14ª Villlamartín de Valdeorras . Quiroga


Una de las cosas que más me gusta de hacer el camino es que nunca puedes prever lo que va a ocurrir. Por mucho que planifiques las cosas al final todo se desarrolla siguiendo los propios criterios del Apóstol Santiago. Para Joseba el problema es que “El Santi” tiene muchos peregrinos a los que joderles en el camino francés y eso nos permite pasar desapercibidos hasta que gira un poco la cabeza, nos ve y nos la lía.
Otra característica del camino es que cuando peor parecen ponerse las cosas al final mejor salen, nunca llega la sangre al río y al final los árboles sí nos permiten ver el bosque.
Las perspectivas de esta mañana eran nefastas anoche al irnos a la cama. El albergue cutre de Villamartín (cutre es poco) despedía fuego y calor sin límites. La ventaja de esa temperatura es que seguro que cualquier bicho que campara por los lugares habría muerto frito sin compasión. Al calor tenemos que unir que la gente que lleva la piscina campa a sus anchas por todo el lugar y de vez en cuando un niño entra con su bici y recorre el albergue “como Pedro por su casa”. Ni fuera se podía estar del calor que hacía y Joseba seguía preocupado por si nos dejaban la puerta de salida cerrada y teníamos que acabar saltando más de dos metros con la mochila para abandonar tal cutrerío.
Pero la realidad ha sido bien distinta: a media noche comenzó a refrescar hasta el punto que tuve que taparme con la sábana (tampoco hay que exagerar) y esta mañana estaba cubierto y con casi fresquito de camiseta de manga larga.
La programación de etapa era hacer camino rápido para evitar el calor y hemos salido poco más allá de las 6:30 con la intención de parar a desayunar en A Rua de Valdeorras, a 6 quilómetros. A esas horas el camino se ha convertido en un precioso paseo entre el fresco con alegrias y chascarrillos mientras esperábamos con ansia el café de la moral y rellenar las botellas de agua, sobre todo yo que la llevaba casi vacía. La parada en A Rua era obligatoria porque algo nos decía que después no íbamos a encontrar nada hasta el final, como así ha sido.
Pero todo se ha comenzado a torcer al entrar en A Rúa. El camino de forma incomprensible se divide en dos ramales: el de la izquierda marca al albergue y apunta directamente al centro de la ciudad mientras que el otro indica claramente el camino, un punto de información al peregrino y albergue privado. Por supuesto que hemos tomado esta segunda opción. El camino comienza entonces a subir alejándose del centro de la ciudad hasta sacarnos completamente por un lateral y mantenernos fuera todo el tiempo hasta dejar atrás A Rúa. Nada de bares, nada de casas, nada de nada salvo una cuesta enorme de subida y otra de bajada para evitar cualquier contacto humano y, eso sí, el albergue privado señalado todo el tiempo.
Una vez en esto las cosas han comenzado a complicarse. Subidas y bajadas que lo único que hacen es evitar carreteras secundarias y que llevan hasta aldeas deshabitadas para nuevamente volver a bajar. Es cierto que a esas horas aún el fresco de la mañana los llevaba bien pero poco a poco tanta cuesta añadida a las etapas últimas que hemos hecho han empezado a pasar factura.
Como casi no llevaba agua he ido economizando todo lo que he podido pero a falta de unos 12 quilómetros se me ha acabado. Desde allí a pelo hasta el final de etapa cuando además el calor empezaba a apretar de verdad y las cuestas seguían apareciendo por todas partes.
Al menos el paisaje ha ido cambiando y hemos entrado en Lugo por una carretera con vistas estupendas sobre todo el valle y el río con sus meandros y demás. Una zona de poco bosque pero más bonita que lo que vimos ayer.
Como no había más hemos apretado el culo y nos hemos puesto sin parar en Quiroga a las 12:30 para dejarnos caer sobre el primer bar que hemos encontrado. Yo he pedido una botella de litro y medio de agua que me he empinado sin parar hasta la mitad, luego un nestea y una clara. Para entonces había caído también una buena porción de tortilla recién hecha de huevos amarillos y una tapa de oreja al estilo de por aquí.
Luego hemos ido directos al albergue en el que nos espera otra sauna acompañados de 100 adolescentes que están de campamentos aquí. Al menos tenemos la suerte de que todos están en la planta primera y baja y nosotros solos en la segunda, esperamos que la noche no sea muy movida. El albergue es bastante viejo pero lo cierto es que está muy cuidado y limpio
Hemos comido en el Chapakuña 3 un menú muy bien en la relación precio-calidad y después hemos ido a descansar al albergue.
Mientras Joseba hacía sangre al colchón (pero tenemos hasta sábanas limpias) yo he estado un rato charlando con whatsapp.
Sobre las 7 hemos salido para comprar algo para el desayuno, agua y tomar algo fresco. En la puerta hemos encontrado un grupo de unos cincuenta adolescentes queriendo entrar al albergue pero no les hemos dejado porque los responsables no estaban. Alguno se ha mosqueado bastante pero Joseba ha puesto la pierna delante y ha cerrado la puerta en las narices del cabecilla de la revuelta. Tres veces hemos entrado y salido y las tres han intentado amotinarse ante la amenazante mirada de mi compañero de fatigas y de placeres (de los normalitos, mal pensados).
Ahora hemos regresado al restaurante porque tienen wifi y puedo publicar, luego imagino que cenaremos tras varias claras y oscuras para hacer tiempo.
Resumen de la etapa: 31,96 km en 5h y 57 minutos a una media de 4,88 km/h y un desnivel de subida acumulado de 534 metros y de bajada de 567 (“pa’ habernos matao”).

Valle del Sil
Valle del Sil
Vista general del valle
Vista general del valle

 

Meandro del río
Meandro del río
Límite de provincia de Lugo
Límite de provincia de Lugo
Vistas de un meandro
Vistas de un meandro
En el camino
En el camino
Iglesia en Montefurado
Iglesia en Montefurado
Soldón
Soldón
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24ª Campiello-Berducedo: soledad por hospitales


Por fin he logrado hacer la etapa de hospitales aunque por desgracia la niebla no me ha permitido disfrutar del paisaje. A pesar del frío y de la humedad he podido aprovechar una preciosa etapa en soledad y recogimiento personal.
La tarde acabó con cena peregrina, de las de verdad, con nuevos peregrinos a los que conocer y con menú abundante y rico. Todo auguraba una verdadera noche peregrina. A las 4 de la mañana el grupo de polacos que adelanté ayer llegando a Campiello se han puesto en marcha. Han montado todo el ruido del mundo, han encendido luces y han despertado a todo el dormitorio hasta acabar con mi paciencia. Cuando a las 4:45 han abierto por enésima vez la puerta de la calle dando con el foco justo delante de mis ojos y además otro había dejado la luz del baño encendida y la puerta abierta, he decidido levantarme a llamarles la atención. La gente que estaba en las camas lo han agradecido porque a esas horas ya todos estábamos despiertos en el albergue.
Una vez se han marchado ha vuelto la tranquilidad hasta las 6 que han sonado los despertadores. Yo me he levantado a las 6:30 porque el desayuno era a las 7. Desayuno peregrino común con picatostes y vaso de café con leche para bañarse.
Sin entretenerme mucho he salido para no perder más tiempo y temiendo que la etapa se pudiera complicar por el desnivel de subida acumulado y las fuertes bajadas. No ha defraudado.
Hasta Borres subidas constantes que se acentúan a partir del pueblo. Desde allí duras rampas aumentan nada más coger la intersección que separa el camino de Hospitales del que va a Pola. Desde ese cruce hasta llegar al puerto del palo 16 quilómetros de soledad, niebla y paz.
Cuando llevaba unos 10 quilómetros, sobre las 10, he adelantado a los polacos de las 4 de la mañana. Les he dicho que “mucho madrugar pero poco andar” a lo que me han contestado que cada uno hace el camino como quiere. Yo les he respondido que sí, pero sin molestar a los demás y que deberían pedir disculpas a toda la gente del albergue porque estaban muy molestos con ellos. Sin más he continuado subiendo. Han llegado a Berducedo a las 7 de la tarde.
He ido adelantando a algunos peregrinos a lo largo de todo el camino y así he llegado hasta el alto del puerto sin grandes novedades. Desde allí una dura bajada con terreno muy malo hasta Montefurado enlazada con una fuerte subida que rompe completamente el ritmo y el final ya mucho más suave.
En resumen ha sido una etapa dura aunque muy bonita. Al llegar al alto del puerto ha comenzado a abrir el día y eso me ha permitido disfrutar del paisaje que es verdaderamente espectacular. Cuando tenga buena wifi pondré las fotos.
Por cierto, no me he encontrado ningún osos, quizás no los he visto por la niebla. Así que no he podido comprobar si saben que los humanos no se comen, como dice la guía.
Poco antes de llegar he parado en un bar a tomar algo y hacer un descanso. Había varios peregrinos y uno de ellos llevaba una camiseta de Águilas así que le he preguntado de dónde eran: son de Lorca. Hemos charlado un poco sobre quiénes éramos para intentar establecer gente común pero no parece que tengamos mucha relación. Van haciendo el camino desde Oviedo y creo que son 4 ó 5.
He llegado al albergue el primero y me he instalado en una habitación pequeña que tienen con 4 camas sin literas porque el señor me ha dicho que estaría más cómodo y más sólo (a estas horas de la tarde sigo estando solo porque todos los demás se han instalado en el otro dormitorio). Me he ido a comer pero me he llevado una gran decepción porque el restaurante lo lleva otra gente y está mucho peor. No tienen casi nada y he comido unos macarrones con carne y unas croquetas “caseras”.
Poco a poco han ido llegando todos: los lorquinos, un señor francés, de Marsella, una pareja de Barcelona algo peculiar y con algún camino hecho (ya iré contando) una pareja de chicos jóvenes también de Barcelona y al final tres chicas con las que cenamos ayer, italiana, austríaca y canaria.
He intentado toda la tarde comprar los billetes de tren para volver pero ha sido imposible por la mala wifi del bar y porque no hay cobertura en todo el pueblo. Al menos me he tomado algún que otro orujo de hierbas. Al final lo he dejado por imposible y he vuelto al albergue a recoger la ropa. La pareja de Barcelona había preparado café y me han ofrecido. Estaban con el señor francés y una chica también francesa. Hemos estado hablando un rato y en seguida me he puesto a escribir.
Ahora me voy a cenar al bar un plato combinado y poco más, no hay muchas posibilidades.
Resumen de la etapa: 27,7 km en 5h 46 min con un desnivel acumulado de 978 metros a una media de 4,94 km/h. Enlace a la ruta en Wikiloc