2ª Santillana del Mar – San Vicente de la Barquera


Acabó la noche según lo previsto con una aceptable cena en el Cossio, junto al albergue degustando diversas carnes a la parrilla y después de pelear durante un buen rato con el sistema de distribución de la salsa barbacoa (la camarera nos asustó diciendo lo picante que estaba sin conocer nuestro origen junto a la Ría del Nervión).
Al llegar al albergue la habitación se había ido completando con varios peregrinos. En la puerta un grupo de ruidosos ingleses preguntaban sobre diversas cuestiones del camino a una pareja de españoles que ofrecían su mejor inglés versión “sihablofuertehastalosaustralianosmeentenderán. Entre grito y grito fui cumpliendo con mis últimas misiones de la noche en el ipad como son jugar a los Simpson y al Candy.
Poco antes de que me dejara acunar en los brazos de Morfeo vi un par de miserables mosquitos danzando en torno a mi cama así que cogí mi huevo nuevo (el antimosquitos de chico que me regalaron mis compas de insti) y lo encendí para comprobar si realmente funcionaba.
La noche ha sido típicamente peregrina con un mal dormir y con un despertar brusco. Mi compañero de viaje ha vuelto a sorprenderme justo en el momento en el que acababa de coger el sueño después de varias interrupciones. A las 6 me ha llamado ya con la mochila en la espalda para que me pusiera en marcha.
Ha sido un despertar espesito como es normal en el primer día: difícil organizar mochila con toda la ropa mojada porque ayer no había dado tiempo a secarla. He tenido que montar un tenderete de ropa durante la ruta dado que la impresión es que iba a ser un día de bastante calor.
Etapa complicada por lo largo y por el calor. Mucho asfalto (casi todo) y pocos pueblos en los que encontrar servicios.
En Cóbreces hemos parado, como siempre, a desayunar y he descubierto con asombro que estaba para comerme un toro de los que veíamos por cualquier prado. Luego parada en Comillas para cerveza y pincho de tortilla (seguía con un agujero en el estómago).
La ruta es un constante sube-baja que nos ha acumulado un desnivel de casi 400 metros de subida. Hemos cruzado valles y aldeas e incluso un campo de golf poco antes de llegar a San Vicente de la Barquera.
Joseba ha buscado por los diferentes pueblos una tienda para comprar un cable para cargar su móvil porque el que ha traído no le carga (el móvil). Estamos como el año pasado con mi cable para el iphone aunque espero que su teléfono no sea tan delicado con el mío. Ahora se ha marchado a recorrer el pueblo para ver si lo encuentra.
Después de mucho cansancio y mucha calor hemos llegado sin grandes problemas al albergue peregrino de San Vicente. Hemos tenido que esperar un ratito a que estuviera preparado todo y hemos podido tener una primera inmersión en la experiencia peregrina de la que tanto vamos escapando y que tan poco vamos a vivir en los caminos de este año.
Para comer nos hemos ido a los restaurantes de abajo y hemos acabado degustando un verdadero arroz con bogavante regado con una botella de riveiro a un precio razonable en “El Puerto”. Luego siesta peregrina entre los comentarios plurilingües a gritos de los peregrinos de todo el dormitorio. Por cierto, hemos dado cuenta de nuestro primer orujo de hierbas.
Ahora bajaremos al pueblo a recuperar líquidos y preparar las próximas etapas ya que mañana nos salimos del camino del norte y nos lanzamos a la aventura del lebaniego y vadiniense.
Resumen de la etapa 32,7 km en 6 horas y 2 minutos a una media de 4,8 y con un desnivel acumulado de 454 metros de subida. Enlace a wikiloc

Salida del albergue de Santillana
Salida del albergue de Santillana
Iglesia de San Pedro
Iglesia de San Pedro
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Camino
A un árbol seco...
A un árbol seco…
Llegando a Comillas
Llegando a Comillas
Molino junto a la playa
Molino junto a la playa
Llegando a San Vicente de la Barquera
Llegando a San Vicente de la Barquera
Vista de San Vicente
Vista de San Vicente
Joseba y su arroz con bogavante
Joseba y su arroz con bogavante
Y con el arroz casi terminado
Y con el arroz casi terminado

Santander, inicio del Camino Lebaniego


Después de un viaje agradable y placentero en tren desde Alicante a Santander me encuentro por fin en el punto de salida del camino de este año. El viaje transcurrió entre episodios de Juego de Tronos (4) recorriendo esa extensa piel de toro que es nuestra patria excelsa y extensa.
La organización de esta primera jornada dependía de las redes sociales y de booking con los comentarios de los usuarios: no defraudó. Es cierto que el hostal elegido (el San Glorio) era una apuesta arriesgada por 48 euros pero me dejé llevar por los comentarios y he de reconocer que…
que mis niveles de exigencia han bajado mucho en estos últimos años. La realidad es que al menos estaba bastante limpio con un baño y unas sábanas sin restos humanos ni animales, de lo demás nada más que comentar.
La única anécdota es que en la calle anterior a la del hostal hay también un hotel con el mismo nombre. Me presenté en la recepción a reclamar mi reserva hasta que la señora me redireccionó, con cierto tono de desprecio, hasta la siguiente: Esto es el hotel, tu reserva es en el hostal y nosotros no tenemos nada que ver con esos.
En el centro de Santander y con la pretensión de un viaje austero la noche dio para un paseo hasta recoger las credenciales del lebaniego y una cerveza en una plaza hasta acabar en un mesón junto al hotel degustando una sartenuca de gulas con huevos a un precio razonable. Lejos quedan los tiempos en los que una gran mariscada servía de inauguración de cualquier camino (y del resto de eventos de mi vida).
Noche tranquila después del 5º capítulo de Juego de tronos entre espadazos y tetas me cercó morfeo con su beso oscuro (que no negro), o cualquier otro.
Desayuno en el bar frente al hostal y paseo hasta el BBVA a sacar pasta del cajero porque no sé cuándo podré volver a aprovisionarme. Luego tiempo muerto hasta la llegada de Joseba a las 8:30 en la estación.
Besos, abrazos e incluso alguna caricia que rozaba lo obsceno dio paso a buscar agua, tomar café y poner forros en mochilas y chubasqueros en cuerpos: etapa entre nubes y fresquito.
Hemos completado 35 km sube-baja en constante asfalto por zonas industriales sin gran encanto. Etapa dura y larga que hemos soportado bien gracias a la temperatura del día.
Paso arriesgado hasta Mogro (jugándonos la vida de un modo absurdo gracias a que Joseba ha venido con el concepto del riesgo absoluto y ha decidido hacer caso a una paisana que nos insistía en que cruzáramos por la vía (creo que no era sepulturera).
Hemos parado a comer en Polanco en un mesón. Menú abundante por 10 euros con sopa de regalo incluida.
Sin mayor novedad hemos llegado a Santillana hasta las narices de asfalto y un poco decepcionados por el paisaje y por la falta de encanto verdadero. Hemos visto algunos peregrinos en ruta y nos vamos dando cuenta de que el camino del norte está cambiando: hay mucho más negocio peregrino en todos los sentidos.
Al llegar al albergue el público estaba lleno y hemos acabado en uno privado aceptable y digno a precio razonable.
Paseo de 10 mn y recuperación de líquidos hasta acabar en el Cossio en el que esperamos dar cuenta de variedad de carnes a la parrilla, mañana os cuento.

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