3ª Ordizia-Zegama: clases de euskera junto al arca de Noé


Creo que no hay mejor forma de describir la etapa de hoy en unas pocas palabras. Como podréis comprobar por el título la lluvia ha sido la protagonista absoluta de este día según las predicciones, vayamos por partes.
Al terminar de escribir mi entrada de ayer inmerso en la conmoción de las matanzas de Juego de Tronos, nos dispusimos a contemplar como diluviaba en Tolosa mientras se iba cargando mi móvil a ritmo de cable de chino.
Como no había mucho más que hacer Joseba me dedicó una clase de euskera ya que me he propuesto alcanzar el B1 antes de llegar a Gasteiz (Vitoria para los iletrados y según el chiste de Joseba “por lo que no paran los catalanes allí…)
Comienza la clase por los típicos egunon, etxe, kale, ume, berri, zahar y otras muchas palabras más que he ido aprendiendo en estos días y que facilitan enormemente mi comprensión de las conversaciones de Joseba con los viandantes de turno (ni idea de nada nivel 2). A continuación se complica un poquito al explicar la utilización del artículo determinado a colocado al final del sustantivo tipo kalea. Termina mi plurilingüe compañero con la explicación de las terminaciones -ko de -ak para el plural. Hasta aquí todo va bien hasta que usa por primera vez su respuesta preferida en estos días: esto es así en euskera, pero a veces no.
Ante tal recurso de sistemática educativa comienza mi desconcierto absoluto al explicarme que -ak se usa como plural pero también es terminación “para sujetos de frases transitivas”. Y me lo suelta así, casi como al que se le cae una cáscara de pipa al suelo en un aburrido domingo de partido de fútbol intrascendente. Resulta que ahora los vascos usan declinaciones con múltiples declinaciones, piensan en la terminación a la velocidad de vértigo a la que hablan y encima todas sus normas son habitualmente así pero también pueden cambiar. Claro que mi siguiente pregunta estaba cantada: “si se usa. -ak para un sustantivo sujeto de frase transitiva y también para marcar el plural, ¿cómo se marca un sustantivo plural como sujeto en frase transitiva? En este punto mi querido compañero de camino y maestro a lo “pequeño saltamontes” me espeta casi sin mover la cabeza despoblada de su posición original: con -ek.
Como podéis comprender este golpe bajo ha sido la gota que ha colmado el vaso de mi curiosidad ya que a partir de ahora mi vista y mi mente sólo viven para conocer el significado de palabras que hasta ahora nunca me había ni siquiera me habían llamado la atención como goikoetxea y cosas por el estilo.
Podríamos haber tenido una mañana de plácida discusión filosófica a lo clase peripatética si no hubiera sido porque hoy nos ha caído desde que hemos salido la parte más lluviosa del diluvio universal. Han sido casi dos horas bajo una lluvia sin pausa por carreteras secundarias entre polígonos industriales. La parte más fea del camino hasta ahora siempre junto al río Oria, esta vez crecido por efecto de tanta agua como lleva caída en estos días. La única pequeña satisfacción fotográfica ha sido el paso por Beasain.
La previsión de la aplicación el tiempo.es nos decía que a las 9 iba a dejar de llover u a las 9:10 ha parado. Hemos llegado a Segura calados hasta pensar que llevamos hongos por todo el cuerpo y ranas en la mochila y hemos parado en un bar en “territorio komantxe” para degustar una maravillosa tortilla con txoritzo del terreno.
Sin demora y algo más secos hemos acabado la cortita etapa en Zegama un precioso pueblo de las provincias vascongadas en el interior de todo y de nada. Hemos sido recibidos muy amablemente por la responsable de turismo, guía de museo, bióloga, hablante de euskera a velocidad de crucero. Para llegar a su baluarte encumbrado sobre nosotros y accesible por un ascensor pagado gracias a los despilfarros que permite el injusto concierto vasco (no hablo de música) hemos tenido que ir a preguntar al ayuntamiento de la Villa. Ya conocéis mi natural negativa a entrar en cualquier lugar público en el que no estén visibles todos los símbolos constitucionales que marca la ley (bandera española incluida) y así me disponía a quedarme en la puerta cuando he visto con asombro cuatro mástiles sobre el balcón principal. Alegre ante tal visión legalizadora me he dispuesto a entrar cuando he visto unas enormes escaleras de acceso al recinto principal y he declinado el honor de subir dejando a Joseba representar su papel de Cicerone vasco mientras yo me sentaba en la plaza. Estaba yo pensando en mis cosas cuando me he dado cuenta de que todas las banderas ondeaban al viento con la brisa de montaña que este lugar disfruta y me he parado a averiguar por qué la enseña que identifica nuestra nación se mantenía recogida sin verse entre tanto trapo variado multicolor hasta que he descubierto con absoluto desconsuelo e indignación que lo que pasaba es que la bandera española la tenían atada para que no se viera ni pudiera desplegarse con el viento ¿puede haber otra forma más ridícula y absurda de respetar la impuesta constitución que nos subyuga a los vasallos de Felipe VI venido a menos?
El resto de la jornada ha transcurrido secando nuestra ropa, incluido saco que está en la parte no impermeable de mi mochila que no tiene cubremochilas y descansando frente a un día cada vez más despejado hasta hacernos ver el sol debajo de nuestras gafas por primera vez desde que iniciamos este camino.
Tras un menú reparador en el restaurante del pueblo (único a la par que muy digno distribuidor de alimentos elaborados profesionalmente (detalle de erudición alejado de mi faceta de blasfemo e insultador) hemos subido al centro de interpretación a que nuestra amable anfitriona gastara más de una hora de su precioso tiempo en mostrarnos la historia y la naturaleza del túnel de San Adrián en lugar de ocuparse de recortar los nombre de los niños de la excursión que viene mañana al centro.
Ahora mientras yo escribo Joseba ve el partido entre Francia y Alemania y en la mesa de enfrente los lugareños comentan en la lengua patria las jugadas mientras comen pipas y demás chucherias (debe ser difícil hablar euskera y comer gusanitos al mismo tiempo). Mis progresos en euskera no me lleva a entender ni lo que dicen en la tele (hasta que he descubierto que es alemán).
Cena ligera y mañana subida al puerto que supone la primera dificultad sería del camino. Tiempo.es da previsión de buen tiempo para mañana por la mañana y en eso confiamos .
El resumen de la etapa de hoy ha sido 17,1 km con 177 m de desnivel a 5,26 de media. El enlace a wikiloc de la ruta es este.

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Santiago menos una, bajo la lluvia


Estamos en Padrón la víspera de Santiago y a una etapa de llegar a nuestra meta, hemos podido comer unos estupendos pimientos de Herbón-Padrón (que así es la denominación nueva según creo) y al final ha decidido acompañarnos la lluvia para recordarnos dónde estamos.
La tarde ayer terminó de una forma tranquila y relajada. Un paseo por el pueblo nos permitió cambiar nuestros compañeros habituales peregrinos por el otro tipo de visitantes que campan por las calles de Caldas: los jubiletas de balneario. Tropeles de orondos maduritos y maduritas poblaban las terrazas contando sus experiencias en el agua, sus compras de mercadillo y demás experiencias culturales. Varias conversaciones sobre el colesterol, la tensión, el sintrón y la dieta para adelgazar de la alcachofa (creo que nadie nombró la del cucurucho, pero no estoy seguro) poblaron nuestra tarde mientras yo escribía y Mar terminaba de leer su cuarto o quinto libro del camino (ha rentabilizado bien el traerse el iPad para sus ratos de ocio mientras yo dedico mi tiempo a jugar al jueguecito de las golosinas y demás).
La cena repitió lugar y menú en nuevo alarde de buen precio y excelente calidad y luego un paseo nocturno junto al río nos llevó hasta la cama.
La etapa de hoy ha sido más de lo mismo: bonito paisaje entre aldeas poco pobladas, multitud de peregrinos por todas partes, tiempo fresquito y camino fácil. Hemos coincidido con un grupo de chicos jóvenes que empezaron en Tui y que van un poco verdes en esto del camino y luego hemos encontrado a Felipe, un peregrino francés que es profesor de español y que vinos por primera vez en el desayuno de Sao Roque y desde entonces hemos visto varias veces.
Nos alojamos también este año en la Pensión Jardín. Muy bien en relación calidad-precio y atendida por gente muy amable.
Hoy he decidido resarcirme del desastre del año pasado y hemos buscado un mesón en el que tomar una ración de pimientos en condiciones (al final nos hemos quedado a comer y ha caído otra).
Corta visita a una decepcionante casa de Rosalía de Castro y poco más porque casi todo está cerrado, hasta el jardín botánico, y además se ha puesto a llover. No parece que la cosa vaya a complicarse pero parece que peligra la carrera de burros que está programada en el pueblo para las fiestas de Santiaguiño. La tarde discurre tranquila y sólo nos queda confirmar si la lluvia irá a más, si veré el partido del Barça, si la cena en una pulpería que hemos visto será todo lo estupenda que esperamos y si coincidiremos con los italianos Antonio y Luisa para despedirnos. Ya os contaré mañana o después, que el día en Santiago puede ser intenso y demorar mi relato unas horas.

A la puertas de Galicia, diluviando


La noche de Barcelos terminó tranquila después de las escaramuzas de los zumbados en la plaza. Tras varias persecuciones, gritos, peleas y carreras todos abandonaron el lugar ya nosotros nos dispusimos a buscar restaurante para cenar. En el que habíamos comido al mediodía estaba cerrado y la alternativa no defraudó, el Don Antonio nos ofreció un bacalao y un cabrito asado respectivamente a mi compañero y a mí, para terminar me tomé una sopa como buen portugués.
Sin mayores novedades nos fuimos a la cama y el despertador nos levantó a la hora de siempre para ponernos en marcha. Lo primero fue encontrar una padaria abierta en la que tomar café, llenar agua (la del hotel era asquerosa y estaba caliente), y comer una magdalena de arroz.
Un paisaje cada vez más “gallego” se va abriendo a nuestro paso y merece la pena destacar las bonitas iglesias que nos vamos encontrando y los parrales que suelen rodear los cultivos.
Toda la mañana estuvo amenazante aunque llegamos sin novedad a nuestro final de etapa previa parada técnica con café y pequeño bocata de jamón cocido.
Al entrar a Ponte de Lima está el albergue juvenil que habíamos escogido como lugar para alojarnos, al llegar aún estaban limpiando y todo parecía algo revuelto. Cuando nos fuimos a duchar vimos que todavía estaban sin hacer los baños y el aspecto de abandono y suciedad era grande. Las habitaciones están bien pero la limpieza bastante floja.
Tras la ducha nos fuimos hacia el pueblo y encontramos que había mercado, pero no un mercado cualquiera sino la madre de todos los mercados. Cientos de puestos eran visitados por miles de personas para comprar desde muebles y colchones hasta pepinos y tomates. Nos sorprendió la variedad de productos y la cantidad de gente que llenaba todas las calles.
Nos dejamos aconsejar por la guía y fuimos a comer al restaurante que nos marcaba justo en medio de todo el follón. Estaba lleno de gente y tuvimos algunos problemas para coger mesa ante la inoperancia de la señora que llevaba lo de colocar a la gente y con la desesperación de mi compañero que se cabreaba cada vez que la señora colocaba a los que entraban por la otra puerta mientras se olvidaba de nosotros (este Joseba es que no me tiene paciencia para nada, qué os voy a contar). Todo este lío nos llevó a comer más allá de las tres aunque mereció la pena por el chuletón del que di cuenta y el cabrito de mi compañero (el que se comió, claro).
Luego fuimos a lavar la ropa al albergue y descubrimos que no por haber limpiado los baños la situación de limpieza de los mismos había mejorado significativamente, los pelos brillaban por el suelo como si en lugar de quitarlos hubieran intentado sólo redistribuirlos.
Regresamos al pueblo para hacer una visita turística, el albergue está como medio km alejado, y el mercado seguía en plena ebullición. Recorrimos sus calles, el puente sobre el río y sus calles y rincones. Ponte de Lima es una ciudad bonita, agradable y acogedora que nos gustó mucho. Nos sentamos a tomar una cerveza y entonces se sentaron dos peregrinos en la mesa de al lado. Uno de ellos lo reconocí como Satur, se trata de alguien a quien había conocido en mi camino del norte del 2008,un tipo simpático, agradable y lleno de humor con el que pasamos una estupenda velada en Mellide junto a los compañeros de aquel camino. Tras saludarnos dedicamos una buena parte de la tarde recordando anécdotas de aquel camino entre bromas y buen rollo.
Yo me dediqué a buscar alojamiento para el día siguiente porque hay problemas en Rubiaes ya que hay un festival de rock que tiene todos los lugares completos, que tampoco son tantos. Al final hemos conseguido reserva en un residencial a1,5 km antes Rubiaes.
La cena fue en el mismo restaurante del mediodía, esta ver mucho más tranquilos. Unas delicias de bacalao y brochetas de lulas y camaroes fueron nuestra elección junto a una botella de vino del terreno mucho mejor que la que nos habíamos tomado en la comida.
Regresamos dando un paseo al albergue y nos fuimos a la cama porque estábamos cansados. En la habitación de al lado un niño pequeño no paraba de llorar lo que nos hizo temer una noche de pesadilla pero la pesadilla llegó por donde menos lo esperábamos. A la una de la mañana un ruido tremendo nos despertó: estaba diluviando en la calle. Así ha pasado toda la noche. Al amanecer las peores expectativas se han cumplido y hemos tenido que sacar el pantalón y el chubasquero impermeables. Hemos bajado a desayunar y sobre las siete menos cuarto nos hemos puesto debajo de la lluvia.
La salida de Ponte de Lima ha sido una delicia a pesar de la intensa lluvia y nada más comenzar a andar hemos encontrado peregrinos por todas partes, muchos de ellos saliendo del albergue que está al otro lado del puente. Hoy el camino ha sido una verdadera belleza a pesar de la lluvia, la niebla y el frío. Hemos ido adelantando gente todo el rato mientras la lluvia poco a poco nos iba calando por todas partes. Hasta llegar a Arco el agua nos ha dado una pequeña tregua e incluso ha dejado de llover. En Arco hemos parado en un café-tienda que es de lo más cutre que te puedas imaginar, el baño de película de terror y la camarera cutre chica Almodóvar. Ha comenzado a diluviar otra vez y hemos esperado un rato porque lo que nos esperaba era la subida a la Portela grande, el puerto más grande en todo este camino. La terraza del cutre bar se ha unido llenando y ante la perspectiva de que cada vez iba a peor nos hemos puesto en marcha. La subida al puerto se hace por una senda dura y empinada, de piso bastante malo y que la lluvia hacía aún peor. Es una ascensión dura de unos 4 quilómetros que se puede atragantar si no te la tomas con calma. La lluvia la hacía todavía más dura y peligrosa la ascensión aunque el paisaje es espectacular y me he ido parando para hacer algunas fotos y vídeos. Hoy hemos usado varias de las cosas que hasta ahora no nos habían hecho falta: los bastones, los chubasqueros y la toalla.
La bajada ha sido mucho más fácil aunque la lluvia era cada vez más intensa. Así hemos llegado a lo que creíamos que era Sao Roque, nada en mitad de la nada. Tras muchas dudas hemos llegado hasta el reposo del peregrino calados hasta los huesos. Al llamar a la puerta la señora no has dicho que no le quedaban habitaciones aunque le hemos recordado que habíamos llamado ayer para reservar. Tras algunas dudas y temores de quedarnos tirados la señora nos ha dichos que tenía una habitación pero que no estaría disponible hasta después de comer, la gente había llegado muy tarde del festival rock y algunos estaban bajando a desayunar en ese momento. Nos ha permitido secarnos y cambiarnos de ropa y nos ha dado un paraguas para irnos a hacer tiempo al bar del pueblo para que a las 12 vinieran a recogernos para comer. Resulta que esto está retirado de todo lugar y para comer vienen desde un restaurante a unos 3 km y luego nos traen. En el bar hemos tomado una cerveza y una bolsa de patatas, no voy a hablar mucho del lugar porque creo que alguien que haya visto la versión antigua de “La casa de los horrores” se puede dar una vuelta por aquí para comprobar que esta tienda la descartaron por parecer demasiado terrorífica para hace la película.
A las doce nos esperaban para llevarnos a comer. Hemos degustado un guiso con pasta y ternera muy rico y para cerrar, la sopa. Luego hemos regresado para ducharnos. La ropa nos la lavan en máquina para nuestro regocijo y descanso oyendo caer la lluvia que sigue cayendo a todo lo que puede amenazando mañana con más de lo mismo. A las 8 nos vienen a buscar otra vez para la cena y creemos que no tendremos mucho más que contar en este día
Resumen de etapas: 16,de Barcelos a Ponte de Lima, 33,18 km en 5:46 horas a 5,7 km/h.
Etapa 17, 16,82 km en 3:36 a 4,7 km/h (porque se me ha olvidado apagarlo mientras tomábamos café).
Por cierto, vuelve a llover a mantas.

Parque temático camino de Santiago


Después de casi un mes haciendo el camino fuera de casa y a las puertas de Santiago me resulta muy difícil describir lo que encontramos a partir de Sarria. No es que sea algo inesperado ni en cantidad ni en calidad, es que desborda por mucho que te hayas mentalizado pensando que eso que estás viendo no es algo de lo que tú formas parte.
En estos últimos días se han ido perdiendo todos los peregrinos con los que hemos coincidido en estas últimas semanas y las incorporaciones se cuentan por cientos. Grupos de todas las edades y condiciones a pie o en bici pueblan cualquier rincón hasta hacer casi imposible el simple acto de retirarse al borde del camino para echar una meada. Desde que sales de Sarria hasta el final de la etapa el camino es una procesión de gentes de todo tipo en las que abundan botas a conjunto nuevecitas, gentes sin mochila dando un paseo con la abuela, los hijos y el perro y grupos de adolescentes con el radiocasette o el teléfono a toda pastilla con música de Lady Gaga.
Describir toda la fauna es imposible por la variedad. Sus conversaciones no tienen desperdicio. Se trata de un montón de gente que no saben dónde están ni qué significa esto de ir a Santiago, alguien les dijo que esto era una experiencia y se cogieron un bus para vivir la aventura de sus vidas, con tarjeta de crédito y un móvil con el que llamar al taxi para poder llegar al destino o para que te lleve la mochila.
Hace unos años no había casi bares en las aldeas del camino en esta zona. Hoy en cada grupo de casas hay un mesón repleto de peregrinos devorando bocadillos de embutido y platos combinados de huevos con panceta, aunque sean las nueve de la mañana.
Matrimonios cincuentones en los que ella arrastra las botas mascullando entre dientes maldiciones contra ese marido que la ha arrastrado a este suplicio de ampollas, agujetas, ronquidos nocturnos y duchas en las que mostrar zonas del cuerpo más allá de lo que desea. Recién divorciados que esperan encontrar la clave de su fracaso entre lilimentos y cuerpos aparentemente accesibles aunque completamente prohibidos incluso en sus sueños. Reencuentros entre padres e hijas después de años de alejamientos, amigos cantando cualquier cosa con la que poner de manifiesto su alegría aunque están hasta los c… de la puta mochila que les destroza la espalda.
Yo no entiendo muy bien qué hace mucha de esta gente aquí. Nosotros disfrutamos de hacer ejercicio, de poder estar un mes juntos toda la familia compartiendo un tiempo del que no disponemos el resto del año, nos gusta la gastronomía, la naturaleza, el paisaje y, sobre todo, hacemos esto porque comemos, dormimos y disfrutamos ya que los placeres del camino superan ampliamente las dificultades.
Probablemente sea la última vez que haga el camino francés, al menos en los próximos años y en verano, no me llevo un mal recuerdo porque lo vivido hasta hoy entre nosotros no tiene nada que ver con esta feria que Puebla el camino, pero es difícil poder disfrutar de un paisaje, de un olor o de una sensación entre gente que pasa por todas parte acompañadas cada dos o tres minutos por el sobresalto de un grito que desde lo lejos escuchas “¡Bicis!”
Os dejo algunas de las imágenes de la mañana para que os podáis hacer una idea, os aseguro que la realidad supera ampliamente la ficción y que es mucho peor de lo que parece.

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A destacar el pantalón de camuflaje, las botas recién estrenadas más propias de dar patadas en la boca que para hacer caminos o la enorme concha a juego con el sombrero de paja, muy útil para un día de lluvia como el de hoy.

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Siento que la foto haya salido así pero el ejemplar no tiene desperdicio: lleva una especie de gorro de algún material que no he conseguido identificar para tapar una cabeza llena de rastas. La mochila va llena de banderas que intentan demostrar que su vida es el aminony que ha recorrido todo el mundo, tipo friki de los que viven en el camino y del camino.

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Típico italiano que pegaba la hebra con cualquier chica que encontraba por el camino. A destacar el sombrero lleno de pines, los zapatos de calle con cordoneras absolutamente inadecuados y la bandera de Italia en la mano atada sobre una estaca a modo de bordón.

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Este iba con un grupo de turigrinos sin mochila que paraban en todos los bares, destaca el bulto de la izquierda que es un pedazo de cámara fotográfica como yo no había visto en mi vida. Encima iba comentando con los compañeros lautilidad de semejante utensilio para hacer el camino.

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Estas eran un grupito de cuatro amiguitas que iban comiendo moras por el camino. Llevaban una camiseta de algodón conmemorativa del viaje a juego. Una de ellas ha comentado al pasar nosotros que debían coger sólo las moras negras “porque las rojas están mucho más ásperas”. Otra ha comentado que era un riesgo tomar esas frutas sin lavarlas pero la más lista se ha apresurado a indicarle que no había problema, que estaban en el campo y se lavan solas (sic). A destacar la cantimplora de la de la izquierda y los sombreritos de paja, además de las camisetas marrones ya mencionadas.

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Típico grupo de turigrinos que mandaron la mochila en taxi y van dando un paseo por el campo, paran en todos los bares, comentan la jugada con todo ejemplar similar y cuando se cansan llaman para que les recoja el coche de apoyo, sobre todo si se pone la mañana para llover.

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Típico agrupamiento peregrino en un bar del camino.

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Entre tanto turigrino resultaba chocante esta imagen de una aldeana trabajando, ésta es la Galicia de siempre.
Por lo demás la etapa de hoy es una maravilla recorriendo bosques y corredoiras en ascenso durante toda la primera parte y luego en descenso hasta Portomarín. Al llegar hemos visto que el pantano está vacío porque están reparando la presa. Aquí hay cientos de peregrinos por todas partes buscando sitio para dormir. Poco antes de llegar comenzó a llover sin parar, es la típica lluvia de verano aquí, cala y cala poco a poco hasta que acabas empapado.
Hemos comido en el mesón Rodríquez y al hablar con el camarero me ha dicho que le suena mi cara de otras veces, esto me ha dado pie a tomar un orujo de hierbas al que me ha invitado generosamente y luego me he sentado a escribir acompañado de otro par de golpes, es lo que tiene la vida peregrina.

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Resumen de la etapa: 22,7km en 4 horas y 45 minutos a 4,8km/h.