapa rapidito con el fin de llegar pronto y así poder hacer alguna ruta aquí. Todo se ha puesto de cara desde el principio.
Al bajar de la habitación nos hemos encontrado con la agradable sorpresa de que el bar estaba abierto y podíamos desayunar opíparamente. El camino de invierno está muy bien señalizado desde el principio a la salida de la ciudad. Transita casi todo el tiempo por pistas de tierra con bastantes tramos entre arbolado y evitando los principales problemas del camino. La etapa de hoy incluía algún que otro problemilla como el par de subidas de un desnivel de más de 300 metros así como que no había nada para parar hasta Borrenes.
Pese a las dificultades todo ha salido perfecto, incluso la dura subida al castillo de Cornatel pasando antes por el increíble pueblo de Villavieja y sus peligrosos perros sueltos.
Hemos tenido una desastrosa parada en Borrenes, cuando la señora del bar no nos ha querido ofrecer su hospitalidad a cambio de un puñado de euros. Se trataba del mismo bar en el que fueron tan amables hace unos años cuando estuvimos de vacaciones allí, parece que mucho han cambiado las cosas desde entonces. Al final nos hemos podido tomar un refresco comprado en la tienda de enfrente aunque al sentarme en el banco me he pegado un chicle en el pantalón.
El tramo final desde Borrenes es una subida constante no muy dura pero que se atraganta algo, por carretera y con mucho calor ya. De todos modos la etapa la hemos hecho muy bien y hemos llegado a Las Médulas sobre las 11:30 y nos hemos ido directos al hotel para dejar mochilas e informarnos de las distintas rutas para hacer aquí.
Mientras yo iba a informarme de todo Joseba me esperaba en el bar dando cuenta de un par de “refrescos” y unas tapitas de cecina y embutido. El plan es el siguiente: Visita al lago inmediata, comida en el hotel, visita guiada a la zona baja de las Médulas y final subiendo al mirador y los canales de Orellán.
Todo ha salido a la perfección incluyendo una comida estupenda y una siesta de la que ha disfrutado Joseba mientras yo me peleaba con la wifi intentando hacer un trabajo que me habían pedido sobre el abiesweb.
A las cinco, con la fresquita, nos hemos ido a la oficina de información a esperar la visita guiada que nos ha llevado casi dos horas entre castaños entre las explicaciones “profesionales” de la guía de turno sobre romanos, astures y capas de sedimentos con niveles de oro para explotar.
Al finalizar la visita hemos tomado la senda que sube directamente al mirador. Se trata de 900 metros de recorrido con una subida de 250 metros con rampas de más del 20%. Arriba hacía aún mucho sol y no hemos podido aprovechar la sesión fotográfica ante las espectaculares vistas. Hemos podido visitar las galerías tomando un refresco después de la deshidratación de la subida y del infame picoteo de las mosca incluso en nuestras zonas más íntimas, sobre todo cuando la naturaleza me ha obligado a hacer una pequeña parada sobre la marcha.
Una vez completados los casi 8 quilómetros de rutas por la zona hemos bajado al hotel para darnos una ducha, revisar la etapa de mañana y tomar una clarita. La cena la hemos hecho en el hotel, algo suave pero muy aceptable: sopa y bacalao para mí y bocata de lomo con pimientos para Joseba.
Al terminar la cena hemos tenido que entrar en el bar porque fuera nos comían los mosquitos, sobre todo a mí. Esa ha sido parte de nuestra perdición porque a mi querido compañero se le ha ocurrido la brillante idea de charlar con un lugareño que ha resultado ser de bilbao. El resultado han sido dos orujos de hierbas “de los que hacemos nosotros caseros” ofrecidos por la dueña del hotel.
Estamos en el Hotel Agoga, en una suite estupenda a un precio algo caro para lo que es una vida peregrina (75 euros) aunque nos han tratado muy bien y nos han hecho descuento en las consumiciones por ser peregrinos.
Tras nuestra hidratación hemos regresado a la habitación entre calores sin fin (vaya broma lo de camino de invierno) para Joseba ir directo a dormir al compás del ventilador y yo para escribir la entrada.
Mañana nos espera un día complicado ya que no tenemos claro cómo lo vamos a planificar: tenemos la opción 27 km, la opción 36 ó la opción 43, ya veremos.

Señal del camino de Invierno en León
Señal del camino de Invierno en León
Puente de salida en Ponferrada
Puente de salida en Ponferrada
Vista del castillo de Cornatel
Vista del castillo de Cornatel
Lago de Sumido
Lago de Sumido
Vista general de Las Médulas
Vista general de Las Médulas
Vista desde el mirador de Orellán
Vista desde el mirador de Orellán
Vista general de las Médulas
Vista general de las Médulas
Desde la  cuevona
Desde la cuevona
Vista desde la galería de Orellán
Vista desde la galería de Orellán
Galerías
Galerías

11ª Gradefes – Mansilla de las Mulas


Estuvimos un buen rato en la terraza del bar del pueblo mientras yo escribía la entrada. Luego vimos algunas cosas de infraestructura para la etapa de hoy como el hotel en Ponferrada, los horarios de bus desde Mansilla a León y el tren desde León a Ponferrada. Según internet teníamos un bus en Mansilla a las 12 y un tren a Ponferrada a las 14:30.

Mientras nos decidíamos por el Hotel Castillo en Ponferrada, gracias a una nueva oferta de Booking, los mosquitos comenzaron a dar cuenta de nosotros, sobre todo de mí. Dado que el huevo no vale un idem decidimos irnos al albergue a disfrutar de nuestra cena peregrina.
Una botella de vino blanco, unos berberechos, una ensalada de tomate y pepino acompañados de un revuelto de gulas y setas fue nuestra maravillosa cena peregrina acompañada de una verdadera charla de las que solemos tirarnos de vez en cuando mi compa y yo sobre el sentido de la vida (sexo contrario-enemigo), algo de fútbol y también algo de política.
Poco después Joseba estaba durmiendo a pierna suelta (literal) mientras yo seguía los comentarios de los compas con el resultado del congreso y mantenía una metafísica charla por whatsapp con Mar (incluidos fundidos en negro).
La planificación de la etapa para hoy consistía en que teníamos 24 km que recorrer para llegar a Mansilla antes de las 11 y algo y así poder coger el bus sin problemas. Joseba sigue con su manía de ganar todas las etapas y su ritmo me deja atrás todo el rato. Yo voy quedándome entre paradas técnicas por cuestiones fisiológicas, fotos, revisión de mochila o simple contemplación del paisaje. Para colmo hoy también me ha retrasado un rato alguna que otra llamada de teléfono.
La etapa era toda en suave descenso, llana casi sin apenas modificaciones. Muchos tramos por pistas y alguna carretera secundaria hoy sin coches dado que era muy temprano y, además, domingo.
Atravesamos por varios pueblos sin ningún servicio y eso ha hecho que hagamos todos los km de golpe sin paradas. Seguimos siempre las acequias que distribuyen el agua de riego entre plantaciones de chopos y maíz.
A la salida del último pueblo antes de llegar a Mansilla yo iba hablando por teléfono y la distancia que me llevaba Joseba era tal que ya no lo veía por ninguna parte. En ese momento he visto que el camino daba un vueltazo enorme pero que había una pista que en pocos metros acortaba toda esa vuelta. Me he ido por ahí adelantando a Joseba que, como no se había dado cuenta, se había ido por el camino largo. He tenido que esperarlo un buen rato porque había ganado un montón de metros.
Sin ninguna otra novedad hemos llegado a Mansilla y hemos parado a tomar algo en El Puente (donde hemos dormido alguna vez nosotros). Allí hemos descubierto que los domingos no hay ningún bus a León hasta las 6 de la tarde. La única opción para ir a coger el tren es un taxi. Al llamar el señor del bar hemos descubierto que los taxistas del pueblo están de vacaciones y el único que está disponible tardará más de una hora en regresar.
La situación se complicaba al no tener opciones de ir a León. Para colmo el señor del bar se ha marchado sin confirmarnos si el taxi vendría a llevarnos. Hemos llamado a radio-taxi de León pero nos cobraban 35 euros por el viaje. En esas estábamos cuando ha llamado el taxista de Mansilla a decirnos que en media hora llegaba y nos llevaba, por 20 euros que es la tarifa oficial en Mansilla.
Así ha sido y poco antes de la 1 estábamos en la estación de tren para coger un intercity a las 13:30 a Ponferrada.
Cerveza para hacer tiempo y ruta sin novedad para llegar a Ponferrada a las 3 y poco. Nos hemos ido a comer directamente mientras el calor nos derretía literalmente. Luego nos hemos ido al hotel para ducharnos, lavar la ropa y descansar un rato. Como no hemos conseguido saber cómo se pone la ducha hemos acabado bañándonos en la bañera, un extra de relax en nuestra noche de peregrinos vip.
Después de un buen rato de descanso hemos comenzado a preparar las etapas próximas porque el tema está bastante complicado. Para colmo, mi compañero ha decidido que tenemos que llegar pronto a Santiago, no vaya a ser que se nos escape el santo o quizás siguiendo el rastro de quién sabe que deseos inconfesables que le esperan en Mundaka. El caso es que su propuesta es que hagamos etapas de más de 35 km, a lo que yo me he opuesto ante la imposibilidad de poder hacer tantos quilómetros entre raciones de pulpo, caldo gallego, pimientos de padrón y vinos del terreno (pasamos a recorrer la Ribeira Sacra). Lo hemos dejado un poco todo en el aire a la espera de ver cómo es el terreno, los desniveles y, sobre todo, el calor. Eso sí, hemos programado para mañana hotel en Médulas: parece que tenemos una suite especial a un precio razonable en Booking, aunque no barato. La idea es salir mañana muy temprano para llegar pronto ya que queremos hacer la ruta de las Médulas que son más de cinco km.
Luego hemos salido a tomar algo mientras veíamos pasar peregrinos y paisanos confundidos entre el ruido y el calor. Nuestra cena ha sido en una pizzería de la plaza del ayuntamiento en la que nos han calzado dos orujos de hierbas por 5 euros y que pensábamos que eran ofrecimiento de la casa tal y como nos había dicho el camarero.
Después hemos ido a hacer algunas fotos al castillo y hemos regresado al hotel para que yo charlara un rato con la familia ofreciendo un bate de beísbol a Isa para resolver sus problemas con la asignatura esa de la que parece que debemos tomar alguna medida radical.

Cena peregrina en el Albergue
Cena peregrina en el Albergue
Adornos del camino
Adornos del camino
Camino
Camino
Llegada a Mansilla
Llegada a Mansilla
Muralla de Mansilla
Muralla de Mansilla
Tren a Ponferrada
Tren a Ponferrada
Casttillo
Casttillo
Ponferrada
Ponferrada
Castillo
Castillo

 

Santander, inicio del Camino Lebaniego


Después de un viaje agradable y placentero en tren desde Alicante a Santander me encuentro por fin en el punto de salida del camino de este año. El viaje transcurrió entre episodios de Juego de Tronos (4) recorriendo esa extensa piel de toro que es nuestra patria excelsa y extensa.
La organización de esta primera jornada dependía de las redes sociales y de booking con los comentarios de los usuarios: no defraudó. Es cierto que el hostal elegido (el San Glorio) era una apuesta arriesgada por 48 euros pero me dejé llevar por los comentarios y he de reconocer que…
que mis niveles de exigencia han bajado mucho en estos últimos años. La realidad es que al menos estaba bastante limpio con un baño y unas sábanas sin restos humanos ni animales, de lo demás nada más que comentar.
La única anécdota es que en la calle anterior a la del hostal hay también un hotel con el mismo nombre. Me presenté en la recepción a reclamar mi reserva hasta que la señora me redireccionó, con cierto tono de desprecio, hasta la siguiente: Esto es el hotel, tu reserva es en el hostal y nosotros no tenemos nada que ver con esos.
En el centro de Santander y con la pretensión de un viaje austero la noche dio para un paseo hasta recoger las credenciales del lebaniego y una cerveza en una plaza hasta acabar en un mesón junto al hotel degustando una sartenuca de gulas con huevos a un precio razonable. Lejos quedan los tiempos en los que una gran mariscada servía de inauguración de cualquier camino (y del resto de eventos de mi vida).
Noche tranquila después del 5º capítulo de Juego de tronos entre espadazos y tetas me cercó morfeo con su beso oscuro (que no negro), o cualquier otro.
Desayuno en el bar frente al hostal y paseo hasta el BBVA a sacar pasta del cajero porque no sé cuándo podré volver a aprovisionarme. Luego tiempo muerto hasta la llegada de Joseba a las 8:30 en la estación.
Besos, abrazos e incluso alguna caricia que rozaba lo obsceno dio paso a buscar agua, tomar café y poner forros en mochilas y chubasqueros en cuerpos: etapa entre nubes y fresquito.
Hemos completado 35 km sube-baja en constante asfalto por zonas industriales sin gran encanto. Etapa dura y larga que hemos soportado bien gracias a la temperatura del día.
Paso arriesgado hasta Mogro (jugándonos la vida de un modo absurdo gracias a que Joseba ha venido con el concepto del riesgo absoluto y ha decidido hacer caso a una paisana que nos insistía en que cruzáramos por la vía (creo que no era sepulturera).
Hemos parado a comer en Polanco en un mesón. Menú abundante por 10 euros con sopa de regalo incluida.
Sin mayor novedad hemos llegado a Santillana hasta las narices de asfalto y un poco decepcionados por el paisaje y por la falta de encanto verdadero. Hemos visto algunos peregrinos en ruta y nos vamos dando cuenta de que el camino del norte está cambiando: hay mucho más negocio peregrino en todos los sentidos.
Al llegar al albergue el público estaba lleno y hemos acabado en uno privado aceptable y digno a precio razonable.
Paseo de 10 mn y recuperación de líquidos hasta acabar en el Cossio en el que esperamos dar cuenta de variedad de carnes a la parrilla, mañana os cuento.

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La primera en la frente


A la hora prevista y tras cumplir con nuestras obligaciones docentes nos hemos puesto en marcha. Las pequeñas complicaciones, como que mi director he tenido el día comunicador y por poco si no terminamos el claustro, no han hecho más que estresarnos un poco y atragantarnos en la comida. Esto último lo digo en modo irónico ya que Mar ha decidido organizar una comida-no comida que nos ha dejado casi como antes de sentarnos a la mesa y que le ha hecho ya a las 6 de la tarde dar cuenta del primer bocata de reserva. Además de la inconveniencia de comer en el tren ha puesto al descubierto sus reservas de galletas de chocolate, las que llevaba escondidas para algún momento crisis y que , por supuesto, me había ocultado.
Corriendo, he dado a mi cabeza el aspecto peregrino habitual despoblada de casi todo su pelo, ducha rápida y acomodo de las últimas cosas que quedaban por meter en la mochila. Al final Mar lleva unos 5 quilos totales y yo sobre 7 ya que hemos prescindido de sacos de dormir, sábanas y mantas. Llevamos dos pantalones, dos camisas, una camiseta de manga larga, un forro, chubasquero y pantalón de goretex, tres pares de calcetines, dos de calzoncillos (ella tres de braguitas, que así las llama sin saber muy bien por qué), dos culotes, pañuelo peregrino y sombrero.
En la bolsa de aseo: cepillo de dientes, maquinilla de afeitar (una por cabeza), pasta de dientes, desodorante, champú, crema solar y crema hidratante (sección femenina).
En el botiquín compids pequeños y grandes, aguja e hilo para ampollas, guantes de látex, tijeras, tiritas, esparadrapo fácil de despegar, crema para picaduras, betadine en pasta y mitosil para rozaduras.
Mar lleva un anexo pastillero con analgésicos, protectores de estómago, para jaquecas, antinflamatorios, y demás como para doparse todo un equipo ciclista de Amstrong. Y eso que he hecho inspección y le he reducido el paquete (dicho con la mejor intención).
Además llevamos, yo unas crocs y Mar otras sandalias de marcha, la pastilla lagarto para lavar ropa, pinzas, los dos iPad, mis otros dos teléfonos y Mar el suyo. Tres cargadores multiusos, una batería de repuesto para el galaxy note, otra batería externa y un ladrón (especialmente útil cuando hay pocos enchufes disponibles)
Pues así sin comer casi y corriendo hemos dicho adiós a las niñas (se les saltaban las lágrimas de…, pensar que se les queda la casa disponible) y nos hemos montado en la tartana de tren a Murcia.
Justo al salir me he dado cuenta de que me he dejado en casa los billetes de tren y los bonos de los hoteles así que he tenido que llamar a mi hija para que me los mande en foto y así sacarlos cuando hemos llegado a Murcia.
Hemos hecho tiempo en la cantina de la estación y a las 16:47 nos hemos puesto en marcha hacia Madrid.
El tren va abarrotado de gente. Sobresale un monstruoso niño que no para de gritar respondiendo a cada cosa que le manda su madre. Ya se ha negado a leer, a contar una historia, a merendar y a dormir la siesta y presiento que nos va a dar la tarde.
También he descubierto por qué no pude comprar los billetes en preferente: el tren no lleva vagón de preferente. Eso nos hace ir un poco más acompañados que de costumbre.
Mientras mar acaba su bocata y echa una siestecilla con el iPad en la mano como para leer, yo escribo en el mío contemplando el paisaje por la ventana. Son las 18:30 y aún nos quedan muchas horas de camino por delante así que iré escribiendo sobre la marcha. Iré escribiendo siempre que pueda y que tenga wifi, también compraré en Lisboa una tarjeta para mi iPad y para mi galaxy note y así tener siempre conexión.

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Traslado de Lorca a Lisboa por Barcelona


Primera entrega del camino desde Lisboa. Este año voy a llevar muchas más cosas adelante porque dispongo de toda la tecnología necesaria para hacer seguimiento por redes sociales y blog. Atentos por tanto a nuestro Facebook (ya los hemos mencionado Juancapa y Joseba) en twitter @juanmacapa y también iré subiendo foros a flickr. Las fotos serán a ir publicando en el lateral derecho del blog, un poquito más abajo de estas letras.
El camino de ayer largo y pesado hasta llegar a Lisboa a las 23 horas local (perdimos una hora en por el aire que todavía no hemos encontrado ni dentro de la mochila.
Después de 8 horas de tren llegué a Sans aunque casi no me dio tiempo de besar apasionadamente a Joseba porque tenía los billetes de metro en la boca y salíamos en cinco minutos hacia el aeropuerto tres andenes más allá.
Esto de la crisis es una porquería: yo había comprado un billete de primera para que me dieran el periódico y la comida pero por allí sólo se pasó el revisor a pedir el billete y otro pájaro con unos auriculares de los malísimos para ver 8 horas de documentales infames. Yo, menos mal que me había descargado en Orbyt los periódicos, llevaba el iBook cargado de juego de tronos y mis propios auriculares para escuchar a Mariza y así crear un poco de ambiente.
Entre olor a bocata de chorizo y traqueteos completamos la primer parte.
Una vez en el aeropuerto pudimos saludarnos de una forma más cariñosa (tranquilos que los detalles más escabrosos no,los voy a poner que esto lo leen niños. En 4 horas nos pusimos al día, más o menos de las novedades en nuestras vidas, los proyectos de obras, las peleas con nuestros directores, los hijos y creo recordar que también comentamos alguna cosilla de nuestras respectivas medias naranjas, nada serio y cada uno de la suya, por supuesto. También Joseba tuvo la oportunidad de mostrar sus progresos con la lengua del imperio gracias a unas elegantes señoritas que paseaban por allí (curioso pero se comunicaba menos con las que llevaban poca ropa por arriba y por abajo).
El resto del tiempo Joseba lo pasó comprobando la puerta en la que teníamos que embarcar porque no aparecía y nos retrasaban el vuelo una hora.
Primera parte del vuelo con turbulencias aunque como es la hora que hemos perdido no la puedo contar. Para colmo un grupo de quinceañeras en los asientos demuestro alrededor para fastidiarnos bien y recordarnos nuestro trabajo. Al menos nuestra vecina de fila en la ventanilla no era gorda y pudimos meter las piernas entre asiento y asiento sin necesidad de calzador.
Al llegar a Lisboa nuestras mochilas aparecieron las primeras en la cinta y teníamos un taxi esperando en la puerta que nos llevó al hotel por la módica cantidad de 18 euros (5 por las mochilas).
Paseo nocturno por la ciudad con todo el mundo ofreciéndonos coca, chocolate y drogas de diseño, que será que nos han visto cara de drogatas a Joseba más que a mí, claro.
Cansados regresamos pronto. Joseba se duchó y lavó la ropa y yo directo a la cama a roncar según dice Joseba.
Hemos despertado sobre las 7 con todos los dispositivos cargados tanto digitales como humanos y tras mi ducha y lavado de ropa correspondiente hemos bajado a desayunar. Nos alojamos en el Hotel Lisboa lo que es un problema para nosotros ya que cuando dices que te hospedas en el hotel Lisboa es fácil pensar que en Lisboa hay muchos y que se puede ser más preciso.
Lo primero hemos solucionado el problema de internet y teléfono comprando una tarjeta para el iPad y otra par el tf y así poder llamar a los teléfonos de aquí a precio razonable.
Nos hemos ido asar una vuelta viendo tranvías hasta la Sé donde hemos sellado la credencial y hemos visto la primera flecha de nuestro camino, que nos ha costado un montón encontrarla.
Por cierto, este cacharro no me permite subir fotos a la entrada, ya veré.
Hemos organizado las dos primeras etapas encontrando alojamiento alternativo a la opción bomberos, ya veremos lo que nos encontramos. Luego vuelta por el Barrio Alto, hemos comido frente al elevador de Santa Justa y hemos subido al hotel a descansar, escribir y tomar algo,sin alcohol porque en este camino hemos decidido dejar nuestras adicciones más fuertes.
Mientras tanto Joseba ve una película en inglés con subtítulos en portugués en la que sólo gritan, aúllan y muerden, un montón de sangre por todas partes que luego alguien tendrá que limpiar.

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